Estudio de la Universidad de Queensland alerta sobre lenta recuperación de ballenas en el mar austral

La investigación realizada en Australia con datos de 122 años entregados por la Comisión Ballenera Internacional (IWC) determina que la recuperación total de 10 especies presentes en el hemisferio sur para el año 2100 podría ser más lenta de la esperada. Ante esta realidad, el diputado Juan Morano recomienda intensificar medidas para proteger a nuestras especies de la caza ilegal.

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Estudio de la Universidad de Queensland alerta sobre lenta recuperación de ballenas en el mar austral

Un grupo de cinco académicos de la Universidad de Queensland, Australia, publicó el artículo Modelación de ecosistemas para cuantificar el impacto de la caza histórica de ballenas en el Hemisferio Sur, donde se da cuenta de las dificultades ambientales presentes en el sur del océano Pacífico para revertir la frenética cacería de ballenas durante gran parte de los siglos XIX y XIX, además de las permanentes incursiones por parte de balleneros japoneses. Una revisión de sus principales conclusiones, en la siguiente nota.

Enmendar un problema histórico

Durante más de cien años, durante los siglos XIX y XX la población mundial de ballenas fue reducida considerablemente con fines comerciales, al punto que más de medio centenar de especies se encuentran en peligro de extinción. No fue sino recién en 1972 cuando la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente recomendó una moratoria de diez años sobre la caza comercial de cetáceos, a objeto de recuperar las especies.

Sin embargo, esta moratoria no fue completamente acatada por las grandes industrias pesqueras, especialmente aquellas provenientes de Japón, Noruega o la Unión Soviética, razón por la cual en 1982 la Comisión Ballenera Internacional (IWC), conformada por 88 miembros, determinó el fin de la caza con propósitos comerciales a nivel mundial. El motivo no era otro más que evitar la inminente extinción de esta especie.

De esta manera, en 1986 tal decisión fue respaldada por la Convención que reglamenta la caza de las ballenas, que aunque puso límites a la actividad industrial, contempla excepciones para aquellas instituciones que pretendan realizar una caza controlada de los cetáceos con fines científicos. Esta excepción dio pie para que tres países se nieguen a abandonar la cacería, aduciendo precisamente tales propósitos de investigación.

Según información de la International Fund for Animal Welfare (Ifaw) estos tres países son Japón, Noruega e Islandia. No obstante, Japón ha sido el que más reincide, pues –señala el mismo organismo- se ha encontrado carne de ballenas supuestamente obtenida con fines científicos, en mercados de alimentos.

Recuperación de la población para 2100

Producto de esta abrumadora realidad -y a que incluso la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) en marzo de 2014 prohibió a Japón la pesca de ballenas por no perseguir fines científicos- es que las ballenas se encuentran aún en peligro de extinción. De hecho, el estudio de la Universidad de Queensland proyecta que si no se aumenta la protección de las 10 especies que habitan en el hemisferio sur, para el año 2100 no se podría recuperar ni siquiera la mitad de la población existente antes del siglo XIX.

El trabajo publicado en septiembre de 2016 por los académicos de la Universidad de Queensland, en conjunto con el Departamento de Atmósfera y Océanos de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization (Csiro) determinó que existiría un alto grado de incertidumbre respecto de las condiciones de vida a futuro, por lo que las proyecciones en torno a la recuperación de las ballenas presentes en el hemisferio sur se hacen difíciles. Los cetáceos necesitan condiciones ambientales especiales y son clave en el equilibrio de la disponibilidad del krill –especie clave de la cadena alimenticia en el océano Pacífico Austral- ya que además de consumirlo, ayudan a su regeneración.

Mediante la aplicación de un Modelo de Complejidad Intermedia para la Evalución de Ecosistemas (Mice) con datos de 122 años entregador por la IWC, a cinco especies de ballenas presentes en aguas australes, así como en fitoplacton y el krill se predijo que las ballenas tipo Azul, Rorcual Común y Franca Austral podrían no recuperar su población natural en los próximos setenta años. Si bien especies como la ballena jorobada se ha beneficiado de las prohibiciones de caza, se estima que para el año 2050 tenga una recuperación adecuada, pero lenta. Algo similar sucedería con la ballena Minke antártica, que pese a su rápida reproducción, no disponen de los datos necesarios para proyectar una recuperación segura.

Necesidad de conservación por parte de los gobiernos

Por tales motivos es que el estudio de la Universidad de Queensland sugiere que el futuro de la población de ballenas en los mares del sur del planeta dependen de la acciones de conservación. Esta conclusión fue recogida por Greenpeace, quienes el 25 de agosto de 2017 hicieron un llamado para que los gobiernos tomen medidas para la preservación de la especie. “El daño es más serio de lo que se pensó, por eso debemos profundizar la protección de las ballenas para tenerlas de vuelta”, señala el organismo.

Por su parte, el diputado Juan Morano, presidente de la Comisión de Pesca, Acuicultura e Intereses Marítimos, concuerda con el estudio de la universidad australiana y Greenpeace en cuanto a la necesidad de intensificar las medidas de protección. “No puedo sino compartir esta preocupación. La actitud que tienen algunos gobiernos, particularmente el de Japón, en el sentido de seguir enviando flota pesquera a cazar ballenas. Por más que se le de el nombre de investigación, amenazan la supervivencia de especies particulares como la Minke en la zona Antártica. Nos parece que esto debe cambiar. La actitud de los gobiernos y autoridades que circundan los mares del sur, entre ellos Chile y Argentina, debieran tener una capacidad mayor de reacción para impedir ese tipo de pesca. En la actualidad se sigue realizando este tipo de pesca con o sin autorización de las cuotas de investigación, un ejemplo de ello es que Japón está pescando de esta manera, por lo que la comunidad internacional debe reaccionar de una manera más eficiente para evitar que esto siga ocurriendo”, señaló.

Universidades y conocimiento científico como aporte en la toma de decisiones

En relación al aporte de la Universidad de Queensland en la generación de conocimiento científico para la preservación de las ballenas en las áreas cercanas al continente blanco, el diputado por la región de Magallanes valoró el desarrollo de conocimiento científico en este ámbito. “Me parece que es algo necesario, porque siempre tenemos a mano la visión de quien explota los recursos, más aún cuando tienen un fin comercial. Muchas veces nos falta tener otra visión y esa es la que nos brindan las universidades u organismos como Greenpeace, que permiten tener otro tipo de información que nos permita ponerlas en la balanza y así tomar mejores decisiones”, agregó.

Sobre el papel específico de las universidades valoró el trabajo que realizan las instituciones en el sur de nuestro país. “Cumplen un rol esencial en esto, por ejemplo la Universidad de Magallanes ha estado metiéndose también en este tema. Eso se ve en la gran cantidad de estudios que tiene sobre biodiversidad, conservación del fondo marino y cómo la Macro Zona Antártica también tiene gran influencia en el equilibrio de la Subantártica, que son los mares de Aysén y Magallanes, por lo que creo que es indispensable que nuestras universidades se especialicen, más aún en universidades del sur del país como pueden ser la Austral de Valdivia o la Universidad de Magallanes, a modo que puedan abordar más aspectos del desarrollo marítimo costero”, sentenció.



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