¿Cómo se puede estimular la eco-innovación en América Latina?

El cambio climático hace necesario desarrollar nuevas capacidades tecnológicas que se relacionen de una forma más sostenible con el medioambiente, lo que requiere de la cooperación del sector privado. Para lograr estas capacidades es fundamental generar incentivos adecuados.

||Autor Fotografía: Sin autor

El crecimiento económico y el cuidado del medioambiente pueden lograrse de manera conjunta: una forma de hacerlo es a través de la eco-innovación, implementada a través de políticas públicas. En la siguiente nota se define este concepto, se identifican algunos de sus obstáculos y las herramientas más adecuadas para sortearlos.

En búsqueda de patrones productivos eficientes y verdes en la región

Ya en 1992, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (“Cumbre de la Tierra”), se reconoció que la primera causa del deterioro del medioambiente eran los patrones insostenibles de consumo y producción. Esta temática continúa estando en la agenda internacional: contar con procesos productivos más eficientes en el uso de los recursos y que minimicen el impacto ambiental es parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas Nº12: “Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”, el que debe cumplirse hacia el año 2030.

América Latina cuenta con un patrimonio natural de extrema relevancia a nivel mundial. En nuestra región se encuentra el 33% de las reservas de agua dulce del mundo y el 21% de la superficie de bosques naturales. Asimismo, la región alberga los arrecifes coralinos más largos del hemisferio occidental y la selva Amazónica, que es fundamental en la mitigación y adaptación al cambio climático. Sin embargo, el uso ineficiente de los recursos, la deforestación, la contaminación del aire y del agua, y las presiones demográficas ponen en riesgo este patrimonio natural. Esto hace necesario adoptar cursos de acción para reducir el impacto que tienen las actividades productivas en el medioambiente, procurando generar políticas estatales que incentiven comportamientos “verdes” en los privados. 

En los últimos años, se han registrado avances en la búsqueda de patrones productivos eficientes y verdes. La sustentabilidad ha dejado de ser vista como un costo, siendo cada vez más considerada como una oportunidad para desarrollar nuevos prospectos de negocios en las áreas de energías renovables, eficiencia, y reciclaje, motivando a las empresas a disminuir la cantidad de insumos y energía necesaria en los procesos productivos . En este contexto, surge el concepto de la “eco-innovación”. 

La eco-innovación y sus obstáculos

La eco-innovación es cualquier innovación que reduzca el uso de los recursos naturales y la liberación de sustancias nocivas durante el ciclo de vida completo de un producto comercial. Promover este tipo de innovación desde lo público es particularmente importante ya que sus costos recaen sólo en algunos, al mismo tiempo que sus beneficios medioambientales los disfrutamos todos.

Una política efectiva para promover la eco-innovación debería tener plenamente identificadas las barreras específicas que existen en la industria o en el sector económico a regular.

Algunas de las barreras que enfrentan las empresas para desarrollar la eco-innovación son:

  • Barreras externas: ausencia de presiones, por parte de actores relevantes (tales como consumidores, ONGs), para generar eco-innovación; y existencia de incertidumbre (altos montos de inversión inicial con largos periodos de amortización).
  • Barreras internas: falta de financiamiento y conocimiento técnico; insuficiente prioridad a asuntos medioambientales (especialmente relevante para las PyMes en la región); y desconocimiento de la legislación.

 

Según la OCDE, cuando se trata de implementar cambios que generan efectos positivos en el medioambiente, en América Latina generalmente las empresas son “reactivas”, actuando principalmente en respuesta a exigencias externas, tales como regulaciones. Entre las principales motivaciones auto-reportadas de las empresas para realizar actividades de gestión ambiental se encuentran: cumplir con las regulaciones ambientales locales, mejorar la imagen pública de la empresa y reducir costos. Como últimas prioridades se encuentran reaccionar a presiones de mercado, principalmente porque en la región todavía no existe una concientización profunda de la problemática medioambiental y los consumidores tienden a exigirle poco a las empresas en estas materias.

Superando las barreras a la eco-innovación

Para luchar contra los obstáculos a la eco-innovación existen múltiples instrumentos de política pública. Según del Río et. al, estos instrumentos son:

1. Políticas Medioambientales

En esta categoría se pueden encontrar dos enfoques, las políticas “comando y control” o de regulación directa (límites de contaminación de carácter obligatorio, estándares tecnológicos y de desempeño) y las basadas en el mercado (impuestos, subsidios, régimen de comercio de derechos de emisión, entre otros). 

Las políticas de “comando y control” son la solución menos aconsejada por la literatura ya que estas promueven el uso de tecnologías “al final del tubo” (end of pipe), esto es, tecnologías que se concentran en el tratamiento de desechos sólidos, líquidos y gaseosos una vez producidos, por lo que sólo buscan minimizar los efectos de la contaminación en la población. Este tipo de políticas, si bien garantizan el cumplimiento de estándares fijos, no promueven una mejora continua en la eficiencia de uso de los recursos y muchas veces implican el uso obligatorio de una tecnología en particular, restándole flexibilidad a las empresas y debilitando su capacidad innovadora. Para evitar que la normativa se adhiera a tecnologías específicas que pueden caer en la obsolescencia, las políticas deberían estimular un rango amplio y flexible de soluciones técnicas, trasladando la elección hacia dentro de las empresas. 

Por su parte, las políticas basadas en el mercado son superiores para promover la eco-innovación, ya que dejan la solución medioambiental en manos de la empresa y de sus características particulares y premian la mejora de los procesos sin detenerse en un tope máximo. Además, si involucran el pago de dinero por parte de las empresas (en la forma de impuestos o pago de derechos de emisión), esto puede permitir rebajar otro tipo de impuestos, como por ejemplo impuestos al trabajo o al ingreso, y resultar en un impacto neto positivo en el PIB del país. 

2. Políticas Tecnológicas:

Este tipo de políticas contempla inversión en I+D general y subsidios para la I+D particular, networking y programas de asistencia técnica. Esta última medida es especialmente recomendada para las PyMES, las cuales tienen menores probabilidades de contar con especialistas técnicos capacitados.

3. Otros tipos de políticas:

Educar a la sociedad, a través de talleres e información oportuna, sobre cuáles son los impactos de sus hábitos de consumo puede incentivar a que exista un “tirón” de la demanda y que consumidores informados comiencen a preferir empresas ambientalmente responsables. Facilitar la presión proveniente de los consumidores puede llevar a la adopción de certificaciones de desempeño voluntarias, como por ejemplo la norma ISO 14000, etiquetas “verdes” y acuerdos y auditorías ambientales.

 

En las últimas décadas, la mayoría de países de la región han registrados múltiples avances en materia medioambiental: han fortalecido sus instituciones y normativas medioambientales, han regulado la explotación y la conservación de sus recursos naturales y han participado activamente en la adopción de acuerdos ambientales multilaterales, tales como el Protocolo de Montreal sobre sustancias depredadoras de la capa de ozono, el Protocolo de Kyoto sobre gases de efecto invernadero, el Protocolo de Cartagena sobre diversidad biológica y el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes. 

Sin embargo, para continuar esta gran tarea son necesarios muchos cambios provenientes del sector privado, los cuales sólo pueden surgir si existen los incentivos correctos. Las empresas pueden y deben estar a la vanguardia de las tecnologías “verdes” y la superación de las barreras a la eco-innovación depende de la implementación de políticas públicas medioambientales y tecnológicas adecuadas y efectivas, de una institucionalidad sólida, y de una base de consumidores proactivos que le otorguen a la producción sustentable la importancia que se merece.

 

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