Ricos que se hacen más ricos y pobres que se hacen más pobres, en términos de la tajada que logran obtener de la fluctuante “torta” del ingreso nacional: tal es la definición más simple que se puede hacer de qué es lo que significa lo que los economistas llaman desigualdad. O, en su defecto, falta de equidad.
Una materia en la que Chile ostenta un dudoso récord mundial, que nos ubica entre los países más injustos, en cuanto a distribución del ingreso, dentro del planeta. En efecto, según informes de desarrollo social, que datan de 2006 y fueron elaborados por el Banco Mundial, nuestro país está ubicado entre los 15 primeros países (de un total de 130) con peor desigualdad de ingresos a nivel internacional. Lo que nos ubica en el mismo nivel de Níger, Zambia, Honduras y Argentina. Y en Sudamérica, sólo un poco por debajo de Brasil, que es el “campeón regional” en este ámbito.
La lucha contra este flagelo, que limita nuestra capacidad de competitividad en los mercados internacionales, además de tensionar el tejido social es la gran asignatura pendiente, coinciden exponentes de todos los sectores, de Chile como país.
Pues si bien es cierto que la economía chilena registra claros avances (por ejemplo, una reducción de la pobreza que afectaba a un 45% de la población en 1987 a sólo un 13,7% en 2006), está claro que hay un fuerte consenso en que los frutos del desarrollo y del progreso deben distribuirse de un modo más equitativo y justo para que haya paz y armonía social.
En el Te Deum Ecuménico del pasado 18 de septiembre, el arzobispo de Santiago, cardenal Francisco Javier Errázuriz, aludió a la necesidad de efectuar un “amplio pacto social que logre articular el crecimiento económico y sus ventajas con el aumento de la productividad y de los lugares de trabajo, y con el crecimiento en justicia social”.
Unos días antes, en la última semana de agosto, la Presidenta Michelle Bachelet, recogió el desafío lanzado antes por el obispo Alejandro Goic, con su llamado a implementar un “salario ético”, creando un Consejo por la Equidad, que ha recibido hasta ahora más de 210 presentaciones, disponibles todas ellas en su página web, procedentes de una pluralidad de sectores de la ciudadanía que tienen algo que decir al respecto.
Y a partir de ello, emitirán su informe propio con el diagnóstico que hacen de la situación y las medidas que, en su opinión y cumpliendo con el mandato de la jefa de Estado, se pueden adoptar para disminuir la brecha en los ingresos que llevó a algunos a hablar de una “escandalosa desigualdad”.
El dedo en la llaga, en todo caso, lo puso Goic, quien reavivó la discusión sobre un tema que estuvo muy presente en la pasada campaña presidencial, pero que después “bajó de cartel”, al señalar que “hemos crecido y estamos creciendo y ojalá sigamos creciendo al 5, 6 o 7 por ciento. En un país donde el 90 por ciento son creyentes en Cristo, donde hemos resuelto juntos el paso de un régimen de facto a uno democrático, ¿no será el momento ya de abrir un gran debate nacional para ver cómo distribuimos la riqueza?”.
Y añadió a continuación: “Yo me pregunto: ¿Es posible vivir con un sueldo mínimo de 140 mil pesos? Con profundo respeto, invito a debatir esta deuda pendiente que tenemos con los más pobres de Chile…”
El guante, como ya quedó dicho, fue recogido desde distintos segmentos de la sociedad.
Así fue como los parlamentarios de todo el hemisferio de habla hispana y de España, reunidos en el Congreso chileno a comienzos de septiembre, en el marco del III Foro Parlamentario Iberoamericano, tampoco quisieron quedar ausentes de este debate. Y firmaron un documento en Valparaíso en el que acordaron impulsar “nuevos pactos sociales” en sus respectivos países, al tiempo que subrayaron la urgente necesidad de construir una sociedad más equitativa y solidaria.
A comienzos de agosto de este año, el obispo de Rancagua, Alejandro Goic, quien actuó como mediador en el conflicto de los trabajadores subcontratados de Codelco, lanzó una propuesta que remeció al mundo político y económico. Planteó la implementación de un “salario ético”, de alrededor de 250 mil pesos, que reemplazara al actual sueldo mínimo, de 144 mil pesos, en su opinión claramente insuficiente.
Las declaraciones del eclesiástico provocaron réplicas y contrarréplicas, pero a la larga ayudaron a posicionar en el escenario nacional el tema de la desigualdad, que para muchos es el retraso más evidente de la transición a la democracia en nuestro país.
De hecho, no se apagaban aún los ecos de la polémica cuando el 23 de agosto la Presidenta de la República, Michelle Bachelet constituyó el llamado Consejo Asesor Presidencial para el Trabajo y la Equidad, bajo el lema “Hacia un Chile más justo”.
El Consejo está integrado por 48 expertos del más alto nivel, y de distintos sectores políticos y sociales, que expresan a las esferas empresarial, sindical, religiosa y académica. Su misión es desarrollar un espacio de debate donde confluyan opiniones diversas con el propósito de “crear una serie de propuestas con miras a lograr mayor equidad en el ámbito laboral, además de originar la creación de un pacto social por el desarrollo”.
La instancia está presidida por el economista y director de la Corporación de Estudios para Latinoamérica (Cieplan), Patricio Meller, y su secretaría ejecutiva está a cargo del académico de la U. de Chile, Oscar Landarretche.
Para su mejor funcionamiento, se dividió en tres subcomisiones: Mercado y políticas laborales (coordinada por Andrea Repetto); Institucionalidad y Relaciones Laborales (bajo la guía de Humberto Vega); y Equidad y Políticas Sociales (a cargo de Dante Contreras).
A fines de noviembre, el Consejo debe dar a conocer a la Presidenta un informe preliminar, que dé cuenta del estado de avance de los trabajos, y el horizonte para la entrega del informe final está fijado para la primera semana de marzo de 2008.
Lo cierto es que si bien hasta ahora los trabajos del ente ciudadano se han mantenido en un discreto segundo plano, trascendidos de prensa indican que –tal como la señala el diario La Tercera del domingo 11 de noviembre- “el órgano estrella que lanzó Bachelet para abordar cambios al mercado de trabajo ha llegado a más puntos de consenso en el tema laboral que todo lo avanzado en esta materia en los últimos años”.
Desde la redefinición del concepto de empresa hasta la prohibición del uso de múltiples razones sociales o roles únicos tributarios, han sido asuntos sobre los que se ha llegado al parecer a un inédito acuerdo.
Para nadie es un misterio, por otra parte, que estos acuerdos, tal como sucedió en su momento con el Consejo de Reforma Previsional, presidido por Mario Marcel, terminarán por llegar en algún momento al Congreso para plasmarse en leyes e iniciativas concretas, con el “piso” asegurado que le garantizan desde ya las conversaciones al respecto donde representantes del oficialismo y de la oposición han llegado a definir muchos puntos en común y superado no pocas diferencias.
Así es como esta instancia de diálogo reúne alrededor de una misma mesa a personajes tan disímiles como el ex candidato presidencial de la UDI, Joaquín Lavín; el economista DC Ricardo Ffrench-Davis (uno de los más ácidos críticos de los pocos avances que se han dado en el campo de la equidad durante los gobiernos de la Concertación); el ex ministro radical Enrique Silva Cimma; el empresario Juan Claro, ex presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) o el sacerdote Rodrigo Tupper, vicario de los trabajadores y de la Pastoral Social.
Para conocer parte del camino transitado en el Consejo por la Equidad el portal ciudadano de la BCN dialogó con dos de los coordinadores de las subcomisiones: Andrea Repetto y Humberto Vega, y con la ex diputada Lily Pérez, dirigente de Renovación Nacional, que integra la tercera de estas subcomisiones de trabajo.
Lo que sigue es una serie de entrevistas a todos ellos, donde hablan de su experiencia en esta plataforma de encuentro y discusión ciudadana, en la que de alguna forma deben imaginarse al Chile del futuro.
Lily Pérez: Consejo Asesor tiene cero contaminación política
Lily Pérez es actualmente la secretaria general de Renovación Nacional. Ex diputada por La Florida y candidata a senadora por Santiago Oriente en las elecciones parlamentarias de 2005, forma parte de la subcomisión de Equidad y Políticas Sociales, coordinada por Dante Contreras, de cuyo trabajo hace hasta ahora un positivo y optimista balance.
-¿Cuál ha sido su experiencia como miembro del Consejo?
-Muy buena. Yo me siento muy útil en este grupo. Desde el día uno a mí me pidieron que integrara un grupo de cinco miembros de los 48, para ver todo el tema de las audiencias, que ha tenido gran éxito. De hecho, ya estamos por finalizarlas. Y me integré a un subgrupo de diez miembros que ve todo el tema de la promoción de la pequeña y mediana empresa.
Tengo que reconocer, sí, que le he dado muchas horas. Nunca pensé que iba a ser tan exigente, porque además del día miércoles, que lo dedicamos por entero al Consejo, con mi subgrupo, con el cual trabajamos en pobreza dura y grupos vulnerables, nos hemos reunido, de pronto, el martes o cualquier otro día. Ha sido una demanda de tiempo bastante fuerte, pero sinceramente con un grado de satisfacción personal muy alto.
-Según trascendidos de prensa, se han registrado ya acuerdos en relación a la necesidad de cambios a la legislación laboral. Tanto empresarios como trabajadores han establecido no pocos puntos de consenso. ¿Qué opinión le merece esto?
-A ver… Yo pienso que este Consejo Asesor ha tenido una gracia extra, y ha sido precisamente que nos hemos ido encontrando unos con otros.Creo que tiene cero contaminación política. Yo no he visto búsqueda de sacar cuentas políticas en nadie, sino la mejor disposición.
Con respecto a la pregunta en sí, debo aclarar que mi comisión no está abocada precisamente tanto al ámbito laboral. Sí estamos abocados, desde el punto de vista de las propuestas, a incorporar más mujeres y más jóvenes al ámbito del mercado laboral. Pero yo he visto en las otras que sí le han hincado mucho el diente al tema vínculo empresario - trabajador, porque son las otras dos comisiones, las de institucionalidad y las de mercado laboral, las que están más relacionadas con ello.
En todo caso, efectivamente, lo que se señala es cierto. Ha habido una capacidad de encuentro bastante importante y ojalá esto se traduzca en resultados concretos. Ahora bien, no vamos a salvar a Chile, pero que vamos a entregarle a la Presidenta la propuesta que nos encargó, lo vamos a hacer. Que van a haber cosas novedosas también. Y en eso estamos trabajando.
Entonces, yo creo que lo que logremos aportar va a ser un grano de arena importante. Y, sobre todo, haber creado un clima de entendimiento. Porque cuando uno ve las encuestas, yo diría que el grado de conflictividad en las relaciones políticas, económicas y entre el mundo laboral y empresarial, han sido muy álgidas este año.
-Un punto de convergencia básico de todos los sectores es considerar que Chile es un país injusto. El problema surge cuando se empiezan a buscar las soluciones. Algunos plantean más intervención del Estado, otros menos. ¿Cuál es su visión?
-Yo creo que efectivamente Chile es un país donde se ha avanzado bastante. Ha habido mayor movilidad social, hay mayor acceso de las personas al crédito y hay mayor acceso de las personas a la educación. El tema es que ahora tenemos que mejorar esos accesos. O sea, que la educación esté garantizada, está bien, pero que sea una educación de calidad. Que el crédito esté garantizado, está bien, pero que sea un crédito justo.
Chile es un país donde la economía abierta es la que prima, donde el emprendimiento hay que reforzarlo mucho más. Pero también donde el Estado obviamente tiene que actuar en su rol solidario y subsidiario en un montón de materias. Sobre todo para resolver problemas como el de la salud, la educación y la vivienda.
Pero estoy convencida de que los pilares en la búsqueda de la equidad debieran ser sobre todo dos: la educación y el trabajo. La educación, porque la gente que posee este bien intangible es más libre que otras para tomar decisiones, es más libre para emprender y es más libre para el desarrollo de su autonomía personal. Y el otro pilar debiera ser el trabajo, pues no solamente dignifica, sino que es el que le abre las puertas a la gente para la movilidad social.
Si a eso nosotros le podemos sumar herramientas para mejorar la meritocracia, mejorar los salarios, pienso que ahí vamos a tener muchas más posibilidades para más personas y vamos a poder ir sacando de a poco a la gente que está debajo de la línea de la pobreza.
Pero además hay que usar otros mecanismos. Por ejemplo: hay que actualizar la canasta familiar. No puede ser que llevemos 20 años con un sistema de medición igual, porque a mí no me cabe duda de que tenemos muchas más personas en situación de pobreza que la que nos dicen los resultados de las encuestas.
También hay cosas que hacen que la gente sea más vulnerable. Por ejemplo, una enfermedad catastrófica, que empobrece a una familia. Y por eso la última encuesta Casen nos dice que hay un 30% de personas en Chile que ha entrado o salido alguna vez de una situación de pobreza.
Entonces, yo creo que esos son los focos que todavía nos mantienen en una situación de mucha inequidad: el acceso al trabajo; el acceso a la salud, pero con la garantía de calidad en ese ámbito y de que las personas no se empobrezcan frente a una enfermedad de carácter catastrófico; y todo lo que es garantizar asimismo el acceso y la calidad en la educación.
Andrea Repetto: La desigualdad anula la competencia
Egresada de la UC y PhD en Economía del Massachussets Institute of Technology (MIT), Andrea Repetto es la única economista chilena que fue citada por un Premio Nobel de Economía, el estadounidense Edmund Phelps, en su discurso al recibir su galardón en 2006. Actualmente se desempeña como académica e investigadora del Centro de Economía Aplicada del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile.
-¿Cómo incide, a su juicio, la desigualdad en las posibilidades de competitividad de Chile en los mercados internacionales?
-Primero, cuando hay desigualdad de oportunidades dentro del país la competencia no florece. O sea, hay personas que tienen más oportunidades que otras, que se han educado más que otras, que tienen mejores redes de contactos que otras, o que tienen acceso al crédito y pueden financiar sus buenas ideas y emprender, y hay personas que no las tienen. Por lo tanto, los mercados internos no son competitivos cuando no hay igual acceso a las oportunidades. O sea, tú no puedes asegurarte de que las personas que tienen las mejores ideas sean los emprendedores; tú sólo puedes asegurarte de que las personas que tienen los recursos sean los emprendedores, y no necesariamente son las mismas personas.
Cuando traducimos eso entonces a un contexto internacional, estamos partiendo como un país que es menos eficiente en el uso de sus recursos. Nuevamente el mismo ejemplo. No todos quienes tienen las buenas ideas para emprender lo hacen, y esas buenas ideas no se transforman en productos que Chile pueda salir a vender a los mercados internacionales. Y, por otro lado, también es evidente que en los países menos desiguales, la cohesión social es mayor. Y cuando hay mayor paz social, cuando hay diálogo, cada vez que pudiera haber un conflicto éste se resuelve de manera articulada, las cosas funcionan muchísimo mejor. Por lo tanto, en ese sentido, hay dos etapas en esta desventaja que pudiera tener Chile en los mercados internacionales producto de las desigualdades.
-¿Cómo es posible incrementar la productividad de los trabajadores chilenos de un modo más equilibrado, de manera que no profundice la brecha que sobre todo ahora, en la época de la sociedad de la información, es cada vez más pronunciada?
-Lo que voy a decir es muy repetitivo, pero la educación, la inversión en capital humano es lo que hace la gran diferencia en la productividad de los trabajadores. La rentabilidad de la inversión en educación es la más alta. Hay rentabilidad en invertir en capital humano, en invertir en las personas, aun cuando no todos hayan tenido el mismo acceso (a la educación).
La calidad de los colegios, de los liceos, de las escuelas municipales a través del país es muy dispar. Hay niños que acceden a distintos recursos. No solamente en términos de la calidad de sus profesores, de la calidad de la infraestructura, de los libros que tienen, sino también los pares con quienes se juntan, el contexto cultural y cuánto apoyo pueden dar los familiares en la casa. Eso hace una gran diferencia.
Lo que difícil para un país es que la educación es una inversión de largo plazo, y que, hemos aprendido, tiene que partir desde la cuna. O sea, los grandes retornos están en los primeros años de los niños. Hemos invertido mucho en educación posterior, y eso está bien, pero necesitamos pensar en la cadena completa. Y eso va a ser para las generaciones futuras. Hoy día tenemos una fuerza laboral que en una proporción muy alta no ha terminado la educación escolar, y eso no lo vamos a poder resolver hoy día y tampoco la va a poder resolver lamentablemente el trabajo que estamos haciendo en la comisión.
Pero si somos capaces de ponernos de acuerdo y pensar esto en el largo plazo, tal vez podemos definir qué hacemos en la transición: cómo capacitamos a los trabajadores, cómo les damos herramientas y los ayudamos con certificaciones laborales que los hagan mucho más competitivos en el mercado.
-La educación es planteada por algunos como la llave maestra que va a permitir superar la gran brecha social que tiene Chile y que hace, por ejemplo, que nuestro coeficiente Gini (el índice estadístico que mide la desigualdad) sea parecido al de Brasil, que es uno de los peores del continente...¿Cuál es su postura al respecto, porque de repente hay sectores políticos que ponen todo el énfasis en eso: la educación (o la falta de ella) como la gran causante de la desigualdad? ¿Es tan así?
-Hay muchas otras cosas que podemos, que tenemos que hacer. Son tareas que son complementarias. La educación es una parte importante de esto, pero no estoy segura que lo sea todo. Por ejemplo, sabemos que si hay dos ingresos en un hogar, la posibilidad de que ese hogar esté en la pobreza y que los niños que están formándose en ese hogar pasen por etapas de pobreza, son mucho más bajas.
Necesitamos, por ejemplo, aumentar la inserción de la mujer en el mercado laboral. Y eso pasa, parte por la educación de las mujeres, porque hoy día si van a salir a trabajar y obtienen bajos salarios, muchas de ellas prefieren quedarse en la casa. También pasa por el cuidado de los niños. Pero también, por ejemplo, por un sistema de transporte público que te permita salir de la casa, cruzar la ciudad completa. Y luego volver a tu hogar para poder estar con tu familia. Esto abarca muchos más ámbitos que los que estamos acostumbrados a pensar. Si entregamos educación y no damos un buen sistema de transporte público, la educación no va a conseguir el resultado.
Entonces, en ese sentido hay que pensar el conjunto, mirarlas como medidas que son complementarias y que se necesitan para poder conseguir el producto final que justamente es elevar los salarios y los ingresos de las familias.
-Patricio Meller, presidente del Consejo, dijo que están estudiando una especie de “impuesto negativo”, como el que se aplica en EEUU, para beneficiar a las familias más pobres. Se habla, por ejemplo de 100 mil pesos que complementen el sueldo y permitan llegar a lo que Goic llamaba un “salario ético”. ¿Qué opina de ello?
-Bueno, este es un programa que existe en Estados Unidos hace bastante tiempo. Es una idea que nació en la Universidad de Chicago, y fue implementada y reforzada por los gobiernos demócratas. Es algo que ha sido muy exitoso como política social en los EEUU, en términos de sacar a familias de la pobreza. Personas que tienen bajos niveles de ingreso declaran impuestos y se les paga, reciben un subsidio, por eso se llama un “impuesto negativo”. Y en la medida en que uno se va poniendo en la escala de generación de mayores ingresos familiares, ese subsidio tiende a desaparecer y luego se transforma en un impuesto que terminan pagando las personas que tienen más ingresos.
Lo que tiene de especial esto es que está asociado a generar ingresos. Hay que tener un empleo formal o por cuenta propia, ser un emprendedor o un microemprendedor, para entrar a este sistema. Lo único que hay que hacer es de verdad generar ingresos. No pasa necesariamente por el trabajo asalariado. Y por ello sirve justamente para llegar a los pobres que por lo general no tienen las posibilidades de entrar a este mercado laboral formal. Entonces, le permite a ellos formalizarse y al mismo tiempo conseguir un suplemento de los ingresos que pueden conseguir por sus propios medios.
-La ventaja que tendría este sistema es saltarse la red asistencial del Estado, o sea todo el dinero que se gasta en la estructura de los servicios públicos. ¿Cuál sería, en contraposición, la desventaja?
-A ver, esto también tiene costos administrativos. Se necesita chequear los ingresos de las personas, y eso no siempre es fácil de hacer. O sea, si se piensa en una mujer que trabaja en su casa cosiendo ropa, no es muy fácil de verdad capturar cuántos ingresos tiene esa persona. Así que eso también requiere cierta estructura administrativa, pero la parte beneficiosa, más que por la parte administrativa, está justamente en que tiene buenos incentivos hacia el trabajo. Promueve la generación de ingresos.
En los otros sistemas, por lo general, tú recibes subsidios en la medida en que seas pobre y no estés generando nada. Entonces de alguna manera tú perduras en la pobreza, y hay incentivos a perdurar en la pobreza para poder recibir estos ingresos. Aquí lo que se hace es motivarte para que tú salgas de la pobreza por tus propios medios, y luego recibes un premio adicional por eso. De este modo, las personas que se estarían quedando fuera, son personas en extremo vulnerables. Son personas con discapacidades, y que tienen otras dificultades para generar ingresos, ni siquiera pasando por un mercado laboral que es informal. Entonces, esto permite focalizar los recursos mucho mejor y a la vez dar mejores incentivos.
-¿Confía en que en esta suerte de gran foro, que ha sido el Consejo por la Equidad, se puedan ir deponiendo los ideologismos y hallar soluciones en común?
-Yo he visto una excelente disposición a trabajar. Hemos ido trabajando en subcomisiones, así que tengo más conocimiento de la mía, pero se trata de gente que está dedicando su tiempo a pensar en cómo va a ser el país en diez o veinte años más. Hay cosas que nos separan. No estamos de acuerdo en todo. Pero estamos bastante de acuerdo en el diagnóstico, y ése es un excelente gran paso.
Pudiera haber menos de ese acuerdo en torno a qué hace uno con ese diagnóstico, pero en la medida en que nos sentemos a conversar y podamos empezar a entender que es lo que está pensando uno cuando tiene su corazón puesto en ciertas cosas y cómo podemos construir en función de eso, espero que el Consejo pueda hacer propuestas que el gobierno y la sociedad pudieran tomar como propias.
Ahora, hay ámbitos en los que va a ser más fácil conseguir acuerdos. En modificar el sistema de capacitación de los trabajadores, el seguro de cesantía o en un sistema de intermediación laboral que hoy día básicamente no existe en este país. Son cosas en las que todas las partes ganan. Por lo tanto, pienso que este Consejo va a tener frutos de corto plazo. Y quiero creer, con la buena voluntad que he visto, que también va a ser capaz de generar proyectos que pudieran cambiar nuestro mercado laboral también en el largo plazo.
Humberto Vega: Concentración económica favorece la falta de equidad
Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Central de Chile, Humberto Vega fue subdirector de la Dirección Nacional de Presupuestos (Dipres), durante el gobierno de la Unidad Popular. Miembro del comité consultivo de la revista Mensaje y militante del Partido Socialista, es autor del libro “En vez de la injusticia”, que aborda el tema de la falta de equidad en nuestro país.
- ¿Qué tipos de políticas públicas pueden ir corrigiendo la falta de equidad en la distribución del ingreso y las oportunidades que se observan en Chile?
-Nosotros, en la subcomisión de Institucionalidad y Relaciones Laborales, partimos de la base de que una de las fuentes de la desigualdad en la sociedad chilena y su injusticia, es el mercado del trabajo y las relaciones laborales. En Chile, y hay que hacer historia, se suprimieron los derechos de los trabajadores por el golpe de Estado y después se impuso un plan laboral que no respeta los derechos básicos y elementales de los trabajadores. Y que genera una gran asimetría en la relación capital-trabajo, que se ha traducido en que los trabajadores no sean capaces de aumentar sus remuneraciones de acuerdo con las utilidades, que en teoría debieran en forma proporcional.
Además hay una tremenda inestabilidad en el mercado del trabajo, muy pocas garantías en la estabilidad en el empleo y, en definitiva, el carácter protector del derecho del trabajo –que es uno de los elementos fundamentales que está asegurado en todas las Constituciones de países democráticos-, no se cumple. Entonces, esto, en los últimos 17 años, a través de básicamente tres oleadas de reformas a la legislación laboral se ha ido corrigiendo. Pero dada la composición del Congreso y dado además que este es un elemento típico de la transición, no ha sido posible llegar a elementos satisfactorios y estamos muy atrasados no sólo en relación a la legislación de los países desarrollados, sino incluso de los países latinoamericanos.
- Al término de su mandato Patricio Aylwin dijo que una de sus grandes frustraciones había sido no poder corregir la desigualdad que existe en Chile. Incluso comentó que “el mercado es cruel”. La Concertación continúa gobernando, y el problema subsiste, si bien han existido avances en otros terrenos, como la superación de la pobreza. ¿Cuál es el tema estructural que impide corregir esta desigualdad?
-Yo acabo de escribir un libro sobre el tema…El libro se llama “En vez de la injusticia: un camino para el desarrollo de Chile en el siglo XXI”. En ese libro yo hago un planteamiento muy general y además estudio los orígenes de la desigualdad en Chile, que están vinculados a las estructuras y a las instituciones que se generaron en la historia de Chile desde la llegada de los españoles. Incluso la historia de Chile se podría resumir como una tensión tremenda de equidad.
En términos concretos, para responder la pregunta, lo que hago es un análisis histórico. Las fuentes de la inequidad están, primero, en las diferencias sociales que se generan a nivel de la familia. Cuando un niño a los dos años o tres años, maneja dos mil palabras y otro niño maneja 300, porque tiene un hogar que no tiene acceso a medios de comunicación, no tiene padres con educación avanzada, etc.…, ahí ya se generó una tremenda desigualdad y lo mismo pasa en todas las cosas.
La primera fuente de inequidad son las desigualdades sociales vinculadas a la familia. Y eso es antes de la escuela, el colegio o el jardín. Porque cada uno de nosotros pertenece a una familia que le da un cierto potencial frente a la vida –lenguaje, ubicación, disciplinas de trabajo, formas de trabajo–, que en el fondo después multiplica estas desigualdades. Eso es lo primero.
Lo segundo es que en Chile hay un crecimiento hipertrofiado, yo diría, de las grandes empresas y de los grupos económicos, que copan un espacio y marginan del desarrollo y las de posibilidades crecimiento a las pequeñas y medianas empresas. O sea, ahí hay otra fuente de desigualdad. Porque las pymes no pueden tener una alta productividad y pagar altos salarios y modernizarse y tener innovación, ya que básicamente gran parte del excedente que generan es apropiado por las grandes empresas. Hoy día están en cuestión las grandes cadenas de supermercados, los monopolios, los monopsonios, y este comportamiento de los grupos económicos.
Claramente cuando la Concertación hace esta aceptación de la democracia de mercado, se entendió como que en el mercado no se iba a meter y decretó la libertad más absoluta. Y la verdad es que en todos los países del mundo, cuando hay libertad de mercado, hay competencia al comienzo pero después hay ganadores y perdedores.
Una gran economista inglesa decía: Preguntémonos por “the day after” (el día después). ¿Qué pasa cuando alguien ganó la competencia en el mercado? El que ganó se transforma en monopolista o en una empresa que tiene gran parte del mercado…Entonces, en Chile ha habido un proceso de concentración económica al cual nosotros, los chilenos en general, no le hemos sabido poner coto y límites, y ahí hay otra gran fuente de desigualdad.
Y lo tercero, ya un poco lo dije, está en términos de que hay un tercer segmento de la economía y la sociedad chilena que son estas economías de las grandes corporaciones, que son empresas o grupos de empresas, que algunas están entre las más grandes del mundo, y que se apoderan y controlan la mayoría del país. Por ejemplo, en mi libro tengo un gráfico extremadamente importante donde se muestra que en el año 2005, seiscientas y tantas empresas tenían el 68 % de todas las ventas del país, en una economía en que hay más de un millón 800 mil empresas. Entonces, la concentración económica es muy fuerte.
El desafío es decir: Mire, ustedes que tienen estas empresas, que han copado el desarrollo exportador y que se benefician con el mismo, no generan y no comparten sus utilidades en la cadena de valor. Incluso uno dice cómo es posible que en la cadena de valor, donde la celulosa y el papel que se exportan en este país generen cientos o miles de millones de dólares de utilidades, los trabajadores forestales no tengan buenas condiciones laborales. Eso hay que corregirlo a la brevedad, porque sino este es un país que va a tener quiebres sociales y políticos muy importantes, o vamos a vivir en una situación muy insatisfactoria.
- ¿Cómo revertir la tendencia declinante de los trabajadores que negocian colectivamente? En Chile primero tenemos una muy baja tasa de sindicalización. Y luego, los que negocian colectivamente cada vez son menos. ¿Cómo se vuelve a situar a los trabajadores como un actor social relevante?
-Aquí ha habido un círculo vicioso, porque el plan laboral del gobierno militar, el plan Piñera, le quitó facultades y capacidades al sindicato de modo que el sindicato les sirve de poco. Eso es lo primero. Y lo segundo, es que los mismos trabajadores han tratado de desarrollar un sindicalismo que tiene muchos resabios del sindicalismo confrontacional del pasado, en un contexto en el que el sindicato no tiene facultades ni capacidades para mejorar la situación de los trabajadores.
Con estos dos factores sumados, el resultado es un sindicalismo estéril, que no tiene capacidad de atraer ni agrupar a los trabajadores, pero tampoco tiene capacidad de beneficiarlos. Porque está amarrado por la Constitución y leyes que son tremendamente injustas y regresivas, y que no les reconocen derechos esenciales. Entonces, lo esencial es cambiar eso, y desde ese punto de vista mi comisión entiende que de eso se trata su trabajo. En el fondo, hemos visto que la institucionalidad laboral tiene que enriquecerse y que la negociación colectiva debe ser en condiciones de simetría.
Lo cierto es que hemos avanzado bastante en términos de institucionalidad. Nosotros queremos que la negociación colectiva sea una instancia de diálogo, de mejoramiento de la empresa, que haya una preocupación por la productividad de la empresa, pero también por las condiciones de trabajo. Y para eso, a nivel general, estamos proponiendo un Consejo Económico y Social, y hemos abogado por la existencia de una Defensoría Laboral para aquellos que no están organizados. Un defensor laboral que además tenga facultades a lo largo de todo el país, y esté descentralizado y regionalizado.
- ¿Qué le parece que de alguna forma haya tenido que ser la Iglesia la que ha contribuido a instalar este debate a través de la propuesta de “salario ético” hecha por el obispo Goic?
-La Iglesia Católica, a lo largo de la historia de Chile, siempre ha estado buscando la justicia en las relaciones laborales y siempre ha estado del lado de los trabajadores. Desde el año 1556, con el establecimiento de la tasa de Santillán, y después con la labor de los jesuitas y los franciscanos. En Chile ellos fueron muy importantes desde el punto de vista de defender los derechos de lo que llamaban naturales. Y después yo diría que es muy desconocido lo que hizo en el siglo XIX don Ramón Angel Jara. Y en el siglo XX, con otras grandes figuras. Entonces, lo que hace el obispo Goic es responder a una tradición frente a una situación de flagrante injusticia.
Yo incluso agregaría una cosa: hay injusticia en las relaciones laborales en el sector público. Hay trabajadores del sector público que están años a honorarios y a los que se les niegan sus derechos provisionales. Eso es inaceptable. En el sector público no hay derecho a huelga y tampoco hay formas de arbitraje que permitan un mejoramiento de los trabajadores del sector público. Diría más: en todo este problema de la subcontratación, uno de los abusos más grandes de subcontratación era en empresas públicas, que a Dios gracias se están corrigiendo con mucha velocidad en el último año.
- ¿Cree que será posible cumplir los objetivos de este Consejo y hacer un gran pacto social donde el país se ponga de acuerdo en ciertos temas fundamentales?
-Hasta aquí, y reconociendo que ha habido algunos desacuerdos importantes, hay un muy buen espíritu y una base muy grande para llegar a un gran pacto social por la equidad, como nos encargó la presidenta Bachelet. Yo soy muy optimista del resultado del Consejo de Trabajo y Equidad.
copia Lily Pérez: Consejo Asesor tiene cero contaminación política
Lily Pérez
Lily Pérez es actualmente la secretaria general de Renovación Nacional. Ex diputada por La Florida y candidata a senadora por Santiago Oriente en las elecciones parlamentarias de 2005, forma parte de la subcomisión de Equidad y Políticas Sociales, coordinada por Dante Contreras, de cuyo trabajo hace hasta ahora un positivo y optimista balance.
-¿Cuál ha sido su experiencia como miembro del Consejo?
-Muy buena. Yo me siento muy útil en este grupo. Desde el día uno a mí me pidieron que integrara un grupo de cinco miembros de los 48, para ver todo el tema de las audiencias, que ha tenido gran éxito. De hecho, ya estamos por finalizarlas. Y me integré a un subgrupo de diez miembros que ve todo el tema de la promoción de la pequeña y mediana empresa.
Tengo que reconocer, sí, que le he dado muchas horas. Nunca pensé que iba a ser tan exigente, porque además del día miércoles, que lo dedicamos por entero al Consejo, con mi subgrupo, con el cual trabajamos en pobreza dura y grupos vulnerables, nos hemos reunido, de pronto, el martes o cualquier otro día. Ha sido una demanda de tiempo bastante fuerte, pero sinceramente con un grado de satisfacción personal muy alto.
-Según trascendidos de prensa, se han registrado ya acuerdos en relación a la necesidad de cambios a la legislación laboral. Tanto empresarios como trabajadores han establecido no pocos puntos de consenso. ¿Qué opinión le merece esto?
-A ver… Yo pienso que este Consejo Asesor ha tenido una gracia extra, y ha sido precisamente que nos hemos ido encontrando unos con otros.Creo que tiene cero contaminación política. Yo no he visto búsqueda de sacar cuentas políticas en nadie, sino la mejor disposición.
Con respecto a la pregunta en sí, debo aclarar que mi comisión no está abocada precisamente tanto al ámbito laboral. Sí estamos abocados, desde el punto de vista de las propuestas, a incorporar más mujeres y más jóvenes al ámbito del mercado laboral. Pero yo he visto en las otras que sí le han hincado mucho el diente al tema vínculo empresario - trabajador, porque son las otras dos comisiones, las de institucionalidad y las de mercado laboral, las que están más relacionadas con ello.
En todo caso, efectivamente, lo que se señala es cierto. Ha habido una capacidad de encuentro bastante importante y ojalá esto se traduzca en resultados concretos. Ahora bien, no vamos a salvar a Chile, pero que vamos a entregarle a la Presidenta la propuesta que nos encargó, lo vamos a hacer. Que van a haber cosas novedosas también. Y en eso estamos trabajando.
Entonces, yo creo que lo que logremos aportar va a ser un grano de arena importante. Y, sobre todo, haber creado un clima de entendimiento. Porque cuando uno ve las encuestas, yo diría que el grado de conflictividad en las relaciones políticas, económicas y entre el mundo laboral y empresarial, han sido muy álgidas este año.
-Un punto de convergencia básico de todos los sectores es considerar que Chile es un país injusto. El problema surge cuando se empiezan a buscar las soluciones. Algunos plantean más intervención del Estado, otros menos. ¿Cuál es su visión?
-Yo creo que efectivamente Chile es un país donde se ha avanzado bastante. Ha habido mayor movilidad social, hay mayor acceso de las personas al crédito y hay mayor acceso de las personas a la educación. El tema es que ahora tenemos que mejorar esos accesos. O sea, que la educación esté garantizada, está bien, pero que sea una educación de calidad. Que el crédito esté garantizado, está bien, pero que sea un crédito justo.
Chile es un país donde la economía abierta es la que prima, donde el emprendimiento hay que reforzarlo mucho más. Pero también donde el Estado obviamente tiene que actuar en su rol solidario y subsidiario en un montón de materias. Sobre todo para resolver problemas como el de la salud, la educación y la vivienda.
Pero estoy convencida de que los pilares en la búsqueda de la equidad debieran ser sobre todo dos: la educación y el trabajo. La educación, porque la gente que posee este bien intangible es más libre que otras para tomar decisiones, es más libre para emprender y es más libre para el desarrollo de su autonomía personal. Y el otro pilar debiera ser el trabajo, pues no solamente dignifica, sino que es el que le abre las puertas a la gente para la movilidad social.
Si a eso nosotros le podemos sumar herramientas para mejorar la meritocracia, mejorar los salarios, pienso que ahí vamos a tener muchas más posibilidades para más personas y vamos a poder ir sacando de a poco a la gente que está debajo de la línea de la pobreza.
Pero además hay que usar otros mecanismos. Por ejemplo: hay que actualizar la canasta familiar. No puede ser que llevemos 20 años con un sistema de medición igual, porque a mí no me cabe duda de que tenemos muchas más personas en situación de pobreza que la que nos dicen los resultados de las encuestas.
También hay cosas que hacen que la gente sea más vulnerable. Por ejemplo, una enfermedad catastrófica, que empobrece a una familia. Y por eso la última encuesta Casen nos dice que hay un 30% de personas en Chile que ha entrado o salido alguna vez de una situación de pobreza.
Entonces, yo creo que esos son los focos que todavía nos mantienen en una situación de mucha inequidad: el acceso al trabajo; el acceso a la salud, pero con la garantía de calidad en ese ámbito y de que las personas no se empobrezcan frente a una enfermedad de carácter catastrófico; y todo lo que es garantizar asimismo el acceso y la calidad en la educación.