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A mí me importa
Miguel Otero Lathrop, Ex Senador Vll Circunscripción, Región Metropolitana (1991 – 1998)
“Cuando uno se dedica a ser senador y deja la política o la politiquería de lado, se pueden hacer grandes cosas”
El 10 de abril de 1991 Ud. pasó a ocupar el lugar del asesinado senador Jaime Guzmán Errázuriz en el Senado, de acuerdo a lo que estipula nuestra Constitución Política. ¿Cómo recuerda esos días?
Es decir, prefiero no recordarlos. Porque fue un momento muy amargo, muy duro y muy difícil… Había que tomar una decisión… Bueno, son cosas que pasan… Uno no las busca. Siempre he creído que parte del destino de cada uno de nosotros viene de otra parte, de arriba, porque nadie puede suponer o pensar que va a pasar una cosa como el asesinato de Jaime Guzmán. Estábamos en una comisión política, en el partido, yo era vicepresidente de RN cuando nos dijeron del atentado. Suspendimos la comisión política y fuimos al Hospital Militar. Después llegué a mi casa y me llama por teléfono un medio de comunicación y me dicen “senador, como está…” Les respondí que yo no era senador… Entonces me cuenta que acababa de morir Jaime Guzmán. Corté el teléfono… Es un impacto muy fuerte. Creo que la senaturía que obtuvo Jaime, la obtuvimos entre los dos, porque el número de votos que yo tuve, fue lo que permitió, precisamente, derrotar a Lagos… Pero él había sacado más votos que yo; era él el senador. Lamenté profundamente su muerte porque era un gran hombre. Yo había tenido mucho contacto con él en la época de la UP, cuando él era una de las personas que representaba la oposición al gobierno de Salvador Allende, de manera que le puedo decir que no son recuerdos gratos.
El actual diputado Felipe Harboe, asumió su cargo como diputado por el cupo dejado por Carolina Tohá cuando fue nombrada Ministra Vocera del Gobierno. Esto, porque el año 2005, el Congreso modificó la Constitución Política ya que antiguamente establecía, que el reemplazo de las vacancias se producía por el compañero de lista. Así la Constitución establece hoy día, que ante una vacancia, es el partido de origen de la persona, el que lo reemplaza. Harboe ha manifestado no estar de acuerdo con este sistema y prepara una nueva propuesta. Nos gustaría conocer su opinión al respecto.
Esta modificación se hizo después que nosotros terminamos de ser senadores. Porque durante mi período nosotros no aceptamos el cambio.
¿Ya se estaba planteando en esos días?
No, realmente no. Lo planteó en un momento determinado la UDI, pero no se discutió. Hubo eso sí muchas otras reformas constitucionales. Creo que no corresponde el cambio que se hizo, porque los parlamentarios son elegidos por voluntad popular y no por voluntad de cúpulas. Personalmente impugné la renuncia de Carolina Tohá al Tribunal Constitucional y sigo creyendo, absolutamente convencido, de que la designación del actual diputado Harboe, es absolutamente inconstitucional, porque además tenía una inhabilidad: El había sido subsecretario del Interior y no había transcurrido un año. Y la Constitución establece que no se puede ser candidato ni parlamentario si no ha transcurrido un año después del cargo. Estas son las cosas que no le hacen bien a la política. El cargo de parlamentario es un cargo que lo da la ciudadanía. El voto popular. Y por eso es que el Ejecutivo no puede modificar la composición del Parlamento como lo hizo, y tampoco la puede modificar la cúpula de los partidos políticos, porque mal que mal, cuando van dos candidatos que sacan votos, a ellos se estaba refiriendo la ciudadanía. De modo contrario, vamos a poder llegar a una situación increíble: Ud. es diputado o senador y quiere ser ministro, lo nombran, queda vacante el cargo, el partido nombra al reemplazante; ud. deja el cargo de ministro, busca la manera que salga el que se había nombrado anteriormente y Ud. vuelve a ocupar su cargo. ¿Dónde quedó entonces la voluntad popular? ¿Dónde quedó la independencia del Congreso? Por lo demás, esto que estoy diciéndole, lo dije ante la presentación que hicimos al Tribunal Constitucional.
¿Y cómo le fue en esa presentación?
En esa oportunidad me lo encontraron admisible, pero después me dieron en la cabeza… Pienso que hay veces que los fallos del Tribunal Constitucional también tienen algún componente político ¿Por que qué hubiera pasado si el TC declara ilegal el decreto de la Presidenta? Vuelve atrás a doña Carolina y saca para afuera a Harboe… A veces los ministros en una situación tan conflictiva como la constitucional, sopesan situaciones políticas. No sé si eso pasó o no… Sigo manteniendo mi convencimiento de que era inconstitucional lo que se hizo.
¿Y cómo recuerda Ud. sus días como senador, tiene buenos recuerdos?
Tengo excelentes recuerdos, porque creo que no va a haber otro Senado como el que hubo del 90 al 98. ¿Y por qué razón? Porque le tocó todo el período de transición. Y en ese momento el Senado funcionó siempre como un verdadero amortiguador. No hubo confrontaciones. Hubo entendimientos, acuerdos. Tengo los mejores recuerdos de la gente de la Concertación y hasta el día de hoy tengo buenas amistades con ellos. Sin embargo, cuando teníamos que discutir puntos de vista separados, se hacía con altura de miras y se buscaban soluciones. Yo personalmente fui presidente de comisión desde el día en que juré. Parece increíble, pero fue cierto. Y los últimos tres años fui presidente de la comisión de Constitución, Legislación y Justicia del Senado. Y la verdad sea dicha, yo gocé siendo senador en la parte legislativa, que es donde uno debe participar, porque ahí es donde se forma la conducta ciudadana para el futuro. La ley no se hace para el momento actual, se hace como una forma de conducta social obligatoria hacia el futuro. Más del 90 por ciento de las leyes no son políticas – cosa que la gente no sabe – son técnicas. El 10 por ciento o menos, son políticas; ahí es donde se producen los choques. Por lo tanto cuando se estudia a fondo un tema y se llega preparado, ahí no juega la mayoría política, ahí juega la lógica, la conveniencia nacional, y por eso fue que durante mi período de senador, por ejemplo, nosotros cambiamos leyes completas, del primer al último artículo en el Senado, ya aprobadas por la Cámara de Diputados y propuestas por el Gobierno, porque precisamente el Senado actuó mucho más profundamente en ver cual era el problema que había que solucionar. Y propuso soluciones adecuadas. Lo tiene por ejemplo en la creación del Ministerio Público. El proyecto que aprobó la Cámara de Diputados y el proyecto que mandó el Presidente de la República, no tienen nada que ver con lo que aprobó el Senado. Nada. El proyecto que aprobó el Senado lo propuse yo y fui ayudado por los senadores Larraín y Fernández y después se incorporaron los senadores Sule y Hamilton y fue el proyecto nuestro el que salió, porque se dieron cuenta que efectivamente estábamos haciendo un Ministerio Público, no con criterio político, si no que realmente con criterio institucional.
Por otro lado, en esa época fue muy grato tener ministros como Enrique Correa, Edmundo Boeninger, con quienes se trataron muchas cosas que el público y la prensa jamás supieron, y que permitieron llegar a acuerdos que facilitaron enormemente la transición de un período militar a uno democrático. En ese sentido, tengo muy buenos recuerdos. Además en esa época, todavía la política no se había convertido en un medio para avanzar personalmente. No había esa desmedida ambición personal que hay hoy día, ni la pelea por los cargos. Toda la gente que estaba en el Senado, en el fondo, habían sido llevados y no lo habían buscado. Les habían impuesto la tarea de ser senadores, etc. Yo personalmente acepté ser candidato a senador media hora antes de que se cerraran las inscripciones, porque nadie quería ser candidato a senador por Santiago Poniente, porque se decía que Zaldívar y Lagos nos derrotaban y que no había ninguna posibilidad de ganar. Como yo era primer vicepresidente del partido, Andrés Allamand me dijo “Ud. tiene que firmar” y yo firmé. Y mi campaña duró un mes y medio. Y de tener un 1 por ciento, terminé con un 15 por ciento. O sea, realmente creo que uno en el Congreso, cuando se dedica a ser senador y deja la política o la politiquería a un lado, se pueden hacer grandes cosas.
¿Cuál es su análisis respecto al proyecto de ley que han impulsado los actuales presidentes del Congreso – Jovino Novoa y Rodrigo Álvarez - en el sentido de otorgar más atribuciones a ese organismo?
Es que depende de qué atribuciones se trate. No creo que el Congreso, de ninguna manera pueda entrar a optar a atribuciones ejecutivas. Lo que sí creo, es que hay que limitar ciertas facultades que tiene el Presidente de la República, que entraban la labor legislativa. Por ejemplo, todo el problema de las urgencias. No puede el Gobierno determinar qué es lo que se ve y lo que no se ve. Por suerte ahora se terminó la legislatura ordinaria y la extraordinaria que había en nuestra época. De manera que algunas de las cosas que están proponiendo los dos presidentes son justas, en resguardo de la dignidad y la independencia del Congreso Nacional. Yo no sería partidario, de ninguna manera, de entregarle al Congreso Nacional, facultades ejecutivas. Ya una vez tuvimos el problema, cuando en la ley de Presupuesto, diputados y senadores podían modificar las partidas. En esa época se ponían de acuerdo, diputados y senadores y disponían del erario nacional sin tener idea de las consecuencias de lo que estaban haciendo, por eso es que vino la Reforma Constitucional en que hoy día, el Congreso solamente puede reducir o eliminar, pero no puede establecer nuevas partidas, ni ampliarlas.
Como experto en derecho procesal, ¿cómo ha funcionado a su juicio la reforma procesal penal?
Me sonrío porque estoy redactando en estos momentos un proyecto de ley, que si sale Sebastián (Piñera) se lo voy a plantear, porque hay problemas. Este código Procesal Penal todos estábamos de acuerdo en que había que hacerlo, creemos que los principios en que se basa, están perfectos. Pero salió la urgencia política de sacarlo bajo un determinado Gobierno y bajo un determinado ministro de Justicia y bajo determinados presidentes de la comisión de Constitución, Legislación y Justicia del Senado. Y no lo mandaron al Tribunal Constitucional, en circunstancias de que debió haber ido. ¿Y cómo lo hicieron? Dijeron que esta es una ley de mero procedimiento por lo cual no es obligatorio someterla a revisión del tribunal constitucional. Pero se olvidaron de que había disposiciones que son orgánicas constitucionales que debieran de haber pasado por él. Y por lo tanto nos encontramos con algunas fallas o defectos. Algunas se corrigieron ya con la ley Corta, aunque no en la forma más perfecta, pero hay otras materias que corregir y que son muy importantes. Por ejemplo, el problema que tenemos hoy día con las facultades que tienen los fiscales: Por ejemplo, pueden dejar en libertad a las personas, incluso por delitos gravísimos. Y de hecho lo hacen, porque así postergan todo el proceso, todo el juicio. Por eso hay personas que salen en libertad aunque hayan cometido delitos graves. El fiscal no tiene límites para otorgar la libertad. El segundo problema que hay es que al fiscal se le da posibilidad de proponer un procedimiento abreviado. No se mira a las penas que establece el Código, si no a la pena que propone el fiscal. Y el fiscal llega a un acuerdo con la defensa. Entonces, lo hemos visto recientemente en un caso a un asalto a una armería, en que se roban municiones y armamento pesado, se pone de acuerdo el fiscal con la defensa y entonces los fulanos salen con 541 días y penas remitidas. O sea, entraron a los Tribunales y salieron en libertad. Tanto el fiscal como la defensa, se sacaron un problema de encima. La pena a ese delito era superior a 3 años y un día. Y en esta materia hemos visto varios casos. Otro tema que es muy importante también, es que hay que solucionar el asunto de la “puerta giratoria”. Este tema obedece a que precisamente no está contemplado el problema de la reiteración. No de la reincidencia. Porque la gente se equivoca. Hay reincidencia cuando la persona ha sido condenada por sentencia ejecutoriada. Pero hoy día, una persona puede cometer 10 delitos y tiene 10 procesos distintos que se pueden demorar dos o tres años, pero mientras tanto, no es reincidente. Hay que aplicar lo que se hizo en Estados Unidos: La reiteración. ¿Por qué bajó allá la delincuencia? Porque pusieron Tolerancia Cero, que significa que cuando alguien ha reiterado un tipo de delito grave, quiere decir que la pena aumenta y no hay concesión de libertad. Y con eso se pone un atajo a la “puerta giratoria”, tal como se le pone atajo a estos acuerdos entre el fiscal y la defensa. Es increíble. A mí me contó un ministro de la Corte Suprema, algo que él había presenciado en un Tribunal en Chillán: Una persona llama a Carabineros a las 2 de la mañana y dice que vio a un sujeto entrando a la casa vecina por la pandereta. Carabineros golpea la puerta, le explica lo que pasa al dueño de casa, revisa y encuentran al tipo con un cuchillo, escondido en la cocina. El tipo tenía condena por robo y estaba con orden de detención. ¿Sabe en qué terminó ese proceso? Se puso de acuerdo el fiscal con la defensa y lo condenaron a 61 días de prisión remitida por usurpación de domicilio. Entonces aquí nos estamos encontrando con situaciones a las que hay que ponerles atajo.
Otro de los elementos muy serios, que ponen incluso en peligro a los fiscales, es el tema de que si un fiscal no acusa bien o no corrige la acusación, se sobresee definitivamente la causa. Y ya lo vimos. ¿Qué pasa por ejemplo, cuando tenemos a los capos de mafia, a los narcotraficantes? Todos sabemos cómo operan. Basta con decirle al fiscal “mire, ¿conoce a esta persona, a los hijos, a tal colegio? Lo único que se tiene que hacer es no acusar a tiempo o no corregir la acusación. Y yo me pregunto ¿cuántos héroes hay en Chile que van a arriesgar a su mujer, a su marido o a sus hijos? ¿Habrá alguno? ¿Y si algo le pasa a ese marido, a esa mujer o a ese hijo? ¿Cómo se va a sentir esa persona? Esto es un absurdo. Lo que debiera hacerse en ese caso es que el juez mande oficio al fiscal regional para que nombren otro y no se sepa quien está a cargo. Porque así no pueden presionar. Y esto mismo está ocurriendo por otra falla de los fiscales. Cuando hicimos el Ministerio Público, no lo hicimos para que los fiscales sean detectives, o Sherlock Holmes. No. Lo hicimos para que alguien controlara y dirigiera la investigación. Así quedó expresamente establecido en el Senado, en la Constitución Política, etc. Pero cuando hicieron el Código Procesal Penal – ya que Ud. me lo pregunta – metieron un artículo, que va en contraposición con los primeros artículos del Código, que dice “la investigación la hará el Fiscal y la podrá delegar” con lo cual los fiscales se convirtieron en Sherlock Holmes. Vaya Ud. a la oficina de los fiscales y va a ver rumas de denuncias que no se cursan. Porque los fiscales están mucho más ocupados haciendo las investigaciones que debe hacer la policía. Pero la función que les da la Constitución no la hacen. ¿Me pueden decir a mí que se puede controlar y dirigir uno mismo? Hasta ahora nadie ha podido decir que eso sea factible. Tenemos que modificar eso. La investigación la deben de hacer las policías. Y el fiscal debe de controlar, como se hace en Alemania, en Estados Unidos. Pero aquí, importaron cosas y las acomodaron, sin darse cuenta de que las idiosincrasias son distintas. En Estados Unidos el fiscal no hace la investigación. El fiscal le exige a la policía que investigue y cuando le trae investigaciones mal hechas, la obliga a hacerlas bien. Pero si el fiscal hace la investigación ¿quién se la controla? Nadie, si los fiscales son independientes en la investigación. Esa es una situación que va a haber que modificar en el Código Procesal Penal.
¿Así es que está Ud. trabajando por Sebastián Piñera, por lo que me dice?
Es decir, creo que hay que ser muy claro. Yo trabajé siete años con Sebastián como senador. Tuvimos diferencias políticas; tenemos orígenes políticos distintos. Pero llegué al convencimiento de que Piñera políticamente es uno de los hombres más serios que yo conozco. Nunca en el Senado lo vi hacer algo a beneficio propio. Jamás. Y cuando uno habla con él, estudia los problemas a fondo. Yo compadezco a los que van a ser sus ministros, de todo corazón. Porque cuando vayan a hablar con él, se van a encontrar con que no es lo que ellos digan. Si no que Sebastián ya va a haber estudiado y estará tratando de confrontar con sus ministros, para saber cual es la mejor solución. Creo que uno tiene obligaciones en su vida. Nunca pensé en ser político, lo fui por accidente. Nunca quise ser senador, lo fui por una desgracia, pero creo que los años de docencia, los de ejercicio profesional, me permiten colaborar. Y en la campaña de Sebastián, hay muchos iguales a mí que son profesionales, que lo están haciendo por amor al arte. Que no esperan ningún cargo, ni aceptarían ningún cargo, y que lo único que están tratando de hacer es ver cómo se solucionan los problemas de este país.
Para finalizar le pediría que nos de su opinión respecto a las próximas elecciones presidenciales.
Pienso que la última encuesta es cuando se cuenta el último voto. Creo que Chile hoy día está en una situación muy especial. He conocido a mucha gente que dice “yo voy a votar por fulano”, pero otra cosa es cuando uno está en la caseta, con el lápiz en la mano y tiene que marcar la cruz. Y ahí prima de repente la conciencia. No es el qué dirán, ni lo que quiero aparentar hacia el exterior, si no que es lo que yo realmente quiero para mi país. Es difícil predecir un resultado electoral. Creo sinceramente que de los cuatro candidatos, sin menospreciar a ninguno, el más preparado, el que sería mejor presidente es Sebastián Piñera. Creo que es el único que ha tenido a un equipo trabajando durante dos años, estudiando los problemas y no solo es proponer una solución, si no que ver si la solución es viable. En su campaña hay un equipo que estudia todos los problemas y otro equipo – todos son profesionales independientes que lo hacen gratuitamente y ad honores, sin ningún compromiso de ninguna especie – que ven cómo esos proyectos se pueden materializar, si se pueden llevar a la práctica o no. Entonces se ve un trabajo serio profundo y personalmente creo que si sale elegido Sebastián y se ve el gabinete, el país va a tener una sorpresa enorme, porque va a encontrar gente joven. Nosotros tenemos que darle la pasada a las nuevas generaciones. Tuvimos nuestra oportunidad. Ahora está lo nuevo. Gente joven, preparada, calificada. Nadie va a ser nombrado por política. Pertenezco a la comisión política de Renovación Nacional y no se nos ocurriría de ninguna manera, estar pidiendo cargos políticos. Y si alguien pretende tenerlo, desde ya sepan que van a contar con mi oposición y mucha oposición desde el partido. El Gobierno no es de un partido. Es para todos los chilenos.
M. Eugenia Rodríguez Q.
Diciembre 2009
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