Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N°62
- Celebrada el 31 de agosto de 2016
- Legislatura número 364
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Homenaje
HOMENAJE A MARIO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ AL CONMEMORARSE TREINTA AÑOS DE SU DESAPARICIÓN Y POSTERIOR FALLECIMIENTO
Autores
El señor
“Pete: Mi muy querido y cristiano amigo, me robaron la agenda y no tengo tu dirección. Pero en términos prácticos, cómo hay estado. Escribe hueón malagradecido de universidad rural, para saber cómo estás.
“Acá la situación es difícil, a lo mejor en breve, me vas a ver en los diarios. La represión se ha concentrado en la UTE. Rechazaron las solicitudes de retiro temporal. Cinco sumarios, intervención del Ministerio del Interior, Rengifo requerido, Cristian lo mismo, siete detenidos por fiscalía militar, eliminados académicamente, entrada de carabineros prácticamente día por medio, vigilancia a los dirigentes y el lunes hay una acción donde voy a estar.
“La asociación académica fue desconocida con tutti. La Mónica Reyes se fue hoy domingo a Argentina a trabajar.
“El Burotto y la demás gente pueden ser relegados.
“En el centro y poblaciones queda la cagá. El miércoles tuvimos que salir a rayar y lanzar material de lectura y a desinflar neumáticos con presencia militar. Casi nos pescan.
“Cuídate, Pete (me contaron que en un mitin te pegaron) y ponte la pilas.”. Honorable Cámara:
He querido iniciar este homenaje dando lectura a una carta dirigida a Pedro Cisterna, conocida hace pocos días, con ocasión de conmemorarse treinta años de la desaparición y muerte de Mario Martínez Rodríguez, misiva que no solo refleja el estado de cosas en el Chile de la época, sino también la personalidad de nuestro homenajeado.
Agradezco el honor que me ha conferido la bancada de diputados de la Democracia Cristiana para expresar estas palabras en su representación, en mi calidad de expresidente nacional de la Juventud Demócrata Cristiana.
Quiero saludar a su familia, que se encuentra presente en la tribuna de honor, en especial a su madre, doña Lali Rodríguez.
Hablar hoy de Mario Martínez no solo significa recordar al secretario general de la Feusach, al secretario de finanzas de la Confech, al líder estudiantil, al luchador por la democracia, ya que para muchos jóvenes de ayer y de hoy constituye un ejemplo de consecuencia y testimonio que actualmente perdura.
Mario Martínez , junto con ser un destacado militante de la Juventud Demócrata Cristiana, fue un líder universitario que luchó desde las ideas y desde la movilización social para derrocar al régimen militar, cuestión que le significó sufrir no solo la persecución, sino también la expulsión de la universidad y posteriormente la muerte.
Así actuaba la dictadura, ese era uno de sus mecanismos de acción: infundir temor y amedrentar a las personas y grupos que se organizaban con la finalidad de generar la conciencia colectiva necesaria para reinstalar la idea de que sí era posible terminar con la opresión y con la dictadura, para dar paso a la libertad y a la democracia.
En un discurso de homenaje en el año 2002, se presentaba a Mario y las circunstancias de la época de la siguiente forma.
Simplemente como otros, estudiaba, soñaba y debatía hasta el cansancio contra la injusticia y la opresión, por la libertad. Además, soñaba una universidad verdadera, que fuese libre, autónoma, independiente, democrática; dentro de la que podían existir procesos para lograr que Chile fuese libre, pues solo la juventud, la pasión, el jugársela, lo lograría.
Como otros estudiantes de la época, fue detenido varias veces por participar en sittings o manifestaciones de diversa índole. A través del ejercicio de estos actos empezó a destacarse sobre los demás por tener ideas claras, amplias, contundentes y preclaras. En su sed de justicia y libertad, se integró con otros jóvenes de los más diversos orígenes y pensamientos para formar una orgánica estudiantil y, más fuertemente, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile.
En la universidad, algunos veían con malos ojos que un estudiante luchara contra la dictadura de una forma en que daba la cara y a manos limpias.
Empezó a ser perseguido y, finalmente, fue sumariado en 1985 por su participación en el movimiento estudiantil, por participar en reuniones y asambleas consideradas sospechosas, por opinar abiertamente y ser un dirigente. Fue sumariado por la rectoría de la época a través del fiscal instructor Carlos Thomas Garfias. Mario, solo y sin apoyo, se defendió frente a acusaciones ilógicas, infundadas y exageradas. Se defendió respaldado solo con su inteligencia, sus ideas de universidad tolerante, universal, libre, abierta al conocimiento y al debate, con su fe. Aún así fue expulsado, con lo que perdió su carrera.
Lamentablemente, Mario, con escasos 24 años, vio interrumpidos sus sueños de justicia y libertad. Un 2 de agosto, a eso de las 12:30 horas, salió de la casa de sus padres, como lo hizo más de una vez, a devolver una mochila y unos libros a un compañero de universidad.
Cuatro días más tarde, su cuerpo sin vida fue encontrado en la playa grande del balneario de Rocas de Santo Domingo. Llevaba en la espalda la misma sencilla mochila con la que había salido de su casa. Un testigo aseguró que durante la madrugada del 3 de agosto, mientras se encontraba pescando con un sobrino, vio llegar a un grupo de personas hasta la playa, sintió gritos y después de aproximadamente veinte minutos, fue testigo de cómo se alejaron del lugar.
El informe de autopsia consigno que la causa de la muerte fue asfixia por sumersión, no constándose lesiones atribuibles a terceros.
Se designó un ministro en visita de la Corte de Apelaciones Pedro Aguirre Cerda para establecer las circunstancias de su muerte. El proceso fue sobreseído por estimarse que no se había acreditado la perpetración de un delito, luego que la Corte de Apelaciones revocara varias resoluciones que daban por cerrado el sumario.
Un amigo de Mario Martínez que estuvo haciendo indagaciones para averiguar lo sucedido, fue amenazado mediante una llamada telefónica, conminándolo a que les diera término, porque “si no, iba terminar igual que él”.
Durante la investigación, varios testigos fueron objeto de seguimientos por desconocidos. Considerando los antecedentes reunidos y la investigación realizada por el consejo superior de las comisiones de verdad, este llegó a la convicción de que Mario Daniel Martínez Rodríguez fue detenido y muerto por agentes del Estado al margen de proceso legal. En tal virtud, lo declaró víctima de violación de derechos humanos.
Un escrito de un compañero de luchas lo describía como un joven de estatura regular, de aspecto fuerte y decidido, que usaba unos lentes gruesos de mateo y se vestía como todos los universitarios de esos tiempos: bluyín, parca y zapatos deportivos.
Tenía una manera muy especial de hablar: pronunciaba cada frase con mucha fuerza, como si todo lo que decía fuese importante, urgente y con sólidas bases teóricas.
Era inteligente, estudioso y capaz de abordar diversos temas. Se notaba que leía mucho.
En el funeral de Mario, Andrés Rengifo, a la sazón presidente de la Federación de Estudiantes, en una carta escrita desde la cárcel, ejemplifica no solo su talento, sino la valentía que expresaba en su actuar. En ella decía:
“Tú fuiste el primero en acusar a quienes asesinaron a Óscar Fuentes y Julio Santibáñez, tu encabezaste la solidaridad de la federación con Carmen Gloria Quintana. Camarada Mario, el más claro, el más abierto en construir una patria para todos.”
Según versiones entregadas a la Comisión Rettig, Mario manifestó durante el primer semestre de 1986 que estaba siendo objeto de seguimientos y amenazas dentro de la universidad, por grupos de ultraderecha denominados “Septiembre 11” y “Yakarta”. Esto motivó a Mario a presentar un recurso de amparo preventivo ante la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Santiago, recurso que finalmente fue rechazado, con las consecuencias por todos conocidas.
¿Qué habría pasado si la justicia no hubiese guardado silencio cómplice o si tan solo hubiese cumplido su rol? Quizás la suerte de Mario hubiese sido distinta.
La familia, los amigos de Mario y la Democracia Cristiana no han podido saber hasta hoy quiénes fueron los responsables de su desaparición y posterior muerte, la cual sigue cubierta por el velo de la impunidad, y quienes lo cometieron, siguen caminando tranquilos por las calles de nuestro país.
Pero hoy, por la natural necesidad de justicia, la causa de Mario ha sido reabierta. Desde esta tribuna, exigimos conocer quiénes fueron los que con semejante cobardía terminaron tan tempranamente con su vida. Justicia para Mario Martínez; nada más ni nada menos.
A veces, uno observa con temor las descalificaciones políticas. Es por esta realidad que uno puede exhortar a no perder de vista lo esencial de la política: el bien común. Urge pensar en lo mejor para nuestro país, sin olvidar que un “mañana se construye hoy necesariamente con el ayer”, y que para ello no podemos olvidar a quienes perdieron su vida en defensa de la libertad, de nuestra libertad.
La democracia que vivimos hoy costó mucho: muchas lágrimas y sufrimiento de madres, esposas, hijas e hijos de todos quienes ofrendaron valientemente su vida en aras de nuestra libertad, la misma que hoy pareciera importarnos tan poco, pero que debemos cuidar día a día, ya que es esta la única forma de no olvidar a miles de compatriotas que, como Mario, dieron la vida para tener un Chile mejor.
El país y los democratacristianos no solo debemos sentirnos orgullosos de figuras de la talla de un Frei Montalva, de un Bernardo Leigthon o de un Radomiro Tomic. En efecto, Mario también forma parte de la galería de los grandes. Un joven, como muchos, de ayer y de hoy, alegre, idealista, valiente y jugado por las causas en las que creía; no en la teoría, sino en la acción.
Mario, tu figura y testimonio no han sembrado en el desierto. Al contrario, tu semilla ha germinado en el corazón de muchos de nosotros, de tu inigualable ejemplo.
Aún resuena en mis oídos una hermosa canción que te dedicara un camarada de la Juventud Demócrata Cristiana, de Viña del Mar, en una reunión clandestina, por allá por el año
1988, que dice: “pudieron callar tu cuerpo, pero no tu espíritu, continuaremos tu obra de justicia y hermandad”.
¡Gracias, querido Mario! Fuiste y eres semilla de libertad, semilla de libertad.
He dicho.