Las tragamonedas de barrio |
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Las tragamonedas de barrio
por rherranz
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Última modificación
01/05/2009 09:17
Las tragamonedas de barrio
Pero no todos los juegos de apuestas se remiten a casinos. Catalogados por unos como “de habilidad y destreza” y por otros como “de azar”, desde hace más de cinco años empezaron a proliferar en Chile, máquinas donde la gente puede apostar, como por ejemplo, las tragamonedas. Francisca Román, dueña de un negocio de barrio en Macul, señala que diez de estas máquinas pueden rendir cerca de 400 mil pesos mensuales, los cuales se dividen en un 50% locatario y el otro 50% para el dueño de las máquinas, estableciendo una verdadera concesión. Este local tipo bazar ya no sólo ofrece abarrotes, témperas y cuadernos; ahora se han sumado a su oferta de productos, otros servicios como la navegación por Internet, teléfono público y la posibilidad de jugar en estas máquinas tragamonedas. Así, por más de cinco años han complementado sus ingresos con estos aparatos. Román comenta que la gente puede ganar diferentes montos: $2.000, $5.000 y excepcionalmente, $60.000, dependiendo de la máquina y el tipo de apuesta que realice. “Es muy poca la gente sin criterio” dice, y que percibe en las personas un afán de desestresarse un rato, salir de la rutina o evadir sus problemas. Nadie le ha comentado que se está jugando el dinero de la comida o del pago de cuentas, “pero de que los hay, los hay”. Como sea, sabe de algunos casos de vecinos del sector que podrían tener algunas de las características, que hacen sospechar el padecimiento de ludopatía. La locataria sabe del caso de una señora de altos ingresos, que “juega todo el día y no juega por ganar, y de una estudiante de derecho puede perder 100 mil pesos en una semana”. La Ley N°19.995 define como juegos de azar a aquellos “cuyos resultados no dependen exclusivamente de la habilidad o destreza de los jugadores, sino esencialmente del acaso o de la suerte, y que se encuentran señalados en el reglamento respectivo y registrados en el catálogo de juegos” La defensa que realizan los locatarios y empresas que venden o arriendan estas máquinas es que no se trata de juegos de azar, sino de destreza y habilidad, y bajo este concepto se refugian algunas autoridades que han permitido su funcionamiento en diferentes comunas. Una fuente de Polla Chilena, institución que se ha opuesto a estas máquinas por considerarlas ilegales, dice que “para los alcaldes es complejo manejar su funcionamiento”, porque por un lado reciben ingresos en términos de permisos que cobra el municipio, por las multas “que son insignificantes para un negocio como éste”, y por otro lado, al ser autoridades elegidas, les complica ir contra parte de un electorado que incluye no sólo a los dueños de locales, sino también a las personas que ven en esto una entretención. Reclaman que no sólo no pagan impuestos, o que los que pagan no se pueden fiscalizar adecuadamente porque no hay seguridad respecto a cuántas operaciones se realizan en un período dado. También acusan que la falta de fiscalización abre el espacio para que las máquinas sean manipuladas para generar, por ejemplo, altas ganancias para los apostadores en un período dado sólo para atraer flujo de público y generar la costumbre de usarlas. Por ejemplo, en las máquinas tragamonedas de los casinos oficiales, la autoridad exige que el 85% de lo apostado debe retornar a los usuarios. Esta regulación no existe en los barrios, donde se calcula que hay cerca de 30.000 de estos aparatos funcionando. |
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