Una visión ética para mejorar el manejo de desastres

El rol que ha jugado el ejercicio de la bioética en situaciones de desastres naturales ha reformado la manera en que esta disciplina se llevaba a cabo, mejorando cuestiones esenciales como la distribución equitativa de los costos, el uso de monitoreo en redes sociales para garantizar un acceso igualitario que no ignore a los más vulnerables, y las medidas de adaptación y mitigación al cambio climático que deben implementarse en las zonas con menor capacidad adaptativa.

Por Boris Lopicich

||Autor Fotografía: Wiki commons

La ética en el manejo de desastres se ha vuelto una herramienta cada vez más necesaria y, acaso, indispensable para un correcto manejo y gestión de los diversos conflictos que surgen con posterioridad a un desastre natural.

Categorías de desastres

Típicamente, los desastres se han clasificado según su causa. Algunos han entendido a los desastres como una perspectiva integral, como fenómenos multidimensionales de inmensa complejidad que pueden ser desencadenados por diversas causas y producen daños de distinta índole en la cotidianidad de una comunidad vulnerable, afectando los modos, condiciones y estilos de vida de ésta y superándola, de manera tal que es necesaria la intervención por parte de terceros para restaurar el modo de vida anterior al desastre mismo.

De esta forma, las causas de los desastres generalmente corresponden a tres tipos:

  • Aquellas de causa natural, propias de la dinámica de ecosistemas y del planeta mismo, entre las que se cuentan los sismos y las erupciones volcánicas.
  • Las con causa socio-natural, que provienen de acciones humanas sobre el medio ambiente que tienen como objeto la supervivencia de la especie y el progreso sustentable de comunidades, con fenómenos tan variados como la urbanización.
  • Finalmente, los desastres de origen antrópico se refieren a los originados por conductas humanas que van contra el medio ambiente y sus diversos ecosistemas, como por ejemplo el derrame de toneladas de petróleo recién ocurrido en mayo en el mar Adriático, frente a la costa de Rijeka en Croacia.

Si bien algunos señalan que "una catástrofe natural no es, por sí misma, moral o inmoral, justa o injusta", pareciese ser que aquellos desastres que han sido causados con cierta intencionalidad y en condiciones de asimetría de poder y de información sobre los recursos naturales de comunidades locales vulnerables, sí debiesen ser mayormente condenados, o al menos debiese contarse con una dimensión preventiva que desincentive la comisión de ciertas prácticas, con multas y cláusulas penales establecidas en caso del incumplimiento de los estándares ambientales. Favoreciendo esta visión, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) señala que muchos de estos conflictos y desastres están relacionados intrínsecamente con asuntos de repartición de recursos naturales, como por ejemplo el agua dulce; sin dudas que la restricción de este vital recurso por parte de empresas poderosas hacia comunidades agrícolas sí constituye un desastre natural no sólo de origen antrópico, sino que anti-ético.

Sin embargo, en lo referente a las consecuencias de los desastres, pareciese no haber dos opiniones: éstas sí pueden clasificarse como "justas o injustas", dependiendo de si éstas se podrían haber evitado o si tienen forma de mitigación en el corto plazo. Por esto mismo, tanto los Gobiernos, como las Agencias Multilaterales y diversas entidades de la sociedad civil tienen un deber de cooperación con la mitigación de desastres que, ciertamente, debe provenir desde una mirada bioética. Sólo comprendiendo a los desastres como un fenómeno global que afecta a aquellos más vulnerables, se podrá luchar contra aquellas provenientes de causas excesivamente injustas. La misma UNESCO, al referirse a las situaciones de post-conflicto y post-desastre, reconoce tener el deber de "facilitar y fomentar el uso de la ciencia y la tecnología para contribuir a la reducción de riesgos de desastres (...) [Fortalecer] la cooperación científica es un elemento fundamental para mejorar la capacidad de reducción de desastres y el reestablecimiento de la diversidad biológica". Mientras, la Revista Médica de Chile se refiere a la capacidad de la bioética para mejorar la capacidad de reparación del Gobierno y de la sociedad civil ante las consecuencias materiales y psicológicas que acarrea un desastre.

La "respuesta ética mínima" ante un desastre

Es importante realizar una distinción temporal del desastre. Hay responsabilidades y derechos que surgen con anterioridad a un desastre, de manera preventiva a éste, y otras que se recogen a posteriori.

Dentro de la responsabilidad preventiva, ésta es tarea de los diversos Gobiernos Nacionales, pero también de cada miembro de la sociedad civil. Tal como señala el Institute for Global Policy en su reporte "Responsibility to protect: engaging civil society", hay un nuevo límite de la soberanía nacional, basado en la responsabilidad de protección que el Estado tiene para con sus ciudadanos en una dimensión a priori de los desastres (responsabilidad de prevenir) y en lo acontecido post-desastre, con las responsabilidades de reacción y de reconstrucción. Todas estas responsabilidades se señalan en base a principios éticos, dentro de los que la justicia y la solidaridad sobresalen para endosar de responsabilidad a distintos actores relevantes: por ejemplo, en la fase de reconstrucción se le otorga también un rol primordial a la movilización de fuerzas internacionales. El rol del Secretario General de Naciones Unidas es indesmentible, a través de sus reportes y recomendaciones al Consejo de Seguridad, pero también las organizaciones regionales y sub-regionales, las ONGs internacionales e incluso el periodismo tienen roles inmensamente relevantes al respecto.

Más allá de estas clasificaciones, interesa señalar ciertas responsabilidades mínimas desde el punto de vista ético, ante la ocurrencia de un desastre. Por ejemplo, UNESCO tiene un manual para Comunicadores Sociales, en los que profundiza sobre los aspectos éticos de la comunicación en situaciones de emergencia. En la misma línea, ciertos estándares mínimos de responsabilidad debiesen incluir:

  • Un respeto más allá del estándar normal por el principio de no-maleficencia, para no causar daños no intencionales a una comunidad que ya ha sido suficientemente perjudicada.
  • Promover DDHH de todas las personas afectadas, con especial protección de los grupos de mayor riesgo, enfatizando la equidad para la atención y el cuidado de los individuos sin importar su género, grupo étnico y nivel educacional.
  • Otorgar un rol fundamental a las mismas comunidades afectadas, dándoles competencia y autonomía para llegar a soluciones que sean del interés del grupo afectado.
  • Aprovechamiento de la innovación tecnológica para crear sistemas de apoyo integrados, que den cobertura a la mayor parte de la población. Por ejemplo, el uso de redes sociales para monitoreo de los brotes de cólera u otras enfermedades infecciosas ante la ocurrencia de catástrofes debe integrarse con otras tecnologías de data mining utilizadas por el gobierno y sus servicios de reacción post-desastre.
  • Invertir en capital humano que esté capacitado para atender catástrofes considerando los principios precedentes. En este sentido, el "Programa Kizuna" acordado entre Chile y Japón, a través de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (JICA) y su símil chileno, la AGCI, es una excelente noticia ya que permitirá la capacitación y formación, entre los años 2015 y 2016, de más de 2.000 profesionales en materia de gestión de desastres.

Contando con estos estándares, el manejo y la gestión de desastres podría desarrollar herramientas más efectivas e inclusivas con aquellos más vulnerables y de esta forma, remediar las injusticias que los mismos desastres plantean producto de su origen.

Recursos de información

- "Comunicaciones en el manejo de desastres" (en inglés), United Nations Foundation.

- Malasia: Disaster Management Handbook 2016 (en inglés), Center for Excellence in Disaster Management and Humanitarian Assistance.

 

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