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Elecciones Parlamentarias 2009
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Dos siglos de elecciones: un largo camino hacia la transparencia y la participación


El próximo 13 de diciembre se realizará en Chile la elección parlamentaria nº 27 desde 1900. A comienzos del siglo XX, poco más de 161.000 votantes eligieron a sus representantes, mientras que este 2009 lo harán cerca de 8 millones de ciudadanos.

09 de agosto 2009

En diciembre de 2009 se cumplirán exactamente 199 años desde la primera elección realizada en Chile, que se convocó a finales de 1810 para elegir al primer Congreso Nacional.

Serán dos siglos de profundos cambios políticos e importantes evoluciones en los procesos electorales: mientras en aquellos lejanos años las mesas de sufragios estaban a cargo de los párrocos y participaban sólo latifundistas y comerciantes, hoy son más de 8 millones los chilenos inscritos en los registros electorales.

Además de la cantidad de gente que concurre a las urnas, el otro enorme cambio en el proceso es la posibilidad de la gente de acceder a múltiples fuentes de información gracias a Internet y a los recursos digitales que las instituciones del sistema electoral, los medios de comunicación y los propios ciudadanos ponen a su disposición.

En esta evolución fueron elementos claves los distintos mecanismos de transparencia y participación ciudadana que gradualmente fueron incorporándose al proceso electoral a lo largo de la historia, haciéndolo más confiable y representativo para la totalidad de los ciudadanos.

En los inicios de la República, las elecciones estaban inevitablemente intervenidas por el Poder Ejecutivo, pues eran las municipalidades las encargadas de realizar las votaciones, y éstas dependían directamente del Presidente de turno. Esto, sumado a que los jornaleros y campesinos no participaban del proceso político, y por tanto eran los acomodados quienes decidían la suerte del nuevo gobierno y, en definitiva, los destinos de toda una nación.

Recién a finales del siglo 19, se fueron incorporando las primeras reformas que apuntarían a garantizar ciertos parámetros de transparencia y participación:

- En 1871, se estableció la prohibición de la reelección presidencial.

- En 1874, se amplió el derecho a sufragio a todos los hombres mayores de 21 años si eran casados, o 25 años si eran solteros. Además, se quitó a los municipios el control del proceso electoral, el que pasó a manos de las nuevas “juntas inscriptoras”.

- Entre 1888 y 1890 se creó un registro permanente de votantes y se establecieron garantías para el secreto del escrutinio

- En 1981, se implementó la Ley de Comuna Autónoma que, si bien cumplía, con su objetivo de quitar injerencia presidencial en las elecciones, la traspasaba a los influyentes líderes locales de cada comuna, con lo que persistía el problema.

Para 1920, aún eran habituales el cohecho, la suplantación de votantes y otros vicios electorales. Aun así, las elecciones de ese año pasarían a la historia por varios motivos: además de ser una de las más disputadas, polémicas y violentas de todo el siglo, representaron lo que para muchos investigadores es el inicio de la participación ciudadana en política como la entendemos hoy, donde los segmentos populares por fin se hicieron parte del proceso de manera entusiasta y comprometida.

Con Arturo Alessandri Palma en la presidencia, llegó la Constitución de 1925, que a la vez trajo consigo modificaciones al sistema electoral determinado anteriormente por la Carta Fundamental de 1833.

Por medio de un plebiscito convocado para el 30 de agosto de 1925, los ciudadanos aprobaron por abrumadora mayoría el retorno del sistema presidencialista, aunque hay que considerar que, de acuerdo a historiadores, la abstención en dicho proceso fue cercana al 50%.

Las leyes electorales de 1925, uno de los años más activos de toda la historia de los comicios chilenos, incorporaron la creación del Tricel y de  un padrón electoral independiente, permanente y renovable, además de un mecanismo de escrutinios con mayores garantías de neutralidad.

A esta modernización del sistema electoral se agregó la incorporación de las mujeres al proceso eleccionario, primero para las municipales de 1935. Recién en 1949 se aprobó el voto femenino, y las chilenas participaban por primera vez en las parlamentarias y presidenciales de 1952.

Con respecto a los mecanismos de transparencia, los nefastos vicios electorales que por más de 100 años habían sido parte del proceso en llegarían a su fin en 1958, con la Ley de Reforma Electoral que incorporó el sistema de la cédula única.

En los años siguientes, la incorporación del voto de los ciegos (1961) y de los analfabetos (1971) potenciarían un importante aumento en el universo de votantes chilenos respecto de comienzos de siglo: en 1937, sólo un 8,5% de la población era votantes; para 1973 -última elección antes de la interrupción que significó el gobierno militar- la participación ciudadana llegaba al 36, 1%.

Hasta 1973, las elecciones en Chile se realizaron aplicando un sistema de electoral proporcional a la cantidad de votos obtenidos para determinar cuáles eran los candidatos ganadores. La Constitución de 1980 promulgada durante el régimen militar incorporó al sistema electoral un mecanismo que hasta la actualidad genera discrepancias y que determinó un gran cambio: el sistema binominal mayoritario, que propicia y consolida la representación en el Congreso de dos grandes bloques políticos. Para algunos otorga estabilidad al sistema, mientras los críticos argumentan que el modelo excluye a las minorías que no son parte de los grandes conglomerados de partidos y por consiguiente quedan sin representación en el ámbito legislativo.

En 1986, la suspensión existente para los procesos de elecciones comenzaba a levantarse: ese año se reabrieron los registros electorales para todo chileno mayor de 18 años, y la respuesta de la ciudadanía sobrepasó todas las expectativas: más de 7,4 millones de chilenos se inscribieron, cifra que representaba un 92,96% del potencial electoral y casi el 60% del total de la población. 

En la actualidad, este entusiasmo se ha debilitado. Cerca de 2 millones 400 mil ciudadanos en edad de votar no están inscritos, y de estos, casi dos millones son menores de 29 años. Esta baja participación de jóvenes en política se ha traducido en un padrón electoral envejecido, un aspecto que inquieta a los líderes políticos y a los representantes de los principales partidos.

Por ello, la iniciativa de implementar el voto voluntario y la inscripción automática en los registros electorales, junto a la revisión del mencionado sistema binominal, son los principales ejes del debate actual en torno a los procesos electorales en Chile, y con seguridad lo seguirán siendo post elecciones 2009. La presente reflexión en torno a ellos es, sin duda, una consecuencia de los tiempos y de la experiencia democrática acumulada por los chilenos.


Rodolfo Herranz R.





 

 
 
 

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