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  • Legislatura Extraordinaria número 336
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Intervención
MODIFICACIÓN DE CÓDIGO DEL TRABAJO EN MATERIA DE NEGOCIACIÓN COLECTIVA Y OTRAS

Autores

El señor NÚÑEZ.-

Señor Presidente , tengo la impresión de que el señor Presidente de la Comisión de Trabajo y Previsión Social hizo un gran esfuerzo para los efectos de que podamos discutir en la Sala un proyecto de tanta importancia como el que nos ocupa, casi emblemático para las concepciones de modernización presentes en la sociedad chilena.

En ese sentido, aun cuando no compartí muchos de los planteamientos que se desprenden del informe, expresados por ese Honorable colega, lo cierto es que no debo sino reconocer que Su Señoría desplegó un esfuerzo particularmente significativo -repito- en el momento en que el texto fue debatido en ese organismo técnico.

Y entiendo perfectamente por qué lo hizo. Porque estimo que el Senador señor Thayer , aun cuando no compartimos, desde el punto de vista político o de una concepción, muchos de los aspectos presentes en la iniciativa, ha comprendido que en el país que estamos construyendo se registra un fenómeno real: las relaciones laborales no marchan bien. Y es algo que ocurre más allá de cualquier tipo de acepción ideológica que se pueda sostener respecto del tema del trabajo y la concepción de empresa. La verdad es que todos los datos indican que en ese plano Chile no está caminando en la línea correcta: no hay procesos de modernización ciertos.

Es más. Pienso que si en las tribunas se encontraran presentes connotados hombres de empresa europeos -o, tal vez, doña Margaret Thatcher , o el señor Chirac, o el señor Aznar , o el señor Kohl , o cualquier exponente de un pensamiento distinto del mío-, no comprenderían esta discusión. Porque no es verdad que la cuestión que hoy se plantea en el Viejo Continente es terminar con los logros significativos obtenidos, no por los trabajadores, sino por la sociedad europea durante los últimos 50 años.

A nadie en Italia se le habría ocurrido limitar el derecho a huelga, ni siquiera al señor Berlusconi. En su programa, éste jamás planteó impedir las negociaciones colectivas, incluso interempresa. Y estoy hablando de las personas más cercanas, desde el punto de vista político, a los señores de la Derecha en Chile. Es decir, nadie se habría expuesto la posibilidad de cuestionar las bases del progreso de Europa en el último medio siglo.

Se me podrá decir que el nivel de cesantía es espectacularmente alto en algunos Estados, pues 17 por ciento en España es preocupante, en tanto que la cifra de Francia también es particularmente significativa. Pero ya dejó de ser una discusión en el país galo, en los últimos días, la reducción de la jornada laboral, habiéndose opuesto inicialmente el Presidente Chirac a la idea señalada al respecto por el Primer Ministro , Lionel Jospin .

Lo cierto es que nadie puede entender todavía -y en particular en países europeos- que en naciones como la nuestra se trabajen "48 horas semanales". Y ello, entre comillas, porque, según datos de la OIT, la verdad es que Chile es el tercer país del mundo en donde más se trabaja, transcurridos más de 100 años de ser aprobada dicha jornada laboral.

Curiosamente, las naciones aludidas no pueden ser caracterizadas como "socialistas", desde el punto de vista de la concepción sustentada en el siglo pasado acerca del socialismo, es decir, con una fuerte y significativa presencia del Estado en la regulación de todo tipo de relaciones laborales y sociales. No. Se trata de países que están aplicando normas de economía abierta y libertad de empresa, en un marco de globalización mundial.

Me preocupa mucho que en Chile no se realice un debate desideologizado sobre el tema. Porque la Derecha todavía manifiesta un discurso extraordinariamente ideologizado al respecto: ella aún es, básicamente, antisindicato. Enfrenta un problema histórico con esa organización. Puede ser que en el pasado se sufrieran traumas, que en un período de la historia nacional se registrasen grados de conflicto de tal naturaleza que, efectivamente, cabe entender el nivel de ideologización mencionado.

La realidad es que en una sociedad moderna el sindicato no sólo es la expresión de aquellos que en las relaciones laborales conforman la parte más débil, cual es el caso de los trabajadores, sino que constituye un factor fundamental para elevar la productividad, para desempeñarse en mejores condiciones con el medio ambiente y, al mismo tiempo, para permitir el progreso de un número significativo de seres humanos.

Me llama la atención, por ejemplo, que no se diga algo que, en mi opinión, debiera avergonzarnos: en los dos últimos años, en todas las pequeñas empresas con menos de cincuenta trabajadores sólo negoció colectivamente uno por ciento de éstos. A mi juicio, todos realizamos un gran esfuerzo, así como lo ha efectuado el Gobierno, en el sentido de mejorar significativamente la presencia de la pequeña y la mediana empresas en la estructura productiva. Creo que todos coincidimos en ello. Pero ninguno de nosotros piensa en el tipo de empresa artesanal del siglo pasado, cuando los empresarios de la época practicaban una sobreexplotación brutal del trabajo: hablamos de pequeñas empresas muy modernas, donde existe la posibilidad, efectivamente, de incidir en el proceso productivo y en la elevación de la productividad. Si en los dos últimos años sólo ha negociado colectivamente uno por ciento de los trabajadores del sector, ello constituye una vergüenza que debemos asumir.

No surge un riesgo, en mi opinión, para el desarrollo de tales empresas. Sería un error seguir pensando que el Gobierno, estas bancadas o la Concertación están trabajando para impulsar procesos que puedan limitar la inversión privada o la extranjera en la Región que represento, para citar un caso. Por mi parte, estoy muy satisfecho de las inversiones en el país y, particularmente, en el sector de la gran minería del cobre. Pero hago constar que en los últimos cinco meses, tal como lo he hecho presente al señor Ministro y a los señores Subsecretarios de Previsión Social y del Trabajo, se han producido no menos de cinco despidos de dirigentes sindicales. Después de negociaciones colectivas, normalmente se recurre al artículo que permite tomar esa medida por razones de empresa.

Y, en muchas de esas negociaciones, empresarios nacionales o extranjeros han ocultado antecedentes importantes para que tales procesos tengan sentido. Porque, cuando los trabajadores carecen de los datos propios de la empresa, cuando éstos no les son proporcionados, no cuentan, objetivamente, con ninguna posibilidad de participar en una negociación colectiva seria, en que la parte laboral disponga de todos los elementos necesarios para entender la lógica en que se hallan inmersos los empresarios. La situación descrita se vive en forma permanente y me parece que no responde a los anhelos de transformación y modificación que todos deseamos.

También, escuché algo que no se diría en un país civilizado, como es lo referente a sindicatos politizados. Eso ya no constituye tema en ningún país moderno. Ningún empresario de Francia duda de que las tres centrales sindicales existentes en esa nación son políticas: una pertenece al Partido Comunista; otra, al Partido Socialista, y otra, a las fuerzas cristianas. A ningún empresario de Italia se le ocurriría cuestionar el hecho de que las dos o tres organizaciones sindicales que actúan en ese país están ligadas a partidos políticos.

¿Pero me van a decir que aquellos sindicatos negocian frente a los empresarios enarbolando banderas rojas? Sostenerlo implica no entender el tipo de negociaciones que se realiza; no saber que, en general, los empresarios europeos se entienden muy bien con las centrales sindicales para los efectos de mejorar las relaciones laborales y los niveles de productividad y de calidad del trabajo. Ningún empresario ni la Derecha cuestionan el hecho de que las organizaciones puedan ser calificadas de comunistas o socialistas. Eso es un arcaísmo propio de nuestra sociedad.

¡Y aquí cuestionamos que los dirigentes sindicales puedan tener adscripción política! La tienen. ¿Por qué no, si la tienen también los empresarios?

Nadie me va a vender el cuento de que las asociaciones empresariales son apolíticas. Y me parece absolutamente legítimo que los grandes empresarios, y en particular los dirigentes de la SOFOFA, sean objetivamente gente de Derecha. No lo cuestiono. Me parece del todo legítimo. Porque las personas que no tienen ideas políticas están fuera de la realidad, normalmente. Hay que tener ideas políticas.

Sin embargo, aquí no se cuestiona el hecho de que los empresarios sean políticos y pertenezcan a Renovación Nacional o a la UDI, o estén muy cercanos al General Pinochet. ¡Nadie lo cuestiona!

Por tanto, en estas materias vivimos todavía en un grado de retroceso cultural francamente lamentable.

Quizás todos deberíamos asistir a algún seminario en Europa para ver cómo se está manejando allí este tipo de situaciones. Y a lo mejor aprenderíamos un poco más. En el siglo pasado, por lo demás, muchos Senadores y Diputados viajaron al Viejo Continente para conocer los cambios que se estaban produciendo. A nosotros -insisto- tal vez nos haría bien un viaje con ese propósito, para que de una vez por todas nos deshiciéramos de esta especie de arcaísmo cultural al que, según veo en esta discusión, aún estamos sometidos.

Por último, señor Presidente , tengo la impresión de que este proyecto avanza significativamente. Pero, desde mi punto de vista, y más allá de cuestiones políticas, no se avanza lo suficiente. Temo que las negociaciones colectivas no sean parte sustantiva del proceso de modernización de nuestro sistema empresarial. Temo que, con las normas que vamos a discutir, el derecho a huelga sea burlado permanentemente y se despida a muchos trabajadores por el solo hecho de utilizar los escasos márgenes que la presente iniciativa les va dejando para ejercerlo.

El derecho a huelga fue consagrado como esencial ya en el siglo pasado. Y se pretende erradicarlo del escenario político-cultural-laboral de nuestro país. ¡Es absurdo!

Por eso, pienso que, aun cuando objetivamente se avance en relación a lo que tenemos, lo cierto es que ello no se hará en la medida suficiente y vamos a quedar con cuestiones pendientes que sin duda deberemos enfrentar en el futuro.

He dicho.

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