De qué depende decir que sí o no a la energía nuclear en Chile |
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De qué depende decir que sí o no a la energía nuclear en ChileDe qué depende decir que sí o no a la energía nuclear en Chile Actualmente el país dispone de una matriz energética que llega a los 13.500 MW (megawatts), y, dependiendo del crecimiento de la economía, nuestras necesidades se verán incrementadas en el doble de lo actual de aquí al 2020, según expertos como Sebastián Bernstein (Instituto Libertad y Desarrollo) o como Ramón Granada (Comisión Nacional de Energía) quien estima que de aquí al 2030 el consumo podría triplicarse. ¿Qué fuentes de energía son usadas actualmente para producir electricidad en el país?
Ahora bien, la pregunta fundamental es ¿de dónde vamos a sacar energía para al menos duplicar lo que actualmente consumimos de aquí al 2020? La matriz puede variar dependiendo de las decisiones, aunque hay consenso en que debiera ser una matriz diversificada que tome en cuenta costos económicos, sociales, ambientales y de dependencia geopolítica. Además, Chile debe realizar esfuerzos de eficiencia energética como los realizados en los países desarrollados, donde se ha logrado disminuir al menos en parte la directa relación entre crecimiento económico y necesidad energética. Esto no quiere decir que se pueda crecer sin disponer de más energía, pero según el CNE, con un programa efectivo de eficiencia energética podría ahorrarse hasta un 20% de las necesidades previstas. En el caso de la energía nuclear, se recomienda que ninguna central por sí misma abarque más del 10% del total del sistema, para evitar problemas de suministro en caso de que la central deba detener su marcha por alguna razón (mantención, incidentes, desperfectos, etc.) Esa es una regla de oro en la generación de energía. En el caso que Chile optara por una central de 1.000 MW tendrían que unirse el Sistema Interconectado Central (SIC) que produce el 69,01% de la electricidad del país, el Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) que entrega el 30,17% para superar la regla del 10%. Una central nuclear más pequeña podría no ser tan eficiente por una cuestión de economías de escala, lo que la haría más onerosa que otras energías. La energía hidráulica es barata pero su rendimiento es muy variable, dependiendo de si es un año muy seco o muy lluvioso. La diferencia de producción eléctrica en ambos casos puede variar hasta tres veces dependiendo de la pluviometría. Por último, las emisiones de CO2, en el caso de la energía hidráulica son muy bajas. El carbón y el petróleo contaminan, y su precio además de ser muy volátil tiende al alza, al igual que el del gas natural. Este último además no ha demostrado ofrecer un suministro confiable por parte de nuestros actuales proveedores. En el caso del carbón, lo favorece un precio que es más estable. De hecho es la principal fuente de energía para la zona norte del país. Según el ministro de Energía, Marcelo Tokman, las Energías Renovables No Convencionales (eólica, solar, geotérmica, mareomotriz) podrían alcanzar el 10% del total de la energía eléctrica de Chile de aquí al 2020. Dejando de lado la opción nuclear, Sebastián Bernstein dice que el crecimiento sólo podrá alcanzarse con centrales de carbón e hidroeléctricas. Según Bernstein las plantas a carbón generan una dependencia de un combustible fósil que se acabará en algún minuto, con un precio en alza y contaminante (aunque nuevas tecnologías disminuyen en parte este problema). La segunda obliga a intervenir vastas áreas del ecosistema, enfrentando muchas veces fuerte rechazo por parte de algunos sectores de la ciudadanía, y posiblemente afectando a otras actividades como el turismo. Toda forma de producción de energía tiene costo, impacto ambiental y riesgo de dependencia. El problema de fondo que si Chile quiere seguir creciendo, más allá de que incentive la eficiencia energética, la energía debe salir de algún lugar. |
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