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¿Llegará a Chile?

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¿Llegará a Chile?

por cfirmaniÚltima modificación 09/08/2007 12:05


¿Tendremos voto electrónico en Chile? Las experiencias son escasas y los planes aun más. En las universidades de La Frontera y Diego Portales se ha usado Internet para elección de académicos y dirigentes. A nivel político, las comunas de Las Condes y Providencia hicieron consultas digitales a sus ciudadanos para decidir sobre proyectos comunales, pero nada de carácter vinculante. Desde 1997 que en el Congreso Nacional está archivado un proyecto de ley que permite al Servicio Electoral incorporar la votación electrónica y hacer planes piloto. Y no hay ningún plan de mediano plazo que contemple tecnologizar nuestro sistema de votación.
 
Para Jorge Navarrete, director del think tank Proyectamérica, esto ocurre por varias razones. Una es la falta de necesidad. “Nuestro país enfrenta un escenario diferente al de los países donde este sistema se implementó con éxito. Por ejemplo, Brasil tuvo históricamente dos grandes problemas: una alta tasa de fraude electoral y una demora excesiva en el recuento de los sufragios y anuncio público de los resultados definitivos. La aplicación del voto electrónico solucionó en parte esos dos grandes problemas. En Chile, en cambio, enfrentamos una situación diferente. Nuestro actual sistema es uno de los más rápidos y transparentes del mundo”.
 
Aunque desde ese punto de vista no necesitamos tener voto electrónico, su implementación podría traernos un par de beneficios, como explica Juan Ignacio García, director del Servicio Electoral. “Disminuiría la cantidad de personas que están a cargo de los locales de votación, los vocales. Y eso es una ventaja porque el sistema chileno requiere de la participación de mucha gente en las mesas, que poco a poco se ha ido desincentivando en su participación electoral. Cada vez cuesta más encontrar gente dispuesta a ser vocal. La segunda gran ventaja sería la eliminación del papel de la cédula de votación. La confección de la cédula es un tema burocrático y difícil, sobre todo en las elecciones municipales, donde hay que imprimir más de 700 tipos de votos distintos”.
 
Pese a las ventajas, un importante obstáculo es hacer que el electorado confíe en un sistema computacional de la misma manera en que lo hace con el actual procedimiento, que destaca por su transparencia. Según García, no conviene arriesgar esa confianza por un cambio tan sustancial a un voto electrónico sin un proceso educativo previo, en especial tomando en cuenta que se desecharía una tradición republicana de más de 80 años. Navarrete agrega que “el voto electrónico sigue siendo una aspiración de la elite. Mientras la señora Juanita crea que existe una posibilidad de que la máquina (o alguien que la manipule) modifique su preferencia electoral, no existen posibilidades para una masificación de esta tecnología”.
 
Por lo mismo, más lejana está la posibilidad de masificar el voto por Internet. “Pese a que somos un país con un nivel de desarrollo tecnológico muy interesante, la tasa de penetración de Internet sigue siendo baja en términos reales. Del mismo modo, un sistema de redes descentralizado hace todavía muy peligroso incursionar en esta área sin los debidos resguardos. Mientras sea posible hackear al Pentágono, no recomendaría comprometer la fe pública, ni menos las preferencias electorales de un grupo de la población, aunque éste sea minoritario”, dice Navarrete.
 

Sin embargo, hay señales de que, tarde o temprano, los chilenos terminaremos tomando esa senda. Según García, “corremos el riesgo de que si no avanzamos tecnológicamente vamos a aparecer como ‘no modernos’. Si vemos que las experiencias de voto electrónico comienzan a funcionar en países vecinos va a ser inevitable la crítica al proceso chileno”. Y, además, si hoy en día todos los chilenos confían en una red de cajeros automáticos para que manejen su dinero, puede haber un nuevo cambio de mentalidad para que la democracia también se confíe a la tecnología.


Si





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