Domingo Torres Mascarenhas

Reseñas biográficas parlamentarias

Nació en Montevideo, Uruguay; sus padres fueron el militar español don Cayetano de Torres, coronel del primer regimiento de Burgos de España; y la señora Manuela Mascareñhas i Bustamante, proveniente de la familia del duque de Abeyro, noble del Brasil y Portugal. Llegó a Chile en 1817, con el Ejército Libertador.

Se casó con Dolores Baeza Bravo; enviudó y se casó nuevamente; tuvo descendencia.

Su educación fue acorde con la fortuna de la familia; con el tiempo llegó a ser secretario de su tío, el duque de Albeyro. En 1795 fue enviado a España, a estudiar interno en el Seminario de Nobles de Madrid, donde aprendió latín y otros idiomas antiguos. Pero no se inclinó por la carrera literaria, religiosa ni sacerdotal, ni por el foro; eligió la carrera de las armas. Fue nombrado, en mérito de sus títulos de nobleza, capitán del Regimiento Guardia del Príncipe y luego fue nombrado oficial de la Legación de España en los Estados Unidos de Norteamérica, cargo que desempeñó durante cuatro años.

Cuando se inició la guerra de independencia española contra la invasión de Napoleón, en 1808, se batió en la célebre batalla de Bailén, a las órdenes de don José de San Martín, que más adelante actuó en la liberación independentista de Argentina, Chile y Perú. Cuando supo de la insurrección del Plata, abandonó la brillante posición militar que tenía en España y se dirigió a su patria a combatir por la libertad; el 1° de julio de 1810 se incorporó en el ejército patriota, en calidad de capitán de caballería; sirvió a su país hasta 1817; y se presentó ante el general San Martín para espedicionar a Chile; San Martín lo incorporó a su ejército con el grado de teniente coronel y lo nombró su edecán en 1817. A la sazón, el mayor Torres tenía el título de ayudante del Estado Mayor de los ejércitos de las provincias unidas del Río de la Plata. En el mismo año 1817 fue enviado a Chile, por el director supremo de la República Argentina, don Juan Martín Pueyrredon; atravesó los Andes como edecán del general Antonio Balcarce; una vez en el país, se le encomendó la difícil y honrosa misión de ir al Perú, a tratar con el virrey don Joaquín de la Pezuela, el rescate y canje de los prisioneros patriotas. Partió hacia Lima en noviembre de 1817 y cumplió el cometido exitosamente. Concurrió al desastre de Cancha Rayada, en marzo de 1818, donde combatió y salvó la vida del general Balcarce. El 1° de abril de 1818 se unió en Rancagua a la división del general Las Heras y fue parte del triunfo de la batalla de Maipú, el 5 de abril del mismo año.

Con motivo de la sublevación del batallón cazadores de los Andes, en San Juan, fue enviado por el general San Martín, a frenar dicho levantamiento militar. De regreso de esta misión, en abril de 1820 fue nombrado comandante del depósito militar de Santiago y apoderado del ejército de los Andes, mientras se organizaba en Rancagua la expedición Libertadora del Perú. En este cargo, el general San Martín lo envió a restablecer la paz a la provincia de Cuyo. A fines de 1820 se le encargó la organización del regimiento de Dragones de la Patria, el que fue incorporado en 1821 a los Húsares de la Muerte; luego se le encomendó la formación de Escuadrones de la República. Fue enviado a la guarnición de Valparaíso y a mediados de 1823 se le ordenó la organización del regimiento Dragones de la Libertad. Emprendió luego, varias campañas con éxito, entre ellas, contra los Pincheira y fue nombrado comandante general de las fuerzas que cubrían la extensa línea de la cordillera. Durante todo este tiempo, 1823 concretamente, cuando emprendió campañas, estuvo bajo las órdenes del coronel don Joaquín Prieto.

En 1824 fue electo diputado propietario por "Rancagua", en el Congreso General de la Nación, 10 de noviembre de 1824-11 de mayo de 1825; integró la Comisión Permanente de Guerra y Marina.

En 1825 fue enviado a Chillán por el general Freire, a contener la sublevación del Escuadrón de Cazadores, amotinado en Los Guindos, y en persecusión de los Pincheira. Logró evitar la deserción de las tropas en el desastre de Longaví, donde murió el coronel Manuel Jordan. Fue nombrado gobernador político y militar de Chillán, cargo al que sirvió hasta 1826, año en que fue enviado a Concepción a sofocar la sublevación del teniente-coronel Escribano. Durante su estadía en el sur recibió homenajes de las municipalidades de San Carlos, Parral y Linares. Tuvo siempre, la confianza absoluta de sus jefes; formó parte del consejo de guerra que juzgó al almirante Blanco Encalada y lo absolvió.

Se alejó del servicio activo, por dificultades con el general Joaquín Prieto; se retiró a su hogar y vivió pobremente. Soportó con valor la injusticia de que fue víctima por parte del general Prieto, quien lo hostilizó siempre y finalmente lo hizo retirarse del ejército.

Por sus acciones y méritos obtenidos en ayuda a la independencia de su país, de Chile y otros, recibió las siguientes condecoraciones: El Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata lo declaró por el sitio de Montevideo, "Benemérito de la Patria en Grado Heroico; como así mismo, dos escudos de honor por las acciones de Cerrito y Uruguay. La Batalla de Maipo le valió dos distinciones: una del gobierno de Buenos Aires, que consistió en un cordón de oro y la declaración de "heroico defensor de la nación"; y la otra del gobierno de Chile, que consistió en una medalla de oro, con la hermosa leyenda de "Chile reconocido al valor y constancia". Y por su parte, sus jefes San Martín y Balcarce, lo recomendaron con elogios en sus partes oficiales.

Murió en Santiago, Chile, el 14 de agosto de 1856, de hipertrofia al corazón, a los 78 años de edad.

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