Usted buscó por: Casique, Irene

Pulotre : testimonio de vida de una comunidad huiliche (1900-1950)

Santiago de Chile : Universidad de Santiago, 1999.
Descripción: 134 páginas

ISBN: 9567069395

Vidas huilliches. Solíamos ir en septiembre, el tiempo y Wenteyao nos acompañaba. Salíamos al mar sin despertar al tiempo. Meses despues supimos que el mar sólo devolvió sus ropas. Despues de nuestra madre, la ñuke mapu provee de alimentos. Pertenecemos a la tierra y la dejamos sólo cuando Chao Dios nos llama. La naturaleza posee su propio lenguaje. Antes de nacer la guagua ya sabíamos lo que sería. Cuando había carencia. La alimentación de la gente ahora es muy sencilla. Primero se tejía para la casa, luego tejimos para vender. Le dió a mi mamá unas hojas para sahumerio. De Puloyo, supimos que bajaban. Vinieron por nosotros: vino, carne, chicha, nos trajeron. Sentí que su forma de hablar era distinta a la nuestra

De niños acostumbrábamos ir a bañarnos al río. Caminábamos junto al abuelo, el despertar nos reunía. De niño siempre seguí a mi padre, al casique y al sol. Sepultaron al anciano en una trilka, dicen. La vida huyó como un perro arroado a las cenizas. Volvemos nuevamente a convertirnos en gotas de cristal

La memoria: su tiempo, su metáfora. Por eso doblamos las rodillas al rayar el sol. Pedimos bendición por el tiempo por todos los tiempos. Era un día de cosecha, nos juntamos nosotros, los huilliches y el sol. Por años acompañamos el sufrimiento de la luna. Sacrificaban un cordero y pedían la bendición de las semillas. Hoy sólo importa ver el polvo levantándose encima del nguillatun. Pero no era fácil llegar y hablar con él. Por eso creemos profundamente y de todo corazón. Cuando llegó la religión del Winca nos hablaron de demonios. Yo tendría unos veintiún años cuando soñé mi sordera. No se me hizo difícil el camino, pero tuve que volver. Bueno es que se vean las cosas reflejadas en la luna. Un sueño puede ser a veces nuestro único consuelo. Cosas importantes traían, dicen, pero podo cuidado puse yo en mis sueños.El remedio vino a la hora en que uno cierra el párpado. Y en mi propio sueño yo me defendí de la Kalku. Antes había mucha gente con magia. Sólo tengo el recuerdo del cambio que hice, la fiebre y las tres puntadas en la espalda. Amaneciendo y aclarando el día vieron del mar saliendo un animalito. De la sangre derramada por cada mapuche muerto en batalla, nacerán nuevos gerreros. Cuando de viaje salgas al mar, ten siempre en tu corazón a Wenteyao llegar hasta allí es tu destino. El marero inicia el camino de regreso. Por eso el mar tiene un gran poder. Oí una banda sonando desde adentro de las rocas. Pero el árbol está todavía ahí, mirando al sol. Cuando está por llover, dicen que se escucha el motor de un avión. Regresaré cuando mi tierra sea igual que cuando me fuí. Putrentren Putrape, Puterentren Putrape.



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