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Los gnósticos

Buenos Aires : EUDEBA, 1964 copyright.
Descripción: 63 páginas
"Pareciera que hay épocas dualistas, que coinciden casi siempre con épocas de cambios profundos". Esta observación de Simone Pétrement, insigne especialista en la materia, viene a cobrar vigencia en los días que ahora vivimos. En efecto, los enormes cambios que hoy ocurren con el globalismo, si observamos bien, han traído aparejada una notoria y creciente inquietud acerca del problemas como la presencia del mal en el mundo, del mal verdadero, el que tiene intención maligna y un agente dotado de libre arbitrio. Sólo el hombre presenta estas características. Estas son ideas gnósticas antiquísimas que, como dice Hutin "reaparecen espontáneamente, más allá de cualquier transmisión directa". ¿No se discute hoy en todos los círculos acerca de relativismo? Dice Paul Masson-Oursel: "Se posee la Gnosis, como cimiento beatificante, cuando se distingue lo absoluto en sus profundidades, de aquello que lo relativiza. Es la salvación por el conocimiento; es el Gnosticismo, una iluminación salvadora, de remotos orígenes precristianos que reaparece en la humanidad en épocas de crisis, cuando todo parece relativo, inhumano y opresivo". Entonces se ponen de moda libros que tratan problemas lejanos a la mediocre experiencia cotidiana!: "El código Da Vinci", "Angeles y demonios", "Los illuminati", etc. La humanidad confundida en el relativismo, angustiada, acosada por la competencia despiadada en la búsqueda de la eficiencia-eficacia y la productividad, extrae (quizás del inconciente colectivo junguiano) los mismos arquetipos que guiaron a los cristianos primitivos: lo trascendente, lo absoluto, lo integrador salvífico, luminoso ante la invasión de la noche. Tal vez el mayor ejemplo que se encuentra en la historia es el de los cátaros, ejemplo de humildad, de amor cristiano llevado hasta el sacrificio, de absoluto desprendimiento material, que fueron perseguidos en forma implacable y feroz, quemados vivos, hasta no dejar un sólo con vida. Pero la idea cátara no muere con la carne, cosa que ellos sabían perfectamente pues lo dejaron escrito en su lema: "Al cabo de setecientos años reverdecerá el laurel". Y por esta época se cumplen setecientos años desde su martirio. (Fernando Concha)


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