Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Senado
- Sesión Ordinaria N° 27
- Celebrada el 21 de junio de 2011
- Legislatura Ordinaria número 359
Índice
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El señor ESCALONA.- Señor Presidente; Senadores y Senadoras; estimados familiares del ex Diputado Carlos Lorca Tobar:
Rendimos homenaje a Carlos Lorca Tobar, Diputado de la República entre el 21 de mayo y el 11 de septiembre de 1973. Fue secuestrado el 25 de junio de 1975 por agentes del Estado pertenecientes a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y permanece desaparecido hasta el día de hoy.
Carlos Lorca fue dirigente estudiantil y juvenil; un intelectual de amplio horizonte, y un sabio, coherente y ejemplar dirigente político.
Elegido Secretario General de la Juventud Socialista en agosto de 1971, unió su vida a la suerte del Gobierno del Presidente Salvador Allende. Comprendió lo que muchos no supieron distinguir ni entender en la vorágine de aquel entonces: que el colapso del gobierno constitucional iba a significar el derrumbe de la democracia chilena por un período de tiempo ilimitado.
Carlos Lorca intuía que, una vez instalada, la dictadura militar no iba a ser ni breve, ni temporal, y que iba a declarar interdicta a la civilidad y a la sociedad chilena en su conjunto por tiempo indefinido. Y así ocurrió.
Una pesada y cruel cadena de persecuciones se desató desde el 11 de septiembre, apenas realizado el golpe de Estado, que él caracterizó como golpe fascista, por la saña con que la represión se abalanzó sobre obreros, campesinos, intelectuales, profesionales y estudiantes. Contra todo aquello que significara pensar distinto, el poder oficial que se impuso actuó sin piedad e implacablemente.
Carlos Lorca sabía que las víctimas privilegiadas del régimen que se establecía iban a ser el movimiento popular y los intelectuales, la gente humilde y las personas decentes que se atreven a pensar en la justicia social y que, por ello, se agrupan en los partidos políticos, populares y democráticos, en los cuales se cobija precisamente la gente que sueña con un mundo mejor.
No se equivocó.
Ante la violencia criminal estuvo dispuesto a sacrificarse. Permaneció en Chile, a pesar de la persecución; sabía que estaba en juego su vida, pero no retrocedió ni se sometió.
Entendió que la dictadura quería destruir todo lo valioso de las luchas populares, desde Luis Emilio Recabarren hasta Salvador Allende, y se interpuso a ese designio luchando por la continuidad histórica del Partido Socialista de Chile.
Se convirtió, junto con Exequiel Ponce y Ricardo Lagos Salinas, en el núcleo y centro direccional del socialismo chileno en tan dramática encrucijada.
Carlos Lorca no ignoraba que al resistirse a ese poder feroz no tendría espacio para retroceder. Sabía que el fascismo jamás perdonaría su osadía, y aún así lo hizo. Amaba la libertad al precio de su vida.
Esa decisión, tan definitiva como irrevocable, fue determinante para que los jóvenes chilenos hoy lleven con orgullo su legado en sus corazones.
Su voluntad era resistir e indicar un camino. Con ese objetivo, a comienzos de 1974, Carlos Lorca tuvo el coraje de proponer el acuerdo político de la Izquierda con la Democracia Cristiana, cuando eran muy pocos los que se atrevían a hacerlo. Así, fue precursor de la alternativa política que desde 1988 en adelante, expresada por la Concertación, logró unir al Partido Socialista, la Democracia Cristiana, el Partido Radical y el Partido Por la Democracia y generar y orientar una amplia mayoría nacional para llevar a nuestro país por el camino de la reconstrucción de la democracia.
Carlos Lorca sabía que no habría reivindicación popular posible sin recuperar la democracia, y que para ello se debían superar las agudas diferencias que habían confrontado al Partido Socialista con la Democracia Cristiana, a fin de reponer sin exclusiones la unidad social y política del pueblo de Chile.
Para Carlos Lorca la lucha política no era un pasatiempo, y tampoco creía que las convicciones se adaptan al último grito de la moda. La política era para él un compromiso profundo con la patria y los trabajadores.
Carlos Lorca no era una veleta que se movía al soplo del viento. Gustaba del debate de ideas y despreciaba el canibalismo político y el comidillo inconducente e intrascendente.
Era un pensador, un hombre joven de extensísima cultura, un político con mayúsculas.
Austero en sus costumbres, fue un luchador socialista que entregó todo lo que podía entregar -su vida, incluso- para recuperar la libertad y la democracia, pues a cada paso comprobaba que la dictadura era el reino de la opresión de los poderosos.
Carlos Lorca jugaba ajedrez; lo hacía muy bien. Fue incluso campeón universitario. Todo en él era el gusto por las ideas, por el ejercicio mental, por el estudio y la lectura. Pero su compromiso libertario fue inquebrantable. De allí nació la voluntad por la cual sobrevivió más de un año de precaria clandestinidad, sostenido dramáticamente por un puñado de jóvenes socialistas como él, la mayoría de los cuales también fueron desaparecidos por la DINA.
Fue la generación que pagó el costo de la dictadura. El fascismo se ensañó con esos jóvenes.
Ante tan conmovedora experiencia, nosotros, los socialistas, y los demócratas chilenos en general, hemos reconocido los errores políticos cometidos en las circunstancias históricas anteriores a la tragedia del 11 de septiembre de 1973. Sería bueno que la Derecha también, algún día, fuera capaz de hacerlo y condenara el horror que se ejecutó bajo el régimen del que formó parte.
La DINA se ensañó con la familia de Carlos Lorca. Le prometieron que por una gran suma de dinero se lo devolverían. Sus padres fueron chantajeados y estafados. En busca del hijo hicieron lo imposible. Nada consiguieron. Sus hermanos fueron forzados al exilio y lejos padecieron el dolor por su pérdida y por el destierro.
Muchos pidieron clemencia por Carlos Lorca sin ser escuchados. El ex Presidente de Panamá Arístides Royo pidió por él al propio dictador, en una entrevista oficial. Este, en su felonía ilimitada, le respondió que "eso" no se podía porque era un pez "demasiado gordo". Era el cinismo del criminal que estaba en el poder.
Para un intelectual como Carlos Lorca , la clandestinidad fue una opción obligada y muy difícil. El testimonio de quienes lo vieron en sus últimas semanas antes de ser apresado nos habla de su extremo sacrificio: se encontraba empobrecido, enflaquecido y haciendo uso de sus últimas reservas de energía, cercado por la cacería de la DINA y el afán del régimen por capturarlo y hacerlo desaparecer.
Fue el asesinato de un hombre que estaba indefenso, que no tenía más que su confianza en que los días del horror serían dejados en el pasado y que en la patria chilena flamearía otra vez la bandera de la libertad. Abrigaba la certeza de que nuevamente se pisarían las calles sin terroristas de Estado y con hombres y mujeres libres.
Carlos Lorca desapareció físicamente, pero nunca podrá ser arrancado del recuerdo de quienes lo conocimos y de todos los que, sin conocerlo, han sabido quién era, se han enterado de su consecuencia, y comparten sus ideales y su semblante de hombre de paz, sabio, consistente, firme, indestructible.
He dicho.