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El futuro del sistema de pensiones

  14 de junio 2005


En estos días, el sistema de administradoras de fondos de pensiones (AFP) está siendo muy cuestionado. El modelo instaurado en 1981 prometía que un trabajador tendría una buena suma mensual en su jubilación gracias a la capitalización individual, que ponía en manos del afiliado la responsabilidad de procurarse un fondo de retiro, y a la administración privada de esos fondos, que los harían crecer mediante inversiones. Pero no ha resultado así por completo. Según informaciones de la Superintendencia de AFP, al menos el 40% de los afiliados no logrará financiar una pensión mínima y requerirá apoyo estatal. El Ministro del Trabajo ha informado que la jubilación promedio está llegando a sólo $120 mil, cifra menor a las expectativas.

La causa principal de esto sería el cambio en el panorama laboral en Chile. El sistema de AFP fue concebido considerando que una persona tendría empleo estable para toda la vida y sería parte de una familia tradicional con un padre proveedor y una esposa encargada sólo de la mantención del hogar. No se previeron elementos como las nuevas modalidades de empleo (trabajadores independientes, temporeros, etc.), la mayor incorporación de la mujer al trabajo, el incremento de las tasas de divorcio y el aumento de las expectativas de vida que, en conjunto, dan como resultado una significativa mengua en el monto mensual que recibirá un retirado.

En efecto, el 56% de los chilenos que trabajan cotiza en una AFP, cerca de la mitad de ellos lo hace al menos seis meses al año y se estima que hay un millón de trabajadores independientes que no cotizan en forma sistemática. Además hay otros 1,6 millones que simplemente no tienen previsión.

Otros factores los ponen las mismas AFP. Una crítica generalizada al sistema es el alto cobro que hacen por administrar los dineros, que puede llegar al 20% de los fondos del afiliado, lo que hace que la rentabilidad obtenida, al final, no sea la mejor. Además el modelo fue pensado con el deseo de que se generara competencia entre las administradoras, activando el mercado, proponiendo formas novedosas de lograr rentabilidad y beneficiando lo más posible al trabajador. Esto probó no ser así. De las veintidós AFP que existían en 1990, hoy sólo quedan seis, por lo que la competencia se redujo dramáticamente y se generó una tendencia de ir todas hacia el mismo lado.

El problema queda aún más patente con las declaraciones del Ministro del Trabajo, quien reconoció en la prensa que "es absolutamente imposible pensar que un sistema de esta naturaleza (AFP) vaya a resolver las necesidades de ingreso de los chilenos cuando lleguen a la tercera edad", y con el análisis que el senador Alejandro Foxley hizo en Davos, en que afirmó que el sistema de AFP es "un complemento de los sistemas públicos de jubilación".

¿Soluciones? Actualmente existe el sistema de multifondos, en el que el afiliado elige diferentes métodos para aumentar la rentabilidad de sus ahorros, el cual está bien evaluado. Además el Congreso Nacional tramita un proyecto de ley para regular los cobros de administración. Analistas además sugieren varios incentivos para los cotizantes, como estímulos al ahorro desde la juventud, exhortar a los independientes a que coticen con regularidad e incluso garantizar montos escalonados de pensiones de acuerdo con la cantidad de cotizaciones (tiempo en el sistema) del afiliado. También se recomienda la entrada de nuevos actores al sistema para promover la competencia entre las AFP.

Pese a las críticas, se reconoce que este sistema de pensiones está logrando una rentabilidad de 10% anual y que en su momento dio alivio a las pensiones estatales, razones por las cuales se exportó el modelo a países como Perú, México, Hungría y la Federación Rusa.

Y es que, al parecer, esa exportación se ha vuelto necesaria. Según un reciente informe del Banco Mundial, existe una crisis generalizada en los sistemas estatales de pensiones y requieren urgentemente una reforma. Los modelos basados en aportes solidarios tampoco están funcionando en el extranjero, pues allá también cambió el escenario laboral. Por ejemplo, el Congreso de Estados Unidos ha calculado que su sistema de seguridad social colapsará en el año 2042.

Precisamente Estados Unidos quiere adoptar el modelo chileno de ahorro individual para salvar a sus futuros pensionados. El proyecto para esta reforma ya está en el Congreso de ese país, donde ha encontrado tanto apoyo como rechazo. Quienes están a favor destacan su aporte al mercado y que dará respiro al apretado sistema estatal. Sus opositores usan como argumento los elevados costos de administración, destacando que en la actual modalidad sólo el 1% de los fondos se gasta en gestión.

Sin embargo, hay diferencias con el esquema chileno. En primer lugar la incorporación de los trabajadores al sistema sería voluntaria. Además se trabaja con algunas sugerencias: que se limiten los cobros de administración y que siga habiendo un porcentaje de la pensión que sea de origen estatal.
 



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