Al asumir la Presidencia de la Cámara de Diputados. 23 de marzo de 2000.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- Honorable Cámara, estimadas amigas y amigos, señor ministro Secretario General de la Presidencia, don Álvaro García:
Quiero agradecer a mis colegas de la Concertación de Partidos por la Democracia, especialmente a los del PPD, la confianza que han depositado en mí para presidir esta Corporación. Ello ocurre en un momento histórico particular: el comienzo de un nuevo siglo y un nuevo milenio, lo que es muy significativo para la mayoría de las chilenas y chilenos.
Asimismo, la presidencia de Ricardo Lagos ha traído un nuevo hálito al país. Un espíritu diferente comienza a anidarse en el corazón de los chilenos. Las esperanzas y los sueños –tan vilipendiados en los últimos años- vuelven con toda su potencia para impulsar a los chilenos a construir una sociedad más justa, más libre y más sana.
Por ello, en lo personal, siento un profundo anhelo de sintonizar con el cambio de siglo. Nosotros, como parlamentarios, debiéramos ser muy sensibles a las voces del tiempo y del pueblo.
Frente a la última elección presidencial, la mayoría está de acuerdo en que la sociedad expresó claramente su deseo de transformaciones profundas. La gente quiere que innovemos, pero -¡cuidado!- desea ver una manera distinta de relacionarnos con ella, cómo nos preocupamos de sus problemas y de las soluciones, cómo nos entendemos los partidos políticos para que puedan ver que nuestra vocación de servicio público es más fuerte que las rencillas por el poder. No nos perdamos. No vaya a ser que las rutinas nos desvíen y confundan y, en el tráfago de los acontecimientos, no visualicemos esa prioridad.
Sin embargo, debemos preguntarnos ¿qué hay detrás de este mensaje que hemos recibido? ¿Por qué sucede ahora? ¿Cuáles son las señales que nos están enviando? ¿Qué énfasis supone?
Durante los últimos años, el mundo social, la gente, la sociedad civil han estado muy olvidados en las grandes decisiones. Otros factores han condicionado la agenda: económicos, militares, financieros, institucionales. Bien, ¡ahora le toca a la gente! Necesitamos una democracia más ciudadana y menos elitista, una democracia donde el protagonismo ciudadano sea un actor decisivo. Es cierto que las personas participan en el sistema político como ciudadanos a través del voto. También lo hacen en el mercado como consumidores, pero su vida no se reduce a eso: hay una amplia, diversa y rica vida social, más allá del sistema político y del mercado. Está la llamada sociedad civil, que expresa en movimientos, actividades, asociaciones e instituciones, de una manera más directa esa vida social y cultural; movimientos tradicionales como el sindicalismo o el estudiantil; movimientos nuevos, como el de defensa de los derechos de la mujer, de los derechos del consumidor, el movimiento ecologista-ambientalista. Existen, además, miles de asociaciones, como los clubes deportivos, bomberos, scout, talleres femeninos, el Hogar de Cristo, los voluntariados y muchas más.
Lo anterior es confirmado por el último estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que registra cerca de 84 mil organizaciones, lo que equivale a 56 asociaciones por cada 10 mil habitantes.
Sí, en efecto, ahora les toca a ellos. De actores ignorados deben pasar a ser los prioritarios. Debemos establecer un verdadero pacto con la sociedad civil. Ello implicará que los contenidos de nuestras reformas prioritarias sean los que afecten la vida cotidiana de las personas; que terminemos con los abusos, la indefensión, la sensación de desamparo y se creen mecanismos que protejan a los habitantes; que reconozcamos sus derechos y los ciudadanos estén conscientes de cuáles son; que terminemos con tantas discriminaciones; que escuchemos más; debemos acoger a los ciudadanos, integrarlos; que la participación sea una norma, no la excepción; que al descentralizar el país la gente pueda participar más directamente en las decisiones.
El remezón político que "todos" acabamos de vivir, reflejado en las nuevas máximas de "defender a la gente" y "estar con la gente", está bien, es bueno, mejora el sistema político. Reconocer y mejorar los derechos del consumidor, está bien, mejora el mercado, pero todo eso no basta. Debemos fortalecer la gran red y tejido social que conforma la sociedad civil, pues ello es la mejor garantía de contar no sólo con un sistema político democrático, sino también con una sociedad democrática, con una democracia más viva. Necesitamos un Estado fuerte, un mercado fuerte, una sociedad fuerte, y en Chile hace falta más sociedad.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- Estimados colegas y amigos, Chile requiere reformas. Es una visión objetiva de nuestra realidad. La mayoría abrumadora del país así lo ha expresado y, por si fuera poco, ha quedado de manifiesto en el respaldo electoral obtenido por los últimos candidatos presidenciales.
¿A qué reformas me refiero? Es urgente la del sistema de salud e indispensable la laboral, debemos terminar la reforma educacional y profundizar la regional, hay que continuar con la reforma de la justicia, abordar el problema de nuestras etnias y crear la institución del defensor ciudadano. Por último, desde hace diez años, la Concertación viene insistiendo en la necesidad de reformas institucionales.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- A mi juicio, las reformas institucionales no pueden frenar otras reformas urgentes para solucionar los problemas cotidianos de las chilenas y chilenos, pero por cierto, son indispensables para el inicio de la nueva era y para mirar en forma definitiva hacia el futuro.
Para realizar estas reformas tenemos, por sobre todo, la obligación moral de ponernos de acuerdo para solucionar aquellos problemas más graves que afectan la dignidad de los chilenos. No es posible aceptar la miseria en que viven los más pobres entre los pobres, la indigencia que aún afecta a miles de chilenos. Es menester poner atajo a la inseguridad en nuestras ciudades, generar empleo, detener el progresivo deterioro del medio ambiente. Estos desafíos son ineludibles y de urgente solución.
Inauguramos una nueva etapa. Ahora es el momento de concretar un acuerdo para las reformas. Una nueva generación de reformas en todo los planos. Necesitamos un Parlamento para las reformas y la colaboración que las haga posible.
Para avanzar en esta dirección, es claro que necesitamos otro clima en nuestra convivencia interna que ayude a esta colaboración, y este Presidente trabajará incansablemente para ello.
Pero también tenemos que asumir nuestras falencias de fondo como institución. La Cámara tiene que recuperar su rol propio. Tenemos que ser realmente el lugar de los grandes debates, propuestas y acuerdos y no ser meros legitimadores de decisiones que toman otros y en otras partes. La Cámara es el lugar natural de acogida y expresión de la sociedad civil y donde ella siente que es escuchada y respetada.
A mi me parece que esto es muy importante, especialmente cuando el mismo estudio del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo antes referido y en relación a los niveles de confianza de la ciudadanía, coloca al Parlamento y a los partidos políticos en los últimos lugares. Para aquilatar esta pérdida de confianza, pensemos un momento qué significaría para cada uno de nosotros que un ser querido, alguien de nuestra propia familia, nos dijera: "he perdido la confianza en ti". Por lo tanto, debiéramos enfrentar esta pérdida de prestigio y credibilidad.
La sociedad requiere que volvamos a ser un Parlamento que sintoniza con la gente, que se vuelca a la calle al encuentro con los ciudadanos, que lleva a las regiones parte de su actividad legislativa. Yo creo que debemos abrir las puertas de este edificio para que entre el viento libre y soberano de una democracia con más vida, con más sentimientos.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- Estimadas y estimados colegas, en los programas de las campañas presidenciales había puntos coincidentes que representan aspiraciones de todos nosotros y que hemos recogido en nuestras zonas. Este Presidente pondrá su mejor voluntad y esfuerzo para que estos acuerdos puedan ser llevados a la práctica dentro de los más breves plazos posibles. Vamos a alcanzar un nuevo trato con el Gobierno, para que la Cámara tenga una participación más activa en la génesis de las leyes y deje de ser sólo un buzón del Ejecutivo.
Como expresión de este anhelo, de recoger las aspiraciones de las personas, hoy nos acompaña, entre otras, una delegación del pueblo mapuche.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- El país está consciente de la necesidad de enfrentar el problemas de las etnias, no sólo porque es una situación que las afecta a ellas y a la sociedad chilena, sino porque, además, es una forma de enriquecer nuestra identidad y fortalecer nuestra diversidad.
Aquí, el problema no es únicamente cuestión de propiedad de la tierra. Como lo ha afirmado el Diputado Huenchumilla, el problema es mucho más complejo, pues abarca el aspecto cultural, religioso, ancestral y, finalmente, jurídico. Y, como él mismo ha dicho, "tenemos que enfrentar y analizar las relaciones históricas para conocer la verdad."
El desafío consiste, fundamentalmente, en reconocer que los pueblos originarios tienen derecho a ser parte de la nación chilena, aportando su propia historia, religión, creencias, lenguaje y costumbres.
¿Por qué negamos a los mapuches que tengan su propia organización dentro de la nación chilena, tal como lo han hecho otros países más evolucionados que el nuestro, que han superado la inhumana e irracional arrogancia de los conquistadores sobre los conquistados? Digámoslo claramente: aquí hubo una verdadera confiscación sobre las tierras de nuestros pueblos indígenas.
El Papa, hace pocos días, pidió perdón por los errores cometidos en el pasado por la Iglesia Católica. Entre ellos, la matanza de indígenas en los procesos de conquista.
Siguiendo a Juan Pablo II, podríamos imitar su ejemplo reciente. Debiéramos pedirles perdón a nuestros pueblos originarios por quinientos años de exclusión, de aniquilamiento de sus culturas, por la forma como los hemos despreciado y humillado,...
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).-... pedirles perdón por nuestra ignorancia, por no reconocer que con ellos nos enriquecíamos y que podríamos ser mejores personas y mejor sociedad.
Este Presidente pondrá especial énfasis en aquellas materias legislativas que dicen relación con el reconocimiento de nuestros pueblos originarios. Me refiero, específicamente, a la reforma constitucional pendiente en el Parlamento y a la ratificación del convenio Nº 169, sobre pueblos indígenas, adoptado por la Organización Internacional del Trabajo, que luego, en esta sesión, deberemos aprobar.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- Quiero informarles que copia de esta intervención será traducida al mapudungún, como expresión de la validez que tiene para este Presidente reconocer la diversidad que posee nuestro país. No hacerlo en otras lenguas indígenas es sólo limitación nuestra.
También quiero saludar a una delegación de pescadores artesanales de mi zona.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- A los pescadores artesanales los encontramos en las aguas del norte, centro y sur. Son los mismos que vemos arriba de sus botes cuando salen en la noche a la mar, para llevar a nuestras mesas la rica fauna de las costas chilenas y que tan bien cantaron Neruda o Pablo de Rokha. Son los mismos que defienden la sustentabilidad de nuestros recursos marinos porque de ellos dependen para el sustento familiar. Son los mismos que nos estremecen cuando sabemos que algunos de ellos han perdido la vida en el mar que los vio nacer.
Este grupo también es discriminado. Los pescadores artesanales sufren de la ignorancia de un país que aún no comprende la gran riqueza de su territorio marítimo. A pesar de la exclusión a que hemos sometido a los pescadores artesanales, éstos han sido más fuertes. Han logrado revertir el destino al cual los teníamos condenados. Tienen mejores embarcaciones, las caletas comienzan a ser atractivos lugares turísticos y constituyen un buen ejemplo, yo diría un muy buen ejemplo, de cómo podemos transformar el rostro del Chile total. Ya es hora que pensemos a Chile entero, sin exclusiones, sin marginar a nadie pues, al hacerlo, hacemos perder al país una tremenda riqueza humana, social y económica.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- En las tribunas se encuentra un grupo de hombres vestidos de negro. Ellos son mis amigos: los federales, ...
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- ... una de las últimas iniciativas ciudadanas en las que he participado y que me llena de satisfacción, pues constituye una primera línea de fuego contra las barreras del centralismo que tiene verdaderamente taponeado el desarrollo del país. Aquí se ha producido una discriminación histórica del centro del país en contra de las regiones.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- Por eso, nos da mucha esperanza la visita a Concepción del Presidente Lagos a pocas horas de haber asumido el mando de la nación, cuando expresó, con especial énfasis: "la sede del Gobierno está en Santiago, pero Santiago no es Chile."
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- "Todo Chile es Chile", dijimos en la cumbre de las regiones.
He querido referirme a estos amigos pues son parte del Chile que podríamos construir, un Chile que asume toda su riqueza y diversidad como nación.
Quiero entregar un saludo muy cálido a una delegación de mujeres, hombres y jóvenes de Talcahuano, mi distrito.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- Quiero entrañablemente a esa ciudad, donde tantos afectos he construido y donde tanto y de tantos he aprendido. Y sinceramente, si algo he crecido como persona en los últimos años, se lo debo, principalmente, a la riqueza y generosidad de su gente, con la que hemos luchado por una ciudad limpia, principal puerto industrial, pesquero y naval en que su gente pueda vivir dignamente.
-Aplausos.
El señor BARRUETO, Presidente (de pie).- A los habitantes de Talcahuano los llaman "choreros". Obviamente, es por su relación con ese molusco, que se encontraba en las costas del puerto. Sin embargo, en Chile, la palabra "choro" tiene otras acepciones. Se dice de quien es buena onda, franco, abierto, que no escabulle los problemas, simpático, alegre, sencillo, digno, de hablar directo. ¡Así es la gente de mi distrito!
Por cierto, cada uno de ellos no lo tiene todo al mismo tiempo. Sería como mucho, pero si alguno de ustedes visita la ciudad encontrará alguna de estas cualidades en algún "chorero". Es el que camina por sus calles con la prestancia de quien sabe que tiene ocupado un lugar en esta tierra.
Finalmente, permítanme un momento de reflexión más personal. Aquellos que hemos dedicado nuestra vida al servicio público, a través de la actividad política, sabemos que detrás de lo hermoso y duro de esta tarea se esconde una realidad que afecta muy profundamente a personas que amamos mucho, y que sin el apoyo de ellas sería imposible que pudiésemos continuar en esta actividad.
Me refiero a mis amigos y a tantos que he conocido durante más de 30 años y con quienes he compartido momentos de mucha alegría y también de mucho dolor; de muchas esperanzas pero también de muchas frustraciones.
Quiero expresar mi especial sentimiento por aquellos que nos acompañaron desde un principio. Muchos de ellos hoy no están porque dieron su vida para defender la democracia y permitir con su sacrificio que hoy estemos reunidos en este lugar.
Especiales palabras merecen Sofía, mi mujer, Soledad, Antonio y Simón, mis hijos, y toda mi familia. Sin el afecto y comprensión de ellos nada de lo que he hecho lo habría podido hacer o, tal vez, lo hubiese hecho pero sin el carisma que ellos han imprimido a mi vida y a mis acciones. En cada uno de mis éxitos, ellos han estado presente siempre. Mis fracasos son sólo míos.
Todos son parte del futuro que empezamos a construir, de ese futuro que muchas veces no percibimos por esa eterna tensión con el presente. Y muchas veces no nos damos cuenta de que el futuro que tanto esperábamos se encuentra ya aquí, ahora, y que dependerá de cada uno de nosotros cuán justo, solidario y próspero pueda ser.
Muchas gracias.
-Aplausos.
El señor BARRUETO (Presidente).- Se suspende la sesión por cinco minutos.
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