Labor Parlamentaria

Participaciones

  • Alto contraste

Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha

Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 17
  • Celebrada el
  • Legislatura Extraordinaria número 350
Índice

Cargando mapa del documento

cargando árbol del navegación del documento

Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DE OBISPO EMÉRITO DON FERNANDO ARIZTÍA RUIZ

Autores

El señor PROKURICA.-

Señor Presidente , en nombre de la Sala de Senadores de Renovación Nacional, adhiero al merecido homenaje solicitado por el Honorable señor Núñez y que se rinde hoy a Monseñor Fernando Ariztía Ruiz , quien fuera Obispo Auxiliar de Santiago y Diocesano de Copiapó por más de 25 años y que, con cristiana resignación y coraje, tras soportar el dolor de su última enfermedad, un cáncer terminal al hígado, seguro de su fe en Cristo, falleció el 26 de noviembre recién pasado.

Monseñor Ariztía nació en Santiago el 27 de mayo de 1925 del matrimonio formado por don Hernán Ariztía Bascuñán y la señora Amelia Ruiz . Estudió en el Seminario de Santiago y en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile. Fue ordenado sacerdote en la Catedral Metropolitana el 22 de septiembre de 1951 por el Cardenal José María Caro , Arzobispo de Santiago . Posteriormente, fue nombrado Administrador Apostólico, sede plena de la diócesis de Copiapó, el 16 de marzo de 1975. Tomó posesión en abril del mismo año. Su Santidad Pablo VI lo trasladó como titular de la diócesis de Copiapó el 14 de diciembre de 1976, de la cual se hizo cargo ese mes, sucediendo a Monseñor Carlos Camus , quien fue trasladado a Linares.

Una vez que este año le diagnosticaron un cáncer hepático, quiso regresar desde la diócesis de Osorno, donde se encontraba, a Copiapó, Región de Atacama, para aprovechar sus últimos meses de vida despidiéndose de amigos, discípulos y fieles de esa zona.

Su hermano, en el discurso pronunciado durante el funeral, recordó que cuando le ofreció ayuda para que se fuera a Santiago a tratarse la enfermedad, lo único que le dijo fue: "Mi familia está en Atacama, está en Copiapó.".

Don Fernando , como cariñosamente todos lo llamábamos, fue un sacerdote consecuente, no obstante su origen familiar distinguido y señorial, vivió para amar y servir como Jesús amó y sirvió a sus discípulos. La vida de Monseñor Ariztía constituyó un ejemplo en la que se destacó la sencillez, bondad, consecuencia y coherencia, junto a una cálida sonrisa siempre visible que mostraba durante su trabajo pastoral.

Como el Concilio llamó a la Iglesia a vivir con sobriedad y sencillez, a despojarse de todo signo de riqueza y grandeza, tal como lo hizo Jesús, don Fernando quiso vivir como pobre.

Mucho se ha dicho ya, con justicia, acerca de don Fernando Ariztía , pero deseo acentuar su bondad sacerdotal, recordando al buen pastor que fue, siempre fiel a la Iglesia de Jesucristo, y siempre dispuesto a recibir la opinión de quienes pensaban distinto y de atender a los más débiles.

Meses atrás, cuando el cáncer avanzaba implacable, y ese hombre fuerte que era don Fernando sabía que le quedaba poca vida, escribió a sus amigos una carta de despedida en la que agradecía de corazón a todos su cariño y cercanía, que él consideraba un reflejo de amor de Dios. Sentía que en la vida había sido un privilegiado. Pensaba que se le había dado mucho, y agradecía tanta amistad y cariño de tantos hermanos y hermanas que consideraba su familia.

Se ganó el respeto y el amor de todos, creyentes y agnósticos, de todo el mundo. Porque él, su casa y su corazón estaban siempre abiertos, y lo poco o nada que tenía lo compartía generosamente con los más necesitados, los pobres, los humildes, los abandonados y los pecadores.

Nadie podía quedar indiferente ante la profunda y contagiosa felicidad de Monseñor Ariztía . Eso lo transmitía diariamente, hasta los últimos días de su vida. Pero así también levantaba la voz con valentía cuando tenía que imponer su verdad, sin fomentar rencores, trabajando para dar vuelta la página y lograr reconciliaciones verdaderas. Era muy claro y sencillo al hablar. Lo hacía en un lenguaje para todos, pero con voz que se imponía por su estatura moral.

Sin embargo, su personalidad carismática lo hacía más bien amigo del silencio y de un respeto que daba acogida a todos, especialmente a quienes no pensaban como él. El poseer una capacidad increíble para conquistar a tantas personas ha llevado a homenajear a don Fernando en forma muy sentida y llena de recuerdos positivos.

Como se ha dicho aquí en la Sala, ese día Atacama completa estuvo en la plaza de Copiapó, con mucho cariño para expresarlo especialmente como él quería: dando una vuelta a la plaza, sin muchas flores, sin mucho aspaviento, más bien -como él lo pidió -, con un paquete para ayudar a las familias más pobres.

Muchas han sido las voces de dirigentes políticos, sociales y religiosos que se han levantado para testimoniar su admiración y agradecimiento por la valiosa labor que le cupo desempeñar.

Rodeado de grandes manifestaciones de dolor, de pétalos de rosa y de pañuelos blancos agitados al viento, fue sepultado, como él lo pidiera en vida, en la Catedral de Copiapó.

Así dijimos adiós a don Fernando , sabiendo que despedíamos a una de las personas más queridas de la Región de Atacama, que hará historia y cuya presencia, sin duda, jamás olvidaremos.

He dicho.

Top