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  • Legislatura Ordinaria número 354
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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DE EX SENADOR SEÑOR NARCISO IRURETA ABURTO

Autores

El señor ZALDÍVAR (don Adolfo) .-

Señor Presidente , señores Senadores, familiares de don Narciso , amigos que hoy día han venido a esta sesión solemne de la Cámara Alta en que se rendirá tan merecido homenaje:

Narciso Irureta fue un actor relevante durante los complejos días de Chile en la segunda mitad del siglo XX. En su desarrollo personal encarnó lo que después materializó al enrolarse en las filas de la Democracia Cristiana, a los 14 años de edad; esto es, la movilidad social y la creación de oportunidades reales y de progreso para todo chileno talentoso.

Narciso fue fruto de la Escuela Pública N° 1 de Pishuino; luego, del Colegio salesianos, del Liceo de Hombres de Valdivia y de la universidad estatal.

¡Qué duda cabe de que él habría comprendido y apoyado el movimiento juvenil de este año, no por la situación coyuntural, sino como uno de los problemas que se arrastran desde hace ya largo tiempo, producto de un modelo que no hemos sabido ni querido corregir!

Narciso, por su trayectoria personal, familiar, profesional y política, es el paradigma del joven que, gracias a su talento y a la oportunidad que le brinda la sociedad, demuestra en los hechos que se puede construir un país con todos y para todos.

Para él, la igualdad era parte indeleble de su ser más profundo: su ancestro vasco.

Ese pueblo hace de tal condición ante la ley una de sus cuestiones esenciales. Y así lo demuestra desde siempre su organización social y económica, donde todos los vascos participan realmente, y además, sus fueros medievales.

Por eso, cada lehendakari, al asumir, lo hace siempre bajo el mismo juramento:

"Ante Dios, humillado,

en pie sobre la tierra vasca,

en recuerdo de los antepasados,

bajo el árbol de Gernika,

ante vosotros,

representantes del pueblo,

juro desempeñar fielmente mi cargo.".

En las horas aciagas de la República, él no se amilanó nunca; buscó y trató de verdad de contribuir al diálogo y al entendimiento.

Lamentablemente, fueron otros los actores determinantes.

Al transcurrir los años y develarse los hechos, su conducta unívoca le permitió mantener sus principios, y no tuvo que hacer malabarismo político para justificar sus dichos o sus acciones. Estaba en el mismo lugar de siempre, tranquilo, sereno, como era él.

Cuando la oscuridad se apoderó del país y perdimos la democracia, Irureta no cejó nunca en sus afanes en pro de la libertad, impulsándonos a muchos de nosotros a luchar por los derechos humanos para recuperar la vida republicana.

Narciso fue parte decisiva de nuestra inspiración para descubrir y respaldar, sin complejos, la estrategia que nos permitió reencontrarnos pacíficamente con la democracia. Era un hombre que miraba hacia adelante, que dejó el pasado en el pasado. Fue generoso; fue grande.

¡Cuántas veces nos recordó los versos de Tirso de Molina sobre el roble legendario, símbolo de sus antepasados:

"...ha conservado la antigüedad

que ilustra a sus señores,

sin que tiranos le hayan deshojado,

ni haga sombra a confesos ni a traidores"!

Cuando hoy le rindo este homenaje en el Senado de la República, que lo cobijó y lo recuerda como un espíritu superior que sirvió los intereses de su patria, nuestra patria, no puedo sino recordarles, Honorables colegas, que fue un político que supo ir más allá de las fronteras partidarias y que cultivó la amistad cívica de hombres como José Tohá y Sergio Onofre Jarpa .

Pese a las zozobras vividas en Chile, él supo y pudo -sin renunciar a sus posiciones y convicciones- encontrar puntos de coincidencia entre hombres de muy distintos signos y, junto a ellos, soñar con un país más unido, más digno y más solidario.

Recuperada la democracia, Narciso volcó toda su atención en las nuevas generaciones. Consciente ya del paso de los años, guardaba parte de su tiempo para los jóvenes.

Pasaba largas horas enseñando las lecciones que le dio la política a lo largo de su vida. Él sabía, al igual que los sabios griegos, que la buena política se anida en el alma, más que en las enciclopedias.

Perteneció a esa escasa y privilegiada estirpe de seres humanos que piensan por sí mismos.

Como pocos, tuvo el mérito de la consecuencia entre lo que se piensa y lo que se hace.

De recia personalidad, supo ganarse la confianza de sus camaradas y el respeto de sus adversarios.

Usted, Senador Frei , solicitó su consejo y lo llamó a formar parte de su Gobierno.

Y no sólo Su Señoría. También varios otros colegas.

Usted, Honorable señor Romero -perdóneme-, como Presidente del Senado , en varias ocasiones requirió su juicio.

A él le gustaban la política, el diálogo, y por cierto, ver cómo podíamos hacer mejor las cosas.

Fue un hombre realmente extraordinario.

Su acendrado humanismo cristiano lo llevó a entregarse en plenitud a nuestro Partido. Su convicción de que éste sigue siendo una respuesta a las necesidades de Chile lo condujo a advertirnos de las actuales condiciones adversas. Era muy exigente. Y nos reclamaba que no debemos olvidar que, pese a las críticas a la actividad política, somos herederos de una colectividad basada en valores permanentes y trascendentes.

Por culpa de algunos -y es preciso reconocerlo-, podemos ser blancos de tales reparos; pero está en nuestra esencia ser capaces de dar la cara, de rectificar y de volver a servir al país con el corazón y las manos limpias.

La herencia de Narciso Irureta por cierto que trasciende a la Democracia Cristiana y, también -por qué no decirlo-, a la política chilena. Es una lección de todo lo que se debe hacer para enfrentar bien el servicio público, para servir a la paz, al progreso, y para lograr las metas de vida de todos los chilenos.

Hoy, en el Senado de esta austral y altiva República, donde he invocado su espíritu humanista, su amor por el prójimo y, por ende, por Dios, no puedo dejar de formular votos por uno de sus más caros anhelos: la paz en Euskadi.

Mi voz esta tarde es la voz de Narciso Irureta , quien fuera distinguido en 1994 como el Vasco del Año, máximo reconocimiento que otorga ese pueblo, ese gobierno.

Reclamo, en su nombre, que el alto al fuego de la ETA se transforme, de verdad, en una paz duradera y que los desencuentros históricos entre Euskadi y el Estado español se resuelvan políticamente.

Señor Presidente , quiero reiterar mis más profundos sentimientos de respeto y afecto a Teresita, su querida esposa, a sus seis hijos y a los nietos que Narciso deja a esta patria, adoptiva para sus padres, la más amada para él, y a la cual le dedicó todo su trabajo y todos sus desvelos, como un hombre cabal y un político que ennobleció esta actividad.

Señoras y señores Senadores, permítanme terminar este homenaje recordando una conversación sobre el sentido de la vida que sostuvo Narciso con su amigo Raúl Rettig .

El recordado tribuno radical manifestaba que todo hacía presumir -como así fue- que partiría primero de este mundo. Y le decía que, como agnóstico, valoraba en los creyentes el consuelo que les brinda su fe en la otra vida, dándole un sentido superior a la existencia terrenal.

Narciso, sonriendo, le expresó a don Raúl que, cuando partiera, habría varias manos que se iban a tender a su espíritu para recibirlo. Lo que no le expresó -y lo comentó después- fue que presentía que, por su parte, cuando le tocara el turno, entre las manos que se tenderían a su espíritu estarían las del amigo que partiría antes.

Narciso creía, como muchos de nosotros, en el Dios misericordioso: Aquél que acoge en su seno, sin distingos, a todos los hombres justos.

He dicho.

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