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Homenaje
HOMENAJE A DON JUAN ANTONIO TORRES ARAYA, RECIENTEMENTE FALLECIDO. COMUNICACIÓN

Autores

El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente , Honorable Sala, me permito hacer uso de esta tribuna para rendir un póstumo homenaje al histórico dirigente de los jubilados de nuestro país y gran amigo personal, don Juan Antonio Torres Araya , quien falleció, a la edad de 78 años, el 11 de febrero del presente año, en su hogar de Puente Alto, después de soportar una larga enfermedad.

Don Juan Antonio nació en Santiago el 7 de enero de 1933 y cursó sus estudios básicos en el Patronato San Antonio y en el Liceo Manuel Barros Borgoño.

Después de efectuar, durante 1953, su servicio militar obligatorio en el Regimiento Rancagua de Arica, ingresó al Cuerpo de Carabineros de Chile, donde permaneció por un lapso de cinco años, hasta 1959, prestando servicios en la Cuarta Comisaría de Santiago.

Posteriormente trabajó durante cuatro años como obrero textil en la desaparecida empresa "Manufacturas Sumar", y en 1962, al ingresar a la Caja de Empleados Particulares, se despertó su genuina vocación gremial, que desarrollaría por el resto de su vida.

De esta forma, entre 1962 y 1965, ocupó el cargo de Presidente Nacional de la Federación de Empleados Semifiscales , y entre 1966 y 1974 se desempeñó como Secretario General de la Asociación Nacional de Empleados de la Caja Previsional de Empleados Particulares, detentando, asimismo, el cargo de Vicepresidente Nacional del Frente de Organizaciones Libres .

Tuvo dos incursiones en política contingente: como miembro del Partido Liberal, al presentarse en calidad de candidato a Regidor por Santiago, en 1967, y como candidato a Diputado, por la misma ciudad, en 1969.

Sin embargo, su pasión por la defensa de los intereses gremiales lo animó a seguir perteneciendo a organizaciones de esta naturaleza, entre ellas la Agrupación Nacional de Empleados Semifiscales, en la que ejerció como dirigente nacional, incluso después del Gobierno militar. Asimismo, se desempeñó como Consejero Nacional del Servicio de Bienestar de la Caja de Empleados Particulares .

Su vasto conocimiento de los temas previsionales lo llevó a ejercer, durante casi veinte años consecutivos, el cargo de asesor en esta materia en muchas empresas de diversa índole: Compañía Técnico Industrial Fensa-Mademsa; Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones; Consorcio Nacional de Seguros; Administradora de Fondos Provida; Mutualidad de Choferes de la Municipalidad de Santiago , y diario "Las Últimas Noticias".

Igualmente, fue Director de las revistas de previsión "Empart", "Seguridad Social" y "La Nueva Previsión y el Sistema Antiguo de Jubilación".

En 1985 formó el Comando de Defensa de la Previsión, y en 1988 intentó dar vida, aunque sin éxito, al Partido de los Jubilados. También fue un dirigente histórico del club de fútbol " Luis Matte Larraín " de Puente Alto.

Su bandera de lucha en su actuar incansable fue la defensa de los jubilados, a los que veía demasiado postergados y desvalidos después de haber obtenido su magra pensión, tras haber entregado largos años de servicio a nuestro país en las más diversas actividades.

Don Juan Antonio solía decir que si bien la palabra "jubilado" deriva de la expresión "júbilo", en la práctica es la expresión de la amargura y de la pobreza inaceptable en que deben vivir permanentemente quienes se han acogido a un merecido descanso.

En su calidad de dirigente de ese grupo, y como un experto en temas previsionales, fue recibido en varias oportunidades por las Comisiones de Trabajo y Seguridad Social y de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, donde expuso con gran vehemencia y convicción puntos de vista acerca del desamparo en que ha quedado el sector de los jubilados. Asimismo, bregó constantemente por obtener solución a la deuda histórica del reajuste de 10,6 por ciento que los pensionados dejaron de percibir en 1985.

Su consigna era: "¿Qué piden los jubilados?: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!".

Durante algunos años, don Juan Antonio Torres , al ver que sus demandas reivindicatorias no eran satisfechas, desarrolló una forma de protestar bastante atípica y peculiar, consistente en que junto con algunos dirigentes lanzaban huevos a las oficinas públicas, lo cual, además de no causar mayores daños, quedará sin duda en el anecdotario nacional.

Tuve el privilegio de conocer a mi amigo Juan Antonio , pudiendo apreciar la fuerza y la convicción de sus argumentos en pro de sus representados, ya que en el último tiempo se desempeñaba como Presidente de la Central de Jubilados y Montepiados del INP que había fundado hacía algunos años como plataforma de las reivindicaciones que demandaba.

No puedo olvidar que, cada vez que podía hacerlo, remitía comunicados de prensa a los medios de comunicación, montaba movilizaciones. Aun cuando la salud no lo acompañaba, se instalaba frente a La Moneda para manifestarle al Presidente de la República de turno las desventuras que vivían a diario los jubilados.

Asimismo, pude constatar la fuerza con que luchaba, aun dentro de la enfermedad que lo tuvo postrado durante sus últimos días, y cómo reclamaba de manera constante por la eliminación del 7 por ciento de cotizaciones de salud que se descuenta a los jubilados, situación que consideraba absolutamente injusta y que esperamos sea pronto reparada cuando nuestro Gobierno envíe al Congreso un proyecto de ley con dicho propósito.

Falleció rodeado de su familia, compuesta por su esposa, señora Inés Cabezas , y sus hijos Rita, Miriam , Juan Antonio y Marco Antonio , más sus siete nietos y seis bisnietos, quienes supieron aquilatar la convicción con que defendía sus ideas para mejorar la situación indigna en que se encuentran los jubilados del país.

Por ello, envío mis más sinceras condolencias a la familia de Juan Antonio Torres que hoy día nos acompaña, la cual ha recibido un legado imperecedero de un auténtico luchador gremial, quien fue inclaudicable en sus principios y dedicó su vida a terminar con una situación totalmente injusta, que, sin duda, nosotros como legisladores debemos contribuir a reparar, a fin de que el sueño de mi gran amigo Juan Antonio se vea por fin cumplido.

Señor Presidente, le solicito tener a bien disponer que se haga llegar copia de esta intervención a la familia de don Juan Antonio Torres Araya, que en paz descanse, porque se lo merece sobradamente.

Don Juan Antonio fue un gran amigo, un hombre al cual me siento profundamente orgulloso de haber conocido y con quien nuestro país está en deuda. Está en deuda con él y con lo que él representaba: la lucha de los pensionados de Chile por su dignidad.

He dicho.

--(Aplausos en la Sala y en tribunas).

El señor GIRARDI ( Presidente ).- Incorporamos en este saludo al Senado, sumándonos al homenaje rendido por el Honorable señor Chahúan.

--Se anuncia el envío de la comunicación solicitada, en nombre del señor Senador, conforme al Reglamento.

--(Aplausos en la Sala y en tribunas).

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