Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 27
- Celebrada el 16 de enero de 2002
- Legislatura Extraordinaria número 345
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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DEL DRAMATURGO, DIRECTOR Y ACTOR DE TEATRO DON ANDRÉS PÉREZ ARAYA .
Autores
El señor VELASCO (de pie).-
Señor Presidente, honorables colegas, madre, familia, amigos de Andrés Pérez:
En nombre de la bancada de la Democracia Cristiana, de mi colega Waldo Mora , de Tocopilla, y de tantos otros que en reiteradas oportunidades asistieron a obras dirigidas por Andrés Pérez , permítaseme rendir, por segunda vez, un merecido homenaje a esta singular persona.
Quiero empezar esta intervención citando estas letras de la actriz y viuda de Andrés Pérez, días antes de que falleciera: “Es melancólico el Andrés, es un tipo con un mundo interior súper rico; yo soy más extravertida, más hacia afuera. Él es una persona sumamente especial; más allá de un buen director o de un buen dramaturgo, es un líder de opinión importante en nuestro país, que canaliza su energía hacia lo que más ama en la vida, que es el arte teatral. Ese amor por el teatro me lo traspasó...”. Así, con ese cariño se recuerda a Andrés, y no podría ser de otra forma.
Nacido en Punta Arenas, Pérez , de joven, tuvo inquietud por el teatro, motivación que eclosionó en su otra ciudad que consideró como natal, Tocopilla , que lo cobijó en su edad secundaria y donde comenzó a desarrollar sus primeros pasos en el escenario. De una u otra forma, Andrés ya hacía amagues de lo que sería el teatro callejero que impulsara años más tarde, pues para difundir la obra que iban a presentar con un grupo de compañeros de liceo, exhibían trozos de la misma en la plaza de Tocopilla, lo que les servía de ensayo y de propaganda.
Su inquietud por el sacerdocio no fue más que eso, ya que se dio cuenta de que su verdadera vocación era estar al lado de los más desposeídos y llevarles cultura, tan esquiva cuando comenzaba a ser adulto. Eran años de plena dictadura.
Así, señala Ramón Griffero , otro gran director de teatro nacional, que conoció a Andrés en 1982, cuando él tenía la Casa de Agua en el parque Bustamante, centro cultural donde se hacía una resistencia artística al régimen de la época.
Pero no fue hasta la llegada de la tan ansiada democracia que, junto con la presentación de “La Negra Ester”, Pérez se hizo famoso, develando su carismático legado de llevar el arte a la gente, debutando con la compañía “Gran Circo Teatro”, que formó con otros actores, a los cuales se les nota la poderosa influencia de estos signos culturales que Andrés inculcó, como Willy Semler , María Izquierdo , Aldo Parodi y Rosa Ramírez . En particular, quiero referirme a “La Negra Ester”, su más recordado trabajo, pues me toca de muy cerca. Vamos con estas décimas del texto de Roberto Parra:
“Conocí a la Negra Ester
aquí en casa de doña Berta,
esta casa llena de puerta
me hizo conocer el querer,
corazón sin enloquecer.
Un día por la mañana,
antes que rayara el sol,
más linda que un arrebol,
fresquita como una manzana,
muy alegre, muy ufana,
venía la Negra Ester.
“Yo la miro de reojo,
sin decir media palabra,
si es tan relinda la cabra,
le hace mil pata al cojo,
y saldré de mi antojo,
digo para mí adentro,
no voy a contar el cuento
y saldré con mi porfía.
La noche voy a hacer día,
juro por el firmamento”.
Esta obra, vastamente conocida, ha permitido traslucir un mundo que existe y que toda la gente lo reconoce, pero que, desgraciadamente, nuestra sociedad pacata, en muchas oportunidades pretende esconder.
Esta obra no se habría concretado si no hubiese existido alguien que la hubiera llevado a las tablas. De la relación entre Roberto Parra , el autor, y el director, emerge la figura de Andrés, hombre multifacético que fue capaz de renovar el teatro nacional, pero particularmente para los habitantes de San Antonio, lo que se refleja en el hecho de que Andrés Pérez haya puesto en escena, con una osadía gigantesca, un mundo tan difícil y tan complejo como es el ambiente que se vive en las casas de prostitución a lo largo y ancho de nuestro país.
Andrés Pérez ha fallecido, pero su obra será inmortal, pues representa un conjunto de acciones y actitudes, de añoranzas, de sueños, de planes, de vivencias, tanto en lo personal como en lo teatral, lo cual realizó junto con una familia que constituyó con su distinguida esposa, la actriz Rosa Ramírez , la que, a pesar de durar sólo un par de años constituida formalmente, extendió su lazo hasta la muerte, pues Rosa lo acompañó en el lecho de su despedida, y el hijo, fruto de esta unión, llamado igual que su padre y nacido un 11 de septiembre de 1973, sigue los pasos de su progenitor: la pasión por el teatro.
Muchos quizás intentaron ocultar su enfermedad, que lo llevó a separarse de este mundo terrenal; pero tanto su patología, el sida, como su homosexualidad, no fueron ni serán impedimentos para él ni para nadie. Él trascendió como director de teatro y logró romper todos los esquemas en materia de dirección y de creación de obras, las que probablemente no hubiesen sido posibles de no contar con su inconfundible empuje.
Este señor de las tablas revitalizó el teatro chileno, implementando en forma innovadora el Gran Circo Teatro, sobre la base de la influencia callejera que conoció durante su estada por más de cinco años en Francia, donde participó en el Théatre du Soleil.
San Antonio le debe mucho a Andrés Pérez , que le dio mucho, hecho que espero que se valore con el tiempo.
La obra “La Negra Ester” nace en el prostíbulo “Luces del Puerto”, ubicado en Sargento Aldea N° 124. Allá se inspira Parra y ahí Andrés Pérez crea esta hermosa obra teatral. Sin duda, aquellas personas que construyen cultura en nuestro país y en el mundo deben ser reconocidas y recordadas, independientemente de sus características individuales, pues nadie puede apuntar con el dedo a personas diferentes de uno o de las demás. Cada cual es como es. Sólo se rinde cuenta ante Dios por los actos que en vida realizamos. Por eso el mundo teatral, los artistas, los intelectuales, la gente que vive de este sueño y de esta alegría, de esa viva gama de colores y sonidos rimbombantes que Pérez llevó en cada una de sus obras ese mundo de glamour, de saltimbanquis y de zancos hoy se encuentra de duelo para siempre. Ese duelo que ya lo han transformado en alegría, como Andrés hubiese querido, se conjugará en la multiplicación de la creatividad de jóvenes directores, quienes verán en Pérez un ejemplo, ya que su profunda convicción no puede quedar en el aire, sometida a ventoleras que despilfarren su potencial.
Así como Andrés Pérez será recordado por lo trascendente del contenido de su trabajo, muchos otros, estando en vida, carecen de espacio y de recursos suficientes, y, al igual que el malogrado director en sus inicios, merecen reconocimiento, que les tiendan ahora una mano llana y sin cortapisas.
Honorable Cámara, a través de este homenaje póstumo a Andrés Pérez , pedimos que mediante una iniciativa oficial de promoción y difusión de las artes y la cultura, dado que se hace indispensable poner en marcha una nueva institucionalidad cultural, se dé un espaldarazo a todos esos jóvenes artistas. Es hora de apoyarlos real y concretamente. Ojalá que en este hemiciclo no se realicen más reconocimientos póstumos a nuestros artistas y creadores, que la muerte no constituya factor de unión, sino que la vida y el quehacer de los artistas sean resaltados y apoyados mientras efectúan su labor. No les atemos las manos. Permitamos que ellos den rienda suelta a su imaginación.
Muchas gracias.