Instituto Obispo Silva Lezaeta -CALAMA - Región de Antofagasta
Título iniciativa:

Uso de aguas salinizadas para procesos mineros.



"La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar." -Isak Dinesen

Sin duda alguna el agua es un recurso que le da vida al planeta y es un gran factor en lo tecnológico, productivo y social del país, sin ella no seriamos lo que somos hoy en día, pero año tras año este valioso elemento se nos está acabando. Sabiendo esto, el 97.5% del agua del planeta se encuentra en los océanos y mares, en otras palabras, no es apta para el consumo, agricultura, e industria en general. El 2.5% restante es agua dulce, estando casi toda en los casquetes polares, embalses subterráneos o de difícil utilización. Queda por tanto un 0.26% de la masa total de agua en el mundo que es aprovechable para el uso humano, la que está en embalses, lagos, ríos y pozos accesibles. Lo cual en Chile es demasiado limitado su uso por su misma geografía y la distribución de esta no es homogénea, encontrándose la mayor cantidad en el sur, en donde la población es menor.
Es por esto, que en el norte de Chile, se presentan desafíos en materia del agua, ya que en esta zona, la minería es la principal actividad y necesita recursos hídricos para que funcione, además, según el "Informe anual del Medio Ambiente 2016" por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el norte de Chile el año 2015 hubo precipitaciones de 38,6 milímetros (mm) en el año, dando a conocer que cada vez es más árido. Y a la vez, se destaca que los principales ríos que abastecen a las mineras, como es el río Loa quien brinda de agua a la minera de Chuquicamata, su caudal anual en el 2015 fue de tan solo 0,5 mm cúbicos por segundo, que, comparándolo con el río Toltén (Región de la Araucanía), su caudal fue de 369,3 m3 por segundo.
Para la minería, que es y seguirá siendo una de las actividades productivas de mayor importancia en Chile, la disponibilidad y gestión adecuada del agua es clave para su sustentabilidad, y como se destacó anteriormente, en la zona norte el recurso del agua es muy escaso, sabiendo que en esta zonas se presentan los grandes yacimientos de cobre, principal materia prima que exporta el país, ya que, en la Región de Antofagasta aporta al Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país cerca del 10% del total, donde las miles de toneladas de fino extraídas en la zona corresponden al 16,6% de la producción mundial y el 52,8% de lo producido en nuestro país. Si analizamos el PIB regional, encontramos que el 62,7% corresponde a la actividad minera y el porcentaje restante son actividades que están encadenadas a esta.
Una buena alternativa para esta crisis, es la utilización de agua de mar, que podría abastecer la necesidades de agua a las mineras del norte del país, un claro ejemplo es la Minera Esperanza que solo gasta US$ 1,2 por metro cubico, versus los US$2,2 de una planta desaladora. Esta idea ya ha sido utilizada en varios países tales como: Estados Unidos, Canadá, Indonesia y Australia
En este contexto, el sector productivo minero sabe que para proyectarse de manera sustentable requiere de agua y dada la escasez del recurso hídrico en el norte de Chile, en particular en la Región de Antofagasta, ha obligado a la industria a buscar nuevas fuentes de agua. Según datos entregados por la Comisión Chilena de Cobre (Cochilco) la demanda de agua fresca de la minería de cobre esperada al 2021 va desde los 13 m3/seg en 2013 a los 18 m3/seg, lo que representa un aumento del 38%.
En materia social, este tema se ha transformado en una bandera de lucha para organizaciones ciudadanas y grupos ambientalistas que han alertado sobre las dramáticas consecuencias que tendría para Chile, ya que se ha desarrollado actividades sin una cultura del cuidado del agua. Más aún, en nuestra legislación sobre esta materia, la Constitución de 1980 y el Código de aguas, no entrega al estado atribuciones suficientes para garantizar el bien común en la administración y distribución de los recursos hídricos.
Es por estos diversos factores, que se debe implementar nuevas vías para que el agua, sea en un recurso que no escasee en un futuro y no tenga consecuencias en la calidad de vida de las personas, ni tampoco afecte la principal actividad económica del país que es la minería.


Artículo Único.- Todo explotador minero cuya extracción de agua exceda los 300 Useg, deberá incorporar el uso de agua desalinizada, a partir del año 2020 y disminuir su extracción de agua potable (Superficiales o subterráneos).
El Estado tendrá la preferencia para la adquisición o expropiación gradual, según sea el caso.
Un reglamento establecerá las condiciones y plazos en que deberá cumplirse la normativa en el inciso primero y la forma de sustituir el agua de cursos tradicionales de aquella proveniente de la desalinización, para lo cual se considerará especialmente los siguientes factores:
a) La magnitud de la explotación minera;
b) La cantidad de agua extraída;
c) La factibilidad de acometer las inversiones en conjunto con otros explotadores mineros;
d) La escasez de agua en la cuenca respectiva;
e) La dificultad de la obra e inversiones comprometidas;
f) El uso de herramientas, mecanismos y estrategias de desarrollo sustentable y sostenible en el tiempo.