Labor Parlamentaria

Participaciones

  • Alto contraste

Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha

Antecedentes
  • Cámara de Diputados
  • Sesión Especial N° 48
  • Celebrada el
  • Legislatura Extraordinaria número 350
Índice

Cargando mapa del documento

cargando árbol del navegación del documento

Intervención
ACUERDO ENTRE EL GOBIERNO DE CHILE Y EL EMPRESARIO DOUGLAS TOMPKINS, Y SUS REPERCUSIONES EN LA SOBERANÍA NACIONAL. Proyectos de acuerdo.

Autores

La señora ALLENDE , doña Isabel ( Presidenta ).-

En el tiempo previo del Comité de la UDI, tiene la palabra el diputado señor Claudio Alvarado.

El señor ALVARADO .-

Señora Presidenta , la presente sesión nos permitirá analizar y discutir el impacto y los efectos de un proyecto que, sin duda, durante muchos años ha sido controversial, no por su objetivo de preservación, protección y cuidado del medio ambiente, sino porque en su gestación y durante años ha sido una constante la falta de información oportuna, y ha habido cuestionamientos respecto de los procedimientos para la adquisición de predios, del desconocimiento de los títulos de propiedad vigentes de los colonos, de las amenazas y presiones para inducir al despoblamiento de la zona de Palena y para inhibir el desarrollo de actividades económico-productivas.

Asimismo, son motivo permanente de controversias y en gran parte explican lo señalado precedentemente, la enunciación, la adscripción y la defensa que hacen los impulsores de la denominada ecología profunda. Ello, porque los impulsores de estos movimientos, entre los cuales se incluye Tompkins, rechazan el concepto de desarrollo sustentable, pues lo consideran parte de lo que ellos califican como “ecología superficial”, de la cual se defienden por estimar que el manejo sustentable de los recursos naturales es un concepto antropocéntrico y no un concepto biocéntrico, y, por lo tanto, no es aceptable.

Esto no es menor y explica las dificultades de Tompkins para asegurar la continuidad y conectividad territorial del sur austral de nuestro país, además de su falta de compromiso para contribuir a potenciar el desarrollo de las fronteras interiores, asegurando la permanencia de vecinos en el área. A ello obviamente debemos sumar el impacto en la soberanía nacional, por las características limítrofes de los predios adquiridos, y los efectos colaterales de una eventual declaración de santuario de la naturaleza en la planificación territorial y de desarrollo para esta vasta extensión del territorio nacional.

Para avalar lo señalado, respecto de su visión de que la actividad humana es incompatible con la conservación de la naturaleza, según la concibe el proyecto Pumalín , debemos remitirnos a una inserción pagada, del 30 de julio de 1993, aparecida en la página A 12 del diario “El Llanquihue”, de Puerto Montt, que señala: “Lo que deberá conservarse intocado y sólo para su estudio serán los centros de bosques milenarios que si jamás hasta ahora fueron hollados por la planta humana, no se divisa la razón por la cual deberían serlo ahora”.

El mismo diario “El Llanquihue”, el 3 de septiembre de 1994, en la página A 8, da cuenta de una reunión de Tompkins con autoridades de la provincia de Palena, en la cual el empresario señala que tiene la intención de solicitar la declaración de parque de las zonas que controla, incluido el fiordo Comau . “Esto, basado en un programa de ecología profunda”, y que la fundación contempla priorizar dos unidades de manejo. “Una de ellas es la de reservas de regiones vírgenes, describiéndola como un área donde existen condiciones primitivas y naturales de fauna y flora, con ausencia de caminos para tráfico de personas o vehículos motorizados y vedadas a toda explotación comercial. El objetivo es mantener dicha reserva inviolable, en ecología profunda”.

Este detalle cobra hoy vital importancia, dada la necesidad de infraestructura de la zona donde se emplaza el parque Pumalín . Entonces, vale la pena recordar lo expresado por Tompkins a “La Segunda”, en la página 28 de su edición del 8 de abril de 1993, en orden a que el tramo que falta de la Carretera Austral no se debía construir, “abriendo camino por entre los bosques”, lo que calificó como “un gran error”.

En este contexto, hagamos un poco de historia y recordemos algunos hechos importantes que motivaron justificadamente una serie de críticas al proyecto de Tompkins:

En marzo de 1995, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de acuerdo Nº 224, que solicitaba al entonces Presidente de la República , Eduardo Frei Ruiz-Tagle , “Disponer a la brevedad una adecuada asesoría jurídica a los colonos de la provincia de Palena y estudiar la implementación de programas económicos y sociales que promuevan el poblamiento y un desarrollo integral de esa zona del país”.

¿Cuáles eran los fundamentos de ese proyecto de acuerdo? Las presiones que

ejercía Tompkins junto a sus asesores para que los colonos le vendieran sus tierras; la adquisición sistemática, permanente y creciente de predios en zonas limítrofes; el abandono de los colonos en la zona, la indefensión de los mismos por cuanto carecían de los medios y oportunidades para procurarse defensa jurídica ante las demandas y presiones de que eran objeto.

En esta Sala, debemos recordar que en su oportunidad, incluso en los tribunales, se desconoció la vigencia del decreto ley Nº 2.695, por el cual los colonos recibieron su título de dominio por parte del Estado de Chile. De esto existen testimonios en la gobernación de Palena, cuyos funcionarios recorrieron la zona y entregaron los antecedentes que he dado a conocer.

Complementando la acción solicitada al Presidente de la República en marzo de 1995, se denunciaron hechos y, formalmente, se solicitaron investigaciones a la Corte Suprema de Justicia por situaciones ilícitas a través de las cuales se adquirieron algunos predios.

Es así que se denunciaron dobles inscripciones de inmuebles. Por ejemplo, en la zona de Chaitén, un colono, Arnoldo Gallardo Báez , con título inscrito, entregado por el Estado de Chile en 1974, informa que, sin mediar transacción comercial alguna entre él y la empresa de Tompkins, su predio aparece inscrito a nombre de una de las empresas de éste. Por eso, se solicitó a la Corte Suprema que se investigara este hecho.

Asimismo, la entonces magistrada de Chaitén, a través de Carabineros, citó a colonos a su oficina para solicitarles que vendieran sus terrenos a Tompkins. Todo esto, sumado a conflictos en tribunales por el cierre de algunos tramos en la Carretera Austral por parte de Tompkins en la zona de Vodudahue y del fiordo Pillán, juicios de expulsión a colonos y controversias con empresas dedicadas a la salmonicultura en la zona, que él siempre negó, pero que existieron.

Una vez que estas denuncias se hicieron públicas, el país comenzó a conocer la otra cara de un proyecto atractivo desde la perspectiva del cuidado al medio ambiente, y las críticas fundadas, en lugar de desmentirlas, Tompkins las transformó en una confrontación política, para lo cual sumó a su defensa a grupos ambientalistas chilenos, que él financió, y a determinados sectores políticos progresistas afines a sus ideales.

Así organiza y procura financiamiento a una fuerte ofensiva comunicacional para desvirtuar las críticas a situaciones poco transparentes de su actuar y de atropello a los colonos, tratando de centrar el debate público como una lucha entre quienes desean cuidar el medio ambiente y quienes cuestionan sus actuaciones, sindicando a estos últimos como las fuerzas del desarrollo que querían la depredación de los bosques.

Entonces, él y su gente comienzan a desprestigiar y a atacar duramente a quienes legítimamente defendíamos los intereses de gente sencilla y humilde, como los colonos, y organiza múltiples acciones públicas de apoyo a su proyecto. Incluso, en este afán ni siquiera respeta al ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle , a quien critica duramente en un medio de prensa extranjero. Recordemos que con Frei, Tompkins firmó un acuerdo que no cumplió, como lo reconocen hoy todos los actores.

A pesar de la polémica suscitada, de las aprensiones por la cantidad de tierras adquiridas, de los problemas de superposición de títulos con los colonos, de los acuerdos suscritos con el gobierno de Frei en 1997 para no comprar más tierras, al año 2000, de las 270 mil hectáreas iniciales, sus dominios superaban las 400 mil hectáreas.

¿Cómo lo hizo? Muy simple: si el Gobierno, mediante el acuerdo, le pidió que no comprara más tierras, ello lo hizo de todas maneras a través de terceras personas y de terceras sociedades.

Por ejemplo, en una carta dirigida a su amigo Pedro señala: “Estimado Pedro: Como ya sabes, también he estado intentando que se aprueben otros proyectos, que por supuesto incluye el de Corcovado Tic Toc. También hemos estado negociando con los militares un terreno de 170 hectáreas. He logrado que Timmy Goldsmith actúe como la Fundación compradora en ciertos proyectos para apartar la atención de nosotros y reducir los candentes ánimos que las fuerzas de desarrollo puedan desear causarnos.

?Le he escrito tanto a Michael como a Jurgen para que se involucren. Ambos nos deben al menos algunos millones por haberlos ayudado a acumular sus fortunas?.

Entonces, ¿qué tenemos aquí? Claramente, firma un acuerdo con el Gobierno de Frei e inmediatamente busca a terceras personas o terceras sociedades para burlar ese compromiso. Queda de manifiesto cómo dice una cosa y hace otra y cómo obtiene financiamiento. De alguna manera, lo anterior nos permite ir conociendo un poco más al personero que firma e impone condiciones al Gobierno de Chile.

Muchas veces fuimos duramente descalificados por señalar que los colonos eran presionados e inducidos a vender sus tierras. Se nos señaló que mentíamos cuando hacíamos mención a los problemas de superposición de títulos; que no era efectivo que se cerraban tramos de la Carretera Austral y que se hostigaba a las empresas dedicadas a la salmonicultura. De todo esto existe constancia en tribunales. Ahí están los procesos. Se nos decía que eso no podía ser así, porque Tompkins no molestaba a nadie y sólo quería regalarnos este parque.

Pero, como en temas tan importantes para el país es necesario conocer las características de quienes firman los acuerdos, veamos lo que opinaba un estrecho colaborador de Tompkins en 1996:

“Douglas: creo que deberías ser más cauteloso en la forma como te expresas, pues tu lenguaje, aunque coloquial, la mayoría de las veces rebasa lo que la cortesía hispanoamericana acepta. No estamos en el far west, ni acostumbrados al modo de hablar de los cowboys ni de los colonizadores americanos. Somos un pueblo pequeño, pero digno. Piensa sobre lo que te digo, pues en ello podrás encontrar la clave de muchos de tus traspiés en Chile”. Obviamente, esos traspiés son las presiones y amenazas indebidas a los colonos de nuestra zona.

Hoy, uno de los aspectos que más preocupa a todos los actores del país respecto del acuerdo Lagos-Tompkins es asegurar la conectividad vial, a través de la continuación de la Carretera Austral, a los habitantes de Palena, y, con ello, superar su histórico aislamiento y promover el desarrollo de la zona. Por eso, es extremadamente importante saber lo que piensa Tompkins sobre el particular.

A finales de 2000, en documento hecho llegar al alcalde y a los concejales de Chaitén, Tompkins señala textualmente: “Desde y durante la construcción de la Carretera Austral ha habido muy poco o nada de formalización de la llamada faja fiscal, cual es la servidumbre de los costados del camino y del camino mismo.

“En el caso de los 66 kilómetros de camino que pasan por la propiedad de Pumalín, el camino y los costados, técnicamente, todavía pertenecen a Pumalín. Por lo tanto, cualquier actividad en el área requiere, legalmente, de permiso de sus propietarios. Hemos tenido que clarificar esto a Vialidad y ellos han solicitado nuestro permiso para sus trabajos cuando ha correspondido. Como propietarios privados y dada la condición actual de falta de una servidumbre oficial, nos vemos respaldados por la legislación vigente”.

Así respeta Tompkins el esfuerzo de miles de chilenos que, con su trabajo y esfuerzo y el pago de impuestos, construyen, después de muchos años, la Carretera Austral para integrar a los colonos. Él la reconoce como propia, sin mediar esfuerzo o sacrificio de su persona.

Ante esta situación, oficiamos al ministro de Obras Públicas de la época, señor Carlos Cruz , en 2000. Sin embargo, hasta el día de hoy no hemos obtenido respuesta alguna. Le pedíamos expresamente que clarificara esta situación legal, se subsanaran los problemas de la faja fiscal y, de alguna u otra forma, se evitara que Tompkins impusiera sus condiciones en un camino de todos los chilenos.

Ahora bien, ante anuncios de proyectos de conectividad caminera en la zona, referentes a la continuación de la Carretera Austral, si Tompkins impide trabajos de reparación y exige a Vialidad que pida permiso para hacer los trabajos, vale la pena preguntarse lo siguiente: ¿Creen ustedes que no interferirá, posteriormente, en las obras de infraestructura que quiera desarrollar el Gobierno?

Si hay algo, además de lo expresado, que genera aprensiones en el proyecto de Tompkins son sus similitudes con lo que en Estados Unidos de América se conoce como Wildland Project. Esas similitudes no son casuales, pues ambos proyectos se inspiran en la “ecología profunda” y son parte de una estrategia general y de un mismo objetivo general que promueve la Fundación para la Ecología Profunda.

Hay muchos antecedentes que avalan nuestra postura en contra del proyecto personal de Tompkins. Creo que el debate también debe considerar algunos de los principios que sustentan nuestro actuar, ya que pilares como la libertad económica, la defensa de la soberanía, el desarrollo tecnológico, la igualdad ante la ley, el derecho de propiedad, la concepción del hombre y su entorno sobre la base de los principios de la sociedad cristiana occidental, el libre desarrollo económico del país y el derecho de residencia de las personas naturales en nuestro sur austral, son conceptos demasiado relevantes como para obviarlos y no protegerlos.

A mayor abundamiento, quiero citar algunas frases del señor Tompkins en su libro “La Tragedia del Bosque Chileno”, que reflejan lo que he expresado y dejan en evidencia la poca transparencia con la que actúa, y cómo ello se condice con su pensamiento y doble estándar.

Tompkins cree firmemente que el camino para la recuperación de la vida silvestre es eliminar todos los caminos.

En su libro señala: “Ecólogos y científicos expertos en suelos han concluido que con la construcción de caminos se ha causado un daño ecológico incalculable, en muchos casos prácticamente irreversible”. (Página 236).

“Tenemos la experiencia reciente de la construcción de la Carretera Austral, una ruta que se abrió en lo más forestal y sagrado de nuestra geografía. Hoy, con sólo unos pocos años de existencia, la famosa carretera es una herida abierta en los ecosistemas australes. Los grandes árboles han desaparecido, desde la mayor parte de sus orillas, junto con el suelo y las otras especies de plantas, animales, hongos y microorganismos”. (Página 237).

¿Qué encontramos en estas citas? Que el camino es no seguir haciendo caminos.

Continúo: “La Carretera Austral y los otros caminos que vemos abriéndose en bosques y montañas, sólo constituyen una poderosa -pero lamentable- presencia del hombre, imponiéndose prepotente sobre la naturaleza”. (Página 238).

¿Qué se desprende de esta cita? Que, nuevamente, el camino es no seguir haciendo caminos.

Prosigo: “Pareciera que la única manera de preservar la vida silvestre es mantenerla alejada de caminos y carreteras”. (Página 237).

No permitamos que el camino del acuerdo Lagos-Tompkins sea el no seguir haciendo caminos.

Finalmente, quisiera recordar que los acuerdos concertados constituyen actos plenamente discrecionales, en que la administración no se encuentra en la obligación de celebrarlos, cumplirlos ni ejecutarlos. Su cumplimiento se basa exclusivamente en una relación de confianza y en el principio de la buena fe.

El cumplimiento del acuerdo queda entregado a la buena voluntad y posibilidades de las partes, y ninguna de ellas puede ser compelida judicialmente a su ejecución, ni incurrirá en responsabilidades civiles o administrativas por no allanarse a ellas.

Tompkins ya no le cumplió al gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle . En virtud de la experiencia de sus actuaciones prepotentes y soberbias para con los colonos, de su indeferencia y falta de respeto para con las más altas autoridades del país, de su permanente utilización de diversos medios y contactos para imponer sus propósitos, invito a mis colegas a no ser cómplices del acuerdo Lagos-Tompkins, en el cual al parecer, el camino para la recuperación de la vida silvestre es eliminar todos los caminos.

Tompkins no es un viejito pascuero que nos vino a regalar un bosque. Por el contrario, se parece mucho al lobo feroz.

He dicho.

Top