Trata de personas para el tráfico de órganos. ¿Realidad o ciencia ficción?

Una de las formas más desconocidas de trata es aquella que se realiza con el fin de extraer órganos de la persona objeto de explotación para su comercialización. Cuando pensamos en el tráfico de órganos solemos imaginar una película de ciencia ficción. Sin embargo, la información disponible nos devuelve a la realidad para presentarnos uno de los modos más crueles de esclavitud contemporánea.

Por Equipo Bioética

||Autor Fotografía: Wiki commons

Entre la verdad y la fantasía

Tal como lo menciona el Programa Américas en su nota La trata de personas en las Américas y Chile, la trata es un delito tipificado internacionalmente a través del "Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños", conocido como Protocolo de Palermo, el que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2003).

Imaginar la trata de personas con fines de explotación sexual, o bien, con el objeto de realizar trabajos forzados o incluso para ejercer la mendicidad, no nos parecen ni tan extraños ni tan lejanos, toda vez que a diario a través de la prensa  tomamos conocimiento de situaciones que nos hablan de estas formas de abuso, en el mundo, en la región e incluso en nuestro país.

Sin embargo, pensar en la trata de personas para el tráfico y la comercialización de sus órganos sí que puede parecernos del todo ajeno y hasta sonarnos a ciencia ficción, tal como sucede con el film Medidas Extremas (Extreme Measures, 1996), protagonizada por Gene Hackman y Hugh Grant, en el que un joven médico descubre a través de la desaparición de pacientes que él mismo ha atendido en la sala de urgencias, una organización clandestina dedicada a ofrecer tratamiento a personas que sufren de parálisis, quienes pueden pagar altas sumas de dinero por la extracción de médula ósea de personas indigentes, que no tienen familia que pueda reclamarlos.

No obstante, la realidad supera la ficción y prácticas como éstas, ocurren y quizás en lugares no tan lejanos como lo creemos.

Números y noticias que sorprenden

Durante los últimos años, reportajes en medios de comunicación principalmente escritos, han permitido alertar a la comunidad internacional sobre prácticas que configuran tráfico de órganos y turismo de trasplantes. Si bien, por tratarse de un  negocio ilícito, las cifras y los datos pueden no ser lo suficientemente precisos o actualizados, éstos sí permiten hacernos una idea de lo que está pasando.

Según reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que del total de trasplantes que se realizan al año a nivel mundial, entre un 5% y un 10% de los trasplantes proviene del comercio ilegal.

Lo que promueve este cuestionable mercado son múltiples factores que van desde modelos de donación y trasplante deficitarios, hasta altos costos de los sistemas sanitarios, legislaciones débiles o inexistentes y el principal de los problemas: la insuficiencia crónica de órganos ante una demanda en permanente aumento.

Éste es un negocio de intermediarios, donde un captador o broker, pone en contacto a una persona con alto nivel económico que requiere de un órgano con otra, especialmente vulnerable, que necesita de ese dinero y que está dispuesta a disponer de su cuerpo para vender un órgano, sin capacidad para atender responsablemente y con plena conciencia a los importantes riesgos que esa conducta significará para su propia salud.

En efecto, los donantes de este mercado negro no reciben atención ni cuidados médicos posteriores y en la mayoría de los casos ven fuertemente comprometida su capacidad laboral y más aún su salud de manera permanente, según consignan diversos reportajes.

No obstante, para ellos su cuerpo se transforma en el único recurso y en el medio para salir de la pobreza, o al menos, para soñar con superarla. Pues los datos muestran que aún cuando un riñón (el órgano más comerciado) puede alcanzar valores cercanos a los 150.000 euros, el donante acaba recibiendo solo entre un 1% a 10% del precio transado, el resto queda en manos de las bandas que trafican órganos y entre las instituciones y los profesionales que participan de este inmoral negocio

En los últimos años los portales encriptados de la deep web han sido el mecanismo que más ha contribuido al aumento de los anuncios directos de compra y venta de órganos, modificando por completo el modo a través del cual comprador y vendedor llegan a contactarse y haciéndolo muy difícil de rastrear. Incluso, la propia Internet abierta se encuentra plagada de anuncios de órganos que se buscan u ofrecen.

Países de África, Asia y América Latina surgen como los principales “proveedores” de órganos. Ciudadanos de China, Pakistán, India, Filipinas, Egipto, Rumania,Moldavia, Ecuador, Perú, México o Colombia,  por nombrar algunos, han sido señalados en los artículos periodísticos como dispuestos a vender sus órganos. La pobreza y la desigualdad son elementos que determinan a estas personas a actuar de este modo.

Por su parte, los clientes con un alto poder adquisitivo se estima que provienen de Oriente Medio, Norteamérica y Europa Central.

Algunas definiciones

La Declaración de Estambul, adoptada por el consenso de los participantes de la Cumbre Internacional sobre el turismo  de trasplante y el tráfico de órganos, convocada por la Sociedad Internacional de Trasplantes y la Sociedad Internacional de Nefrología, celebrada en Turquía en 2008, delineó cuatro conceptos fundamentales, sobre esta materia. A saber:

  • Tráfico de órganos: es la obtención, el transporte, la transferencia, el encubrimiento o la recepción de personas vivas o fallecidas o de sus órganos mediante coacción, engaño u otra forma de abuso de poder o posición, o bien, es la entrega o recepción de pagos o beneficios por parte de un tercero para obtener el traspaso del control sobre el potencial donante, dirigido a la explotación mediante la extracción de órganos para trasplante.
  • Comercialización para trasplantes: consiste en la política o en la práctica por la cual un órgano es tratado como una mercancía, incluida la compra, venta o su uso para conseguir beneficios materiales.
  • Viaje para trasplantes: es el traslado de órganos, donantes, receptores de órganos o de profesionales del trasplante fuera de las fronteras jurisdiccionales, con el objeto de realizar un trasplante.
  • Turismo de trasplantes: cuando el viaje para trasplantes implica el tráfico de órganos o la comercialización de trasplantes, o bien, si los recursos (órganos, profesionales y centros de trasplantes) dedicados a suministrar trasplantes a pacientes de otro país debilitan la capacidad del mismo para ofrecer servicios de trasplantes a su propia población.

El robo de órganos: un mito… aún

Una historia que no deja de contarse una y otra vez, es la de un conocido que tiene a otro conocido y éste a otro, que luego de un viaje y una noche de fiesta apareció desnudo en una tina llena de agua y hielo, con un riñón menos. Tampoco son extrañas las historias de niños o mujeres desaparecidas, que son secuestradas  para extraerles sus órganos.

Lo único cierto tras estos relatos, hasta ahora, es que el robo de órganos no ha podido nunca ser comprobado, por lo que los especialistas estiman que dentro del tráfico de órganos y el turismo de trasplante se han desarrollado algunos mitos en los que hechos reales han sido adornados con fantasías que comienzan a circular de boca en boca.

Y es que, la factibilidad de llevar a la práctica un robo de órganos –sin el conocimiento ni el “consentimiento” de la persona- parece ser muy difícil de concretar, considerando los estrictos protocolos que se deben seguir para garantizar el éxito del procuramiento del órgano y su posterior trasplante, debiendo de por medio comprobarse la histocompatibilidad entre donante y receptor.

Sin perjuicio de ello, es preciso permanecer atentos a las nuevas modalidades que  el tráfico de órganos podría alcanzar, más aún considerando el importante movimiento de migrantes, desplazados y refugiados que a nivel mundial se ha venido experimentando durante la última década, debido a elementos tan diversos como la guerra, el cambio climático o los desastres naturales.

Y es que se ha observado que no siempre se cuenta con datos exactos que den cuenta del paradero de estas personas, quedando especialmente expuestas a la explotación, la trata, la violencia o la discriminación. Sin registros claros, estas personas no existen y si no existen pueden ser una  víctima perfecta para las mafias que trafican órganos.

Recuérdese que hace un año, ante la crisis de refugiados que ha afectado a Europa, la prensa  e instituciones como UNICEF alertaron sobre la desaparición declarada por Europol de 10.000 niños migrantes y refugiados no acompañados de quienes se había perdido el rastro.

Esta realidad es la que ha movilizado a Naciones Unidas, a través de la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes (2016)  a impulsar la adopción de un plan de acción mundial que permita facilitar la migración y movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsable de las personas.

Junto con esto, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) abordan la migración de una manera transversal, siendo consecuentes con su lema de “no dejar a nadie atrás”. Diversos objetivos se refieren a esta problemática, como el ODS N°1 que contempla el “fin de la pobreza”; el ODS N°8 que menciona la situación de los trabajadores migrantes a propósito del crecimiento económico y el trabajo decente; el ODS N°10 y su meta 10.7 que señala que se deben implementar políticas migratorias bien gestionadas; y finalmente el ODS N° 16, que busca “paz, justicia e instituciones sólidas” y hace alusión a la trata de personas.

Acción internacional contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes

El comercio de órganos humanos ha sido objeto de preocupación por la comunidad internacional desde la década de los ochenta del siglo XX, cuando surgieron las primeras resoluciones desde la Asamblea Mundial de la Salud -órgano de gobernanza de la OMS- advirtiendo sobre estas prácticas y la necesidad de establecer orientaciones y directrices apropiadas para el trasplante de órganos.

Ello llevó a que en el año 1991 se formularan los Principios Rectores sobre Trasplante de Órganos Humanos, los que fueron actualizados el año 2010. Éstos disponen como pilares fundamentales de la donación y el trasplante de órganos la gratuidad del acto de donar, la solidaridad que ha de inspirarla, la finalidad terapéutica que el acto debe perseguir y la equidad y transparencia que debe existir en la asignación de los órganos donados.

Recientemente, España, país que detenta la mayor tasa de donantes fallecidos y el modelo de donación y trasplantes de órganos más exitoso del mundo, llevó adelante junto con Guatemala, Sudáfrica y Tailandia una reunión abierta en Naciones Unidas sobre la trata de seres humanos con fines de extracción de órganos, el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes. 

En esta instancia, el Embajador Permanente de España ante dicha entidad, presentó una propuesta de resolución sobre la trata de seres humanos con fines de extracción de órganos y el tráfico de órganos, la que persigue entre otros aspectos que los países desarrollen una legislación interna que brinde protección a las víctimas, contemple una adecuada reparación y sancione eficazmente el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes.

Desafíos para Chile

En Chile la donación de órganos sólo puede proceder a título gratuito y con fines terapéuticos, quedando prohibido el comercio de órganos humanos y sancionándose estas prácticas con penas de presidio, conforme lo dispone la propia Ley Nº 19.451 que establece normas sobre donación y trasplante de órganos, en sus artículos 13 y 13 bis. Asimismo, el Código Penal castiga el delito de trata de personas, en su artículo 411 quáter.

Sin perjuicio de los avances que presenta nuestro marco normativo en comparación con otros países de Latinoamérica, atendiendo a la tendencia internacional, parece necesario dedicar esfuerzos a fortalecer la cooperación con otros países de la región y el mundo para prevenir y combatir el comercio de órganos humanos, así como, incluir entre las conductas ilícitas sancionables específicamente el turismo de trasplantes.

Igualmente, parece necesario considerar medidas que permitan otorgar debida protección a las víctimas de estos delitos y que contemplen entre otros su asistencia sanitaria, en caso de requerirse.

Estos desafíos sin lugar a dudas deberán ser abordados por nuestro país y nuestro Congreso Nacional en el corto plazo, más aún considerando el importante movimiento migratorio que estamos experimentando y donde en muchos casos, la migración no es una opción sino una necesidad.

Recursos de información

Documento sobre trasplante de órgano de donante vivo - Observatorio de Bioética y Derecho, Universidad de Barcelona

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