Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 138
- Celebrada el 05 de marzo de 2008
- Legislatura Ordinaria número 355
Índice
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El señor WALKER.-
En nombre del Partido Socialista, hará uso de la palabra la diputada Isabel Allende.
La señora ALLENDE ,
Señor Presidente , querida familia, hijos, amigos, colegas de Patricia Verdugo , Edgardo Marín , Luis Matte :
Patricia murió a las 22.30 el domingo 13 de enero en el décimo piso de la clínica de la Universidad Católica.
Había dicho muchas veces que no quería morir, que quería seguir escribiendo. “Quiero ser abuela”. Pero a medida que el cáncer fue ensanchando su estómago y encorvando su cuerpo, tuvo que perderle el miedo a la muerte, empezar a poner todo en orden y preparar la separación con sus tres hijos. No alcanzó a enterarse de que, una hora antes, su hijo Diego y su polola habían sido arrollados por un auto que, al no respetar la luz roja, se incrustó directamente en el puesto del chofer, matando instantáneamente a Carla, que la había acompañado esa tarde.
“El caso de los detenidos desaparecidos no corresponde ni a invenciones propagandísticas ni a muertes por enfrentamientos. Se trata de chilenos y chilenas que fueron secuestrados y luego desaparecieron”.
Con estas palabras, nuestra homenajeada, Patricia Verdugo Aguirre , junto a Claudio Orrego , registraron, en 1980, páginas irrefutables y el doloroso testimonio de los familiares cuyo dolor aún en estos días es una herida abierta, el que, como expresaba Patricia , “sólo sanará con la verdad y la justicia, pues lo contrario será mañana vergüenza colectiva de todos los chilenos por haber sido incapaces de asumir esta tragedia con elevación y coraje”.
Patricia Verdugo estudió en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la cual se graduó a los 21 años de edad. Desde 1969 y hasta el golpe militar de 1973, se desempeñó como asistente de Relaciones Publicas en la Escuela Militar; entre 1974 y 1977, trabajó en la revista Ercilla ; entre 1977 y 1986, en la revista Hoy, y durante 1986 y 1990, en la revista Apsi.
Patricia Verdugo fue una mujer de extraordinaria fortaleza, pues gran parte de su vida convivió con el dolor y el terror, como demuestra una entrevista que relata su experiencia el día del golpe de Estado: “…al atardecer, comenzamos a destruir revistas, discos, documentos. Ya éramos presa del terror y entendíamos que había comenzado una pesadilla de persecución...”. Esto es el preludio del horror, pues, años más tarde, su amado padre, don Sergio Verdugo Herrera , constructor civil, dirigente sindical, democratacristiano, desapareció un frío atardecer de invierno de 1976. Su cuerpo fue encontrado en el río Mapocho.
Patricia estuvo amenazada de muerte. Cuando le preguntaron dónde le gustaría vivir, respondió que en Nueva York o en la Isla de Pascua, pero agregó: “soy mapuche por estructura psicológica y Chile es mi tierra”. A pesar de sus dolorosas pérdidas, Patricia nunca abandonó ni su trabajo ni su país.
Su gran legado profesional es el periodismo de investigación, pues es autora de varios libros de esta índole, entre ellos el ya citado “Una herida abierta”, sobre detenidos desaparecidos, en coautoría con Claudio Orrego ; “André de La Victoria”, sobre el sacerdote francés André Jarlán , quien, en 1984, fue muerto por una bala disparada por la policía cuando reprimía una manifestación opositora; “Rodrigo y Carmen Gloria : quemados vivos”; “Operación siglo XX”, en coautoría con Carmen Hertz , sobre el atentado sufrido por Pinochet, en 1987; e “Interferencia Secreta”, entre varios otros. El más íntimo, “Bucarest 187”, en que da cuenta de la desaparición de su padre. Pero su mayor éxito editorial lo consiguió con “Los Zarpazos del Puma”, publicado en 1985, sobre la llamada “Caravana de la Muerte”, una misión militar que recorrió Chile semanas después del golpe de Estado que, en septiembre de 1973, instaló a Pinochet en el poder. Esa caravana recorrió el norte y sur de Chile a bordo de un helicóptero Puma, determinando, en forma sumaria, la ejecución de 72 prisioneros políticos.
El libro, que inicialmente circuló de manera clandestina, se convirtió posteriormente en un gran éxito editorial. Pero hubo algo más importante, ya que el texto fue adjuntado a la investigación que, en 1998, abrió el juez Juan Guzmán Tapia en contra de Augusto Pinochet, en la primera querella que se presentó en los tribunales chilenos en contra del ex dictador, quien, por este caso, fue procesado y quedó bajo arresto domiciliario.
Como bien señala Eduardo Galeano , “la justicia y la memoria son lujos exóticos en los países latinoamericanos; nos han acostumbrado al desprecio de la vida y a la prohibición de recordar”. Por eso, el verdadero significado de “Los Zarpazos del Puma”, más que reparar dolores propios, es haber sido la primera vez que alguien se atrevió a hablar fuerte y claro de la “Caravana de la muerte”, de las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, de la necesidad de hablar para poder denunciar, pues hacerlo en dictadura era cosa de valientes. Patricia Verdugo Aguirre eligió ese camino, el de la defensa de los derechos humanos; el camino que exaltan una y otra vez, los versos de Solyenitzin y -lo señala la misma Patricia- remarcan el sentido de la investigación: “Hubiese podido descansar, relajarme, respirar, pero el deber para con los muertos no me da tregua: ellos murieron, tú vives. Cumple con tu deber a fin de que el mundo sepa todo aquello”.
Su compromiso la lleva, en 1983, a asumir la presidencia del Colegio Metropolitano de Periodistas. Luego, junto a Olivia Monckeberg y María Rozas, forman el movimiento Mujeres por la Vida, en un intento de mostrar el descontento de la mujer chilena por las graves violaciones de los derechos humanos.
El reconocimiento a su brillante ejercicio de la profesión la lleva a ser traducida en varios idiomas. Asimismo, en 1993, en Estados Unidos, fue distinguida con el premio María Moors Cabot , el mayor reconocimiento que se le otorga a un periodista extranjero. Luego, en 1996, recibió el premio de la Academia Chilena de la Lengua; y, en 1997, el Premio Nacional de Periodismo . El año 2000, fue reconocida con el premio otorgado por Lasa ( Latin American Studies Association) ; en 2004, fue nominada por el Movimiento de Mujeres Chilenas para el Premio Nobel de la Paz, en una iniciativa mundial que incluyó a mil mujeres.
Pero Patricia fue más que una periodista de excelencia; fue una persona valiente, de esas imprescindibles, que merece no sólo éste, sino todos los homenajes que sea posible realizar. Pero existe el más importante y corresponde a toda la sociedad chilena, que es lograr la verdad y la justicia para aquellos por los que siempre luchó.
Quiero citar parte de las palabras de su gran amiga, Odete Magnet , al momento de despedirla, y que retratan muy bien a la persona de quien estamos hablando:
“Cierro los ojos y regresa el eco de tu risa, capaz de despertar a los muertos, contagiosa, que nacía desde abajo, subterránea, y subía en borbotones alegres en una cascada de agua fresca. Pero que nadie se llame a engaño, porque bajo esa apariencia menuda y frágil, latía una guerrera, la más fiera y valiente que hayamos conocido nunca. Tu voz era suave, tu trato gentil, pero cuando abrías la boca para afirmar, para preguntar, para denunciar, para aclarar y advertir, había que ponerse el cinturón de seguridad, porque sin pedir permiso ni previo aviso, se abría paso la samurai, empeñada en librar la batalla, todas las batallas, la tuya y la de otros, hasta el final.
Y sacaste tu voz, esa voz, que aprendimos a reconocer con el paso de los años. No estuviste sola: muchos nos reconocimos en el compromiso que exigía fin a la represión y respeto por el humano.
Paty, perdiste la última batalla. Una vez más, la vida te torció la mano; pero, al final, la victoria fue tuya y el privilegio nuestro, porque dejaste una huella profunda, marcada a fuego; tocaste la vida de tantos y tantas dentro y fuera de Chile, tu patria, que tanto amaste. Estamos agradecidos por lo que fuiste y por lo que te negaste a ser.”
En nombre de la bancada del Partido Socialista, queremos recordar por siempre esa sonrisa franca y esos ojos tan abiertos.
Por eso decimos: ¡Patricia Verdugo, presente!
He dicho.
-Aplausos.