01/06/2020
Las fuentes desde donde ha extraído respuestas el último siglo los seres humanos, parecen estar secándose. El enorme concierto de incertidumbres por las que atraviesa actualmente la humanidad, ha llevado al cuestionamiento de todas aquellas certezas que representaban axiomas incuestionables de la modernidad, como son el Estado-nación, el mercado autorregulado, la democracia representativa, entre otras. Todas ellas parecen disolverse progresivamente o, por lo menos, están siendo llamadas a redefinirse de forma profunda. Las condiciones que dieron vida a la realidad de millones de seres humanos y que parecían hechos inamovibles, se hacen cada vez más difíciles o abiertamente imposibles de reproducir en los mismos términos de hace unos años. El presente se vive cada vez más como una angustia o un malestar ante la inminencia de un desastre, sentimiento que comienza a hacerse planetario, estallando cada vez más frecuentemente como accesos de rabia, violencia e inconformismo. Pero esta sensación de hastío no ha logrado articularse como un proyecto alternativo consolidado, sino que el futuro se abre paso como rechazo al presente, donde lo “por venir” es todavía nebuloso, no existiendo claridad respecto del camino de salida.
Las fuentes desde donde ha extraído respuestas el último siglo los seres humanos, parecen estar secándose. El enorme concierto de incertidumbres por las que atraviesa actualmente la humanidad, ha llevado al cuestionamiento de todas aquellas certezas que representaban axiomas incuestionables de la modernidad, como son el Estado-nación, el mercado autorregulado, la democracia representativa, entre otras. Todas ellas parecen disolverse progresivamente o, por lo menos, están siendo llamadas a redefinirse de forma profunda. Las condiciones que dieron vida a la realidad de millones de seres humanos y que parecían hechos inamovibles, se hacen cada vez más difíciles o abiertamente imposibles de reproducir en los mismos términos de hace unos años. El presente se vive cada vez más como una angustia o un malestar ante la inminencia de un desastre, sentimiento que comienza a hacerse planetario, estallando cada vez más frecuentemente como accesos de rabia, violencia e inconformismo. Pero esta sensación de hastío no ha logrado articularse como un proyecto alternativo consolidado, sino que el futuro se abre paso como rechazo al presente, donde lo “por venir” es todavía nebuloso, no existiendo claridad respecto del camino de salida.
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