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Homenaje
SIGNIFICADO DE RELACIONES ENTRE CHILE Y VENEZUELA. HOMENAJE A ANDRÉS BELLO

Autores

El señor NAVARRO.-

Señor Presidente , en los últimos días el debate sobre las relaciones chileno-venezolanas ha sido creciente, álgido, duro, y ha pasado por una visión y un recuento históricos que no dan cuenta, en mi opinión, de la profundidad y el tremendo significado de la relación entre ambos países.

Algunos exclaman airados contra la Venezuela de Chávez.

Sobre el particular, quiero señalar que ésa es una nación latinoamericana, caribeña, que mantiene una conexión con nuestro país digna de destacar.

Las relaciones chileno-venezolanas se han enriquecido desde 1798, cuando se encontraron en Londres el Precursor, Generalísimo Francisco de Miranda (de 48 años), y el Libertador de Chile, General Bernardo O'Higgins (de 20 años), afiliado a la Gran Reunión Americana, en cuyo seno -y en sus sucursales: las Logias Lautarinas - fraguaron la emancipación del hemisferio occidental. Al momento de la despedida, De Miranda redactó para su joven discípulo, nuestro Padre de la Patria , una nota llena de sabiduría titulada "Consejos de un Sud-americano a un joven compatriota que regresa de Inglaterra a su país" -al escribir "joven compatriota", De Miranda se refería a la "patria grande", a América Latina, a Sudamérica-, texto que Bernardo O¿Higgins llevó cosido en el forro interior de su sombrero, como narran todas las crónicas, y que jamás olvidó a lo largo de su vida.

De Miranda , el gran integrador, luchó por una Hispanoamérica independiente y unida en una sola gran nación.

Asimismo, el Gran Mariscal Antonio José de Sucre , en la batalla de Ayacucho (Perú), el 9 de diciembre de 1824 -cuando se consolidó la emancipación americana- comandó un ejército patriota de 6 mil combatientes en cuyas tres divisiones había soldados chilenos, fuertemente unidos a las tropas venezolanas, peruanas, argentinas, colombianas y ecuatorianas.

Andrés Bello (1781-1865) y Luis López Méndez (1770-1841) fueron venezolanos ilustres que murieron en Chile rodeados de la gratitud de nuestro pueblo. La obra de ambos fue inmensa.

Don Andrés Bello fundó la Universidad de Chile (1842) y escribió la Gramática castellana (1847) -texto que, sin duda, ha perdurado- y el Código Civil (1855). El monumento en su memoria se encuentra en Santiago, frente a la Casa de Estudios que creó.

Desde su altura, don Andrés Bello , al ver el debate estéril que se produce en torno a la evaluación de las relaciones chileno-venezolanas, no podría dejar de meditar respecto de la falta que hace a los chilenos revisar su historia, particularmente la que tienen en común con Latinoamérica.

Señor Presidente , aprovecho la oportunidad, pese a cierto clima de estigmatización, descalificación e intolerancia que hoy se vive en Chile vinculado a la relación entre ciudadanos de países americanos, para rendir un breve pero sincero homenaje a un destacado ciudadano venezolano que, para tranquilidad de algunos colegas, no es candidato a nada.

Se trata de don Andrés Bello, uno de los hombres que más aportaron a la construcción de la histórica relación de amistad entre los pueblos de Chile y Venezuela: un destacado humanista, poeta, legislador, filósofo, educador, crítico, diplomático y filólogo. Además, fue Senador de nuestra República.

Él es autor de una obra que constituye la base más sólida de la civilización hispanoamericana. Vivió en Venezuela las últimas tres décadas de la dominación española y en otros lugares algo más de la mitad del primer siglo de vida independiente de las repúblicas americanas hispanohablantes.

Del segundo período, los primeros 20 años corresponden al tiempo de lucha por la emancipación nacional, cuyo desarrollo, vicisitudes y triunfo observó desde Londres. Sus últimos 36 años los pasó en nuestro país, en medio del proceso de consolidación de la existencia política y cultural de los nuevos Estados.

Nació en Caracas el 29 de noviembre de 1781 y falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865. Estamos a pocos días de conmemorar un año más tanto de su nacimiento como de su muerte.

Andrés Bello pasó su infancia y juventud, hasta los 29 años, en Caracas.

Desde niño tuvo pasión por la lectura, particularmente la de los clásicos del Siglo de Oro español. Frecuenta el Convento de Las Mercedes, donde aprende latín con el padre Cristóbal Quesada. El año de la muerte de este religioso, en 1796, traduce el Libro V de La Eneida.

Andrés Bello estudió, desde 1797, en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, donde se graduó de Bachiller en Artes el 14 de junio de 1800.

Cuando Alejandro de Humboldt visita Caracas , Bello lo conoce y lo acompaña en la subida a la cima del monte Ávila.

Además, cursa Derecho y también Medicina. Imparte clases a Simón Bolívar y comienza a perfilarse como literato. Sus traducciones de versos del latín, del francés y sus adaptaciones de los poemas clásicos, junto a poesías originales, le dan prestigio. Y, por su propia cuenta, aprende francés e inglés.

En 1802 es nombrado Oficial Segundo de la Secretaría de la Capitanía General de Venezuela, por cuyo desempeño mereció honores como el de Comisario de Guerra , otorgado en 1807.

En 1808, con la introducción, desde Trinidad, de la imprenta de Mateo Gallagher y Jaime Lamb, Bello se convierte en redactor de la Gaceta de Caracas, y en 1810, ya en pleno inicio del movimiento autonómico, es ascendido por la Junta Suprema a Oficial Primero de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Las pocas obras juveniles que de él se conservan tienen fecha imprecisa. Compuso algunas poesías y escribió los dramas Venezuela consolada y España restaurada, así como el Resumen de la historia de Venezuela, la más antigua prosa que poseemos del gran humanista.

El 10 de julio de 1810, en la corbeta inglesa General Wellington, parte desde Venezuela hacia Londres acompañando a Simón Bolívar y a Luis López Méndez en la misión diplomática nombrada por la Junta de Gobierno de Caracas cerca del Gobierno inglés. Permanecerá en Londres hasta 1829, pasando épocas de penurias y estrecheces.

Su amistad con Francisco de Miranda le permite el uso de la biblioteca de éste en Grafton Street, que fue una auténtica relación cultural para Bello, pues aprovecha al máximo tan rico acervo humanístico.

En 1813 solicita ser incluido en la amnistía que había acordado España a los patriotas americanos.

En 1814 se casa con María Ana Boyland, de la que enviuda en 1821. De este matrimonio, nacen tres hijos.

En 1815 solicita un puesto al Gobierno de Cundinamarca, pero la petición no llega a su destino, ya que las tropas de Pablo Morillo interceptan el mensaje.

En 1822 es designado Secretario Interino de la Legación de Chile en Londres , a cargo de Antonio José de Irisarri , y participa en la fundación de la Sociedad de Americanos, que promovió la publicación de grandes revistas: La biblioteca americana y El repertorio americano.

En 1824 se casa con Isabel Antonia Dunn , de cuyo matrimonio nacerán trece hijos.

En 1825 se encarga de la Secretaría de la Legación de la Gran Colombia.

En 1826 es elegido miembro de número de la Academia Nacional que se había creado en Bogotá.

En 1828 se le nombra Cónsul General en París, pero decide trasladarse a Santiago de Chile, en 1829.

Sus trabajos en Londres abarcan una considerable lista de asuntos políticos y diplomáticos americanos a él confiados: investiga y frecuenta el Museo Británico; completa sus conocimientos lingüísticos, filológicos y de historia literaria; se prepara en experiencias diplomáticas y estudios de Derecho Internacional; se dedica a la enseñanza privada; dirige publicaciones; llena las páginas con escritos de carácter enciclopédico, y crea sus más grandes poemas originales, entre ellos, la silva "Alocución a la poesía", que imprime en 1823.

El 14 de febrero de 1829 Andrés Bello parte de Londres y llega a Valparaíso el 25 de junio, a bordo del bergantín inglés Grecian , y permanecerá en nuestro país hasta su muerte. Reside durante los últimos años de su vida en Santiago, salvo los que habitó en Valparaíso y en la hacienda de los Carrera.

En 1829 es nombrado Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda chileno, y en 1830 se le designa rector del Colegio de Santiago. El mismo año se inicia la publicación de El Araucano, del cual fue su principal redactor.

En 1831 inicia su actividad como maestro en su propio domicilio, y en 1832 publica la primera edición de "Los Principios de Derecho de Jentes", que luego se trasformó en "Los Principios de Derecho Internacional". Ese mismo año es nombrado miembro de la Junta de Educación.

Luego, el 15 de octubre de 1832 el Congreso de Chile lo declara ciudadano con plenitud de derechos. ¡Este Congreso declaró ciudadano chileno a Andrés Bello!

En 1835 publica los "Principios de la Ortología y Métrica de la Lengua Castellana".

En 1837, señor Presidente , es elegido Senador de la República , y ejerció su cargo hasta su muerte. ¡Senador de la República!: un venezolano declarado ciudadano de Chile, acercado a Chile, querido por Chile.

En 1840 empieza sus trabajos que culminarán en el Código Civil.

En 1841 publica Análisis ideológico de los tiempos de la conjugación castellana y el poema El Incendio de la Compañía.

En 1842 se funda la Universidad de Chile -una de las grandes obras en que participó-, convirtiéndose en su primer rector en 1843.

En 1848 publica Cosmografía o descripción del Universo", y con posterioridad, otras obras, como Historia de la literatura.

En 1852 termina la preparación del Código Civil, aprobado por el Congreso Nacional en 1855. Ese cuerpo legal, cuya vigencia supera los 100 años y que hace poco tiempo fue reformado, constituye una obra insigne que alumbró el ordenamiento jurídico, no sólo en Chile, sino también en toda América Latina. En efecto, su contenido inspiró a muchos de los códigos homólogos del continente.

En 1864 fue elegido árbitro para resolver una diferencia internacional entre Ecuador y los Estados Unidos. En 1865 también fue designado para cumplir esas funciones respecto de una controversia entre Perú y Colombia.

La finalidad primordial del trabajo de Bello se puede sintetizar en el "proyecto civilizador" en pro de países que, después de dura lucha, alcanzaron la independencia nacional.

La gran pregunta que se formuló fue cuál debía ser la educación de cada pueblo para desarrollar la cultura peculiar, equilibrada, sólida, totalizadora, a fin de construir el nuevo futuro.

Además, su mayor interés apuntó a cómo definir las bases jurídicas del Estado.

Sin embargo, la preocupación de Bello al final del día -repito- fue siempre la educación; su dedicación a los temas de enseñanza, desde la docencia superior hasta la escuela primaria, y su deseo de divulgar el conocimiento de las ciencias.

Sobre estos firmes pilares -organización del Estado; vida internacional; lenguaje, educación y formación del buen gusto- edificó su obra.

Como dice su biógrafo Miguel Luis Amunátegui -otro ilustre chileno-, "puede afirmarse sin inexactitud que pasó la vida enseñando".

¡Ése fue don Andrés Bello , un venezolano allegado a Chile, donde destacó por su excelencia!

Por eso, en momentos en que se debate respecto de la Venezuela de alguien, de sus relaciones con nuestro país, resulta valioso y oportuno traer a colación el aporte que un insigne venezolano declarado nacional de Chile, miembro del Congreso Nacional, nos entregó hace ya casi dos siglos.

Venezuela y Chile sufrieron, cada uno, su exilio, ante sus respectivas dictaduras. Debieron ofrecer su tierra primorosa para acoger a exiliados de ambos lados.

El gran poeta Gonzalo Rojas, que vivió largos años en Venezuela como profesor de la Universidad Simón Bolívar y quien resalta como una de las voces más notables de la literatura contemporánea, lo expresa así:

"pero vuelvo a decirte que los hombres estamos ya tan cerca los unos de los otros,

que sería un error, si el estallido mismo es un error,

que sería un error el que no nos amáramos.".

("Mortal", en Contra la Muerte, 1979)

Hago esta reflexión y rindo un homenaje en memoria de un hombre sobresaliente en horas en que, al parecer, la relación entre Venezuela y Chile sólo se limita a un ejercicio libre de la hegemonía del poder en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Con estas breves notas sobre ciudadanos venezolanos como Andrés Bello y Francisco de Miranda sólo quiero recordar que el futuro depara a nuestras naciones mucho más de lo que ha sido el debate contingente de hoy.

Por el bien de nuestro país, por el bien de América Latina, espero que Chile y Venezuela puedan encontrar un camino de unidad e integración americanas, en pos del sueño bolivariano, que no pertenece a alguien en particular, sino particularmente a los latinoamericanos de la patria grande de Bolívar.

Ésa es la consideración a que debiéramos abocarnos en horas previas a que la Presidenta de la República tome una decisión importante. Sin embargo, cualquiera que ella sea, vamos a respaldarla, porque Chile y Venezuela no se relacionan desde ayer, sino desde hace casi más de dos siglos.

Y el descrito es el tipo de vinculación que esperamos propiciar entre dos grandes naciones.

He dicho.

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