Responsabilidad y precaución en la gestión de nuestros océanos

Con la amenaza del cambio climático y la gran contaminación que han sufrido nuestros océanos, la vida submarina se ha visto fuertemente mermada. Urgen medidas que protejan a los océanos en distintos aspectos: desde la protección de los glaciares para no aumentar el nivel del mar de manera peligrosa, hasta la regulación de técnicas de perforación como el fracking, que pueden tener gran efecto en la contaminación de las aguas subterráneas.

Por Equipo Bioética

||Autor Fotografía: Wiki Commons

 

La agenda internacional como impulsor de la defensa de la vida submarina

No cabe duda: el deterioro que han sufrido los océanos en la última década, y que ha devastado los ecosistemas más sensibles, como los arrecifes de coral, está lejos de acabar. Las cerca de 8 toneladas de plástico que son lanzadas al fondo marino año a año dan cuenta de un problema mucho más profundo que una simple contaminación, revelan un irresponsable modo de vida y de producción de la población a nivel mundial, de las grandes empresas explotadoras de las zonas económicas exclusivas de los países y de una falta abismal de sensibilidad por parte de todos nosotros frente a estos temas.

Los datos expuestos por Naciones Unidas en la materia resultan sobrecogedores:

  • Más de la mitad de la población mundial depende de la diversidad biológica marina y costera para subsistir. Además, dicha biodiversidad contiene la mayor fuente de proteínas del mundo;
  • En los océanos viven alrededor de 200.000 especies identificadas, lo que los convierte en ecosistemas sumamente ricos y diversos;
  • Los océanos absorben cerca del 30% del CO2 de origen antropogénico, por lo que contribuyen significativamente a reducir el impacto del cambio climático;
  • Un 40% de los océanos a nivel mundial se ven afectados de manera crítica por actividades humanas contaminantes, las que agotan sus recursos pesqueros y contribuyen a la pérdida de hábitat costeros.

Ha sido este estado de las cosas el que ha gatillado la inclusión de la protección y preservación de la vida submarina, en el marco de la Agenda 2030, entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS Nº 14 “Vida Submarina"). Dentro de las  metas a alcanzar, destacan:

  • Para el año 2020: fortalecer la resiliencia de los ecosistemas marinos y costeros; establecer medidas para restaurarlos; reducir al mínimo los efectos de su acidificación; reglamentar la explotación pesquera y poner fin a la pesca excesiva, ilegal, la no declarada y no reglamentada, y a otras prácticas de pesca destructivas. Además, se plantea la conservación de al menos el 10% de zonas costeras y marinas, y prohibir algunas formas de subvenciones a la pesca en el marco de lo dispuesto y discutido por la Organización Mundial del Comercio.
  • Para 2025: Prevenir y reducir de forma significativa la contaminación marina de todo tipo, particularmente la producida por actividades realizadas en tierra firme como la contaminación por nutrientes.
  • Para 2030: haber aumentado los beneficios económicos que los pequeños estados insulares reciben del uso sostenible de los recursos marinos, mediante la gestión sostenible de la pesca, la acuicultura y el turismo sostenible.

Justamente, al encontrarnos en el “Año internacional del turismo sostenible para el desarrollo”, el cuidado de los océanos ha pasado a tener especial relevancia. La reciente celebración del Día Mundial de los Océanos —el pasado 8 de junio—, en la que los Estados Parte de Naciones Unidas, incluido Chile, se comprometieron a cuidar más de los recursos marinos, estableciendo mayores y mejores regulaciones a la industria pesquera, fue recibida por diversas comunidades y asociaciones de pescadores artesanales como una excelente noticia. A lo anterior debe sumarse que Naciones Unidas celebró la Conferencia de Océanos a comienzos del presente mes, y que en julio la Presidenta Bachelet informará ante la misma ONU en su “Presentación Nacional Voluntaria” sobre la implementación de los ODS en el país, el estado a nivel nacional del ODS N°14.

La falta de gestión sostenible en los océanos: un problema global

No se puede adjudicar a tan sólo un país el estado actual de los océanos. La gestión insostenible, pesca indiscriminada y los efectos del cambio climático han logrado dar por extintas a las más diversas especies, y poner en peligro a varias otras. El daño a los ecosistemas costeros ha sido, también, un problema de larga data que las diversas autoridades gubernamentales no han sido capaces de detener, por varias razones, entre otras: la falta de gobernanza en temas ecológicos, la presencia de industrias extractivas que de manera indiscriminada explotan los recursos marinos, y el cambio climático que ha venido teniendo efectos cada vez más profundos y complejos de entender para la ciencia.

La industria marina posee una rentabilidad inmensa. Tan sólo en la industria salmonera en nuestro país, a febrero de este año, el valor de las exportaciones de productos acuícolas llegó a 1.065,9 millones de dólares, lo cual representa un crecimiento del 42,3% respecto del año 2016. Esto explica, en parte, la estrategia de la industria no sólo salmonera sino de pescados y mariscos en general, de extraer todo lo posible mientras  es permitido y los productos no se encuentren en “veda”.

Esta falta de sostenibilidad, se refleja también en el proceso de producción acuícola, en que los químicos y las heces de los animales cultivados suele terminar en el fondo marino, generando una crítica falta de oxígeno dando origen a zonas muertas en las que la vida marina no puede prosperar.

De otro lado, y por causa de diversos factores ambientales que pueden estar influidos por el cambio climático, nos vemos expuestos cada vez con mayor rigor a fenómenos que afectan de manera significativa nuestros recursos marinos con el consiguiente impacto ambiental, económico y social que ello involucra. Así ocurrió, por ejemplo, en nuestro país en mayo de 2016, cuando afloró con mayor intensidad que nunca la marea roja. Este evento, que se produce por el afloramiento de la microalga Alexandrium catenella, emisora de una toxina paralizante, puede llegar a provocar severas intoxicaciones en los seres humanos, ya que los moluscos que se infectan con dicha toxina pueden tardar hasta cuatro meses en eliminarla. Así, la marea de hace más de un año dejó varadas ballenas, sardinas y salmones y sus consecuencias no han podido superarse hasta el día de hoy.

Nuevas fuentes de energía y técnicas de extracción: responsabilidad y precaución

Las industrias extractivas siempre han planteado importantes desafíos para los legisladores. En el país, el uso de combustibles fósiles para la calefacción de los hogares o para la generación de electricidad ha sido la regla general. Esto ha posibilitado que la mayoría de la población tenga acceso a la energía, pero también ha generado los más diversos conflictos socio-ambientales. La falta de innovación en las industrias extractivas ha relegado fuentes en las que se requiere investigación y desarrollo científico, como la energía mareomotriz, por ejemplo, y ha incentivado la extracción del gas natural y el petróleo existente, en particular en la zona más austral del país.

Entre las técnicas que posibilitan la extracción de recursos, se ha venido sumando en la última década a las tradicionales centrales termoeléctricas y al carbón, el método del fracturamiento hidráulico o fracking. Su objetivo es la obtención de gas y petróleo de difícil acceso desde el subsuelo mediante la perforación a gran profundidad de  un pozo y la inyección a presión de cantidades enormes de agua con aditivos químicos y arena para “literalmente, fracturar la roca, para extraer el recurso atrapado en ella”, según detalla Maximiliano Proaño, coordinador de la Mesa Ciudadana de Energía para Magallanes en una nota. Este procedimiento puede provocar la contaminación de las aguas subterráneas, del aire y del suelo, con una enorme liberación de gas metano durante todo el ciclo.

Ya hace un año, en junio del 2016, el diputado Juan Enrique Morano solicitó de manera formal que se oficiase al Ministro de Medio Ambiente de ese entonces, Pablo Badenier, sobre el uso a su parecer ilegítimo de técnicas de fracking en las labores de extracción de hidrocarburos en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena. Esta técnica es peligrosa para los océanos, pues tiene el potencial de contaminar con los más diversos químicos las aguas subterráneas que pasarán eventualmente al océano.

Desde la bioética siempre se ha instado a actuar con cautela ante este tipo de procedimientos con consecuencias insospechadas y difíciles de prever, basado en principios como el de responsabilidad y el de precaución. Este último “nació como una respuesta lúcida y comprometida ante los problemas y dilemas que ofrece la evolución de la ciencia y de la técnica”, cuando no se advierten los riesgos reales que las nuevas tecnologías implican (Enciclopedia de Bioderecho y Bioética). Este principio, formulado por vez primera en la década de 1970 en Alemania, tuvo en su génesis un objetivo claro: asegurar el resarcimiento al menoscabo de la vida humana que se origina por efectos nocivos de productos químicos respecto de los que los daños no son visualizables sino después de transcurrido un período de 20 o 30 años, en base a los trabajos de Karl Jaspers en los que trata los “riesgos tecnológicos irreversibles”. Lo mismo ocurriría en el caso del fracturamiento hidráulico, el cual hay que mirar con suma cautela.

La realidad nacional

De momento, nuestro país ha comprendido -ojalá que a tiempo- la importancia de regular la actividad pesquera que se desarrolla en sus más de 6.000 kilómetros de costa. Prueba de esto, es la adhesión a los más numerosos y variados tratados internacionales orientados al cumplimiento de las distintas metas del ODS N°14, que tienden a eliminar la pesca ilegal y otorgan directrices para la aplicación de buenas prácticas en materia pesquera. Entre estas convenciones se cuentan:

  • Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), la cual establece capturas máximas permisibles, para que los recursos sean explotados de manera sostenible.
  • El Acuerdo de Nueva York, que complementa a la CONVEMAR en lo relativo a la conservación y ordenación de las poblaciones de peces transzonales y aquellos altamente migratorios, a través de un enfoque ecosistémico.
  • Acuerdo sobre medidas del estado rector del puerto destinadas a prevenir, desalentar y eliminar la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada, suscrita por Chile el año 2009 y ratificada en 2012. Al momento de la ratificación, el país emitió una declaración por la que se reafirma el compromiso nacional con el Plan Internacional de Acción de la FAO para evitar, desalentar y eliminar la pesca ilegal. Además, el país reafirmó el ejercicio de su soberanía en los puertos ubicados en su territorio acorde al Derecho Internacional, en los que hará todo lo posible por mantener la pesca como una actividad sostenible.
  • El Código de Conducta para la Pesca Responsable, documento no vinculante sino voluntario para los Estados, que recoge buenas prácticas y principios sobre sostenibilidad a ser aplicados por quienes desempeñan funciones en la pesca industrial, artesanal y la acuicultura. Destaca la importancia de la conservación de los recursos hidrobiológicos y los diferentes ecosistemas.

Además de suscribir a convenciones multilaterales a este respecto, el Gobierno de Chile también ha hecho esfuerzos para regular la biodiversidad de los océanos y sus ecosistemas. Un Proyecto de Ley que se está tramitando en el Congreso en estos momentos es aquél que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. En Primer Trámite en la Comisión de Medio Ambiente del Senado, el Proyecto busca regular diversos ecosistemas y áreas protegidas. De tal manera, establece en su artículo 78 letra e) que “el Servicio podrá autorizar o denegar la pesca, la colecta, la captura y la caza de especies exóticas, así como la recolección de sus partes o derivados, dentro de las áreas protegidas”.

Este Proyecto persigue mejorar la regulación de las áreas protegidas que actualmente impera en el país. Hoy por hoy, la superficie de áreas protegidas marinas se acerca al millón de kilómetros cuadrados, superando incluso a la superficie de  Chile continental, que posee 750.000 kilómetros cuadrados. El proyecto incluye como categorías de áreas protegidas a los Parques Marinos, las Reservas Marinas y a las Áreas Marinas y Costeras protegidas de múltiples usos en su artículo 13, lo que permitirá sin dudas dar un salto cualitativo en la conservación y cuidado de estos espacios, y ayudará a Chile a cumplir con sus compromisos internacionales en la materia. El anuncio presidencial de fecha 13 de junio del presente año, en el cierre de la Conferencia Mundial sobre Océanos de Naciones Unidas, acerca de la creación de dos nuevos parques marinos en Cabo de Hornos y Juan Fernández constituye una excelente noticia, y se espera que la protección de los ecosistemas marinos se realice de manera eficiente y activa por parte del Estado.

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