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Discurso del diputado Patricio Walker
Al asumir la Presidencia de la Cámara de Diputados.
20 de marzo de 2007
Señoras y señores diputados, Sr. Presidente del Senado, Señoras y Señores Senadores, invitados especiales, amigas y amigos .
Comienzo estas palabras, dando las gracias a los Diputados del Partido de toda mi vida, la Democracia Cristiana, quienes generosamente me han honrado con su confianza. Agradezco también a los Diputados de los partidos de la Concertación, del Partido Socialista, Partido Por la Democracia y del Partido Radical Social Demócrata. Más allá de ciertas diferencias que hemos tenido con algunos de sus diputados en determinadas materias, he contado, en esta mañana, con su apoyo amplio y generoso, el cual valoro y aprecio muy sinceramente. Quienes somos parte de este proyecto llamado Concertación, somos protagonistas de esa lucha épica que emprendimos para recuperar la democracia en nuestro país y nos sentimos orgullosos de los Gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachellet, los cuales, más allá de algunas dificultades, le han cambiado y le siguen cambiando el rostro a Chile. Quiero saludar a las Diputadas y a los Diputados de la Alianza por Chile, con quienes espero mantener la relación de amistad cívica y de respeto mutuo que siempre hemos cultivado, más allá de nuestras legítimas diferencias.
En esta ocasión, es justo reiterar nuestro reconocimiento a la mesa que le correspondió dirigir a esta corporación, durante el primer año de este período legislativo. La mesa presidida por Antonio Leal e integrada por los vicepresidentes Jorge Burgos y José Pérez, desarrolló una gestión brillante y sobresaliente, tal como se expresó por parte de la unanimidad de los Jefes de bancada en la sesión del jueves pasado. Gracias a todos ustedes por el gran servicio que han prestado a Chile, a través de la Mesa de esta Corporación.
Asumo este desafío, junto a los diputados Marcelo Díaz y Fernando Meza quienes serán nuestros primer y segundo vicepresidente durante este año, con la firme voluntad de que, más allá de nuestras diferencias políticas y de nuestros distintos roles como Gobierno y oposición, queremos que a Chile le vaya bien. No hay nada que repudie más la ciudadanía que cuando nos ven enfrascados en peleas pequeñas y mezquinas, en vez de concentrar nuestras energías en tareas nobles y relevantes para los habitantes de esta tierra.
En los tiempos que corren, no podemos obviar el hecho que son cada día menos los chilenos que participan en las elecciones. Estamos enfrentando, una verdadera crisis de credibilidad de la actividad política, en que el poder, muchas veces, se entiende como un fin en sí mismo, más que como un instrumento para contribuir al bienestar de otros.
Esta crisis también se explica por la decreciente importancia del debate de las ideas que, desgraciadamente, muchas veces es reemplazada por adhesiones a grupos o facciones representadas por personas o caudillos en una lógica individualista y utilitarista.
Digamos las cosas por su nombre. Este deterioro ético de la política, afecta brutalmente la imagen de las instituciones democráticas, en particular la de los partidos políticos y la del Congreso Nacional, como se demuestra en todos los estudios de opinión pública. Quienes tenemos mayores responsabilidades en el ámbito público, no podemos permanecer indiferentes frente a esta realidad indesmentible, y debemos actuar con coraje y decisión, con el objeto de cambiar radicalmente esta percepción de la ciudadanía. Si no lo hacemos, no estaremos cumpliendo con nuestra responsabilidad histórica y patriótica, y serán nuestros hijos los encargados de recordarnos nuestras responsabilidades.
Para lograr mayores niveles de credibilidad, debemos hacer un esfuerzo sostenido para cambiar algunas de nuestras conductas. La ciudadanía es cada vez más informada y, por lo mismo, más exigente. No nos miden por nuestras palabras, sino por nuestras conductas. Por ello, debemos dejar de lado las actitudes individualistas y, especialmente, debemos desterrar cualquier atisbo de prepotencia que nos impida dialogar con humildad con la gente, a partir de su realidad cotidiana, la que muchas veces es dura y dramática.
Asimismo, debemos evitar crear o mantener cualquier privilegio injustificado. Durante nuestra gestión, estaremos siempre abiertos a acoger planteamientos serios, con la idea de lograr mayores niveles de transparencia y austeridad. En esta línea, propondré a esta Corporación, medidas muy concretas, cuyo detalle daré a conocer en las instancias pertinentes, para que sean debatidas al interior de ellas.
Por otra parte, es imprescindible promover el debate de las ideas en los más diversos ámbitos de la sociedad. Sin ideas, la actividad pública y colectiva termina replegándose, generándose inevitablemente espacios a visiones pragmáticas e individualistas tremendamente nocivas para la democracia.
El Parlamento, es por excelencia, el lugar donde podemos y debemos discutir los grandes temas ciudadanos. La democracia exige un vigoroso intercambio de ideas y opiniones. Una de las características de la cultura democrática es la diversidad de doctrinas, enfoques y sensibilidades. Es perfectamente compatible ser tolerante y respetuoso de la diversidad, con el imperativo ético que consiste en defender las convicciones de cada uno, sin importar los costos que de ello se deriven. Como decía Mounier, “en política no estamos obligados al éxito, sino al testimonio”
Como Cámara de Diputados, estamos inmersos en un proceso progresivo y sin retorno, encaminado a alcanzar un altísimo nivel de transparencia. Hoy, cualquier ciudadano o ciudadana puede seguir nuestros debates a través del canal de la Cámara o del sitio Web de la Corporación, saber como votamos en la Sala y en las comisiones, conocer nuestra asistencia, los proyectos de ley presentados, lo sucedido en las comisiones investigadoras que fiscalizan actos de Gobierno y, algo muy importante, la situación patrimonial de los parlamentarios durante todo el período parlamentario, lo que permite un mayor control ciudadano sobre eventuales situaciones de enriquecimiento injustificado.
La Cámara de Diputados, necesita dar pasos ambiciosos para continuar con su proceso de modernización. Durante este año, implementaremos, con el apoyo de la Biblioteca del Congreso, un sistema de apoyo de asesoría legislativa a los Diputados y a las comisiones, que nos permitan contar con los conocimientos técnicos y jurídicos necesarios, con el objeto de aumentar nuestro nivel de eficiencia legislativa, que se traduzca, finalmente, en mejores leyes que beneficien a nuestros compatriotas. Todo el personal que se contrate para estos efectos, se designará por concurso público, mediante el sistema de currículum ciego, de manera tal de garantizar la selección de los mejores postulantes, exclusivamente en base a sus méritos.
A su turno, queremos mejorar sustancialmente la implementación práctica de las facultades fiscalizadoras de esta Cámara en relación a los actos de Gobierno. Lamentablemente, no siempre los Ministerios y Servicios remiten oportunamente la información solicitada por las Comisiones, incluso cuando éstas tienen el carácter de investigadoras. Soy partidario de elaborar un Protocolo de entendimiento con el Poder Ejecutivo que asegure una mayor diligencia, en las respuestas a las peticiones de las Comisiones de nuestra Cámara.
Durante este año, tenemos que trabajar y avanzar en muchas áreas, especialmente en lo que se refiere a la lucha contra la pobreza y el problema de la escandalosa desigualdad que persiste entre las personas de altos y bajos ingresos . La cuna no puede determinar la tumba de nuestra gente. Es decir, el lugar donde se nace no puede determinar el lugar donde se muere. Ampliar la cobertura en la enseñanza prebásica, mejorar la calidad de la educación básica y media, garantizar el acceso a la Educación Superior de todos lo jóvenes que tienen capacidad seguir estudiando, aprobar la reforma previsional que está en trámite, garantizando una pensión universal digna para todos nuestros adultos mayores más modestos, son sólo algunas de las múltiples tareas que tenemos por delante durante este año legislativo.
Para concluir mis palabras, quiero señalar, que este es un momento muy especial para mí. Asumir como uno de los Presidente de la Cámara de Diputados más jóvenes de nuestra historia republicana, constituye un motivo de profunda emoción. Asumo este desafío, consciente de la enorme responsabilidad que implica presidir una de las dos ramas de nuestro Congreso Nacional, teniendo claro que la primera responsabilidad es con Chile y con su gente. Asumo este desafío, consciente, que a partir de hoy, paso a ser el Presidente de todos los diputados y de todas las diputadas. A todos ustedes, les quiero manifestar mi firme voluntad de intentar ser siempre justo y ecuánime, a la hora de dirigir el debate en este hemiciclo y a la hora de tomar las decisiones que me corresponda adoptar. Asumo este desafío, teniendo muy presente a la gente de mi equipo de trabajo, a la gente sencilla y amable de Ovalle, Coquimbo y Río Hurtado, quienes, durante estos años me han distinguido con su amistad y que durante las últimas elecciones parlamentarias, me honraron largamente al elegirme como una de las dos primeras mayorías nacionales, con más de un 54% de los votos. Asumo esta responsabilidad, agradecidos de la amistad de tantas personas de mi generación, muchas de ellas presentes en las tribunas, con quienes hemos compartido jornadas inolvidables, ya sea en la lucha contra la dictadura, en la Universidad, en la JDC, que tuve el honor de encabezar a nivel nacional. Asumo esta responsabilidad, agradecido de mi familia, de mi madre, de mis hermanos, de mi señora Francisca y de nuestros hijos y, muy especialmente, de ese hombre que luchó toda su vida por ser consecuente, especialmente en el compromiso con su familia y los más necesitados. Me refiero a mi padre, que estoy seguro, nos está acompañando con emoción desde el cielo.
Muchas gracias.
He dicho.



