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Web 3.0: la inteligencia hecha web
07
de mayo
2007
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A comienzos de 2000 la World Wide Web entró a una segunda etapa: la Web 2.0, más conocida como web social, que permite a los usuarios generar sus propios contenidos. Con nuevos servicios basados en la colaboración en línea, se formaron comunidades para compartir información.
Pero cuando la Web 2.0 aun es un trabajo en proceso y todavía no se consolida, algunos sostienen que este año, y hasta el 2020, la World Wide Web está ingresando a una nueva fase: la Web 3.0; una denominación que genera cierta resistencia.
Para algunos, es la evolución natural de la Web 2.0; para otros, no guarda
ninguna relación, pues es una nueva web. Lo cierto es que es que no
todos entienden lo mismo cuando se habla de Web 3.0. Stewart Butterfield,
fundador de Flickr, cree que es sólo una forma de hablar de algo que no se sabe
qué es: “Podríamos hablar de 4.0, 5.0, 6.0..., pero no tendría sentido”.
Hay quienes entienden la Web 3.0 como la Web 3D, una extensión de los mundos virtuales que hoy ya existen en Internet, como Second Life. Otro ejemplo sería Google Earth, que nos permite, con sólo un clic, visitar distintas ciudades del globo. La web 3D es aquella donde podemos recrear el mundo donde existimos.
Luego está la Web omnipresente, aquella que está en todos lados. En nuestros computadores, teléfonos celulares e incluso, en las ventanas de nuestro dormitorio. Algunos centros, por ejemplo, hablan de ventanas “en línea” que estén revisando el clima para saber cuándo deben abrir o cerrarse.
En un laboratorio del Massachusetts Institute of Technology ( MIT), juegan con la idea de tener una web en el espejo del baño. A medida que uno se lava los dientes en la mañana, figurarían allí las últimas noticias. Estas nuevas tecnologías de una Web omnipresente también serían parte de la Web 3.0.
Finalmente, estaría la Web semántica, aquella que Tim Berners-Lee, el creador de Internet, ya vislumbraba en sus albores, y que dio a conocer públicamente en la revista Scientific American en 2001. El nombre que más se asocia al de Web 3.0 es precisamente el de Web semántica.
La web semántica
La actual web (o Web 1.0) está estructurada básicamente sobre documentos y enlaces de hipertexto, y fue diseñada para la lectura humana y no para que su información se pudiera procesar en forma automática.
“Si hacemos una búsqueda de documentos, la Web no distingue entre los distintos significados o contextos en los que aparece un término”, explica la bibliotecóloga María Jesús Lamarca, en su tesis doctoral de la Universidad Complutense de Madrid.
“Aun utilizando un buscador potente, se pierden muchas horas navegando por los resultados obtenidos tras la consulta (…) cuando esto lo podría hacer un programa o agente inteligente”, sostiene.
Y de eso se trata la Web semántica: de la capacidad de los servidores web para comprender el contenido de todo lo que almacenan o distribuyen por la red, ya sea bajo la forma de texto, sonido, imagen o gráficos.
Se habla de una web "inteligente" capaz de entender el lenguaje y buscar datos sin intervención directa del ser humano; una web donde las máquinas puedan discernir y jerarquizar el conocimiento que existe en la red.
Y esto supone un cambio fundamental porque “el paradigma de la búsqueda va a cambiar”, sostiene Ricardo Baeza-Yates, director de Yahoo! Research Barcelona. “Ya no sólo se trata de permitir que la gente encuentre cosas, sino que también logre objetivos”.
Una niña tiene a su madre enferma y le pide al agente web (software) de su computador que busque información sobre el tratamiento que el médico le recetó. Que revise la lista de los centros que proveen ese tratamiento, vea cuáles están dentro del plan de salud de su madre y 20 millas a la redonda de su casa. Y que además, entreguen un servicio médico de excelencia. Luego, la niña puede además pedirle que revise las horas de atención del centro médico respecto a la disponibilidad horaria de su madre, y re-agendar otra hora, si fuera necesario. Esto es lo que se puede lograr con la Web semántica.
El camino a una web más astuta
Para desarrollar esta web inteligente “hacen falta otros lenguajes que permitan una descripción más detallada del documento y de su contenido, y que faciliten la comunicación entre los ordenadores”, explica María Jesús Lamarca.
Estos nuevos lenguajes son el RDF o Resource Description Framework, el OWL o Web Ontology Language, que puede escribir clases, propiedades y estados de algo, y el XML o Extensible Markup Language, que facilita el entendimiento de los datos entre distintos sistemas informáticos. Estos lenguajes son la base sintáctica de la Web Semántica.
Actualmente Internet se entiende como una gran biblioteca “pero -como dice Karma Peiró, periodista digital española- en realidad, no es más que una recopilación desordenada de libros, revistas, e información basura, de cuya mezcla resulta complicado y costoso extraer conocimiento alguno”. Y en ese sentido “ la Web Semántica tiene por objeto ordenar el caos de Internet", señala Hans-Georg Stork, responsable de la investigación la web semántica de la Comisión Europea, matemático y doctor en informática teórica.
La web semántica sin duda mejorará la accesibilidad de la información, pero el problema es que exige una completa reanotación de la web.
Por lo mismo, muchos investigadores tienen una aproximación distinta al tema: están construyendo agentes que pueden entender mejor las páginas web tal como existen hoy. No están haciendo las páginas más fáciles de leer, sino los agentes (software) más inteligentes.
El agente inteligente es aquella entidad de software que recoge, filtra y procesa la información contenida en la Web, realiza inferencias sobre dicha información e interactúa con el entorno sin necesidad de supervisión o control constante por parte del usuario, según explica en su tesis doctoral María Jesús Lamarca. “Un agente inteligente entiende (lo que se pide), comprende (el contenido de los sitios), valida (si lo encontrado corresponde a lo pedido) y deduce (nueva información sobre la ya obtenida)”.
Un ejemplo temprano de ello es BlueOrganizer de AdaptativeBlue. Su CEO, Alex Iskold, plantea al respecto que las páginas web ya contienen datos semánticos que nosotros podemos entender. “¿Entonces por qué no los computadores? ¿Por qué no construir una tecnología que pueda analizar y procesar los servicios existentes y bases de datos?”
¿Cuánto falta para la Web semántica?
Ya existen proyectos que han puesto en marcha aplicaciones para el desarrollo de la web semántica, que se concentran en Europa y principalmente en EE.UU.
“En Yahoo! Research Latino América estamos trabajando en tecnologías que serán útiles para la Web 3.0”, explica Ricardo Baeza-Yates, director de Yahoo! Research Barcelona, pero agrega que son muy pocos los grupos que están trabajando en la Web 3.0, “en parte por que no hay una definición única de qué significa la Web 3.0”.
El mismo artículo concluye que “nadie puede predecir como será la web 3.0, pero que una cosa es segura: ocurrirá”.
Aunque Ricardo Baeza-Yates, director de Yahoo! Research Barcelona no piensa igual. Cree que la Web semántica puede no existir nunca, “pues no es un problema tecnológico, es un problema social. Es equivalente a preguntar por qué toda la información de la humanidad no está catalogada en una biblioteca o por qué la mayoría de nuestra información personal no está organizada”.
Para él la Web semántica puede ocurrir cuando las personas e instituciones usen los mismos estándares semánticos y sean confiables.
Hacia el cerebro global
¿Y qué sigue a la web 3.0? Para Nova Spivack, miembro de la compañía americana Radar Networks, es claro: la Web 4.0 y así sucesivamente, tal como lo muestra este gráfico, donde se ilustra la línea de evolución tecnológica desde la "prehistoria" de los computadores hasta la futura WebOS o Web 4.0.

Pero para otros, el futuro nos depara algo mayor.
Francis Heylighen, director del Centro de Investigación Leo Apostel y Johan Bollen, su colaborador más cercano, han desarrollado la teoría del “cerebro global” y su idea de una web que piensa y aprende. Plantean que la red evolucionará hacia una web que auto-organiza su conocimiento, que aprende nuevos conceptos y asociaciones, según es utilizada.
Su idea es que el ordenador puede funcionar como un cerebro global, “ya que observando el funcionamiento del cerebro humano sabemos que la recuperación de datos es flexible y eficiente, que nuestra masa encefálica es capaz de recoger de nuestra memoria la información, la respuesta, que necesitamos", sostiene Heylighen.
Todo está por verse.

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