El duelo por la muerte de un hijo constituye, probablemente, una de las experiencias más dolorosas y devastadoras que puede enfrentar una persona. Esta pérdida no solo afecta profundamente la esfera emocional e íntima de quien la sufre, sino que también repercute directamente en su capacidad para desarrollar sus actividades laborales durante los días y semanas posteriores al fallecimiento. Reconocer esta realidad a través de la legislación representa una manifestación concreta de la protección que el Estado brinda a los trabajadores en situaciones de especial vulnerabilidad.
En Chile, la regulación relativa al permiso laboral por fallecimiento de un hijo ha evolucionado de manera progresiva, buscando otorgar una protección más acorde con la magnitud de esta pérdida.
Sin embargo, a pesar de estos avances, los diez días actualmente establecidos continúan siendo insuficientes para muchas familias. Tras el fallecimiento de un hijo, los padres deben enfrentar una serie de trámites administrativos, legales y funerarios que consumen una parte importante del tiempo disponible. Entre ellos se encuentran la obtención del certificado médico de defunción, la inscripción del fallecimiento en el Registro Civil, la obtención de certificados oficiales, la coordinación y organización del velorio y funeral, los trámites relacionados con el cementerio o cremación, las gestiones con compañías de seguros o servicios funerarios, la comunicación con establecimientos educacionales, instituciones de salud y otras entidades vinculadas al menor fallecido.
Además de estas gestiones, que pueden extenderse durante varios días dependiendo de las circunstancias del fallecimiento, los padres deben enfrentar procesos emocionales complejos asociados al duelo. Diversos estudios señalan que el impacto psicológico de la pérdida de un hijo puede manifestarse mediante ansiedad, depresión, estrés, dificultades para dormir, problemas de concentración y disminución del rendimiento laboral. En consecuencia, una vez finalizados los trámites más urgentes, muchas personas aún no se encuentran en condiciones emocionales adecuadas para retomar sus funciones laborales habituales.
La experiencia demuestra que gran parte de los diez días de permiso se destina a resolver obligaciones inmediatas derivadas del fallecimiento, dejando un margen muy reducido para que los padres puedan comenzar efectivamente su proceso de recuperación emocional. Esto genera que muchos trabajadores regresen a sus labores mientras aún enfrentan una situación de profundo sufrimiento psicológico, afectando tanto su bienestar como su desempeño profesional.
Por esta razón, surge la necesidad de ampliar el permiso laboral por fallecimiento de un hijo desde los actuales diez días corridos a treinta días corridos. Esta medida permitiría que los padres dispongan de un plazo más razonable para cumplir con los trámites derivados del fallecimiento, participar de las ceremonias de despedida, acompañar a su núcleo familiar y afrontar las primeras etapas del duelo sin la presión inmediata de reincorporarse al trabajo. De esta manera, la legislación se ajustaría de mejor forma a la realidad humana de una de las pérdidas más dolorosas que puede experimentar una persona.
PROYECTO DE LEY
Artículo único. - Modifíquese el artículo 66 del Código del Trabajo en los siguientes
términos:
a) Reemplácese el inciso primero por uno nuevo, del siguiente tenor:
"En caso de muerte de un hijo, todo trabajador tendrá derecho a treinta días corridos
de permiso pagado. En caso de la muerte del cónyuge o conviviente civil, todo
trabajador tendrá derecho a un permiso similar, por treinta días corridos. En ambos
casos, este permiso será adicional al feriado anual, independientemente del tiempo de
servicio.".
Del Congreso Nacional, B. (s. f.). Biblioteca del Congreso Nacional. www.bcn.cl/leychile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=256450
https://www.youtube.com/watch?v=VifocDCuC3o
https://www.youtube.com/watch?v=UYwlaIUmd1w
Nuestro proyecto de ley se basa en testimonios escuchados tanto en redes sociales, como en persona.