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Intervención Petición de oficio
.-LIBERTAD PARA LOS PRESOS POLITICOS EN ESPAÑA.- OFICIO

Autores

La señora MALUENDA.-

Señor Presidente, hace treinta años, el mundo comenzó a vivir una larga tragedia, que habría de costar millones de vidas a la humanidad a través de una guerra que resulta doloroso recordar y que, sin embargo, debemos tener siempre presente para fortalecer la lucha por la paz.

Decimos que, hace treinta años, comenzó la segunda guerra mundial, porque fue en el mes de julio de 1936 cuando las fuerzas del fascismo se levantaron en España en contra de la Republica legítimamente constituida por voluntad del pueblo.

El pueblo español luchó con todas sus energías contra el ataque fascista, desplegando un heroísmo que la historia jamás olvidará. Su lucha encontró eco en todos los pueblos, y la solidaridad internacional se hizo presente en múltiples formas junto a los combatientes por la libertad y la justicia.

Sin duda la expresión más alta de esa solidaridad fueron las brigadas internacionales, en las que hombres y mujeres de cincuenta y seis países contribuyeron con su valor y sus vidas a la causa de la Republica, que era la causa de todas las fuerzas democráticas del mundo. Allí se templaron, como el acero, muchos de los que más tarde serían héroes y conductores de la resistencia al fascismo en el resto de Europa. Hitler y Mussolini fueron derrotados en tierra europea, pero España, nuestra madre España, la primera víctima de las negras tropelías del fascismo, continúa, después de treinta años, viviendo en la helada sombra de la dictadura franquista, que ha burlado, durante todo este tiempo, los derechos más elementales de la persona humana, haciendo aún más difíciles las condiciones de vida de los trabajadores.

Valga como ilustración el hecho de que, según las estadísticas, de dos mil pueblos, estudiados, el 22% no tiene luz eléctrica, el 32% no tiene agua potable, el 90% no tiene agua corriente en las casas, el 98% no tiene instalaciones sanitarias en las casas, el 64% no tiene lavadero público.

Pero la historia no se detiene, ni los pueblos arrían jamás la bandera de la justicia. Desde aquellos últimos días de la guerra civil, en el año 1939, en que el Partido Comunista español, hasta el último instante, llamó a la resistencia contra las fuerzas agresoras, desde aquellos primeros días de la dictadura franquista, en que el pueblo, desde las cenizas de su dolor, comenzó a reconstruir su unidad y su organización, han transcurrido 27 años.

En estos 27 años, desde las raíces democráticas de España, un largo pero seguro proceso político de amplia resistencia a la dictadura franquista se ha desarrollado. Muchas vidas ejemplares se han consumido en las cárceles franquistas. La solidaridad ha logrado la libertad de algunos, que salen de la prisión, a pesar de los sufrimientos y la tortura, encendidos de fe en su pueblo, decididos a continuar la lucha, como es el caso del poeta Marcos Ana. Otros han caído en el camino, víctimas de la brutalidad fascista. A ellos les rendimos homenaje, los comunistas, en la persona de nuestro camarada Julián Grimau, cuya muerte encendió una estrella más en la constelación de los héroes del pueblo.

Y ahora, obreros y campesinos, profesores y estudiantes, intelectuales, sacerdotes con una nueva visión del mundo, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, se van estrechando la mano por los diferentes cauces de la rebeldía que firmemente los une en un solo camino que resume el grito de libertad y dignidad del pueblo español.

El mundo se ha enterado de las huelgas de la clase obrera española. Los mineros de Asturias, con el valor de siempre, han sostenido la lucha por sus reivindicaciones. Los estudiantes reclaman la libertad y la independencia para sus organizadores. Los profesores los acompañan y luchan por la libertad de cátedra, por una enseñanza libre de dogmatismos. El clero joven sale a las calles de Barcelona y tiene que resistir los golpes de la policía franquista. La violencia del régimen se estrella contra la firmeza de los campesinos. Y todos juntos reclaman el respeto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el restablecimiento de las libertades, la amnistía total y definitiva para los presos políticos y les exilados.

Es el viento del pueblo que cantaran Miguel Hernández, García Lorca y Antonio Machado, el viento del pueblo que nadie puede detener, pero que, entre todos, podemos apresurar, para que más rápidamente limpie las doloridas cicatrices de España y restablezca en ellas la libertad, la justicia, la dignidad.

¡Libertad para todos los presos políticos! ¡Libertad para Justo López de la Fuente, gravemente enfermo! ¡Libertad para el ferroviario Narciso Julián, también con su vida en peligro, por el delicado estado de su salud! ¡Libertad para Simón Sánchez Montero, miembro del Comité Ejecutivo del Partido Comunista Español, preso en el Penal del Fuego!

Señor Presidente, me permito solicitar el envío de un oficio al señor Ministro de Relaciones Exteriores, para que transmita, al señor Embajador del Gobierno español en nuestro país, esta solicitud de amnistía total a que he hecho referencia, y en especial, la solicitud de libertad de los presos políticos mencionados.

El fascismo es un atentado contra la existencia misma del ser humano y contra sus más altos valores. Por eso, los nombres de García Lorca, Hernández y Machado son un símbolo de que los pueblos, en su lucha liberadora, defienden la vida en su integridad.

Hace algunos meses, desde todos los rincones de la península, se dirigieron estudiantes e intelectuales, en largas caravanas, a una plaza de pueblo español, para rendir homenaje al poeta Antonio Machado, muerto a consecuencia de las condiciones en que debió abandonar la tierra española, inaugurando un monumento a su memoria.

La policía franquista se quiso interponer violentamente entre el poeta y los manifestantes; pero el recuerdo del poeta y la voluntad del pueblo pudieron más que la fuerza bruta. Un joven avanzó hacia las filas policiales, descubriéndose el pecho: "¡Mátenme, si se atreven!" Los guardias civiles se vieron desarmados por el amor de la juventud hacia el venerado poeta; y es así como, al grito de "¡ Machado con el pueblo, el pueblo con Machado!", el acto de homenaje se realizó.

Entre los participantes en aquella manifestación, se encentraba un connotado arquitecto español que fuera víctima de la radiación de las bombas atómicas que cayeron en Palomares, a raíz del accidente ocurrido a bombarderos norteamericanos que cruzaban cielo español.

El pueblo español hizo escuchar su indignada voz frente a este hecho, exigiendo el retiro de las fuerzas norteamericanas; pero la dictadura franquista ha hecho oídos sordos, porque bien sabe qué la existencia de esas bases es parte del precio que paga por el apoyo imperialista.

Así, hoy día, al cumplirse treinta años del asalto fascista a la Republica, desde todos los rincones del mundo, se lavantan voces solidarias que gritan su apoyo al pueblo español en su lucha por la libertad.

Los parlamentarios comunistas levantamos, una vez, más, nuestra voz solidaria con esta larga lucha que, por su amplitud y su hondura, está, sin duda, cerca del gran triunfo. Creemos que Chile, que, hace veintiséis años, supo abrir su generoso corazón a muchos de los españoles que debieron alejarse de su patria, sabrá hoy también actuar a tono con esa actitud que nos honra, y dirá, a través de su Parlamento, que la solidaridad hacia el pueblo español se manifiesta con la misma amplitud con que, dentro de España, se unen los más diversos sectores, para devolver a su tierra la paz y la justicia.

"Pues esta España que decimos tales como el Paraíso de Dios", dijo Alfonso X, El Sabio, hace siglos. Y al terminar el elogio a su tierra, agrega: "Ay, España, no hay lengua ni ingenio que pueda contar tu bien!"

Ahora, sin embargo, es preciso decir que no hay lengua ni ingenio que pueda contar sus dolores. Pero tampoco hay medida para su lucha y su esperanza. Aportemos, pues, nuestro grano de arena para que pronto, muy pronto, el pueblo español ponga fin a los años sombríos de la dictadura franquista y se alumbre para siempre con el sol de la libertad.

He dicho.

El señor ISLA (Vicepresidente).-

Se enviará el oficio al señor Ministro de Relaciones Exteriores, en nombre de la Honorable señora Diputada, y en la forma que ha señalado.

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