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Homenaje
CENTENARIO DE LA COMUNA DE PUNTA ARENAS

Autores

El señor MUÑOZ (de pie).-

Señor Presidente , honorables colegas:

Como parlamentario de la Región de Magallanes y de la Antártica chilena, rindo, en esta ocasión, un sentido homenaje y entrego un especial reconocimiento a mi querida ciudad de Punta Arenas.

Punta Arenas, que en invierno viste ropaje de la nostalgia y de lo moderno; que por dentro se inquieta de neblinas, escarchas y brisas marinas; que por la tarde ya es noche y en las calles la nieve se aburre lentamente hacia la helada nocturna.

Punta Arenas, en verano, también viste ropajes de invierno, pero por dentro se llena de estrellas, viento y rojos atardeceres.

Sus inquietudes de ciudad, responsable de una comuna y de una región, se extiende desde su plaza de armas hacia los cerros, cruzando parques forestales, el cerro Andino y la otra cara de la península; desde el viejo puerto a la caleta de pescadores en Punta Carrera, el fuerte Bulnes y la historia trágica de Puerto de Hambre; desde sus avenidas e íntimos rincones del pasado a su moderno aeropuerto, la industria petroquímica en Cabo Negro, el de Pecket y nuevamente el mar.

Así se nos va abriendo esta comuna con sus grandes sueños y realizaciones. Gasoductos inyectan la energía necesaria; las calles se abren al progreso; se extienden avenidas y se construye un nuevo puerto.

Son los grandes desafíos del presente.

Antes, a fines del siglo pasado, también se comenzaba a trabajar en las grandes cosas, en los grandes desafíos: un puerto que se inquietaba por la presencia de cientos de embarcaciones provenientes de todo el mundo; la energía eléctrica que se ve concretada en forma visionaria; el telégrafo y el teléfono; el periódico, las construcciones de inspiración europea y la inmigración hacen adquirir increíbles esperanzas a un esforzado grupo de colonos de las más diversas latitudes.

Por aquella época comienza a perfilarse en el extremo sur del mundo esa institucionalidad llamada “municipio”. El 21 de junio de 1896, hace cien años, en pleno invierno en la austral localidad, es promulgada la ley Nº 363, que dispone la creación de la comisión de alcaldes del territorio de Magallanes.

Esta iniciativa tiene su evolución histórica desde el primer cabildo en Chile, de 1541, hasta 1854, en que se dicta la primera ley de municipios, que establecía las relaciones de la municipalidad con el gobierno; en 1887 se decreta traspasar nuevas atribuciones al alcalde y, en ese entonces, el antiguo cabildo era llamado “alcaldía”. Y en 1891 se dicta la ley de comunas autónoma, creada para lograr la independencia política, administrativa y financiera de los municipios.

La referida ley era una normativa general de contribuciones, que aprobaba su recaudación por ocho meses y autorizaba el cobro de las contribuciones municipales en el territorio de Magallanes.

Según la misma ley, las contribuciones municipales puestas en vigencia en Magallanes serían administradas por una comisión compuesta por el gobernador del territorio y tres alcaldes, que procederían de acuerdo con el reglamento que dictaría el Presidente de la República .

A la promulgación de la ley, realidad que premiaba el tesón, el empeño y la visión del gobernador Manuel Señoret , éste se reúne con tres personas que desempeñaban las funciones de alcaldes judiciales, los recordados vecinos Lautaro Navarro , Rómulo Correa y Juan Bitsch , a fin de constituir la junta municipal creada por la referida ley.

Así, con premura y todo, comenzaba a nacer la municipalidad de Punta Arenas.

Este sentido homenaje, indudablemente que tiene el sabor y los flujos influyentes de las vivencias, eso que tanto marca a quienes hemos transitado, en cuerpo y pensamiento, por calles, barrios y avenidas de Punta Arenas, por Fuerte Bulnes, Río San Juan, Parque Chabunco, Río Seco; en fin, por sus geográficas circunstancias y por esa descolorida pradera que une pasado, presente y futuro.

Así se nos va presentando nuestra querida comuna de Punta Arenas.

La ley orgánica constitucional de municipalidades, reformada en marzo de 1992 por la ley 19.130, regula la estructura y el funcionamiento de las municipalidades del país, y el municipio de Punta Arenas tiene importantes desafíos que enfrentar. No será una tarea fácil, pero están los precedentes de otras situaciones históricas en las que también se debieron enfrentar grandes dificultades. Punta Arenas intenta crecer de mil maneras, con una economía en que influyen vaivenes según sean las circunstancias del momento.

Hace cien años, la región de Magallanes se caracterizaba por su extremada baja densidad poblacional, con una marcada presencia extranjera -sobre el 40 por ciento de la población- y con un predominio del sexo masculino, acentuado en el ámbito rural, especialmente el campesino.

Así es como, a fines del siglo pasado y comienzos del actual, se consolida la actividad ganadera. Comienzan a llegar colonos nacionales, en especial de Chiloé.

El hombre llega a los más apartados lugares de la región y revienta la locura aurífera en Tierra del Fuego y en otros lugares del territorio regional.

Punta Arenas recibe los coletazos positivos y negativos de esa fiebre mineral.

Termina la fiebre y también parte importante del romanticismo resultante de esa mezcla de dureza, ilusión y aventuras

Se sigue manteniendo la condición monoproductora de la región basada en la ganadería.

La apertura del Canal de Panamá, el año 1914, propina una violenta bofetada a la economía de Magallanes, en especial, a la ciudad de Punta Arenas.

El simple habitante de la comuna ve apagarse luces de hoteles, barcos y comercio, y no logra entenderlo o relacionarlo con las externalidades de los hechos trascendentes.

Nacen importantes movimientos sociales y campesinos. La ciudad, de todas maneras, sigue creciendo.

A pesar de los momentos difíciles de los años 20 y 30, se destacan con mayor significado el empuje y optimismo de quienes creen en Magallanes y en su ciudad. Comienzan a destacarse líderes de opinión, casi todos populares, y de claro compromiso social, como los ya fallecidos Diputados Juan Efraín Ojeda y Ernesto Guajardo Gómez , éste último alcalde de la ciudad de Punta Arenas.

El año 1945, como una recompensa de la naturaleza a la persistencia, brota en Magallanes el petróleo, acontecimiento que cambia, hasta nuestros días, la cara y los dibujos de la economía regional.

A partir de los años 45 y 50, se acentúa la característica de elegir alcaldes a aquellas personas altamente representativas de la comunidad, sumamente populares y de un claro cariño y entrega por su ciudad. Y en 1992, renace esa característica, después de casi 20 años sin elecciones municipales.

En los años 60, y algo más adelante, Punta Arenas ve llegar el progreso a pasos agigantados.

La Corporación de Magallanes crea nuevas industrias.

El petróleo sale de la mano con el gas natural y se produce una verdadera revolución energética en la ciudad.

La poética y añorada visión del viejo camión carbonero transitando por las calles empedradas de Punta Arenas, ofreciendo su producto de casa en casa, es cambiada por una moderna red de distribución de gas natural que llega orgullosa a la ciudad, alimentando la generación eléctrica y la energía tan vital en cada momento del año, en que calor y familia forman un núcleo generacional indivisible cuya tradición aún cuesta desplazar.

Al comenzar, hacía mención a los grandes desafíos del presente. Hablamos de una ciudad y de una región, que por sus características geográficas y climáticas le es muy difícil y oneroso acercarse al resto del mundo.

Las nuevas tecnologías han sido importante aporte a la comunicación de Punta Arenas con el resto del país y el mundo. Los medios de transporte llegan por cielo, mar y tierra. Pero aún el magallánico se siente aislado económicamente.

Los esfuerzos de las actuales autoridades por solucionar los principales problemas de la comuna se identifican en iniciativas como el Proyecto Región, ejemplo de participación ciudadana, o como las señaladas en el Plan Austral de Desarrollo Productivo.

Las potencialidades de la comuna están latentes: allí están los hidrocarburos, la pesca, lo silvoagropecuario, los recursos forestales, el desarrollo marítimo-portuario y el turismo, por señalar los de mayor importancia.

Hace 100 años el gobernador Manuel Señoret se reunía en su despacho con los vecinos Lautaro Navarro , Rómulo Correa y Juan Bitsch . Así nacía la municipalidad de Punta Arenas.

¡Quizás qué pensamientos futuristas pasaban por la mente de esas personas en aquella ocasión! Lo más probable es que hayan sido pensamientos optimistas, ideas soñadoras, anhelos de quien cree y confía en su entorno.

Hoy día también tenemos esos pensamientos optimistas, esas ideas soñadoras y esos anhelos de una sociedad mejor.

Por supuesto que faltan muchas cosas. Necesitamos retener a nuestra juventud, mayores oportunidades y mejor participación para ellos; aún es necesario avanzar en viviendas, obras viales y conciencia ambiental.

Está el proyecto del nuevo puerto. Necesitamos inversiones que garanticen la ocupación de mano de obra regional durante todo el año, fuentes de trabajo estables, y mejorar la infraestructura turística.

En fin, una ciudad, si quiere progresar, debe tener las armas e ingenio necesarios para hacer frente a los inevitables problemas que conlleva el progreso.

Calles, puentes y avenidas, en sus denominaciones, nos van recordando aquellos nombres de quienes tanto han hecho por esta ciudad.

Los avances del progreso, sin duda, seguirán recogiendo el legado de los esforzados luchadores por la causa magallánica.

Las luces de este centenario se ven resaltadas en luminosidad con el ejemplo de quienes han hecho ciudad y han hecho comuna, a través de su historia.

Quiero representar en el alcalde de Punta Arenas y en los miembros del concejo, este saludo y homenaje de adhesión por los 100 años de la municipalidad de Punta Arenas.

No es fácil resumir tantas ideas cuando uno se hace militante de una ciudad, obrero de sus ilusiones más sentidas, profesional de la evocación y del entusiasmo.

Si bien en esta Sala no está presente ese viento magallánico que persistentemente curiosea entre papeles, los cabellos y las ramas de los árboles; no está esa escarcha que obliga al cuidadoso andar, ni esos árboles cuyas copas nevadas miran al estrecho en vez de las estrellas; sin embargo, está presente ese ambiente que excita la memoria y hace acercarnos mentalmente a Punta Arenas, esa hermosa ciudad ubicada en el extremo sur de Chile y al fin del mundo, que necesita urgentemente de la preocupación y el compromiso de nosotros, sus legisladores.

Que el homenaje que hoy rinde a Punta Arenas esta Honorable Corporación y todos sus integrantes, se traduzca, más temprano que tarde, en acciones concretas que permitan a los hombres y mujeres que habitan tan austral comuna, una real condición de vida digna, con igualdad de oportunidades, para que Punta Arenas siga siendo la tierra soñada por todos y la capital del mundo al fin del mundo.

He dicho.

-Aplausos.

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