Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N°10
- Celebrada el 09 de abril de 2014
- Legislatura Ordinaria número 362
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Homenaje
HOMENAJE A OBISPO EMÉRITO DE LINARES MONSEÑOR CARLOS CAMUS LARENAS, RECIENTEMENTE FALLECIDO
Autores
El señor CORNEJO (Presidente).- Tiene la palabra el diputado señor Gabriel Boric.
El señor
Como joven, no viví la dictadura. Nací en 1986, de manera que me tocó vivir cuatro años de ella. Sin embargo, el legado de personas como Carlos Camus ha incidido fundamental y tremendamente en las luchas que estamos dando hoy. Los jóvenes de esta generación que salimos a las calles lo pudimos hacer gracias a personas como Carlos Camus , quien, poniendo en riesgo su integridad personal y su vida, junto a tantos otros luchadores sociales, dio la pelea por que Chile fuera un país en libertad. Como joven, no puedo sino agradecerlo eternamente y decirles a sus familiares y a las personas que lo conocieron -no solo a él, que representa a tantas personas que lucharon contra la dictadura- que nosotros también nos sentimos herederos de esa lucha y que sentimos que estamos haciendo una posta. Nuestra generación no pretende inventar la rueda, sino reconocerse en todos aquellos que, en actos de tremenda valentía, se enfrentaron a la dictadura cívico-militar y levantaron la voz para decir basta.
A la Iglesia católica le tomó algún tiempo asumir la dictadura; seguramente, al propio cardenal Silva Henríquez le costó lograrlo. Muy lentamente, los pastores debieron convencerse del engaño al que la voz oficial, la voz de las autoridades, sometía a la población. Desgraciadamente, algunos nunca lo asumieron.
Años después del golpe, el propio Carlos Camus declaró: “Por fin pudimos reunirnos todos los obispos, casi un mes después del golpe. Cada uno llegó preocupado por algún caso de atropello de la dignidad humana, creyendo que eran situaciones aisladas. Cuando fuimos escuchando los relatos de unos y de otros, especialmente de Santiago, donde fue necesario organizar rápidamente el Comité Pro Paz, nos dimos cuenta de que el problema era mucho mayor y mucho más profundo. En algunos casos, incluso, esto superaba -creo que es importante decirlo- la afinidad que se pudiera tener con la dictadura cívico-militar.”.
El obispo Orozimbo Fuenzalida , siendo obispo de Los Ángeles, escondió por muchos días en su propia casa al senador socialista Jaime Suárez Bastidas , exministro del Interior y exsecretario general del gobierno del Presidente Allende, y a toda su familia. El arzobispo José Manuel Santos, que se reconocía a sí mismo como anticomunista, se convirtió en un gran adalid de la defensa de los perseguidos, enfrentándose al general Ibáñez Tellería en la Octava Región. El obispo auxiliar de Santiago, Sergio Valech , autodefinido como “momio” progresista, fue el hombre que se enfrentó al aparataje del poder dictatorial, negándose a entregar información en el caso de las fichas de la Vicaría de la Solidaridad. Todos ellos se unieron en la causa de la defensa de los derechos humanos, una causa que aunque no debiera tener colores políticos sí los tuvo. Su defensa fue frente a un enemigo común; la violación y consiguiente vejamen a la dignidad de los seres humanos fue inaceptable para la Iglesia católica de esa época.
Esa generación, integrada por el arzobispo Santos, el cardenal Silva Henríquez y el propio obispo Carlos Camus , se organizó y se tomó la Conferencia Episcopal de Chile. Como secretario general de la Conferencia Episcopal chilena, el obispo Camus se convirtió en el rostro y en la voz del Episcopado. “En esos años, de secretario de obispos, en la época más dura, conocí el drama de la tortura y de los desaparecidos”, señala el obispo Camus , en su carta a los jóvenes, en 1987.
El 1 de marzo de 1974, como bien lo recordaba el representante de la Democracia Cristiana, los obispos eligieron por unanimidad a Carlos Camus como secretario de la Conferencia Episcopal, y un mes después, en una asamblea plenaria, emitieron un documento en el que denunciaban valientemente la situación de los derechos humanos; pero no solo eso, sino también las injusticias económicas y sociales, la falta de libertad, especialmente de los sindicatos y universidades, y los asesinatos y desaparecimientos de personas.
Parte de esa herencia fue superada gracias a la lucha de gente como el obispo Carlos Camus; pero hay otra parte de esa herencia de la dictadura contra la cual seguimos luchando. Esperamos que este sea el período de los cambios.
A fines de 1976, Carlos Camus fue nominado obispo de San Ambrosio de Linares. Allí, en materia de derechos humanos, como bien se recordara anteriormente, tuvo que enfrentar por 25 años el caso del misterioso reducto de Colonia Dignidad, que algunos sectores aquí presentes defendieron y encubrieron.
La labor de Carlos Camus como pastor de Linares se caracterizó, como también lo recordó el representante de la Democracia Cristiana, por la construcción de iglesias, por levantar a la comunidad cristiana en todos sus niveles. ¡Qué importante era en esos momentos reconstruir el tejido social que había sido destruido a sangre y metralla! El obispo Camus , como tantos otros obispos, en forma anónima y sin interés de figuración, lo hizo en su diócesis, como lo hicieron muchos otros, a lo largo y ancho de Chile.
El obispo Carlos Camus resultó ser un obispo popular, aclamado y discutido. Su visión del acontecer nacional lo llevó a no callar las injusticias. Para nuestra generación fue muy impresionante enterarnos, muchos años después, por cierto, de su llamado a Pinochet -fue recordado anteriormente-, en 1985, para que tuviera un gesto de grandeza, tal como lo tuvo O’Higgins en su momento, y que renunciara al poder. Había que tener valentía para hacerlo por esos años.
Detrás de un “no” hay un gesto de autonomía, de autodeterminación. No a la violación de los derechos humanos, no a la dictadura cívico-militar de Pinochet, no a la vejación de la dignidad de las personas. Cuando un grupo de personas dice que no, aunque sea una generación, estamos en un momento de rebelión; pero solo colectivamente ese “no” se vuelve consciente. El “no” a la dictadura fue muy anterior al plebiscito que lo consolidó y fue sostenido por una amplia alianza que iba desde los pobladores hasta la Iglesia católica; desde los trabajadores hasta sectores de la elite; desde el MIR, perseguido, acribillado y asesinado, como muchos otros conglomerados en dictadura -el Partido Comunista, el Partido Socialista-, hasta la gran mayoría de la Democracia Cristiana.
Ese valor de construir socialmente una oposición es algo que quisiéramos rescatar y aprender del legado de Carlos Camus: la lucidez para enfrentar la dictadura y defender los derechos humanos sin importar a qué costo. Pero no lo hacemos desde la nostalgia. Para nosotros, rescatar es volver al presente, es volver vigentes las luchas que el obispo Camus diera en su momento.
En ese sentido, tal como lo hiciera monseñor Camus y la generación de la Conferencia Episcopal, quisiéramos ponernos del lado de la verdad y de la justicia. La lucha contra Colonia Dignidad, que el tiempo ha demostrado como correcta, aún no se cierra. Archivos incautados en 2005 han permanecido ocho años como secreto de Estado y han sido derivados al Instituto Nacional de Derechos Humanos. Archivos de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, también llamada Comisión Rettig, no son de acceso público, mientras que a los archivos de prisión y tortura de la Comisión Valech se les impuso cincuenta años de secreto y no pueden ser utilizados en tribunales.
También hay archivos en poder de las Fuerzas Armadas, de las fuerzas policiales y de Inteligencia que hasta el día de hoy no han sido desclasificados. Pedimos no más secretos; queremos saber toda la verdad.
Aprovechando esta instancia de homenaje al obispo Camus, a este incansable luchador, a este defensor de la verdad y de la justicia, queremos pedirle al Estado de Chile que se liberen todos esos archivos que aún permanecen secretos para la sociedad chilena.
Esta intervención la he hecho en representación de la bancada Independiente.
Agradezco, nuevamente, la presencia de todas las autoridades de la Iglesia católica y de la ciudad de Linares que hoy nos acompañan en las tribunas.
Muchas gracias.
He dicho.