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Energía Nuclear: ¿sirve para Chile?


23 de enero 2009

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En tiempos de crisis energética por el alto precio del petróleo (aunque en los últimos meses el precio haya bajado de los 40US$ el barril, ha sobre pasado los US$140 el 2008), cuando se vaticina que Chile va a necesitar cada vez más energía para soportar el crecimiento esperado (o deseado), la opción de integrar energía nuclear dentro de la matriz energética del país se presenta cada vez con más fuerza.

Cuando nos falta gas argentino, se puede importar gas licuado a un costo mucho mayor, al punto que para algunas empresas puede llegar a hacerse inviables económicamente. Cuando no alcanza con la generación hidroeléctrica hay que aumentar el uso de las centrales a carbón o petróleo… ambos caros y fuente de contaminación por emisiones de carbono. ¿Qué tan caros? Pues depende de los precios en el mercado.

Cuando no se planifican las necesidades energéticas con años de anticipación, una escasez coyuntural (de semanas por una sequía, o de meses en el caso del gas argentino) encarece los costos porque la presión por obtener una rápida solución, limita la capacidad de negociación con los proveedores.

A veces puede que simplemente no tengamos suministro, y “descubrimos” que somos un país energéticamente dependiente cuando nuestros vecinos argentinos dejan de enviarnos gas, porque apenas tienen para su propio consumo.

Frente a esto, podría parecer que la energía nuclear es “la solución”. Mientras hay quienes al primer signo de alarma energética ven en ella la panacea que solucionará nuestras necesidades durante los próximos años, otros se niegan siquiera a escuchar argumentos a favor de su postura.

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Links relacionados

Ministerio de Energía

Comisión Nacional de Energía

Comisión Chilena de Energía Nuclear

Sociedad Chilena de Física

Núcleo Científico Milenio

Foro de la Industria Nuclear Española

Agencia Internacional de Energía Atómica

Departamento de Energía de EE.UU

Asociación Internacional de Ecologistas por la Energía Nuclear

En catálogo

Energía nuclear

Energías renovables

Estos últimos, muchas veces apelan a las energías renovables no convencionales (ERNC), a veces con serios estudios y experiencias para defender esta opción. Por ejemplo, sabemos que España tiene una capacidad instalada de 10.000 MW en energía eólica (Chile en toda su matriz genera 13.500 MW) . Sin embargo, esto no significa que los costos sean los más convenientes para nosotros.

Cuesta despejar las variables de los diferentes estudios donde se analizan los posibles escenarios que debieran tomarse en cuenta para poder tomar una decisión.

Lo que sí es claro para todos, es que una política energética para el país no puede improvisarse. El hacerlo eleva los costos y limita la capacidad de reacción, haciéndonos dependientes económica y geopolíticamente.

Otro punto importante: la energía nuclear no es una solución para coyunturas energéticas. Aún en el caso de que optáramos por ella hoy mismo, saltándonos los imprescindibles estudios y preparación material, humana e institucional, pasarían a lo menos entre 5 y 12 años antes de que estén en posibilidad real de hacer un aporte al sistema eléctrico del país.

Rodrigo Mazzo Iturriaga

 

De qué depende decir que sí o no a la energía nuclear en Chile


Actualmente el país dispone de una matriz energética que llega a los 13.500 MW (megawatts), y, dependiendo del crecimiento de la economía, nuestras necesidades se verán incrementadas en el doble de lo actual de aquí al 2020, según expertos como Sebastián Bernstein (Instituto Libertad y Desarrollo) o como Ramón Granada (Comisión Nacional de Energía) quien estima que de aquí al 2030 el consumo podría triplicarse.

Puede que con la crisis económica esta meta demore un poco más, pero claramente tendremos que aumentar sustantivamente nuestra producción de electricidad en el corto-mediano plazo.

¿Qué fuentes de energía son usadas actualmente para producir electricidad en el país?

Gráfico de Matriz Energética de Chile

 

  • Hidráulica: 37,2%
  • Gas Natural: 35,2%
  • Carbón: 15,4%
  • Petróleo: 10.8%
  • Biomasa: 1,3%
  • Eólica: 0,1%

 

Ahora bien, la pregunta fundamental es ¿de dónde vamos a sacar energía para al menos duplicar lo que actualmente consumimos de aquí al 2020? La matriz puede variar dependiendo de las decisiones, aunque hay consenso en que debiera ser una matriz diversificada que tome en cuenta costos económicos, sociales, ambientales y de dependencia geopolítica.

Además, Chile debe realizar esfuerzos de eficiencia energética como los realizados en los países desarrollados, donde se ha logrado disminuir al menos en parte la directa relación entre crecimiento económico y necesidad energética. Esto no quiere decir que se pueda crecer sin disponer de más energía, pero según el CNE, con un programa efectivo de eficiencia energética podría ahorrarse hasta un 20% de las necesidades previstas.

En el caso de la energía nuclear, se recomienda que ninguna central por sí misma abarque más del 10% del total del sistema, para evitar problemas de suministro en caso de que la central deba detener su marcha por alguna razón (mantención, incidentes, desperfectos, etc.) Esa es una regla de oro en la generación de energía.

En el caso que Chile optara por una central de 1.000 MW tendrían que unirse el Sistema Interconectado Central (SIC) que produce el 69,01% de la electricidad del país, el Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) que entrega el 30,17% para superar la regla del 10%. Una central nuclear más pequeña podría no ser tan eficiente por una cuestión de economías de escala, lo que la haría más onerosa que otras energías.

La energía hidráulica es barata pero su rendimiento es muy variable, dependiendo de si es un año muy seco o muy lluvioso. La diferencia de producción eléctrica en ambos casos puede variar hasta tres veces dependiendo de la pluviometría. Por último, las emisiones de CO2, en el caso de la energía hidráulica son muy bajas.

El carbón y el petróleo contaminan, y su precio además de ser muy volátil tiende al alza, al igual que el del gas natural. Este último además no ha demostrado ofrecer un suministro confiable por parte de nuestros actuales proveedores. En el caso del carbón, lo favorece un precio que es más estable. De hecho es la principal fuente de energía para la zona norte del país.

Según el ministro de Energía, Marcelo Tokman, las Energías Renovables No Convencionales (eólica, solar, geotérmica, mareomotriz) podrían alcanzar el 10% del total de la energía eléctrica de Chile de aquí al 2020.

Dejando de lado la opción nuclear, Sebastián Bernstein dice que el crecimiento sólo podrá alcanzarse con centrales de carbón e hidroeléctricas. Según Bernstein las plantas a carbón  generan una dependencia de un combustible fósil que se acabará en algún minuto, con un precio en alza y contaminante (aunque nuevas tecnologías disminuyen en parte este problema). La segunda obliga a intervenir vastas áreas del ecosistema, enfrentando muchas veces fuerte rechazo por parte de algunos sectores de la ciudadanía, y posiblemente afectando a otras actividades como el turismo.

Toda forma de producción de energía tiene costo, impacto ambiental y riesgo de dependencia.

El problema de fondo que si Chile quiere seguir creciendo, más allá de que incentive la eficiencia energética, la energía debe salir de algún lugar.


Por qué reaparece la Energía Nuclear como opción para Chile


Ante crisis energéticas, toman fuerza las voces que defienden la energía nuclear. Actualmente representa un 16% de la energía eléctrica generada en el mundo, pero sobre su futuro, hay opiniones dispares.

Por un lado la Comisión Nacional de Energía postula que su uso irá en ascenso por ser una alternativa a los combustibles fósiles y su producción de CO2. Explican que actualmente hay 40 nuevas plantas nucleares construyéndose en el mundo, mientras que sólo cinco están siendo cerradas por haber cumplido su ciclo de vida útil.

Según la IEA (International Energy Agency), la GNE (Generación Nucleo Eléctrica) podría llegar a constituirse hasta entre un 19% y un 22% de la matriz energética mundial de aquí al año 2050. De ser efectivo esto, podría reducir entre un 6% y un 10% las emisiones de CO2 en el planeta por ahorro de combustibles fósiles.

Para el caso de Chile, recién a fines de 2009 estarán listos los primeros estudios acerca de la factibilidad de la GNE. De ahí como ya se dijo habría que esperar al menos entre 5 y 12 años para tener una generación efectiva de núcleo electricidad.

En el intertanto, los detractores de la GNE, entre los que se encuentra la ONG Chile Sustentable, apelan a que la industria de la Energía Nuclear ha frenado su desarrollo por no poder resolver el problema de los desechos, seguridad y riesgos geopolíticos, además de los altos costos de desmantelamiento de las centrales que terminan su ciclo de vida útil. Por ello, la producción de energía nuclear no ha crecido mucho desde fines de la década del 80, cuando ocurrió el desastre de Chernobyl.

Capacidad mundial eléctrica nuclear

Crecimiento de la producción de la energía nuclear se frenó a fines de los 80, tras el desastre de Chernobyl. Grupos ambientalistas apelan además a problemas que no han podido ser solucionados, como la disposición de los deshechos radioactivos. (Gráfico de Vital Signs 2006-2007. The Wolrdwatch Institute en base a datos de la EIA).

 

No deja de ser sintomático que cada vez que hay problemas energéticos, no sólo en Chile, sino en el mundo, la GNE vuelva a aparecer como una posible tabla de salvación.

En efecto, durante enero de 2009 Rusia se negó a enviar gas a Ucrania por un conflicto comercial.

Como consecuencia de ello tanto en Europa Central y los Balcanes millones de personas sufrieron no tener siquiera cómo calefaccionar sus hogares en inviernos que alcanzan varios grados bajo cero. Además, hubo enormes costos económicos para las empresas que dependían de esta fuente de energía en sus procesos productivos. Como resultado de lo anterior, surgió un clamor popular que pide retomar las inversiones en energía nuclear.

Por ejemplo, el gobierno de Eslovaquia decidió reactivar un reactor nuclear en su territorio,  violando un acuerdo que fue considerado esencial para permitir su ingreso a la Unión Europea (UE), lo que generó los reclamos de Austria.

Bulgaria por su parte también ha considerado la reactivación de un reactor que había sido cerrado por exigencias de la UE. La oportunidad no fue desaprovechada por la Foratom, Foro de de Energía Nuclear Europeo, el que tiene por misión representar los intereses de esta industria en Europa, aduciendo que la GNE es la solución para la seguridad energética de los países que en estos momentos dependen del gas.

 


Costos de la energía nuclear


Los costos de la energía nuclear dependen de varios factores:

●    La construcción de la central nuclear en sí, cuyo costo dependerá de su tamaño, tecnología escogida y ubicación. Esto incluye estudios de ubicación y preparar la central para una zona telúrica como la nuestra. En la central Argentina de Atucha II el presupuesto inicial se ha triplicado y aún después de cerca de 20 años de su supuesta puesta en marcha, aún no está construida.
●    Los costos de cierre de la central, que pueden llegar a varios millones de dólares. En la central francesa de Brennili, el costo de desmantelamiento llega a los a 480 millones.
●    Los años de vida útil de la planta (entre 40 y 60 años). Actualmente se está proponiendo alargar el tiempo de procesamiento de algunas plantas por los beneficios económicos que traería, aunque hay opiniones dispares en cuanto a los riesgos que implicaría seguir trabajando con una estructura que fue pensada para un período determinado.
●    El factor de carga efectivo: ¿qué tan eficientemente se usa el potencial teórico de la central para generar electricidad? El ideal sería un 100%, pero esto no se da en la práctica y los estudios se hacen con un 85%. Esto habría que constrastarlo con la realidad, específicamente con la tecnología que se evaluaría para el caso chileno.
●    Costos del sistema de control y seguridad. Siendo un material tan sensible al mal uso, los procedimientos de seguridad implicarían despliegues que coordinen el accionar público y privado.
●    La disposición de los desechos (independiente de los problemas sociales o políticos que pueda generar).
●    El precio y la disponibilidad del uranio de alta calidad (el principal combustible usado).
●    Los seguros comprometidos.
●    Subsidios si es que los hay.
●    Capacitación del personal directamente involucrado.
●    Adaptación de las instituciones sociales para convivir con la GNE (cambios legislativos, comerciales, capacitación del sistema de salud, etc.).
●    Posibles retrasos en la construcción.
●    ¿Cuáles serán los costos de la externalidad negativa o positiva de esta elección? Por ejemplo, los empleos generados en las diferentes etapas o el uso alternativo que se habría dado a los terrenos si no se hubiera construido la planta nuclear.


Una vez analizados los diferentes escenarios para cada una de estas variables, hay que contrastarlos con los costos estimados de las tecnologías rivales. Parte de la dificultad de esta evaluación es que muchas estimaciones se basan en supuestos respecto a los que no hay total seguridad. Además las realidades cambian con el tiempo.

Por ejemplo, estudios de la Universidad de Chicago apuntaban a un valor entre US$31 a US$46 por cada MWh producido. Otros estudios, también de entidades de reconocido prestigio, como la IEA, hablan de entre US$30 y 50US$ por MWh, lo que podría ser competitivo con las centrales a carbón y gas, dependiendo de las proyecciones de estos combustibles en el mediano y largo plazo.

Habría que tener claridad si estos costos incluyen un factor de carga, por ejemplo, del 85%, y si históricamente los reactores han sido capaces de mantener ese nivel. Según Chile Sustentable, en los hechos nunca se ha podido verificar este factor de carga del 85%. Citan por ejemplo 4 reactores (Estados Unidos, Brasil, Argentina y Francia) que tiene factores de carga de 75%, 38%, 64% y 66%, respectivamente.

En este caso los precios finales de producción serían más altos que los proyectados. Lo anterior no implica necesariamente que la energía nuclear sea una opción inviable económicamente hablando, pero sí nos sirve como ejemplo para tener en cuenta sus costos reales.

Al respecto, se puede afirmar que es recomendable que todos los supuestos en los que se basan las cifras de los costos de la energía nuclear deban ser revisados. No se trata de que sean falsos, sino de contrastarlos y verificar si son compatibles con nuestra realidad.

Además, los estudios debieran tener en cuenta los costos completos desde la extracción (o compra) del uranio hasta el depósito de los residuos nucleares y cierre de la planta pasada su vida útil.

Finalmente, hay costos que no necesariamente podrán ser cargados a la planta nuclear, como son el traslado del combustible y los desechos, que requerirán seguridad especial. En nuestro país, las labores de seguridad están acotadas a las Fuerzas Armadas. En caso de requerir un despliegue especial momentáneo o continuo, ¿deberá asumir la empresa o institución encargada los costos que demande? Es una pregunta que deberá responderse en su momento.

 


Impacto ambiental de la energía nuclear y los posibles accidentes


Si bien la energía nuclear no emite CO2 a la atmósfera, factor importante para Chile por los tratados que ha suscrito respecto a la limitación de emisiones (Kyoto), hay que tener en cuenta las emisiones durante el ciclo completo de existencia de una planta nuclear, que parte con la extracción y enriquecimiento del uranio.

Según algunos de los pocos estudios hechos, podría alcanzar entre un 15% y un 40% de lo que generaría una central a gas, siempre que se use uranio de alta ley. En caso contrario, podrían incluso superarse las emisiones.

El último incidente nuclear de seriedad fue en Japón, cuando en julio de 2007 un terremoto grado 6,8 en la escala Richter generó un incendio parcial en la central nuclear Kashiwazaki, liberando escapes radioactivos al mar y derramando 40 contenedores con desechos radiactivos sólidos, además de filtraciones de cromo, yodo y cobalto.

Llama la atención que la nación asiática, que tiene 55 reactores operando, vasta experiencia en su uso (es el tercer país que más usa la GNE) y posee tecnologías preparadas para terremotos de esta magnitud, no pudo evitar este incidente. Y claramente en Chile se espera que en algún minuto se desate un terremoto que pudiera ser incluso de mayor intensidad que el de Japón.

Seguridad

Para producir energía nuclear, Chile requiere desarrollar una cultura de seguridad con estándares mucho más altos que los que actualmente posee. La manipulación de elementos radiactivos, la exposición de los mismos a un ataque para su posterior uso por terroristas, el aumento de transportes y presencia de este material  aumenta estadísticamente las oportunidades de que algo salga mal, ya sea por accidente o sabotaje. Uno de los últimos atentados fue el que sufrió el ex agente ruso Alexander Litvinenko, supuestamente envenenado con polonio radioactivo.

Y dentro del mismo ámbito de seguridad, dependeríamos de los pocos países que pueden fabricar combustible nuclear (Francia, Canadá, Japón, Rusia, Inglaterra, EE.UU., Bélgica, Alemania, Corea del Sur, España y Suecia).

La dependencia no es una razón “sine qua non” para desechar la opción nuclear. Si fuera así, tampoco podríamos haber comprado aviones F-16, que hacen a nuestra fuerza aérea dependiente de los Estados Unidos. Lo que sí es claro es que es una variable a tener en cuenta.

También hay que tener en cuenta a los pocos que reprocesan desechos radiactivos (Francia, Japón, Rusia e Inglaterra) y al único que acepta los de otras naciones en su territorio: Rusia.

Y es que no es menor que los desechos radiactivos quedan emitiendo radiación por miles de años.

En fin, la opción nuclear puede ser estudiada en sus diferentes escenarios. Las variables son muchas, los intereses a favor y en contra también, y un estudio debe necesariamente tratar de ver los supuestos en que se basan las cifras, los impactos económicos, ambientales, sociales y geopolíticos que implicará tomar una decisión a favor o en contra. Cualquier decisión respecto a las fuentes energéticas a elegir implicará costos de algún tipo.

 




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