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Terapia anticáncer posiciona a Chile en el mapa global


13 de agosto 2007

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Según un informe sobre inversiones en el mundo en el año 2005 de la Unctad, casi la mitad del gasto mundial en I+D (Investigación más Desarrollo) lo hacen las grandes empresas al margen de los estados. Por ello, no es extraño que Ford Motor superara en 2002 a la suma total de inversión privada y pública en I+D de España, incluido su presupuesto militar.
 
Tampoco es raro saber que, tal como advierte un alto funcionario de la Unión Europea, Janez Potuchik, China desbancará a la UE en esta materia en sólo dos años más. ¿Y por casa, cómo andamos? En 2002, Chile destinó a I+D el 0,7% de su PIB (Producto Interno Bruto) contra 4,3% de Suecia, 3,1% de Japón, 2,8 de EEUU y 1,9 de la UE.
 
El porcentaje chileno equivale al de los países del este y sur de Europa, como, por ejemplo, Grecia (0,64). Y claramente revela que no nos permitirá dar el salto que necesitamos desde una economía basada en exportación de materias primas a una de productos y tecnologías de mayor valor agregado
 
Salvo que se decida apoyar casos-testigos como el de Flavio Salazar Onfray (41 años), hijo de exiliados y doctor en Ciencias Médicas del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, quien retornó a Chile en 1999 y junto a su equipo de trabajo descubrió un tratamiento o “vacuna” terapeútica contra el cáncer que ha demostrado su efectividad. Y que ubica a nuestro país a la vanguardia de la biotecnología, un campo del conocimiento que ofrece grandes posibilidades tanto a nivel científico como económico.
 
De hecho, Salazar terminó convertido en emprendedor, pues para seguir adelante con su trabajo debió formar una empresa, Oncobiomed, que hoy está asociada con el Programa de Inmunología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, en investigaciones que prometen nuevos y revolucionarios avances.
 
Así relata este biólogo la génesis de su inusual experiencia:

 “Partimos buscando una alternativa de tratamiento para el melanoma, un cáncer de piel muy agresivo y mortal. Y a partir de ese proyecto se genera el descubrimiento de un método para tratar pacientes con cáncer avanzado que en estos momentos está siendo patentado y que derivó en el nacimiento de Oncobiomed”.
 
¿En qué consiste esa terapia?


Se toma sangre de pacientes con cáncer en estado terminal y se procesa en un laboratorio especial, produciendo un tipo celular que se llama célula dendrítica con un método original desarrollado por nosotros. Luego esas células se ponen en contacto, con extractos de células tumorales. Esto hace que se sensibilicen frente a éstas y puedan ser reinyectadas en los pacientes provocando respuestas inmunológicas frente a los tumores (ver infografía).

 

Fuente: www.inmunoterapia.cl

La innovación es un desafío país


Habla Flavio Salazar, doctor en Ciencias Médicas y creador de una empresa biotecnológica que hace investigación de punta a nivel mundial en su área.
 
¿Qué resultados se alcanzaron con el experimento?
 
Los pacientes vacunados con estas células dendríticas tienen el doble de sobrevida que los tratados con los métodos tradicionales, como la quimioterapia. La sobrevida histórica de pacientes con melanoma se estima que va de 7 a 11 meses, y nosotros tenemos pacientes con sobrevida en promedio de 23 a 29 meses. Esto quiere decir que han sobrevivido más de dos años, lo que en el caso del melanoma es casi un milagro.


¿Cómo se financió este estudio?
 

Partió con el apoyo del Instituto Karolinska, donde hice mi doctorado. Fue un aporte en insumos, principalmente. Después hicimos otro aporte nosotros, el doctor Carlos Ferrada y yo, quienes formamos  Oncobiomed. Y luego recibimos en 2003 el apoyo del Fondef (Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico). El proyecto costó alrededor de 900 mil dólares, de los cuales 700 mil eran fondos gubernamentales.
 
¿Cuánto le cuesta a los pacientes el tratamiento?
 
El tratamiento terapéutico consiste en cuatro vacunaciones y el seguimiento del caso, y tiene un valor de alrededor de dos millones y medio de pesos. Lo que comparado, por ejemplo, con la quimioterapia es mucho menos, pues ésta vale de 16 a 20 millones.
 
¿En qué pie está la I+D en Chile?
 
Se han hecho esfuerzos en los últimos años de parte de organismos oficiales con el fin de fomentar la investigación aplicada o generar conexiones con la innovación. Ahora, como en toda cosa nueva, ha habido errores de apreciación tanto de parte del gobierno como de los científicos, en el sentido de que ha existido un poco de desconfianza y falta de flexibilidad de ambas partes. Pero el hecho de que se hayan desarrollado experiencias pilotos ha generado un escenario que me hace ver con optimismo su desarrollo.
 
Lo que falta es enfocar esta cosa y darle las prioridades que correspondan. La innovación en el área científica tiene que asumir un compromiso esencial con la investigación aplicada, la que a veces es mirada con cierto menosprecio por quienes creen que es de menor peso intelectual que las ciencias básicas.

El nuevo objetivo es el cáncer de próstata


Habla Flavio Salazar, doctor en Ciencias Médicas y creador de una empresa biotecnológica que hace investigación de punta a nivel mundial en su área.
 
¿Qué viene a futuro para Oncobiomed?
 
Este año iniciamos otro proyecto Fondef, pero esta vez focalizado hacia el cáncer de próstata, que es mucho más común en Chile que el de piel. Tiene un costo de 550 millones de pesos –alrededor de un millón de dólares-, de los cuales el Fondef pone el 50 por ciento. Estamos haciendo ensayos fase 2, y calculamos que vamos a tratar de acá a fines de 2008 o mediados de 2009 a unos 45 pacientes, sin costo alguno para ellos por estar siendo financiados en parte por fondos del gobierno.
 
¿Qué objetivos esperan alcanzar?
 
Vamos a tener, creemos, un resultado similar al que obtuvimos en melanoma y eso nos va a permitir tratar más pacientes. El estimativo es prolongar la sobrevida al doble o hasta superar ese margen. En el caso del melanoma, tenemos que en promedio se dobla la sobrevida estimada, pero si vamos a los grupos controles que se han estudiado, hay un subgrupo del 60%, que es de los que nosotros llamamos “respondedores”, con sobrevidas que superan los 30 meses; es decir, a veces superan los tres años. Y lamentablemente hay también un 40% que no registra buenos resultados.
 
Eso es lo que estamos estudiando ahora: por qué hay pacientes que responden bien y otros que no lo hacen de la misma manera frente a este tratamiento. Tenemos algunas hipótesis de por qué se produce eso, pero hay que comprobarlas.
 
¿Hay otro tipo de iniciativas en carpeta?
 
Para poder entrar en el mercado de los países desarrollados con nuestros productos, hay que efectuar estudios fase 3 –vale decir, con un alto número de pacientes-. Como nosotros queremos transferir esta tecnología, estamos en conversaciones con un grupo australiano para poder realizarlos y después venderla, licenciarla o explotarla nosotros mismos, haciendo un joint-venture, a nivel internacional. En Australia el melanoma tiene una incidencia 20 veces mayor que en nuestro país, y es por eso que están muy interesados.

Hace poco hubo un congreso de biotecnología en Boston. Allí tuvimos los primeros contactos. Contamos con el apoyo de una incubadora, Octantis, que nos está ayudando. En noviembre probablemente vamos a ir a Australia, y ya estamos haciendo una agenda para reunirnos con la gente clave y cerrar acuerdos.

De científicos a empresarios


Habla Flavio Salazar, doctor en Ciencias Médicas y creador de una empresa biotecnológica que hace investigación de punta a nivel mundial en su área.
 
Ustedes se iniciaron como emprendedores casi en forma casual e involuntaria. ¿Cómo dieron ese paso?
 
El mismo hecho de que para poder optar a fondos de mayor envergadura por parte del Estado había que contar con el apoyo de empresas nos llevó a que nosotros mismos generáramos empresa. Y aprendiéramos en el camino todo lo que significa la innovación aplicada al campo de la investigación y desarrollo de productos. Para esto, nos acercamos a todo tipo de especialistas, y esto, creo, ha hecho, que este proyecto sea exitoso. Nos acercamos a ingenieros civiles para aprender de planes de desarrollo y cálculos de mercado. Y a publicistas para ver el área de difusión y marketing. Eso nos ha permitido desarrollarnos en todos los sentidos: ellos han aprendido de inmunología y cáncer, y nosotros de planes de negocios, de páginas web, etc.
 
¿Hacia dónde planean crecer?
 
Hemos podido capacitar a una serie de jóvenes talentos que ya vienen con una impronta distinta respecto a combinar su rol de científicos con el de emprendedores. Eso permite que en este momento tengamos una amplia cartera de proyectos a desarrollar. Queremos seguir con este tema de las terapias, pero además con otro tipo de investigaciones en el área de la detección y diagnóstico temprano de diferentes tipos de cáncer para ser una empresa de vanguardia no sólo en Chile sino en Latinoamérica.
 
Un tema clave en innovación es el de las patentes. ¿Cómo se preserva la propiedad intelectual de estos hallazgos?
 
Hay dos maneras. Una, es el patentamiento de este método que, a nuestro juicio, es inédito. Aparte de eso, mantenemos parte de este procedimiento como secreto industrial. Obviamente, pueden surgir proyectos similares, pero la credibilidad nace principalmente a partir de nuestros estudios clínicos. En Latinoamérica, estamos muy respaldados, en este sentido, frente a iniciativas que apuntan hacia este mismo terreno en Brasil o Argentina.
 
Por otra parte, las publicaciones también avalan que los estudios realizados tienen fundamentos científicos serios. En nuestro caso, hay publicaciones en medios tan importantes como The Lancet o Clinical and Experimental Immunologist, que es el medio de la institución que reúne a los especialistas del Reino Unido.
 
Las debilidades de Chile en I+D, se dice, son esencialmente tres: tamaño del país; falta de masa crítica de doctorados y escasez de inversión privada. ¿Qué opina al respecto?
 
El argumento más débil es el del tamaño del país y del mercado local, pues la búsqueda de soluciones para problemas globales no puede estar enfocada sólo en Chile. De hecho, el melanoma, en términos relativos, no está muy extendido aquí. Lo cierto es que, en términos de infraestructura de comunicaciones, es como si estuviéramos en EEUU; tenemos acceso a las publicaciones internacionales. Sí hay una debilidad notoria es en cuanto a capital humano. Aunque ha aumentado al doble la gente que se doctora, esta proporción es muy inferior a la de los países desarrollados e incluso Brasil.
 
En cuanto a la inversión privada, depende de la credibilidad que vayan obteniendo los casos pioneros. Lo cierto es que hoy las empresas biotecnológicas chilenas son pocas, casi inexistentes. Pero no hay que olvidar que en esta área hay dos tipos de empresas: las farmacológicas –es decir, los grandes laboratorios- y una cantidad enorme de empresas “biotech” como Oncobiomed que buscan desarrollar ideas y productos para luego vendérselas a las grandes, que tienen espaldas más anchas para su comercialización.



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