Aunque las mujeres constituyen el 50,5 por ciento de la población, y suman entre el 40 y el 50 por ciento del total de los afiliados a los partidos, ellas sólo ocupan el 7,5 por ciento de los escaños de la Cámara de Diputados y el 6,3 por ciento del Senado. A nivel de cargos edilicios, sólo tienen el 11,8 por ciento de representación.
La llegada al poder de la Presidenta Michelle Bachelet, con su política de paridad como una de las banderas principales de su plataforma programática, volvió a poner el tema en el primer plano.
La diputada Isabel Allende, junto a otras parlamentarias y parlamentarios, ha presentado ya dos proyectos de ley en la misma dirección, pero a poco andar, ellos han ido quedando archivados.
El tercer y último proyecto, que Allende presentó junto a otros nueve legisladores en marzo de 2003, está en primer trámite constitucional en la Cámara Baja.
Ya la comisión de Familia de la Cámara rechazó la idea de legislar por seis votos a favor, seis en contra y una abstención. La iniciativa implica la modificación de tres leyes orgánicas constitucionales, lo cual requiere además quórum especial.
Una nueva vía
En tales circunstancias, la Presidenta anunció en la reciente Cumbre de la Mujer, en Quito, Ecuador, que su gobierno enviaría en septiembre un proyecto de ley “que modifique la ley de Votaciones Populares y Escrutinios y la ley de Partidos Políticos, para establecer un piso de mujeres candidatas que cada conglomerado deberá presentar en las elecciones parlamentarias y municipales”.
Asimismo, la legislación propuesta tendería a incentivar la igualdad de oportunidades, dentro de los partidos, “de sus militantes hombres y mujeres, y la participación equilibrada de éstos en el acceso y ejercicio de los cargos partidarios y de las responsabilidades públicas”.
Para conocer distintas opiniones sobre este tema, el portal ciudadano de la BCN entrevistó a cuatro exponentes de distintos sectores que tienen algo que decir al respecto: Alejandra Krauss, concejal de La Florida y dirigente de la Democracia Cristiana; María Angélica Cristi, diputada de la Unión Demócrata Independiente; Adriana Muñoz, diputada del Partido Por la Democracia y una de las promotoras de la iniciativa en discusión en la Cámara; y José Miguel Izquierdo, analista político del Instituto Libertad, entidad académica ligada a Renovación Nacional.
Alejandra Krauss: “Esto supone un cambio cultural muy profundo”
Desde su actual cargo de concejala de La Florida, que combina con el de miembro del Tribunal Supremo de la DC y directora de la Escuela de Derecho de la Universidad San Sebastián, Alejandra Krauss, la ex ministra de Planificación del gobierno de Ricardo Lagos y vicepresidenta de su partido, sabe lo que es, en carne propia, la discriminación contra la mujer en política. Por eso habla con énfasis y conocimiento del tema.
-¿Cuál es su visión general del tema paridad y ley de cuotas?
-Lo primero que hay que dejar previamente establecido es que, más allá de quienes estén a favor o en contra de legislar sobre el tema, debemos partir del supuesto de que existe efectivamente un desequilibrio en esta materia. Y que, por lo mismo, es necesario intervenir para generar condiciones de equidad.
Eso obliga a pensar en distintas acciones de tipo positivo. Porque además la experiencia empírica de los países en que existe ley de cuotas o iniciativas mixtas, demuestra que en todos ellos hay mayor representación de las mujeres en el Parlamento o en otros niveles de decisión.
-Hay un estímulo cierto a la participación…
-Absolutamente, en caso contrario, existen efectivamente barreras en la esfera de la política. Barreras que se expresan tanto desde la forma cómo está organizada la estructura política, como a través de factores económicos y culturales. En todos aquellos países donde se ha legislado, hay una mayor representación electoral de la mujer. Porque además me parece que, salvo en los países árabes, nosotros somos uno de los países con menor equiparidad y equidad en esta materia.
- Trascendió que el gobierno propone crear incentivos para que las mujeres cuenten con recursos financieros para sus campañas, porque no sacan nada con que las pongan dentro de una lista, si después no les dan fondos que les permitan competir en igualdad de condiciones. ¿Qué le parece esto?
- Piense usted que la encuesta Casen y todos los instrumentos de medición nos dicen que las mujeres somos más pobres que los hombres. Ya sea porque en igualdad de condiciones y a mayor educación, en igual función o cargo que los hombres, se nos remunera menos. Eso es lo primero. Segundo, que por la forma de estructurar los ingresos familiares, la mujer se hace cargo de alguna manera del menudeo familiar. Y no tiene capacidad de ahorro. Porque además hoy más del 20 por ciento de los hogares de este país, están encabezados por mujeres. Por consiguiente, su ingreso está destinado íntegramente a la sustentación del grupo familiar.
Las condiciones del mercado hacen que las mujeres tengamos, en términos mayoritarios, menos acceso a oportunidades de esta naturaleza. Por lo tanto, no es menor este incentivo de carácter positivo. Pero creo que además se nos deben ofrecer puestos que tengan una estructura de poder vinculada al cargo. Me explico: en una comuna con menor número de habitantes, menos relevante, o decisiones de esa naturaleza. Las estructuras auténticas de poder siguen radicadas en los hombres.
-No resulta extraño que las mujeres tengan poca representatividad en la esfera política cuando Chile es el país que tiene menor tasa de participación laboral de las mujeres en América Latina…
-Por eso es que yo hablo de un cambio cultural. Pero no sólo tenemos menor tasa de inserción laboral. Somos culturalmente de los países que sancionamos de mayor manera a la mujer que se incorpora al mercado laboral. Hay una vinculación con el hecho de que abandonamos a la familia, que los hijos se pueden ver más dañados, que les puede ocurrir algo y de ocurrirle efectivamente algo a un hijo es exclusiva responsabilidad de la madre. O que frente a una enfermedad o situación de riesgo de un hijo o hija, las mujeres debemos adecuar nuestro tema laboral a fin de ir a socorrerlo.
La verdad es que yo era una de las personas que me mostraba en cierta forma escéptica frente a las iniciativas legislativas tendientes a favorecer la paridad. Hoy, siendo una dirigente activa del partido, tengo la convicción de que los cambios estructurales de nuestro país para generar mayor equidad, deben, en esta etapa al menos, realizarse también a través de instrumentos legales.
María Angélica Cristi: “Como Alianza siempre hemos estado en contra”
María Angélica Cristi es socióloga y diputada por las comunas de La Reina y Peñalolén durante varios períodos legislativos, y es miembro de las comisiones de Familia, Defensa y Salud de la Cámara Baja.
Es concisa en señalar, que en los partidos de la Alianza, las mujeres que realmente están decididas, van como candidatas. Lo que pasa, a su juicio, es que muchas veces hay muy pocas mujeres que están dispuestas a dedicarse de lleno a la política. A la gente se le olvida eso. “Yo no sé si en la Concertación hay muchas mujeres que están dispuestas, pero que no les dan la pasada, porque en la Alianza las mujeres que sí están decididas, son candidatas y son elegidas” - declara.
“De hecho, en mi partido hay dos mujeres que entraban por primera vez a la política y fueron elegidas diputadas. Entonces, yo creo que más bien es un problema de la Concertación que de la Alianza” – afirma.
¿Cómo evalúa, en términos generales, la presentación de proyectos que busquen fijar “pisos” porcentuales para las mujeres en la actividad política?
-Nosotros, como Alianza, siempre hemos estado en contra de estos proyectos que pretenden establecer algún tipo de discriminación, que tienden a premiar o favorecer la incorporación de las mujeres en política, sólo por su condición de género. El ser mujer, creemos, no significa una característica para tener cargos políticos como candidatas a diputada, alcaldesa, concejales o incluso presidenta de la República.
Pensamos que esa característica, la de ser mujeres capaces de enfrentar la adversidad, de imponerse ante las presiones –que de hecho existen, y que podrían calificarse de machistas o más bien masculinas–, les da un plus tremendo y demuestra que no necesitan de cuotas para presentarse. Mucho más importante es la capacitación que tengan, la preparación, el entusiasmo, la mística, el deseo de servir, que el hecho de preocuparse de si son hombres o si son mujeres. Yo creo que las exigencias para ser candidatos debieran ser iguales para hombres y mujeres, sin ningún privilegio.
-Uno de los argumentos que se dan para favorecer políticas de discriminación positiva es que las mujeres tienen más problemas para financiar sus campañas. De hecho, el anteproyecto del Ejecutivo plantea incentivos para reparar este handicap en contra. ¿Qué le parece este tipo de incentivos?
-Depende, porque si los incentivos son para que los partidos pongan mujeres en las listas, no tiene ningún sentido, no ayuda. No tiene ninguna fuerza. Pueden ponerlas en todos aquellos distritos o comunas donde los partidos no tienen diputados o concejales, porque es muy difícil que sean elegidas. Sí, yo creo, que premiar en cierta forma a los partidos por las mujeres elegidas, puede ser un incentivo.
Ahora, los que siempre buscan estas designaciones positivas y estos incentivos son los partidos de la Concertación. Yo no sé porqué tienen tanto afán de imponer como casi a la fuerza la elección de mujeres. Nosotros volvemos a insistir en que es mucho más importante gastar esas energías y esos recursos en capacitar a las mujeres en darles posibilidades de que sean candidatas y puedan ser elegidas, antes que en premiar a los partidos.
-En definitiva, entonces, usted le cierra la puerta a la llamada “discriminación positiva”…
-Hay países como la Argentina donde la discriminación positiva resultó. Pero hay otros países como Brasil, donde no resultó. Y también hay otro ejemplo en Chile, donde el Partido Socialista fijó una cuota de mujeres para acceder a la directiva tiempo atrás, y en ese momento tampoco la pudieron completar.
No hay que olvidar que es más difícil que las mujeres estén dispuestas a ir como candidatas, y no solamente por un problema económico, sino por un tema de familia, de cuidado de los hijos, de considerar la cantidad de horas que significa ser diputada, lo expuesto que se está, lo difícil que es ser una figura pública, las consecuencias que esto acarrea…
O sea, son muchas las gratificaciones en mi caso de ser diputada, pero también se pagan costos muy importantes, que afectan muchas veces incluso a las familias. Son costos que las mujeres evalúan, más allá de la discriminación positiva o de los recursos que nos puedan aportar los partidos.
Por eso yo creo que a las mujeres no se las puede forzar a que entren a un mundo para el cual ellas decidan que todavía no están preparadas o donde directamente no quieren estar.
Adriana Muñoz: “Los partidos deben apostar a llevar más mujeres”
Adriana Muñoz D’Albora, socióloga de la Universidad de Chile y Master en Ciencias Políticas del Instituto de Estudios Superiores de Viena, es diputada del Partido Por la Democracia por el Distrito Nº 9 de la IV Región de Coquimbo. Ex presidenta de la Cámara de Diputados (2002-2003), integra la comisión de Familia y es una de las firmantes del proyecto de ley actualmente en discusión en el Congreso.
-¿Qué pasa con la iniciativa referida a una ley de cuotas que usted y otros diputados presentaron? ¿En qué etapa está de su tramitación?
-El proyecto fue rechazado en la comisión de Familia porque el diputado radical Carlos Abel Jarpa se abstuvo. Pero vamos a buscar la forma de volver a presentarlo en la sala.
-Ahora, más allá de cómo le vaya a este proyecto específico, el tema está ahí, sobre el tapete, porque el Ejecutivo está a punto de presentar un proyecto que de alguna forma plantea casi lo mismo.
-Claro, es lo mismo. Aunque incorpora otros elementos, como el financiamiento de campañas de mujeres, que es un dato bastante relevante.
-En relación al proyecto presentada por ustedes, ¿le parece que es viable o que hay aspectos que tal vez se podrían reformular?
-Es un buen proyecto, porque modifica tres leyes orgánicas constitucionales. La de partidos políticos, elecciones y escrutinios, y la relacionada con las elecciones municipales. E instala una relación proporcional entre los sexos en los cargos de representación popular de 40/60. El gobierno plantea, por su parte, 30/70, según lo que ha trascendido. Y además de eso, lo que nosotros no tenemos, y que si es algo que propuso la Presidenta, es el incentivo de recursos financieros para que las mujeres reciban más recursos públicos para sus campañas. Y con ello se crea asimismo un estímulo para que los partidos que llevan mujeres en la proporción que se establece, tengan también un mayor nivel de aporte de recursos financieros.
-¿Cómo se puede superar, más allá del plano de las iniciativas legislativas, la escasa participación de la mujer en la política en Chile a todo nivel?
-Es bien complejo, porque en primer lugar es un tema de cambio interno en los partidos. Los partidos deben apostar a llevar más candidatas mujeres. En segundo lugar, es un desafío a que más mujeres se interesen en estas opciones. Que asuman las candidaturas. Cuestión que no es fácil para un conjunto de mujeres. Y, en tercer lugar, está todo el tema económico. Porque para las mujeres claramente es muy difícil financiar una campaña. Una vez superados estos tres factores, se podría avanzar de manera decisiva, pienso yo, en el terreno de un mayor número de candidaturas de mujeres a cargos de representación popular.
-Tres partidos políticos chilenos –el PS, el PPD y la DC- han instrumentado la llamada discriminación positiva para favorecer la participación de mujeres. ¿Cómo evalúa el funcionamiento de este mecanismo?
-Bien, muy bien. Yo he sido parte dentro del PPD de impulsar esta política de participación equilibrada de hombres y mujeres, tanto en las candidaturas a cargos internos como de representación popular. Nosotros tenemos un 40/60 dentro del PPD, como porcentaje de participación para ambos sexos aprobado hace cinco o seis años. Eso se cumple en los cargos de representación partidaria.
Donde no hemos logrado cumplir lo mismo a cabalidad es en los cargos de representación popular. No hemos logrado alcanzar un 40%. Hemos llegado a alrededor de un 20%. Pero, aun así, somos la bancada que tiene más diputadas, pese a que no hemos avanzado todo lo que podíamos haber avanzado, aunque el tema de la discriminación positiva está en los estatutos partidarios desde hace muchos años.
José Miguel Izquierdo: “La representación femenina no pasa por las cuotas”
Periodista y cientista político de la Universidad Gabriela Mistral, con un magíster en Ciencia Política de la PUC, José Miguel Izquierdo es coordinador del programa Cultura Política y de Observatorio Electoral del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. También es analista del Instituto Libertad, “think tank” ligado a RN, y en su calidad de tal ha preparado papers sobre el tema de la representación femenina en política en Chile.
-¿Corrige la ley de cuotas la crisis de representatividad política femenina en nuestro país?
-En términos generales, la ley de cuotas se maneja como un instrumento para generar mayor gobernabilidad o mejorar la calidad de la democracia, aludiendo a que la participación de más mujeres puede corregir algunos vicios que la política está mostrando. De partida, el vicio está en no representar debidamente a un grupo, que es más de la mitad de la población, en este caso chilena. Eso primero. Segundo, decir que las leyes de cuotas tienen efectividad o no, depende de variables que son muy distintas o están fuera de lo político propiamente tal. ¿A qué voy? A que el mismo sistema de cuotas, implementado en sistemas parlamentarios pero en culturas muy diversas, arroja resultados muy diferentes.
Un ejemplo muy clásico al respecto es comparar Suecia con Israel, donde el mismo sistema de cuotas generó resultados diametralmente opuestos. En un caso, elevando la representación de mujeres por sobre el 30 por ciento, como ocurrió en Suecia, y en el otro, el de Israel, con efecto nulo. Cero mujeres en el Parlamento, que se elige como un distrito nacional de representación proporcional.
-¿Cómo influye el factor cultural en todo esto?
Lo que han llegado a determinar algunos profesores que han estudiado el tema -Norris y Reynolds- es que, en realidad, lo que determina el éxito de una ley de cuotas es un ambiente cultural favorable, y en ese ámbito se incluye también la religión. Y hablan de las religiones patriarcales como barreras para que las mujeres cumplan roles en lo público, en lo general.
Lo cierto es que en la medida que las sociedades tienden a desarrollarse y modernizarse en el ámbito de los valores, las mujeres empiezan a ingresar a los parlamentos, a las cámaras representativas, independiente de que tengan cuotas o no. Entonces, la ley de cuotas se utiliza con grandes expectativas de cambiar cosas que parecen vicios de la democracia, como que las mujeres van a modificar el estilo de hacer política, y como si el efecto fuera directo de aumentar la representación femenina una vez que entre la cuota.
Uno puede ver que de los 18 países latinoamericanos, diez de ellos tienen cuotas, algunos tienen experiencias positivas y otros no, por lo tanto no es tan directa la relación. Y además muchos de estos países con cuotas han entrado en crisis institucionales, no han salido de la crisis general de la política porque tengan cuotas. El caso de Venezuela, Ecuador, Argentina, Perú… Entonces claramente se puede apreciar que hay harto mito respecto a las cuotas.
-¿Qué se puede hacer entonces?
-En términos generales, yo diría que lo que interesa sí es crear incentivos para no perder talentos. O sea, gran parte del drama de las democracias es cuando los talentos que podrían abocarse a lo público se pierden por falta de interés o de incentivo. Y ahí está el problema. Si me preguntan cuál es la viabilidad de legislar en torno al sistema de cuotas en Chile, yo creo que es bastante posible que las cámaras acepten un sistema de cuotas “soft”, que son estos que piden inscribir un porcentaje de las listas, lo que no implica que se vayan a elegir más mujeres, porque los partidos no necesariamente inscriben a las mujeres en posiciones relevantes.
Por otra parte, si uno dice: “ningún sexo puede tener más de 60% de representación”, lo que garantizará para las mujeres el 40% de las candidaturas en las listas de concejales, eso no significa tampoco que vayan a ser inscritas en grandes posiciones donde lleguen por sus méritos. En los distritos grandes hay menos problemas. Pero en los distritos pequeños ya surgen más problemas para los partidos y en la práctica se pueden dar comportamientos bastante equívocos. Por ejemplo: inscribir a las candidatas en posición de desafío y no en las competencias abiertas.
-En el anteproyecto del gobierno, que en gran medida ya se conoce, hay un elemento nuevo: la posibilidad de dar incentivos financieros a las candidatas mujeres. ¿Qué opina de ello?
-Yo creo que está bien inspirado, pero el incentivo es súper perverso. Porque estamos hablando de las elecciones municipales, en general. Y porque finalmente uno podría pensar que esta lógica se expandiera al resto de los comicios. Pero pienso que los partidos podrían utilizar la inscripción de mujeres para maximizar el beneficio de inscribir perdedores.
-Un informe del Instituto Libertad, presentado en la Cámara, dice que RN, que no tiene discriminación positiva, tiene más parlamentarias que otros partidos que sí poseen este mecanismo…
-La derecha, en general, está mejor que la Concertación en este ámbito, y eso sin necesidad de apoyos distintos. La verdad es que yo creo que el problema de la representación femenina no pasa por las cuotas. Pasa por otras cosas. Lo que se ha investigado en torno a este tema lleva a este tipo de conclusiones.
Yo dejaría el proceso tal cual está, buscando disminuir la brecha que existe en el proceso de integración de la mujer al mercado laboral y a la educación universitaria, por un lado, y la brecha que hay en la inserción de mujeres en la política, por el otro. Pero desde el punto de vista de la pérdida de talentos más que de la pérdida genérica, porque el problema de género en esta materia a mi juicio es secundario.