14/01/2019
5G es el nombre de fantasía de la quinta generación de telefonía celular, la cual deberá tener una velocidad de descarga de información 100 veces más rápida que las mejores tecnologías actuales, y que deberá estar lista para comercializarse en 2020.
La 5G (definida por la norma IMT-2020, de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ITU) ofrecerá un abanico de oportunidades tecnológicas que hoy no son realizables con 4G (desde conectividad total y vehículos autónomos hasta Internet de las Cosas) y se espera que genere ganancias globales del orden de billones de US dólares dentro de los primeros años de funcionamiento.
Junto a las oportunidades, 5G también supone varios desafíos. En lo social, un aumento de la brecha digital entre quienes tengan acceso a 5G (entornos urbanos y/o de alto poder adquisitivo) y quienes no tengan (zonas rurales y/o de bajos recursos), lo que se expresaría en más desigualdad económica, de desarrollo social y territorial.
Las entidades que norman el 5G (principalmente la UIT y el consorcio 3GPP) han alertado que los organismos reguladores locales (como la Subtel en Chile) deben prepararse para el proceso de implementación, ya que las políticas nacionales son la clave para lograr el máximo provecho a las nuevas tecnologías.
Las principales recomendaciones internacionales están enfocadas en promover adecuadamente el desarrollo de nuevas infraestructuras, armonizar el espectro radioeléctrico, potenciar los puntos de acceso a la ciudadanía y asegurar entornos que fomenten el desarrollo de nuevos servicios.
Para ello, proponen la generación de hojas de ruta que contemplen la reestructuración de las concesiones de telefonía, la experimentación y la instalación de infraestructuras.
Entre los países que cuentan con una hoja de ruta están los de la Unión Europea, Corea del Sur, Estados Unidos, Chile y otros.
5G es el nombre de fantasía de la quinta generación de telefonía celular, la cual deberá tener una velocidad de descarga de información 100 veces más rápida que las mejores tecnologías actuales, y que deberá estar lista para comercializarse en 2020.
La 5G (definida por la norma IMT-2020, de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ITU) ofrecerá un abanico de oportunidades tecnológicas que hoy no son realizables con 4G (desde conectividad total y vehículos autónomos hasta Internet de las Cosas) y se espera que genere ganancias globales del orden de billones de US dólares dentro de los primeros años de funcionamiento.
Junto a las oportunidades, 5G también supone varios desafíos. En lo social, un aumento de la brecha digital entre quienes tengan acceso a 5G (entornos urbanos y/o de alto poder adquisitivo) y quienes no tengan (zonas rurales y/o de bajos recursos), lo que se expresaría en más desigualdad económica, de desarrollo social y territorial.
Las entidades que norman el 5G (principalmente la UIT y el consorcio 3GPP) han alertado que los organismos reguladores locales (como la Subtel en Chile) deben prepararse para el proceso de implementación, ya que las políticas nacionales son la clave para lograr el máximo provecho a las nuevas tecnologías.
Las principales recomendaciones internacionales están enfocadas en promover adecuadamente el desarrollo de nuevas infraestructuras, armonizar el espectro radioeléctrico, potenciar los puntos de acceso a la ciudadanía y asegurar entornos que fomenten el desarrollo de nuevos servicios.
Para ello, proponen la generación de hojas de ruta que contemplen la reestructuración de las concesiones de telefonía, la experimentación y la instalación de infraestructuras.
Entre los países que cuentan con una hoja de ruta están los de la Unión Europea, Corea del Sur, Estados Unidos, Chile y otros.
Descargar