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A mí me importa

“Este es mi Gobierno. Yo soy Concertación. Pero también soy crítica. Por eso voté que no a la LGE”

Diputada Clemira Pacheco Rivas (PS) Comunas: Coronel, Florida, Hualqui, Penco, Santa Juana y Tomé


“Este es mi Gobierno. Yo soy Concertación. Pero también soy crítica. Por eso voté que no a la LGE”

Conoce a la gente de su región como a “la palma de su mano”, ya que allá nació, se crió y estudió. Con su marcado espíritu social, cree que con un Estado-Empresario se podría paliar el fuerte desempleo de la zona. Pero que pese a que lo ha planteado, “no se escucha padre” de parte de los gobiernos. Dice que votó en contra de la LGE “porque creo que no estamos discutiendo y en democracia, las cosas se ven de cara al país también”. Con ella se puede hablar de lo humano y de lo divino, véanlo a continuación.

25 de julio 2008

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Diputada, cuando uno lee su currículo, destaca en su trayectoria su gran dedicación por los problemas sociales. ¿Nos puede contar de dónde nacen esas sensibilidades?

 

Creo que es parte de lo que es mi familia. Vengo de una familia de clase baja, con muchos problemas. Mi padre es carabinero, jubiló el año 79 y mi madre es una mujer campesina. Estudiaron hasta sexto básico. Pero ella es un mujer muy emprendedora, muy luchadora… A los veinticinco años se fue a Temuco, desde la cordillera de Nahuelbuta, capitán Pastene, donde vivían mi madre y mis abuelos. Se puso a trabajar, aprendió moda, y se llevó a su hermano más chico, de los ocho que eran. Empezó a emprender, a alimentar y a educar a su hermano, que hoy ya tiene más de sesenta años… Mi madre tiene más de 70 años, y se casó con mi padre, que ya tiene 84 años. Somos cinco hermanos, y siempre digo que me siento muy orgullosa de ellos, porque el plato de comida que había en mi casa, se podía compartir con todos los que llegaran.

Y todos nos sentábamos a la mesa, alrededor de la cocina a leña donde todos cocinábamos, los domingos,  con el pan amasado… Y todos los primos del campo que iban llegando, que eran muy buenos alumnos. Mi padre siempre dijo –como mucha gente lo piensa en el campo- que la mejor herencia que uno le puede dejar a sus hijos, es la educación. “Y así se hace patria”, dice mi padre, siempre, todavía…Somos todos profesionales, mis primos también, que se pudieron venir del campo, se educaron. Entonces yo siempre vi esta necesidad de poder compartir la generosidad de mis padres, la solidaridad, este espíritu de querer emprender y eso nos transmitió a todos nosotros.

Mi madre es una mujer muy cristiana, muy católica y desde allí comencé a trabajar, a los trece años, en la Cruzada Eucarística, en comunidades de base cristiana, donde los sacerdotes nos llevaban a hacer trabajos en las poblaciones. No era caridad, sino tenía un sentido mucho más liberador y cuando llego a la Universidad de Concepción, fui dirigente de los estudiantes católicos en la Parroquia Universitaria. Seguí con este trabajo, y en esa época de los años ochenta, ya con una mejor estructura política, de ver porqué pasan estas injusticias sociales y uno se va dando cuenta que son temas de estructuras.

Empiezo a militar en distintos partidos. En el MIR primero, en los ochenta, soy de sus últimas generaciones y luego el año 89, pedimos nuestra incorporación al Partido Socialista, junto a un grupo de compañeros miristas y siempre me dediqué a hacer misiones, con el padre Goic. Estaba también Monseñor Santos, el padre Rafael Maroto, etc. Con ellos tuve una gran formación: Pedro Azócar, Carlos Puente y Enrique Moreno, a quien todavía he acompañado en algunas actividades hasta el día de hoy. Y de ahí nacen estas inquietudes de siempre, desde mi familia y luego desde lo que es la militancia política.

Creo que vengo de este mundo social, desde una mirada de acción de vida, de una opción por los más desposeídos, las diferencias de clase, las injusticias sociales, y eso es lo que más me motiva a mí a cambiar este mundo. Pero ahí estamos, trabajando lo mejor posible para remover todas estas estructuras que son muy perversas para la gran mayoría de nuestra gente.

 

Pero pienso diputada, que usted conociendo tan bien esa región y los problemas de la zona, y teniendo esa sensibilidad, debe ayudar a mucha gente…

 

Tratamos por lo menos. En los años ochenta trabajé mucho en una ONG. Ahí creamos jardines infantiles, comedores infantiles, ollas comunes para mineros y pescadores, siempre trabajé en Lota y Coronel. Ya en los años 85 y 86, trabajé en reducción mapuche en la novena región, fui a hacer clases con unas monjas franciscanas y los conozco muy bien. Ahí permanecen los problemas estructurales de pobreza y cesantía que todavía nos duelen mucho.

Si uno mira mi distrito, estoy hablando del borde costero, por historia, siempre fue un cordón industrial: Tomé con las textiles; Fanaloza, con Penco y Coronel con las minas del carbón. Y obviamente, que cuando tenemos un Gobierno democrático, estas estructuras aún permanecen y todavía tenemos los problemas que cambiaron en  la década de los ochenta, de la dictadura, y eso se desarticuló completamente. Allí todavía hay estructuras que permanecen, que no ayudan a la gente más pobre.

Ya no tenemos textiles, ya no tenemos Fanaloza y las minas del carbón se cerraron y no existen posibilidades de “desarrollo” entre comillas. Estamos con algunos incentivos en vez de inversión, que no nos ayudan. Y hemos impulsado algunas iniciativas, encaminadas a que nos devuelvan este rol de estado empresario asociado con privados, por un lapso de tiempo en estas zonas deprimidas, donde permanece una estructura de alta cesantía,  más del 15 a 16 %. En Coronel, sobre el 12 a 14 %; en Penco 11 a 12 %... Estas altas cifras permanecen en los dos dígitos y no nos permiten avanzar.

Para mí eso es un tema estructural, porque si bien en todas estas comunas más grandes de mi distrito, hemos tenido la reconversión del carbón, sólo duró un par de años, y además no fue un trabajo de fondo y algunas cosas no se hicieron bien y otras, muy mal. Hubo solamente algunas obras públicas, pero no se vio el capital humano que teníamos para poder desarrollarlo; cómo capacitábamos a nuestra gente, dónde el Estado hubiera hecho una inversión más profunda. Y también las inequidades territoriales que existen, y ahí no tenemos recursos económicos, porque no hay una preocupación fundamental del Estado.

Y eso hemos estado tratando de impulsar nuevamente. Tenemos industrias que vienen de la época de antes de los 80, de antes de la dictadura, incluso, cuando la CORFO tenía este rol de Estado Empresario, donde se crearon varias industrias que hasta hoy permanecen, por ejemplo, Huachipato, la Enap. O sea tenemos aún esas empresas que han sido bien administradas, que les dan una gran cantidad de trabajo a muchas personas de la región y de la provincia de Concepción. Cuando hablamos de que debe haber una mayor preocupación del Estado, que sea más proactivo, para que en estas zonas deprimidas -hablo de la provincia de Concepción, del borde costero, incluyendo comunas que no están en mi distrito y la provincia de Arauco-  donde todavía se mantienen estos flagelos enormes de pobreza y cesantía. Entonces, ¿Qué hacer por ellos? Esa es la pregunta.

Yo lo he conversado, hemos hecho proyectos de acuerdo, he pedido estudios a la Biblioteca del Congreso –que me ha ayudado muchísimo– y “no se escucha padre”, como se dice comúnmente, de parte de los gobiernos. Necesitamos una voluntad política decidida que nos pueda ayudar para poder hacer estos cambios constitucionales, para que tengamos un Estado mucho más proactivo. Porque esta mirada que yo tengo de esta provincia, esta idea de poder crear más incentivos de inversión, va mucho más allá de cualquier Gobierno y del tinte político que tenga. Cuando uno mira los países europeos, el Estado ha asumido en estos temas un rol mucho más activo, asociado con privados y lo tienen además como norma, dentro de sus legislaciones. Acá en Chile hicimos procesos de reconversión de 5 o 6 años, que no nos ayudan.

 

Y me imagino que a usted como diputada de la Concertación, le debe producir bastante frustración esto...

Produce frustración, un poco de desgano, pero uno siempre tiene que tener las ganas. Yo tengo mucha fe y esperanza de que las cosas pueden hacerse, pueden cambiar. Y en ese sentido hemos trabajado mucho con los pescadores, hemos buscado las diferentes alternativas de cómo ver mayor equidad, para una mejor distribución de los recursos que existen y de los pocos que nos quedan en el mar. Cómo buscar alternativas de mejores medidas para conservar algunos recursos y especies.

Ya tenemos problemas con la merluza, por ejemplo. Hemos buscado algunas fuentes de financiamiento y hemos tenido algunos niveles de problemas del Fondo de Administración Pesquera; hemos hecho propuestas de que tengamos un IFOP –que es un instrumento de investigación del fomento de la pesca– que puedan ser autónomos y además públicos. Hemos buscado las alternativas de que tengamos más recursos económicos, o sea que haya un ente mucho más productivo de parte del sector pesquero, con algunas medidas, con mayores recursos, pero eso requiere de la ayuda de ese rol de Estado Empresario.

Porque hay muchas caletas en las áreas de manejo, por ejemplo, en que tiene que haber más recursos técnicos y económicos desde el Estado, para que puedan desde allí entrar a producir, con sindicatos capacitados, acompañados con técnicos, que puedan ser más productivos y  tener acceso a organismo internacionales para mejorar su proclividad y además vender, y que tengamos en pequeña escala acuicultura, etc., que puedan dar fuentes de trabajo y que no tengamos que entregarle a la gente canastas familiares, en un subsidio muy circunstancial, pero no más liberador ni más activo, para que la gente pueda decir “yo trabajo, me gano la vida, pero no me lo están dando”, porque eso es indigno.

 

Quiero llevarla a otro tema ¿Es Ud. feminista, diputada?

Yo no se si soy feminista o no… Yo no me catalogo como feminista, pero muchas personas me dicen “pero tú eres mucho más feminista que cualquiera”… Pero yo en todos los aspectos sí, soy mamá, tengo cuatro cabras chicas, no tan chicas algunas, tengo una de 20, otra de 18, de 11 y 7 años. Las he criado, he trabajado con guata en las poblaciones, en las ollas comunes. Pero sí, yo creo que en mi actuar soy bastante feminista a lo mejor.

 

¿Y Ud. cree en el acoso sexual? 

Creo que sí. Hay algunos que se sobrepasan, digamos. Pero también hay algunos que no tienen el cuidado. Hay acosos que son un poco violentos. Pero también hay una relación que uno establece.

  

¿Y el femicidio, cómo lo ve Ud. desde un punto de vista cultural? Porque considero que en este país, hasta las mujeres somos machistas para educar a nuestro hijos.

Así es. Creo que tenemos un grave problema. Me recuerdo que tiempo atrás, no ahora que soy diputada, pedí que se incorporara en el currículum educativo, el tema de derechos humanos y el tema de género. Porque ahí uno va educando en el tema de la violencia intrafamiliar; en el tema de respeto al otro; en la forma cómo nos relacionamos…Y también entré a este trabajo social con mujeres en talleres de capacitación. Pero acá hay un problema cultural muy arraigado y del que nos cuesta mucho salir. A uno que tiene estos cargos, y mucho antes, a cualquier mujer que la vean con cierta capacidad, hay varones que te van colocando los cortapisas.

Si ser jefa -a mí me ha tocado dirigir algunos espacios de administración privados- siempre cuesta. Los hombres no aceptan que uno los mande o que les de una opinión. Las mujeres cuando tenemos carácter y tenemos capacidad para dirigir ciertos espacios, al hacer una crítica, ellos creen que uno los está tratando mal y quieren renunciar. Y un hombre que golpea la mesa, tiene carácter. Pero cuando lo hace una mujer, es una histérica o anda con la regla, o está con la menopausia.

Es un tema cultural. ¿Cómo lo podemos cambiar? Sólo con educación. Y cuando hablo de educación, yo soy profesora, creo que nos falta mucho, estamos a años luz, no sólo en los problemas de género, sino en cómo  poder relacionarnos en una sociedad distinta. Y hay que ver qué tipo de sociedad queremos. Eso pasa por el sistema educativo. Si no tenemos claros esos dos conceptos, obviamente que nuestro currículum va a ser bastante pobre. Y es ahí donde han sido los grandes conflictos de algunos que tienen una mirada crítica, de cómo se ha dado el proceso respecto de la Ley General de Educación (LGE). Nos falta educarnos, no sólo en lo formal del sistema educativo, sino que en esto tienen mucho que ver también las iglesias católica y evangélica.

Creo que toda la institucionalidad tiene este rol educativo: los medios de comunicación, etc., Todos tenemos que estar muy de acuerdo para entregar los lineamientos o educar a nuestra gente en el respeto por el otro. Porque aquí existen muchas descalificaciones, nos relacionamos con mucha agresividad como personas en esta sociedad. Y en el mundo político es peor, obviamente.

 

Como Ud. es profesora nos gustaría saber ¿Qué le pareció el episodio de la niña que le tira el agua en la cara a la Ministra de Educación? 

Yo soy de las 12 diputados que voté en contra de la LGE. Y lo hice por una razón muy clara, porque creo que no estamos discutiendo y que en democracia tenemos que ver las cosas de cara al país también. Y no se dio el espacio. Fue todo un proceso no bien tratado. Esta institucionalidad parlamentaria, en este caso, en la Cámara de Diputados, donde te hacen votar un acuerdo de la comisión de Educación, de un rato para otro, y además después discutirlo en Sala en una tarde. En un día, prácticamente, que fue un poco forzado, porque también querían sin discusión, poco menos.

Primero, yo no justifico la falta de respeto. Es una niña joven, que creo que tiene mucho que aprender. Todavía no lo acepta. Eso es un efecto de lo que no se vio y  de lo que no se ha estado entregando en esta democracia. O sea, los espacios para que los jóvenes puedan discutir este acuerdo que se transformó en la LGE, el cambio de la LOCE, es lo que provoca este tipo de reacciones un poco extremistas, un poco salidas de línea. De falta de respeto. Creo que eso es el producto de esta reacción, un poco no pensada. Lo que pensó esta niña es que “algo le tengo que hacer, porque ella no me escucha”. Y esta reacción que se produce de las autoridades y de la ciudadanía, con los jóvenes, es preocupante. Eso es grave.

Nosotros tenemos que aprender a escuchar. Creo que esto es una voz de alerta. Esa reacción, que no la comparto, tiene un trasfondo distinto: en este acuerdo, no dimos los espacios para que los jóvenes pudieran manifestar su opinión frente a lo que está pasando, frente a la educación. Podremos justificar, como lo ha hecho el Gobierno, diciendo que se hizo la comisión de Educación, pero ahí nació la LGE, que fue entregada por el Gobierno. No este Acuerdo. Entonces tampoco confundamos a la opinión pública. Hay una voz de alerta, de cómo nos relacionamos con ellos y además crear los espacios para poder discutir, escuchar y acoger lo que nos quieren decir los jóvenes para este tipo de LGE.

 

En esa misma línea, ¿Será por eso que de nuevo los jóvenes no se inscriben en los registros electorales?

Creo que sí. Tenemos una forma de ver este país… Este es mi Gobierno. Yo soy Concertación, pero también soy crítica. Por eso voté que no a la LGE. Creo que hemos estado perdiendo estos espacios. Los partidos políticos por su lado. Nunca han sido tan numerosos, pero creo que estamos desprestigiados desde la mirada social enorme, cada vez con menos adherentes y estamos como en una nebulosa, respecto de cómo vamos a enfrentar esta participación de los jóvenes en los registros electorales y además no se soluciona con la inscripción automática, porque igual tú tienes la libertad de ir a votar o no.

¿Cómo los jóvenes pueden participar de mejor forma, de que nos entreguen su opinión respecto a cómo cambiar este país? Y por otro lado, hacemos acuerdos a puertas cerradas. Yo no digo que no al Acuerdo, pero también compartamos con la ciudadanía, que les parecen este tipo de cosas. Fue hecho de mala manera, entre cuatro paredes, con los presidentes de los partidos…Creo que se produce una disociación entre lo que están pensando los jóvenes y el resto de los ciudadanos. No se les ha escuchado mucho, ni se les ha acogido en este Gobierno, incluso a muchos de nosotros, los parlamentarios.

  

Los jóvenes dicen que se sienten poco respetados, en general; por los micreros, por los políticos, etc. Y esto quizás es una prueba de que no nos hemos sentado a ver quiénes son los jóvenes… 

Así es. Tenemos un mundo muy distinto. Ellos se comunican de otra manera, ya no es la misma juventud de nosotros. El otro día tuve una reunión con Monseñor Esatti de la octava Región, que invitó a todos los católicos políticos. Había gente de todos los partidos, excepto nosotros del PS que habíamos dos, que venimos de este mundo católico y participamos en política y somos una partido más progresista. Hablamos sobre el rol de los políticos expresado en el documento Aparecida. Entonces la reflexión es que lo estamos haciendo muy mal, porque yo miro mi país, donde no escuchamos a los jóvenes, donde ellos se sienten muy poco considerados como personas.

Tenemos problemas de medio ambiente, de alimentación, de economía, a lo mejor no estamos tomando las mejores decisiones. Pero yo lo saco de mi país, y me voy a este Continente o me voy a África o a la India, donde vemos que cada noche millones de niños no tienen dónde dormir, tienen problemas de hambruna…Entonces creo “que como hijos de Dios”, como cristianos, debemos preguntarnos qué tipo de mundo le estamos dejando a nuestros hijos y nietos. En nuestra época, la juventud era muy distinta a la que tenemos hoy. Es muy difícil ser joven ahora. Por decir algo, si en nuestra época existía la marihuana, hoy la cantidad de droga a disposición de cualquiera, es enorme. En las distintas poblaciones, barrios. Hay una libertad muy poco orientada, porque es súper bueno ser libre, todos cuando fuimos jóvenes quisimos hacer cosas. Todos tienen esta mirada altruista de poder construir: hay jóvenes que hacen esto con Un techo para Chile y otro montón de actividades, pero hay mucho de lo otro, de este mundo que te pide meterte a estos problemas o flagelos. Es ahí dónde digo que lo estamos haciendo muy mal como personas.

Estamos tomando malas decisiones para este mundo. Comparto con que ellos lo pasan muy mal ahora, y en ese sentido, creo que no les estamos dando todas las oportunidades para que ellos puedan crecer o formarse. Por eso vuelvo al ciclo de la educación. Tenemos una educación muy generalizada, no tenemos eso de la preocupación por la persona. Al existir clases con 45 niños –yo lo he hecho, a primero y segundo básico– es tremendamente difícil. En los países que tienen mejores niveles, las clases son de 15 a 20 niños. ¿Cómo educamos a los niños para vivir en un mundo más amable, inclusivo, en que podamos todos mirarnos a la cara y compartir?.

 

Ojalá que resulte, diputada...

Mira, comparto que es una utopía, pero si pudiéramos ponernos de acuerdo en pequeñas cosas, de cómo avanzamos, no tendríamos, por ejemplo, tanta cesantía en mi distrito. Y si el Estado con toda esta plata que tiene, pudiéramos invertirla de mejor forma, buscar, porque hay interés de algunos privados, en cómo educamos…Nosotros en nuestra región tenemos universidades, tenemos lugares para formar este capital humano y no los estamos aprovechando tampoco. Porque es un Estado que no está siendo proactivo, sino que reactivo frente a los problemas. Y la mejor solución, que yo creo que ayuda, es la canasta familiar, o el microemprendimiento que entregan, pero que en el fondo no hay un seguimiento y es “pan para hoy y hambre para mañana”.

 

Diputada, un millón de gracias por su entrevista.

 

M. Eugenia Rodríguez Q.

Julio 2008

 


(1) comentarios

 

#1 | Escrito por jaime muñoz tobar | 03/06/2009 13:07
Señora clemira le saludo felicitando su estraordinaria labor y preguntar dias q atiende en hualqui ya q necesito solicitar una entrevista desde ya muy agradecido



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