
Hamburguesas, papas fritas, bebidas de fantasía, helados, chocolates y combos son exhibidos diariamente en la
franja de comerciales que interrumpen los
programas infantiles en televisión. Desde pequeños, los niños aprenden los nombres y precios de la
comida chatarra, que luego exigen a sus padres en un supermercado o mall.
Conscientes del daño que ocasiona la excesiva ingesta de fast food, en Inglaterra, la
Agencia de Estándares Alimenticios (FSA) pidió al gobierno
prohibir los avisos televisivos que publicitan alimentos ricos en grasa antes de las nueve de la noche, de manera de evitar la influencia de estas imágenes en los niños. Esto fue en junio del 2006. En diciembre de 2007, el organismo regulador británico de telecomunicaciones,
Ofcom, prohibió la propaganda de estos productos a los menores de 16 años, durante la emisión de la franja infantil.
De acuerdo a las estadísticas que maneja México, esta nación presenta el mayor número de anuncios de comida chatarra en horario infantil. Es más, se calcula que un niño azteca que se expone a dos horas diarias a la TV (cálculo bastante conservador) habrá asimilado 12 mil 775 anuncios al cabo de un año.
A México le siguen Australia y Estados Unidos en porcentaje de publicidad en estos segmentos audiovisuales.
Muchos podrán preguntarse ¿qué importancia tiene que los niños vean comerciales de comida rápida, si no tienen poder adquisitivo para adquirirla? Un
reciente estudio elaborado por TSN Time, reveló la gran influencia que tienen los niños de entre 3 y 9 años, en las compras de sus progenitores. De allí que no esté de más entregar una orientación a los más pequeños respecto a que no todo lo que sale en televisión es lo mejor para su salud.