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Acta de la Independencia de Chile

 

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Prólogo


Desde los lejanos días de la conquista, la ciudad y la región de Concepción han tenido vida y ambientes propios que caracterizaron a su población durante el dominio de la corona española y la gestación de nuestra independencia.

Capital militar y ciudad fronteriza tuvo acciones de poder que fueron de gran importancia en los destinos históricos de nuestro país. Así es como gran parte de nuestra historia patria tuvo como escenario a la ciudad y la región.

La dura y cruel acción de los fenómenos telúricos sepultó la magnificencia de la antigua Concepción. Junto al mar, en la bahía de su nombre y en el lugar que la fundara don Pedro de Valdivia o en su actual ubicación del valle de Rozas o de La Mochita, fue inexorablemente arrasada sucesivas veces en el transcurso de su historia.

La creación de la Intendencia de Concepción a fines del Siglo Dieciocho, consolidó su importancia política, y su Intendente fue considerado como el hombre de más poder en el Reino después del Gobernador. La respaldaban capas de población de probado valor, genuinos representantes de una vida fronteriza activa. Funcionarios, soldados, marinos, comerciantes, contrabandistas, mestizos y aborígenes que se vinculaban a una gama de negocios honestos y deshonestos, permitidos y tolerados, prohibidos y penados. Formas de vida muy propias de gentes fronterizas amalgamaban todo el ímpetu y el empuje de seres de distintas condiciones sociales y de lejanos orígenes. Si bien una larga guerra separaba dos culturas y dos razas, ellas lentamente creaban nuevas formas y una nueva individualidad. Era ésta -no importaba su condición social- la de un hombre emprendedor, duro y aguerrido. Estaba preparado para hacer frente a las situaciones que le presentaba la naturaleza y también a los duros requerimientos de su destino.

Este hombre, gestado en el Sur de nuestra patria fue la savia de la cual se nutrieron los ejércitos de la independencia tanto patriotas como realistas.

Es necesario destacar el aporte de Concepcion a nuestra independencia nacional y el terrible precio que pagó con la vida de sus hijos y las desgracias de los sobrevivientes. Largos años de salteos y pillajes, de miserias, pestes y una hambruna general entre 1821 y 1823 fueron su resultado.

La época denominada la Guerra a Muerte con las guerrillas realistas y las bandas de ladrones y asesinos que asolaban el Sur de nuestro país fueron testigos de las acciones de valentía e hidalguía de los ejércitos patriotas que supieron vencer en una durísima lucha que arruinó totalmente a Concepción y su provincia.

Este aporte lo fue también en política. Fue don Juan Martínez de Rozas uno de aquellos ciudadanos ilustrados que habían concebido la idea de la independencia absoluta. Otro, que vivía en su hacienda de Las Canteras, vecina a Los Angeles en la alta frontera, se llamaba Bernardo O'Higgins Riquelme, quien en 1811, en carta a don José María Benavente, siendo éste Intendente de Concepción, le enviaba fragmentos traducidos de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de América.

Pero esta idea concebida particularmente, encontró apoyo y arraigo durante el desarrollo de nuestra independencia, a medida que los sucesos generados en la península ibérica comprometieron el porvenir de la América hispánica.

En la época denominada Patria Vieja, como una forma de poner fin a los litigios entre el Gobierno de don José Miguel Carrera y sus oponentes, en la ciudad de Concepción, en enero de 1812, entre los plenipotenciarios de la Junta de Concepción y los representantes de la Junta de Gobierno de Santiago, se firmó la llamada Convención de Concepción. En ella se declaraban suspendidas las sesiones del Senado hasta que por la pérdida de España o cualquier otro motivo fuera necesario declarar la Independencia absoluta. En su artículo primero indicaba en forma concluyente que "La autoridad suprema reside en el pueblo chileno". ¹ Esta concepción de independencia, ya claramente expresada, fue además comprometida por don Bernardo O'Higgins, representante en ese momento de la Junta de Santiago y por don Manuel Fernando Vásquez de Novoa, representante de la Junta de Concepción, en un tratado de 24 artículos que reflejaba las aspiraciones que ya eran abiertamente manifestadas por los patriotas más decididos. Pero ella no fue propuesta ni mucho menos proclamada en esta época en la que los vertiginosos acontecimientos de 1813 y 1814 causaron un duro revés a las ambiciones de independencia.

Si bien la declaración no se hizo en esta época, el sentimiento de nacionalidad tuvo una amplia difusión. El uso de cintas, escarapelas con los colores de nuestra primera bandera y de nuestro primer escudo llenaban de orgullo a quienes las lucían.

El pabellón patrio, si bien es cierto que representaba a una nacionalidad ya consolidada históricamente, no estaba respaldado por un estado reconocido internacionalmente como soberano. Don Juan Mackenna escribió a don Bernardo O'Higgins, con fecha 18 de junio de 1814, una carta en la que le decía que el uso del pabellón debía respaldarse en la declaración de la independencia nacional.²

Fue la villa de San Fernando la que un 11 de febrero de 1817, un día antes de la batalla de Chacabuco, en Cabildo abierto, proclamó la independencia de Chile.

Derrotados los realistas y reconquistado gran parte del territorio nacional se elevó al cargo de Director Supremo de la Nación a don Bemardo O'Higgins. Muchas de sus medidas e instrucciones como gobernante llevaban el sello y la decisión de ser independientes. El 18 de octubre de 1817 se creó la bandera nacional de la estrella solitaria, un nuevo escudo y una nueva moneda.

Las comunicaciones enviadas por don José de Irisarri desde Londres contenían argumentos más que concluyentes para no demorar la declaración de la independencia que sirviera al reconocimiento de nuestra patria por los gobiernos europeos.

La Junta Suprema Delegada, al encontrarse don Bernardo O'Higgins al mando de las operaciones del ejército que sitiaba Talcahuano, llamó a plebiscito nacional. Con este fin fueron abiertos libros donde los ciudadanos deberían firmar y estampar sus opiniones a favor o en contra de ella. En Santiago las suscripciones se iniciaron el 15 de noviembre, comunicándose al Director Supremo la convocatoria efectuada, el que aceptó el procedimiento.

La provincia de Concepción no pudo completar el plebiscito y sólo lo efectuó en pequeña parte, tal como lo informó el Director Supremo con fecha 23 de diciembre de 1817 desde su campamento frente a Talcahuano:"...habían empezado a remitir algunos partidos las suscripciones..., pero las ocurrencias ulteriores en la provincia y la medida últimamente adoptada de hacer emigrar de ella a todos sus habitantes, no permiten esta operación".³

Cuando la incierta situación militar obligó a levantar el sitio de Talcahuano en los últimos días del mes de diciembre de 1817, don Bernardo O'Higgins determinó, mediante un acto de inteligente perspectiva histórica, declarar la independencia nacional un primero de enero de 1818 en la ciudad de Concepción. Así lo corrobora el documento suscrito ante el escribano público de Lima, don Baltazar Núñez del Pardo, el 17 de octubre de 1842, pocos días antes de su fallecimiento, donde expresa con su puño y letra:

"... en primero de enero de 1818, como órgano de la voluntad nacional, declaré solemnemente la independencia de Chile en la ciudad de Concepción".

Los testimonios históricos-documentales, desgraciadamente, son pocos y la mayoría de los acontecimientos que rodearon la declaración descansan en la tradición oral, transmitida principalmente de familia en familia. Pero no es posible dejar de aseverar que los hechos guardan ilación y correspondencia entre sí y que los elementos de crítica histórica que se puedan aplicar a ellos, no podrán cambiar la lógica y plena efectividad de ellos.

El naturalista don Carlos Oliver Schneider en el "Libro de Oro de Concepción" y en un artículo que publicara el 3 de diciembre de 1939 en el diario "El Sur" de Concepción, intitulado "¿Dónde se firmó el Acta de la Independencia?", nos entrega los antecedentes contenidos en un folleto que publicó el coronel don Santiago Femández en su defensa ante las acusaciones de don José María Novoa, con fecha 16 de abril de 1827. En ése, nos dice don Carlos Oliver, se dieron a conocer hasta las modificaciones que sufrieron los borradores de la declaración ya que don Santiago Fernández, penquista que fuera secretario de don Bernardo O'Higgins, dice textualmente en él "yo la autoricé como secretario".

La tradición oral en la que se basa don Carlos Oliver se remite a los vecinos de Concepción, don Edmundo Larenas Guzmán, quien fuera ahogado y notario hasta su fallecimiento en 1882, y don José María Plaza de los Reyes Salcedo. Según ellos, el acta de la Independencia fue elaborada y firmada sobre un tambor en las alturas denominadas todavía Los Morrillos de Perales, lugar donde estaban situadas las avanzadas del ejército patriota y desde los cuales se dominaba uno de los accesos de Talcahuano, precisamente donde se había efectuado el ataque fallido planeado por el general Brayer. De acuerdo a esta tradición, una vez firmada la declaración, O'Higgins ordenó arrojarla bajo los muros de los sitiados como reto y desafío a la recién desembarcada expedición de don Mariano Osorio y como expresión que las cosas habían variado desde 1814. Esta vez los realistas invadían el suelo de un estado soberano, declarado independiente.

Pero este reto y esta notificación al enemigo fue realzada con una ceremonia solemne en la plaza de Concepción, ante las tropas formadas en cuadro "...frente al entonces cuartel de dragones de la Frontera y que estaba ocupado por el Batallón No 3 de Infantería de Arauco, en la mañana del l° de enero de 1818". Esta versión -nos dice don Carlos Oliver- está basada en documentos que pertenecieron a "Cruz y las memorias de Roa" y fueron comprobadas por los historiadores Reinaldo Muñoz Olave y Carlos Oliver Schneider en un informe entregado a la Ilustre Municipalidad de Concepción en el mes de mayo de 1940.

Antecedentes posteriores entregados por don Luis Valencia Avaria, en su trabajo ya citado, agregan importantes antecedentes. Sabemos así que, en esa ocasión solemne se dijo una misa que fue oficiada por el Pbro. José Ignacio Cienfuegos, y frente al cuartel en la plaza colocaron una mesa y una silla propiedad del coronel Patiño, el mismo que era dueño de la propiedad ubicada en la actual calle O'Higgins 935. Allí se celebró un banquete en homenaje a los jefes del ejército patriota y asistió, honrándola, el Director Supremo don Bernardo O'Higgins. Se sirvieron cuatro lechones que al ser trinchados se les dio a cada uno de ellos el nombre de los cuatro principales oficiales del ejército realista.

Otro interesante antecedente, a que hace referencia el señor Valencia, es una carta de don Pedro Ramón de Arriagada, dirigida desde Chillán a don Bernardo O'Higgins, con fecha 8 de enero de 1818, que dice textualmente: "Lamento en lo más hondo de mi alma que no hubiera estado con nosotros en Concepción, el glorioso lo. de este mes, cuando V. firmó el acta de nuestra independencia, nuestro común e inolvidable amigo fray José Rosauro Acuña, que sin duda habría llorado de alegría".

Pero, la concepción que tenía el Director Supremo de la calidad y solemnidad que debía contener nuestra declaración de independencia lo llevaron -una vez efectuada la retirada de Concepción e instalado en su nuevo Cuartel de Talca- a conocer más detalladamente las actividades de la Junta Delegada y del general San Martín.

Podemos establecer que existieron tres textos distintos del Acta de la declaración. De la primera, efectuada en Concepción, su texto se desconoce. El segundo fue redactado en Santiago en forma precipitada y entregado al coronel don Luis de la Cruz, quien reemplazó en sus funciones a la Junta Delegada. Tampoco conocemos su texto, y no fue del agrado de don Bernardo O'Higgins, quien al devolvérselo al coronel Cruz, le manifestaba que "un justo temor al tribunal severo de la censura universal, el respeto debido a la sabiduría de las naciones y refinada política de los gabinetes, me ha detenido suscribirle...".

Un nuevo texto fue encargado a una comisión integrada por don Manuel de Salas, don Juan Egaña, don Miguel Zañartu y don Bernardo de Vera y Pintado. "Sólo aspiro al honor y buen nombre de la ilustración nacional", manifestó O'Higgins a la comisión, e inspirándose en la declaración de Petion, el famoso héroe haitiano que tuvo gran resonancia en la Europa napoleónica, escribió estas hermosas palabras con respecto a nuestra patria: "Es libre; puede y debe serlo porque tiene fuerzas que escudan su libertad". Este fue el lema de su estandarte y hasta hoy perdura en las palabras de nuestro escudo nacional: "Por la razón o la fuerza". Ahora bien; la identidad del autor intelectual del Acta es un problema no esclarecido hasta hoy. Tanto Bernardo Monteagudo, que recién llegaba de Europa, como don Miguel Zañartu disputan este honor. El primero lo alegó epistolarmente y el segundo, su autor según la tradición oral, carece de la documentación probatoria pertinente a pesar de existir un archivo familiar con documentos desgraciadamente no publicados.

Con fecha 28 de enero fue enviada el Acta a don Bernardo O'Higgins, quien permanecía en la ciudad de Talca. Debido a la urgencia de su proclamación, fue mandada imprimir en Santiago al mismo tiempo por Cruz, de acuerdo a las instrucciones del Director Supremo, indicando que debía ser fechada "en Concepción a primero del actual".

Don Bernardo O'Higgins le introdujo cuatro enmiendas que debían ser agregadas para que fuera impresa, pero no fue posible ya que había sido editada. El día 12 de febrero, en forma solemne, se proclamó la Independencia de Chile en todos nuestros pueblos y ciudades. En Santiago, en la plaza de Armas, en un tablado frente a la Catedral, don Miguel Zañartu leyó el Acta y tomó juramento al Director Delegado don Luis de la Cruz, con asistencia del general dón José de San Martin y todas las autoridades civiles y en presencia de monseñor José Ignacio Cienfuegos. En la ciudad de Talca y presidida por el Director Supremo se efectuó solemne ceremonia junto a las tropas del ejército que lo acompañaban. Se presentan en esta edición, reproducciones facsimilares del documento que conserva el Archivo del Senado, en el cual están insertas las frases que incorporó don Bernardo O'Higgins, el oficio aprobando el texto del Acta y un ejemplar del impreso datado en Concepción a lo. de enero de 1818. El recuerdo de la primera proclamación de la independencia nacional no fue olvidado por don Bernardo O'Higgins. En el documento denominado "El Testamento Político" por Luis Valencia Avaria, que se conserva en el Archivo de don Diego Barros Arana, fechado en Lima en octubre de 1842, aconseja y recomienda en duodécimo lugar: "La construcción de muelles flotantes, caminos de madera y ferrocarriles y la fundación de una ciudad en el sitio de mi campamento cerca de Talcahuano, donde he firmado la declaración de la Independencia y que debe llamarse en memoria de tal hecho, la ciudad de Independencia".

 

 

Acta de la Independencia.
Ejemplar impreso. Biblioteca Central de la Universidad de Chile. Colección iconográfica.
Donación Armando Braun Menéndez.

J. D. L.

1 Barros Arana, Diego. Historia General de Chile.
Vol. VIII, p. 517. Santiago, Jover, 19.
²Valencia Avaria, Luis. Declaración y Proclamación de la Independencia
de Chile. En: Bol.
de la Acad. Chilena de la Historia. 1968. xxxv, p. 11
³ Valencia Avaria. Op. cit.

 

 

 

Vista de Concepción desde el Cerro de la Pólvora, actual Cerro la Cruz. José del Pozo. Biblioteca Central de la Universidad de Chile. Colección iconográfica. Donación
Armando Braun Menéndez.
 
 
 
 

 

Proclamación de la Independencia de Chile
EL Director Supremo del Estado

La fuerza ha sido la razón suprema que por más de trescientos años ha mantenido al Nuevo Mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus más grandes deberes. Era preciso que algún día llegase el término de esta violenta sumisión; pero, entretanto, era imposible anticiparla: la resistencia del débil contra el fuerte imprime un carácter sacrílego a sus pretensiones y no hace más que desacreditar la justicia en que se fundan. Estaba reservado al siglo XIX el oír a la América reclamar sus derechos sin ser delincuente y mostrar que el período de su sufrimiento no podía durar más que el de su debilidad (a) . La revolución del 18 de septiembre de 1810 fue el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos a que lo llamaba el tiempo y la naturaleza; sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en que el Gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto a la America sobrevivirá al trastorno de todos los abusos. Este último desengaño les ha inspirado, naturalmente, la resolución de separarse para siempre de la Monarquía Española y proclamar su independencia a la faz del mundo(b). Más, no permitiendo las "actuales circunstancias de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto público, hemos mandado abrir un Gran Registro en que todos los ciudadanos del Estado sufraguen por si mismos, libre y espontáneamente, por la necesidad urgente de que el Gobierno declare en el día la independencia, o por la dilación o negativa. Y habiendo resultado que la universalidad de los ciudadanos está irrevocablemente decidida por la afirmativa de aquella proposición(c), hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes, forman de hecho y por derecho, un Estado libre, independiente y soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de España(d), con plena aptitud de adoptar la forma de Gobierno que más convenga a sus intereses. Y para que esta declaración tenga toda la fuerza y solidez que debe caracterizar la primera Acta de un pueblo libre, la afianzamos con el honor, la vida, las fortunas y todas las relaciones sociales de los habitantes de este nuevo Estado; comprometemos nuestra palabra, la dignidad de nuestro empleo y el decoro de las ramas de la patria; y mandamos que con los libros del Gran Registro se deposite la Acta Original en el Archivo de la Municipalidad de Santiago, y se circule a todos los pueblos, ejércitos y corporaciones, para que inmediatamente se jure y quede sellada para siempre la emancipación de Chile. Dada en el Palacio Directorial de Concepción a lo. de enero de 1818, firmada de nuestra mano, signada con el de la nación y refrendada por nuestros Ministros y Secretarios de Estado en los Departamentos de Gobierno, Hacienda y Guerra.
(a) "que ya no existe",
(b) reservando hacer demostrables oportunamente, en toda su extensión, los sólidos fundamentos de esta justa determinación.
(c) afianzada en las fuerzas y recursos que tiene para sostenerla con dignidad y energía,
(d) y de otra cualquiera dominación,

 

 

Aprobación del Acta de la Independencia

Es de mi aprobación la Acta de independencia que Vuestra Señoría me remite con su comunicación de 28 de enero pasado, pues observo en SU contexto la más meditada, concisa y enérgica expresión; bien que si aún no se habían impreso, podrán añadirle las que indican las citas puestas a continuación para que entiendan las naciones que ya no existe la debilidad que nos ha mantenido en forzosa sumisión; que debe esperarse un manifiesto de la justicia que nos asiste para nuestra heroica resolución; que tenemos fuerzas bastantes para sostenerla con decoro; y que jamás nos sujetaremos a ninguna otra dominación.
Dios que a Vuestra Señoría guarde muchos años. Quartel Directorial de Talca 2 de febrero de 1818.
Bernardo O´Higgins
Señor Director Supremo/Delegado

 

 

Don Bernardo O'Higgins
 
 
 

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