Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 53
- Celebrada el 17 de mayo de 2000
- Legislatura Extraordinaria número 341
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Intervención
INFORME DEL PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO, PNUD, SOBRE DESARROLLO HUMANO EN CHILE.
Autores
El señor JEAME BARRUETO (Presidente).-
Puede hacer uso de la palabra la diputada señora Cristi.
La señora CRISTI (doña María Angélica).-
Señor Presidente, como estamos haciendo un análisis del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano comprendido entre 1990 y 1999, quiero recordar que éste existe desde antes de la década del 90; que en tiempos previos al gobierno democrático también se hicieron importantes análisis, en los cuales Chile, desde los puntos de vista económico y social, ya ocupaba un lugar destacado en América Latina y en el mundo.
A modo de referencia, sólo citaré cuatro de los avances hechos en la época y que con el tiempo, por fortuna, han seguido mejorando. Así es como haciendo un parangón entre los años 70 y 89, la esperanza de vida, que llegaba hasta los 61.5 años, se alarga hasta los 72; la mortalidad infantil, de un 79.3, desciende a un 13 por ciento; la desnutrición, de un 15.5, baja al 6 por ciento, y la cobertura de la enseñanza media, de un 5 por ciento, sube al 7.5 por ciento.
Repito que estos índices han continuado mejorando. Por lo tanto, es importante decir que en la generación de los 80, llamada “la generación perdida” para la mayor parte de los países latinoamericanos, Chile, en materia de desarrollo social y económico, sembró lo que hoy el país cosecha.
En cuanto al análisis que estamos conociendo, sé que fue hecho por un sociólogo, y significa un esfuerzo importante para dimensionar el sentir de las personas, que va de la mano del desarrollo. Hay varios puntos interesantes; pero me llama la atención el desarraigo del desarrollo social de la inversión en capital humano. Están presentados, pero no ligados unos con otros.
Así, por ejemplo, cuando se pregunta a la gente si tiene sueños y cómo visualiza el país del mañana, vemos que ninguna de las categorías que entregan son absolutamente enfáticas, sino más bien, todas, de bajo porcentaje. La más alta es “sueño con un país más igualitario”. Es evidente que eso nos da una señal respecto de la diversidad y diversificación de la economía.
En la segunda instancia, de nuevo dice: “Un país más desarrollado económicamente”. Es decir, ahí los chilenos nos están manifestando que, por una parte, les importa mucho acortar la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos. En los últimos años, muchos chilenos han tenido acceso a más recursos, pero otros, por distintas razones, probablemente por su propia pobreza, no han podido surgir. Las mayores posibilidades de trabajo y de ingresos permitieron que muchos accedieran a más bienes, pero también muchos quedaron a la espera de que algún día mejore su nivel de vida. Es decir, la situación económica para los chilenos es parte de su felicidad. No puede desligarse una de la otra.
Por otra parte, en el caso del primer análisis, “adhesión a la democracia”, llama mucho la atención su resultado: el 45 por ciento opina que es preferible, el 19 por ciento estima que un sistema no democrático podría ser mejor y al 31 por ciento no le importa.
Quiero detenerme en esto, porque hace poco, en una conferencia internacional, se analizó la denominada crisis de la democracia.
¿Qué factores hacen que este sistema, que supuestamente para todos nosotros es el mejor que se ha inventado, sufra ciertas contradicciones, al punto que, según algunos, habría que hacer algo para que fuera más eficiente y efectivo? Mucho tiene que ver lo que ocurrió en nuestro continente durante los años setenta y ochenta, en que hubo gobiernos autoritarios y se creó la gran esperanza de que la democracia resolvería todos los problemas.
Recuerdo que en Chile, una vez reinstalado el Congreso, se pensaba que los alcaldes, al ser elegidos de manera directa, solucionarían todos los problemas.
Hubo muchas promesas en este sentido y se crearon aspiraciones y esperanzas, que posiblemente no han sido cumplidas. Por eso, existe un alto desprestigio de los partidos políticos y del Parlamento.
En antecedentes que obtuve, las cifras son diferentes a las que citó don Eugenio Ortega. Por ejemplo, en relación a la confianza de las personas con algunas instituciones, a los senadores y diputados, sólo un 3.6 por ciento; a los partidos políticos, 1.7 por ciento; a los tribunales de justicia, 8.2 por ciento; a la iglesia -la que cuenta con la mayor confianza-, 54.8 por ciento; las universidades, 33.0 por ciento, y Carabineros y las Fuerzas Armadas, 23.4 por ciento.
En este sentido, ¿por qué el desencanto con la democracia y con la política? A mi juicio, la respuesta se reduce a que se crean muchas esperanzas y, a la larga, no son cumplidas.
Según un informe que preparó el diputado Baldo Prokurica, don Ricardo Lagos realizó más de ciento cincuenta promesas durante su campaña -muchas de las cuales estaban en el programa de Joaquín Lavín-, y los chilenos esperan que se cumplan.
Según la encuesta, las personas tienen bajo interés por los temas políticos. Es decir, si bien el análisis sociológico aborda las nuevas realidades del país respecto de la política, los sueños, las aspiraciones, el mundo globalizado, el mundo individualista, etcétera, nos encontramos con lo mismo de siempre: los chilenos esperan que los políticos -incluidos los de gobierno- les resuelvan sus problemas.
Se sabe que en Chile ha disminuido la pobreza, pero aún queda mucha. Además, se vive una tremenda inseguridad por los índices de violencia y delincuencia, que no fueron muy destacados en la encuesta. Anteayer, todos quedamos consternados por el homicidio con violación de dos niñitas, hecho que a nadie puede hacer feliz. Como chilena que siempre he estado orgullosa de mi país -como lo he demostrado en el mundo entero-, siento vergüenza, dolor y pena por esta desgracia.
Según la prensa, ha aumentado la violación de niños, sobre todo por personas que viven cerca de ellos. Muchos menores quedan solos porque sus madres deben salir a trabajar, ya que el drama de muchos es el desempleo.
En efecto, en años anteriores disminuyó la pobreza porque se generó mayor cantidad de empleos. Sin embargo, un senador, hace algunos días, se refirió a la forma en que se mide el desempleo, que es absolutamente caduca. Todos sabemos que no es real. Por lo tanto, el desempleo es mucho mayor, como lo apreciamos quienes estamos en contacto con la gente de nuestros distritos.
Como se dice en la encuesta, es muy importante todo lo que se relaciona con el mayor ingreso económico y el desarrollo del país, pero ¿qué se pasa con las áreas que quedan pendientes?
Si bien en un comienzo el programa se preocupó de factores que garantizaban una calidad de vida básica, como la vivienda, el alimento, el techo, la educación, la salud, el trabajo, etcétera, los ha ido ampliando.
Algunos factores afectan mucho, como es la falta de áreas de recreación, que se mencionan en la encuesta como una aspiración importante. Algunos sectores de ciertas ciudades, como Santiago, son de color café y las poblaciones carecen de jardines, de sitios para que jueguen los niños, de espacios gratos.
No se construyen ciudades gratas y limpias, sino contaminadas e inhóspitas, y en las cuales sus habitantes se encuentran hacinados. ¡Cómo pretender que algunos chilenos sean felices en esas condiciones! No se dispone de espacio para los jóvenes -algunos no están en el colegio ni tienen trabajo- ni para los deportistas -cada vez cuentan con menos lugares para hacer deportes-. Al respecto, el Parlamento cerró la posibilidad de la ley del deporte para fomentarlo.
Según ha dicho don Eugenio Ortega , las municipalidades se encuentran dentro de las instituciones que cuentan con mayor confianza. ¡Obvio! Son las que están más cerca de la gente, las que resuelven los problemas de todos los días; pero tampoco tienen los recursos necesarios. Hay una gran centralización en su distribución.
Lo mismo ocurre con las regiones. Me parece tremendamente interesante el índice de desarrollo regional que se ha hecho. Constituye una herramienta para que se redistribuyan mejor los recursos, de manera que se apoye a las que tienen más problemas.
Pero ¿cómo un alcalde va a poder resolver los problemas de viviendas, por ejemplo, si eso lo decide el Serviu en el centro? ¿Cómo el alcalde de Punta Arenas , que tiene una realidad distinta, va a solucionar los problemas de vivienda de su comuna cuando eso se resuelve en Santiago? ¿Cómo el alcalde va a tener acceso a los recursos -que existen- cuando alrededor de las municipalidades pululan cuarenta y un fondos concursables, muchos de los cuales ni siquiera son aplicables en esas comunas, algunas de las cuales tampoco cuentan con equipos profesionales para llamar a propuestas públicas?
En resumen, Chile ha progresado, pero falta que el desarrollo económico llegue a todos los sectores. Como dijo el diputado señor Delmastro , el ochenta por ciento del gasto destinado a desarrollo social queda en camino, en burocracia, en administración, en organizaciones no gubernamentales, en acuerdos internacionales, etcétera. Es importante que tales recursos lleguen a las personas más pobres.
Recién se ha dicho que el pasado gobierno dejó un déficit fiscal importante. Bueno, hay que llegar con los recursos a los más pobres, a los que más lo necesitan, a los jóvenes, única manera de que sean felices de alma y espíritu.
Hay algo que llama la atención de la encuesta. Entiendo que el dinero no es todo, pero ayuda. Cuando hay hambre, pobreza, miseria, evidentemente es muy importante.
Pero a ellos debemos acompañar sueños, esperanzas y también valores -que no veo reflejado en la encuesta-: la familia, a la que tanto afecta la pobreza; la responsabilidad, el respeto a los demás, el ser capaces de dialogar, de conversar, de armonizar en paz. ¡Somos un país tan violento! Todo eso me habría gustado haber visto en esta encuesta.
En mi opinión, la encuesta se da a conocer cuando tenemos tantas dificultades para lograr una convivencia social. Los chilenos queremos construir un país entre todos. Eso dice un alto porcentaje de la encuesta.
Creo que es tiempo de escuchar del Gobierno y de todos nosotros que se hará este gran esfuerzo para lograr la paz social y la convivencia que tanto necesitamos y que, sin duda, incidirá en que los chilenos seamos más tranquilos y más felices.
He dicho.