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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DE LA ACTRIZ PREMIO NACIONAL DE ARTE SILVIA PIÑEIRO.

Autores

La señora ALLENDE, doña Isabel ( Presidenta ).-

A continuación, tiene la palabra la diputada Lily Pérez, en representación de Renovación Nacional.

La señora PÉREZ , doña Lily , (de pie).-

Señora Presidenta , familia de la señora Silvia Piñeiro Rodríguez , diputadas y diputados presentes en la Sala y estimados amigas y amigos que nos acompañan esta mañana:

La Cámara de Diputados rinde hoy un especial homenaje a la gran y reconocida actriz Silvia Piñeiro , quien, tras una ardua lucha contra la neumonía, dejó de existir hace poco tiempo, el miércoles 15 de mayo.

Es mi tarea decir, en nombre de la bancada de Renovación Nacional y, sobre todo, como mujer y como chilena, que su partida dejó un tremendo vacío en el mundo artístico, una gran pérdida para todos quienes la admiramos y jamás la olvidaremos.

Los recuerdos de Silvia siempre estarán presentes, ya que, sin duda, su gran capacidad para actuar y crear personajes se va a mantener a lo largo de nuestra historia cultural. Cómo olvidar, sobre todo quienes en esa época éramos pequeños o niños, a la querida Laurita Larraín , de “La pérgola de las flores”, que la llevó exitosamente a numerosas giras por Chile y por el extranjero.

Silvia nació un 27 de junio, en el invierno de 1922, en la comuna de Providencia. Estudió en el Liceo Nº 1 y, luego, en la Academia Teatral de la Universidad Católica concretó su vida actoral, que fue tan nutrida como exitosa, puesto que, como se ha dicho, da cuenta de más de setenta piezas teatrales, varias teleseries y, al menos, tres películas.

Silvia Piñeiro , además, fue reconocida con el Premio Nacional de Arte, mención Teatro, en 1988. También fue reconocida, en 1977, con el premio Onda a la mejor actriz Iberoamericana, y, en 1994, con el premio Apes a la trayectoria.

Fue, sin duda -como otras actrices que nos acompañan esta mañana-, una de aque-

llas mujeres que mayor entrega y trayectoria ha tenido en las tablas nacionales.

Su carrera profesional comenzó en la década de los '50. Debutó en la obra “Sombra y sustancia”, donde compartió escena con la también entonces novata Ana González , conocida como “La Desideria”.

En los años '60 creó su propia compañía y, junto al eterno Emilio Gaete , formó una de las parejas más conocidas del escenario chileno, con obras como “Cien mujeres y un playboy” y “Adán y Eva en La mayor”.

Silvia se convirtió en una especialista en comedias. También incursionó en el café concert y en teleseries. En televisión, marcó época en programas como “En su casa” y “Juani en Sociedad”. Su último rol en la pantalla chica fue en la producción de Televisión Nacional “Estúpido cupido”, como una solterona perteneciente al comité de la moral y de las buenas costumbres. Su figura quedó grabada para siempre en películas como “Nunca en domingo”, “Sonrisas de Chile” y “El cuerpo y la sangre”.

Muchos la recordamos como una diva, como una mujer dueña del glamour. Se casó sólo una vez, pero, como ella y su hijo alguna vez lo reconocieron, fue algo “enamoradiza”. Amó a los hombres con la misma pasión que amó al teatro. Medio en serio, medio en broma, siempre dijo que su gran amor fue el Presidente Jorge Alessandri Rodríguez , tal vez el solterón más empedernido de nuestra historia política. Pero, al final, la verdad es que Silvia Piñeiro amó intensamente la vida.

El telón de su vida comenzó a bajar cuando, un día de diciembre del año pasado, su salud hizo crisis y fue ingresada de urgencia al hospital San José . Llegó con muchas afecciones y los médicos estimaban que su estado de salud era de mucha preocupación. Pero sorprendió a todo el mundo, al país, a sus médicos, a nosotros, y alegró a sus admiradores, cuando salió, esa vez sonriente, del centro asistencial pocas horas

antes del Año Nuevo. Desgraciadamente, la recuperación no fue total y, finalmente, la actriz tuvo que volver al mismo establecimiento.

Sin duda, quienes mejor pueden expresar cómo era esta gran mujer no somos nosotros, sino su familia y amigos. Ellos pudieron compartir con ella los distintos episodios de su larga vida. Su familia hoy nos honra con su presencia, en especial su único hijo, Leopoldo Contreras , quien no sólo fue reconocido por el amor que entregó a su madre, sino también por la alegría que le dio al regalarle cinco nietos y dos bisnietos.

Una gran estrella de las tablas nacionales ya no está con nosotros. Sin embargo, la luz y la energía que irradió durante su vida seguirán iluminando a quienes ha dejado.

En una oportunidad, Silvia señaló lo siguiente sobre su concepto de patria: “Pienso que la patria ha recibido de mí lo que le quise dar: lo mejor de mí. Siempre permanecí en mi país, a pesar de que tuve múltiples ofrecimientos para emigrar. Creo que amar a la patria no es comerse una empanada ni siquiera comerse una cazuela o gritar viva Chile. Querer a la patria es desear lo mejor para ella y entregarle lo mejor de uno mismo”.

Así era “la Piñeiro”, nuestra Silvia Piñeiro .

He dicho.

-Aplausos.

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