Instituto Obispo Silva Lezaeta -CALAMA - Región de Antofagasta
Título iniciativa:

Iniciativa de ley que busca reestablecer el voto obligatorio



La democracia es uno de los mayores legados de los Griegos de la época clásica, quienes la concebían como un asunto público y las decisiones respecto a la ciudad (Polis) eran asumidos por los ciudadanos reunidos en una asamblea, como decía Aristóteles: “la ciudad es una de las cosas que existen por naturaleza, y el hombre, es por naturaleza un animal político”, pues no se entendía al individuo fuera del ámbito público, el hombre por definición debía tener opinión, sobre el acontecer de la Polis, de lo contrario se le consideraba un idiota, expresión que proviene del griego “idiotes”, para referirse a aquel que no se ocupa de los asuntos públicos sino de los propios.
De acuerdo a lo descrito anteriormente y comparándolo, con la actualidad, pareciera, que aquella idea de la participación se ha esfumado en el Chile del siglo XXI, y aquello lo podemos observar en la elección presidencial del 2009, donde nos encontramos que, votaron 7.221.888 personas de un total de 8.285.186 inscritas en los registros electorales, basado un sistema de inscripción voluntario. Es decir, votó el 87,2% de todos los inscritos. Es un porcentaje alto en el contexto latinoamericano, pero distante del 94,7% de los inscritos que votaron en los comicios inaugurales de 1989. Pero con alto porcentaje de población joven que no se inscribía en los registros electorales y por lo tanto no está participando. Entonces, el problema, era un alto porcentaje de personas en edad de votar que no se inscribe en los registros, lo cual debería haber sido resuelto en el plano legislativo, cuando se aprobó la ley 20.337 que modificaba los artículos 15 y 18 de la constitución, consagrando el sufragio voluntario y la inscripción automática. Que pretendía pasar de 8.000.000 de votantes a 12 millones. La ley de Inscripción Automática y Voto Voluntario significaba una invitación a toda la sociedad chilena, pero muy especialmente a los jóvenes, a re-encantarnos de nuestra democracia. Realidad que no sucedió. Generando el efecto contrario a lo que pretendía dicha Ley, por la abstención de cerca del 60% de los electores potenciales en la última municipal, primera elección con voto voluntario en Chile, puso nuevamente en la palestra el problema que representa la baja participación electoral y más Impactante fueron los números que se presentaron en las últimas elecciones presidenciales de 2013 de 13.573.000 inscritos y habilitados para sufragar. Solo 6.699.011, votaron, es decir el 49,36%, menos de la mitad de ciudadanos. Y como lo plantea Marta Lagos, directora de Latino-barométrico: “es en Chile, el país donde se ha registrado una mayor caída en la participación electoral del periodo”, donde se advierte que la participación cae sin cesar desde 1993, y se acentuó tras el cambio de voto obligatorio por el voto voluntario ya que: “en la última elección presidencial resultó electa Michelle Bachelet, para un segundo periodo, la participación fue un 34% menos que el promedio de los últimos años 20 años” o que: “en la elección municipal del año 2008 participaron alrededor del 58% de quienes tenían edad para votar, en el 2012 esa cifra se reduce al 41%”.
La constatación de lo anterior pone de manifiesto un grave problema, la baja participación de los ciudadanos en las votaciones, pero ¿Por qué es un problema?, y esto se puede responder con lo siguiente, la idea de participación es fundamental para la vitalidad y mejoramiento del régimen democrático y al acceso a condiciones mínimas de vida digna, no discriminación, resguardo de los derechos humanos y la promoción y cautela del interés público, como decía Pericles: “Si Atenas te parece grande, considera entonces que sus glorias fueron alcanzadas por hombres valientes y por hombres que aprendieron de sus deberes”.
Es Aquí donde la participación aparece como un elemento configurador de la vida democrática de un pueblo, donde se conjuga mejor en un nosotros que en un yo individual, porque tiene una dimensión esencialmente colectiva, la obligación de votar es lo que conlleva la ciudadanía un ideal de virtud cívica. La baja participación ciudadana provocaría: “una crisis de representación, y es que la gente no le cree a nadie y empiezan a pensar en los candidatos que están por fuera. Y ahí surgen los populismos” como lo advierte Marta Lagos. Y es aquí donde se debería introducir la modificación, para que no sucediera el problema de Venezuela, donde se eliminó el voto obligatorio, en 1994 y tuvo efectos muy negativos en la participación electoral, en un momento en que los partidos establecidos tenían baja confianza ciudadana y el desempeño de los gobiernos era duramente cuestionado. La participación cayó del 90% al 60%, agravando los problemas de legitimidad que tenían los partidos históricos, la social democracia y la democracia cristiana, que terminó con una grave crisis de la democracia y la elección como presidente de Hugo Chávez.


Entonces nuestra propuesta apunta al restablecimiento del voto obligatorio porque es una instancia en la cual la voluntad colectiva es construida por medio de la aportación de cada uno de los ciudadanos y constituye el principal deber de los individuos para con la comunidad. Sin participación, la comunidad no es posible; sin comunidad, la libertad y la igualdad no son posibles: :”(...)el gobierno no depende de unos pocos, sino, de la mayoría, eso es la democracia. En lo que concierne conforme a nuestras leyes, alcanza a todo el mundo (...) mientras que en las elección de los cargos públicos, no anteponemos las razones del mérito personal, (...) si está en condiciones de prestar un servicio a la ciudad.” Como decía Pericles
Debemos entender la democracia comprende la existencia de la comunidad como algo constitutivo tanto de los sujetos como de la libertad e igualdad de la cual ellos gozan. Es por ello que la participación democrática es la más importante actividad que contribuye a construir un sistema en que los individuos puedan ser libres y, al mismo tiempo, determinar en conjunto la identidad de la comunidad en términos de una concepción del bien común. Los derechos individuales, desde la perspectiva democrática, están justificados como una forma de garantizar la libre e igual participación de los individuos en la democracia. Los derechos políticos tienen esa finalidad evidente. Desde esa perspectiva, incluso los derechos civiles y sociales vienen inspirados por la idea de asegurar ciertas condiciones de libertad individual y autonomía que permitan actuar en la esfera pública en términos de igualdad y libertad. Los derechos fundamentales, en definitiva, son entendidos como subordinados a la participación democrática.
Otra línea argumentativa defendida admirablemente por Arend Lijphart en un famoso artículo de 1997 que reproduce su discurso de despedida como presidente de la American Political Science Association, se remite a la categoría «igualdad». Esta línea de argumentación sugiere que la participación electoral obligatoria satisface más adecuadamente las promesas igualitarias de la democracia por cuanto, en general (y esto avalado por la evidencia comparada), en los sistemas voluntarios los que no participan tienden a pertenecer mayoritariamente a los niveles socioeconómicos más bajos. Por lo tanto, en vista a promover la representatividad de los intereses de los grupos menos favorecidos en la escala social, quienes son a su vez los menos capacitados para influir en las decisiones públicas, y los que más dificultades tienen en asociarse y agruparse para defender sus intereses, se justificaría implementar la obligatoriedad de la participación electoral. Lijphart ha concluido que el voto obligatorio "es el único mecanismo institucional que puede asegurar una alta votación por sí mismo". O como dice también Samuel Valenzuela, "al ser bajo el número de votantes surgen voces que cuestionan la legitimidad de quienes han ganado las elecciones, y la de quienes, con un discurso demagógico y/o radicalizado, se atribuyan la representación de la gran masa que no vota. La apatía se debería, según quienes se especializan en este tipo de discurso, al descontento de la ciudadanía por las razones que ellos mismos dan. Con ello cunde fácilmente la impresión de que la democracia es hueca, y que los partidos políticos no representan sino a pequeñas minorías, porque el "partido" más grande y representativo es precisamente el de quienes no votan. Cabe agregar, además, que al reducirse el número de electores con el voto voluntario aumentarían en el electorado las proporciones de hombres (lo cual ya es evidente entre los inscritos menores de 29 años), y de quienes tienen una mejor situación socio-económica (lo cual sucede en todos los países donde se hace la comparación ente los que votan y quienes lo hacen. Una tasa relativamente alta de participación electoral es la mejor vacuna contra estos problemas y ella solo se mantendrá en Chile con el voto obligatorio."
El voto obligatorio es un componente esencial de la ciudadanía política (T. Marshall), que se explica por las importantes funciones que tienen las elecciones. Ellas no sólo tienen por finalidad elegir a los representantes, sino también contribuyen al reclutamiento de la élite política, colaboran a limitar el poder al permitir el establecimiento de una oposición con capacidad de controlar al gobierno. Es por estas razones que se ha sostenido que el voto es considerado como un deber cívico, al cual no se puede renunciar.
Por lo expuesto la propuesta legislativa sería una moción que modifica Constitución Política de la República de Chile, en el artículo n° 15 reformada en el año 2005, la cual estipula: “En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y VOLUNTARIO”
La reforma consiste en el cambio de la última palabra, del artículo N° 15, el cual deberá decir, el sufragio será personal, igualitario y OBLIGATORIO.