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Sismología en Chile, estado actual, proyecciones y urgencias


24 de agosto 2012

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A partir del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010, quedaron al descubierto una serie de debilidades para afrontar este tipo de catástrofes en Chile. Éstas no solamente se centraron en las llamadas “líneas vitales”, es decir, comunicaciones y logística, sino también en la reducida cantidad de sismólogos y de profesionales especialistas en el área.

 

Chile, historia sismológica

 

Según datos del Servicio Sismográfico de la Universidad de Chile, desde 1570 a la fecha, en el país se han producido 110 sismos importantes y/o destructivos, esto es, de magnitud 7º Richter (ver más adelante) o mayor, y diariamente se producen varios temblores imperceptibles para el ser humano, pero no para los instrumentos.

Fue el terremoto de Valparaíso de 1906 el que cambió la historia de la sismología nacional. El gran sismo de entonces impulsó al gobierno chileno a crear en 1908 un Instituto Sismológico Nacional, hoy dependiente de la Universidad de Chile. Fue uno de los primeros observatorios sismológicos del mundo, liderado por el destacado científico francés Fernando de Montessus de Ballore, quien fue convocado por el gobierno del Presidente Pedro Montt, a proposición del entonces rector de la Universidad de Chile, Valentín Letelier.

Registro histórico en la BCN

Los terremotos en Chile han sido registrados por los cronistas, libros y archivos desde el siglo XVI. En la BCN está el libro “The U.S. Naval Astronomical Expedition to the Southern Hemisphere” (1855) donado en 2010 por José Antonio Garnham. En el texto, el Teniente James Melville Gilliss, responsable de una expedición norteamericana científica, narra los resultados obtenidos y la investigación (geográfica, social, política, de recursos naturales y astronómica entre otras) que su equipo realizó en Chile entre 1849 Y 1852.

Gilliss recoge además una detallada descripción de un terremoto ocurrido el 6 de diciembre de 1850 en Santiago:

“Estaba durmiendo profundamente, y fui perturbado. Junto a los primeros destellos de conciencia, vino asociada la impresión de carros pesadamente cargados que pasaban sobre el pavimento recientemente puesto al frente de la casa, separado por una distancia de solo 4 o 5 pies de los cuartos. Incluso durante los breves uno a dos segundos que la razón se tomó para reasumir el dominio de si, el profundo ruido sordo se combinó con una corta y rápida mecida de la cama, con el temblor vibratorio de las murallas y con tal crujir del techo, que no quedó ninguna duda sobre la interrupción de mi sueño matinal. Mirando el reloj encima de mi cabeza y saltando al suelo, la tierra se sentía con excesiva agitación. Sus rápidos latidos contagiaban a cualquier objeto que estuviera en contacto con ella, y por grados, comunicando un movimiento oscilante a murallas y techos. El agua, en el aguamanil del lavabo, saltó en una forma piramidal a tres o cuatro pulgadas de altura y fue lanzada para afuera en ambas direcciones en tal cantidad que finalmente su nivel estaba más de una pulgada por debajo del borde. Las puertas del dormitorio, a pesar de estar atornilladas y bloqueadas, se habían abierto de par en par. Los objetos colgados en las murallas pulsaban con golpes rápidos; las ventanas cascabeleaban, como a veces sentimos en la línea de un tren. Las tejas de las casas opuestas estaban en movimiento como las cortas y rápidas olas que surgen en una corriente por la que sopla una brisa fresca. La calle estaba llena de una población asolada por el terror. Salir en una vestimenta tal como la de mis vecinos, hubiera sido aún más escandaloso; era casi imposible que el fenómeno hubiera finalizado antes de que las primeras prendas estuvieran ajustadas, incluso cuando no exista una aversión a realizar actos apresurados.”

La primera estación sismológica con registro simultáneo del movimiento del suelo y el tiempo fue instalada por Montessus de Ballore en el Cerro Santa Lucía en 1908. En pocos años le siguieron otras 29 estaciones sismológicas, configurando así una de las mejores y más modernas redes sismológicas en el mundo para esa época. Chile comenzó a ser reconocido como un país avanzado en las observaciones y estudios sismológicos. Después del fallecimiento de Montessus de Ballore en 1923, la sismología chilena quedó limitada casi exclusivamente a la obtención de datos, perdiendo la dinámica nacional y la presencia que había alcanzado en los 15 años iniciales.

Un resurgimiento se produjo con el ingeniero Federico Greve, Director del Servicio Sismológico entre 1941 y 1958, quien construyó sismógrafos mecánicos y logró reponer parte del material que había comenzado a quedar obsoleto. Greve recopiló y sintetizó la información sobre intensidades para sismos históricos, complementando la labor iniciada por Montessus de Ballore.

A comienzos de los 80 se instaló la primera red sismológica analógica de soporte telemétrico en la zona Central de Chile. Los equipos, un total de 7 sensores, fueron adquiridos con fondos de las Agencia Internacional de Energía Nuclear de las Naciones Unidas (IAEA), a través de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, y junto a las estaciones existentes de Peldehue y Santiago, permitieron dotar a la Región Metropolitana de la primera red sismológica densa. En los años siguientes, con aportes de CODELCO, se instalaron otras 4 nuevas estaciones de similares características, expandiendo la red hacia el Sur hasta la ciudad de San Fernando.

A fines de los 90, el Servicio Sismológico recibió un aporte de recursos que le permite ampliar y actualizar la red con estaciones digitales. Asimismo, se inició una política de instalación de estaciones sismológicas en regiones.

 

Definiendo el estudio, terremotos y placas tectónicas

 

Hasta 1960, los geofísicos consideraban que los terremotos eran fenómenos aislados (Ugalde, Arantza. Terremotos, cuando la tierra tiembla. Csic, Madrid, 2009), pero el incremento en el uso de sismógrafos permitió disponer de datos de calidad con los que dibujar mapas con la posición de los terremotos sobre la superficie de la tierra, los que mostraban una distribución uniforme de la actividad sísmica, en forma de cinturones, delimitando claramente regiones oceánicas. La explicación vino de la mano de la teoría tectónica de placas.

Nuestro país se encuentra asentado en el límite de la placa de Nazca y la placa Sudamericana, que se mueven en direcciones opuestas y al encontrarse producen los movimientos sísmicos.

 

Medición de los terremotos

 

Libro 'The U.S. Naval Astronomical Expedition to the Southern Hemisphere'

Como explica el Servicio Sismográfico Nacional, la magnitud de un sismo es la energía real liberada en el foco o hipocentro del sismo. Se trata de una medida absoluta de la energía del temblor o terremoto, expresada en movimiento o aceleración de las partículas del suelo. Se mide con instrumentos como el sismógrafo y el acelerógrafo, y se usan escalas para medir las cantidades de energía liberada.

Se usa en este caso la escala de Richter, cuyos grados representan cantidades progresivamente multiplicadas de energía. Esta escala no tiene límite superior. Los instrumentos adecuados -sismógrafos, acelerógrafos y otros-, dondequiera que se ubiquen con respecto a la ubicación del sismo, registran el mismo rango de magnitud. Puede decirse, entonces, que un terremoto tiene una sola magnitud y muchas intensidades; estas últimas normalmente decrecen al alejarse del epicentro sísmico. Se consideran sismos destructores, en general, aquellos que tienen una magnitud mayor que 6.5 (dependiendo de la calidad de la construcción y del suelo).

Asimismo se puede medir la Intensidad Sísmica, que es la violencia con que se siente un sismo en diversos puntos de la zona afectada. La medición es subjetiva y se realiza observando los efectos o daños producidos por el temblor en las construcciones, objetos, terreno y el impacto que provoca en las personas. Su valor depende de la distancia del epicentro, tipo de construcción, calidad del suelo o roca de la localidad y del lugar que ocupan las personas. En la actualidad, para medir la intensidad, se emplea (desde el 9 de Julio de 1961) la Escala de Intensidades Modificada de Mercalli. Esta es una escala descriptiva de 12 grados. Los daños comienzan a partir del grado VI (seis).

El terremoto del 27 de febrero de 2010 tuvo una magnitud de 8.8 Richter y el terremoto de Valdivia del 22 de Mayo de 1960, fue de magnitud 9.5 y es el más grande que ha afectado a la humanidad desde los años en que se introdujo la medición instrumental de los sismos, a fines del siglo pasado.

 

Red Sismológica Nacional

 

La digitalización de la red existente en Chile comenzó en los 90 y dotó al país de una red de 60 acelerógrafos, instrumento sismográfico que registra la aceleración del terreno en función del tiempo. Estos forman la Red Nacional de Acelerógrafos RENADIC, dependiente del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, que se encarga desde principios de 1970 de operar estos equipos.

La Universidad de Chile presentó al gobierno chileno, en julio de 2007, una propuesta de renovación y ampliación de la actual red sismológica existente, cuyos objetivos son dotar de información sobre sismos de forma inmediata, asesorar a las autoridades técnicas y políticas, y proveer de información al Servicio Nacional de Geología y Minería sobre movimientos telúricos, entre otros (“Propuesta: Servicio Sismológico de la Universidad de Chile”. Fac. de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, julio 2007).

La Red Nacional de Monitoreo Sísmico consistirá, una vez terminada, en 65 estaciones sismológicas instaladas desde Arica a Magallanes, con las que Chile contará con “una gran red que permita en tiempo real y en forma precisa e inmediata procesar todo lo que ocurre en materia de sismicidad".

Sobre las características de las estaciones sismológicas, la Jefa de la Unidad de Proyectos Especiales de ONEMI, Stephanie Castro, dijo en noviembre de 2011 que "este es un sismómetro de banda ancha, es uno de los sensores más usados a nivel mundial de alto estándar, que permite tener la medición de los movimientos subterráneos desde aquellos que son de muy baja frecuencia hasta los que son perceptibles por la comunidad".

El director del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, Sergio Barrientos, señaló en una entrevista realizada en mayo de 2012, que el fortalecimiento del sistema se ha traducido en grandes cambios en los aspectos técnicos de la red: “La tecnología, en cuanto a la detección de ondas sísmicas, está bastante desarrollada, incorpora totalmente la nueva tecnología. Los equipos que hemos adquirido para el proyecto de la ONEMI son de última generación. Probablemente en cinco o diez años va a haber desarrollo de otras tecnologías, cada vez de menor consumo, y eso va a permitir hacer instalaciones más chicas en cada lugar”, dijo.

Durante el 2011, fueron instaladas diez estaciones de monitoreo sísmico. Estos instrumentos fueron donados por el consorcio de universidades norteamericanas IRIS y se suman a los que se instalarán en esta segunda etapa a través de ONEMI.

El Incorporated Research Institution for Seismology (IRIS) fue fundada en 1984 con el apoyo de la National Science Foundation y es un consorcio de más de 100 universidades de los Estados Unidos, dedicados a la operación de instalaciones científicas para la adquisición, gestión y distribución de datos sismológicos.

 

El estudio de la sismología en Chile

 

Si bien Chile es uno de los países más sísmicos del mundo, llama la atención el escaso campo de estudios específicos en sismología. Actualmente, sólo la Universidad de Chile y la Universidad de Tarapacá imparten la carrera de Sismología, y cuentan con laboratorios especializados, lo que escasamente cubre la necesidad país en un ámbito en el que ha sido declarado como un “laboratorio natural” debido a su sismicidad.

Uno de los aspectos relevantes en la carencia de una masa crítica de sismólogos en Chile, según Sergio Barrientos, es el bajo presupuesto con el que cuenta el Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, por ejemplo, en comparación con la realidad de otro país sísmico. “Japón tiene aproximadamente una tercera parte del área que cubre Chile, sin embargo, se utilizan más de 4 mil instrumentos de un tipo y más de mil de otro. En el caso de Chile, tenemos solamente 60 estaciones. Si uno piensa en los recursos humanos, la cantidad de sismólogos que hay en Japón debe ser del orden de 2 mil. Viendo la proporción de población, la tasa es de uno a diez, así que en Chile debería haber unos 200. En realidad, los sismólogos no pasan de unos 10”, afirmó.

Barrientos también ha expresado que “el ideal sería tener al menos mil equipos operando en el país, pero para eso falta personal: no daríamos abasto con los 6 profesionales y los 20 técnicos que tenemos hoy”.

Explicó que con 270 millones de pesos al año como presupuesto, el Servicio Sismológico gasta un 70% de los recursos en sueldos y sólo el 30% en mantener equipos y crear nueva tecnología, en un país que debería estar a la vanguardia en el tema, debido a la gran concentración de sismos. Según Barrientos, el Servicio Sismológico debería contar con al menos 10 veces el presupuesto actual para estar a la altura de las circunstancias a las que está expuesto el país, es decir, 2 mil 700 millones de pesos anuales.

El 7 de Agosto de 2012, durante el XIII Congreso Geológico Chileno se analizaron las posibilidades de que ocurra un gran sismo en el Norte Grande, con la presencia de las universidades locales que participan en la licitación que hizo el Gobierno para implementar un Centro de Estudios Integrado de Desastres Naturales. La iniciativa, planteada para abordar desde distintas disciplinas eventos como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y temporales -entre otros-, está destinada no sólo a realizar aportes en materia de conocimiento, sino también en cuanto a la generación de políticas públicas alineadas y medidas de mitigación.

La creación del Centro, según se informa en "Universidades crearán centro de estudios de terremotos y tsunamis" de El Mercurio de Antofagasta (7 de agosto de 2012), se hizo a través de un concurso público de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT), con el objetivo de crear un centro que se preocupe de la mitigación e impactos de los desastres naturales en Chile.

 

Preocupación por parte del Congreso

 

La preocupación por la falta de expertos en Sismología fue también abordada por la Comisión Desafíos del Futuro del Senado, que tras dos presentaciones de los especialistas chilenos en Sismología -Mario Garrido y Jaime Campos-, realizadas en junio y agosto de 2012, acordó la realización de una sesión especial en la Sala para analizar dichas materias.

Campos se refirió a la Red Sismológica existente, señalando que la principal del país le pertenece a la Universidad de Chile, la que la ha gestionado con diversos países. Además, enfatizó que ella no funciona en grandes emergencias, dado que carece de la robustez necesaria para que tenga la utilidad necesaria al momento de producirse la emergencia.

Destacó que esta debilidad no es un tema menor, toda vez que de conformidad a los estudios que se han desarrollado, la ocurrencia de terremotos en nuestro país es de uno cada 1 a 7 años. Campos también planteó que son sólo 2 sismólogos dedicados a la investigación y que estudian el origen de los terremotos, de modo que destacó la necesidad de contar con más científicos del área, toda vez que es en Chile donde se libera el 43% de la energía sísmica mundial.

Al respecto, el senador Guido Girardi (PPD) comentó que "Chile es lejos el país más sísmico del planeta. De cada cuatro grandes terremotos que hay en el planeta, tres corresponden a Chile".

En tanto, el también integrante de la Comisión de Desafíos del Futuro, senador Francisco Chahuán (RN), sostuvo que "en la sesión analizamos la necesidad ineludible de profesionalizar la ONEMI, entre otras materias y continuaremos este tema. Asimismo, pediremos una sesión especial en el Senado, con el fin de debatir sobre cómo enfrentar los riesgos sísmicos que sufrirá el país en el futuro. Esperamos invitar a los ministros de Vivienda y Obras Públicas, sobre este tema".

La ponencia de los expertos sismólogos ante la Comisión abordó los siguientes escenarios de la amenaza sísmica en Chile y los aspectos que una política pública sobre el tema debe considerar:

  • Grandes terremotos históricos (megaterremotos)
  • Toda la taxonomía de fuentes sísmicas (tipos)
  • Alta “productividad sísmica” (unidad tiempo/superficie)
  • Impacto para el país
  • Costo sísmico anual ~ 1% a 2% del PNB (con o sin terremoto)
  • Capacidad científica/Experta instalada hoy en el país
  • Criterios para una respuesta adecuada; Institucionalidad adecuada.
  • Incorporar las nuevas tecnologías disponibles en la comunidad científica

 

En las conclusiones dadas por los sismólogos, se identifican como urgencias inmediatas para el país, las siguientes acciones:

  • Correcta instalación de equipos sismológicos en el territorio
  • Incorporación de equipos ya adquiridos por el Estado a través de otras vías, a la Red Sismológica Nacional de la U. de Chile para asegurar su funcionamiento con los expertos adecuados.
  • Programa de Formación de Capital Humano Experto
  • Recursos para fortalecer las capacidades locales (comunidad, gobierno y sistema educativo) en mitigación, preparación y prevención facilitando el acceso al conocimiento.

 

En conclusión, como expusieron los expertos en la Comisión Desafíos del Futuro, prácticamente el 85% de la energía sísmica mundial se libera en zonas de subducción. Es decir, Chile es una de las regiones sísmicamente más activas del planeta en términos de tasa de actividad sísmica, tipos de terremotos y tamaños, por lo que de acuerdo a testimonios de expertos, se debiera avanzar en la instrumentación y estudio de la sismología. Chile “debería ser” un laboratorio natural único en el mundo para el estudio de terremotos.






 
 

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