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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DE DON ARTURO MOYA GRAU.

Autores

El señor GONZÁLEZ (de pie).-

Antes de que veamos el video que se presentará, deseo saludar en forma muy especial y agradecer la presencia de todos los familiares presentes de nuestro homenajeado, Arturo Moya Grau.

Saludo especialmente María Ester Moya Lulitzky , a Fernanda Araos Moya , a Alicia Embeita Moya , a Marcela Sepúlveda Embeita , a Amalia Bravo Mandiola , a Susana Vega Bravo y a Nancy Vega Bravo, que nos acompañan hoy desde la tribuna de honor en este sentido homenaje.

También quiero saludar a la Sociedad de Autores de Chile, de la cual Arturo Moya Grau fue presidente ; al actor Walter Kliche , a quien todos conocen por sus renombradas cualidades como actor y por su participación en las obras magistrales de Arturo Moya Grau, y a Tito Mery, quien trabajó con él durante más de 25 años en sus compañías de teatro y quien fue un gran impulsor de este homenaje.

En primer lugar, vamos a ver las imágenes que nos recuerdan a nuestro querido Arturo Moya Grau , que constituyen parte de tres homenajes que le rindiera Don Francisco en la televisión a Arturo Moya Grau. El último de ellos recuerda los cincuenta años de la trayectoria de nuestro homenajeado. En aquella oportunidad, se hicieron presentes, junto con su esposa, Ester Mayo, y su hija María Ester , los grandes actores que trabajaron con él: Walter Kliche , Ana María Palma , Marés González , Gloria Munchmayer , Gonzalo Robles , Coca Guazini , Paz Irarrázabal , Yoya Martínez , Patricia Silva , Cristián Campos , Mario Lorca , Tennyson Ferrada , Sergio Urrutia , Jaime Vadell , Humberto Gallardo . También están presentes en estas imágenes Nieves López Marín , quien lo acompañó durante tantos años en sus obras de radioteatro, Malú Gatica , Liliana Ross , Aníbal Reyna , Maruja Cifuentes .

Veamos esas imágenes.

-Se exhibe video.

El señor GONZÁLEZ (de pie).-

Señor Presidente , en representación del Partido por la Democracia, del Partido Socialista y del Partido Radical Social Demócrata, tengo el honor de rendir este homenaje en memoria del escritor, actor y guionista, Arturo Moya Grau .

Recordar al actor y guionista porteño Arturo Moya Grau , es recordar a uno de los autores más prolíficos que tuvo nuestro país durante el pasado siglo XX. Es invitar al oyente a un paseo por la galería de las obras y de los personajes más importantes que han decorado la radiotelefonía y la televisión de las últimas décadas, porque este escritor, libretista y actor nacional conmovió con sus creaciones y talento a varias generaciones de chilenos y chilenas, los cuales, a través de la radio y posteriormente la televisión, disfrutaron de la velada familiar, de la televisión en el living y del comentario cotidiano, del quehacer y acontecer de las dosis de dramatismo que nos entregaban día a día las aventuras de los personajes de Moya Grau, por las ondas y las pantallas de nuestra emisoras y canales locales.

La historia de Arturo comienza cuando su padre, don Arturo Moya Palacios , contador de las empresas de don Pascual Baburizza , debió trasladarse desde Iquique hasta Valparaíso por razones profesionales. Es precisamente en el domicilio de la familia, en la calle Mena , del cerro La Loma, donde doña Inés Grau Tuno , un día 13 de septiembre de 1920, da a luz al pequeño Arturo .

Arturo amó siempre a Valparaíso, fue un porteño de corazón y, por cierto, socio de Santiago Wanderers.

Desde muy niño nuestro homenajeado dio señas de ser un predestinado a ocupar un lugar de privilegio en la cultura nacional. Desde que estudiaba en el liceo Eduardo de la Barra, donde, junto con estudiar, escribía libretos -por cierto, más hacía lo último que lo primero- para pequeñas obras que luego representaba en la Radio Cooperativa de Valparaíso, en el programa “La Hora del Niño y de la Hada Madrina”, que conducía la connotada dama viñamarina doña Berta Rioja . Para ello usaba una antigua máquina de escribir que le prestaban en una funeraria. En esos libretos cultivaría una de las características que le marcaron durante su trayectoria: incluir en sus obras personajes que el mismo representaba; en el caso de las obras infantiles, el famoso “ Duende Bimbo ”. Siempre combinó el humor y el dramatismo.

Cuando era muy joven se convirtió en libretista de radioteatros, y con la ayuda de su primera esposa, la actriz Luchita Botto , tuvo un éxito extraordinario que abarcó más allá de las fronteras de Chile, llegando a Perú, Bolivia y Argentina. En ese momento quedó de manifiesto otra de las virtudes de Arturo Moya: jugar al misterio hasta los últimos momentos con el fin de la obra.

Moya Grau solía transmitir los finales en directo desde teatros o estadios de todo el país, los cuales se abarrotaban de público, llegándose, dicen los que conocieron los hechos, a falsificar entradas, lo que obligaba a las autoridades a realizar verdaderos operativos policiales para contener a las multitudes de auditores. Por lo mismo, no era poco frecuente que el final de la obra en Valparaíso fuese distinto al que se daba a conocer en Concepción. Esta misma técnica la desarrollaría al transmitir, esta vez por televisión, su obra maestra “La madrastra”, para la cual inventó y filmó cuatro finales distintos, guardando el texto definitivo en una notaría.

“La madrastra”, al momento de su final, logró un 80 por ciento de sintonía, rating que nunca más ha logrado un programa de la televisión chilena.

Cabe señalar que en esta Sala se encuentran la actriz señora Ximena Vidal y el actor señor Ramón Farías , hoy diputados de nuestra Corporación, quienes trabajaron junto a Arturo Moya Grau y se destacaron en sus obras como sus discípulos y amigos. Los saludamos desde aquí, por cuanto forman parte de la más rica tradición cultural de nuestra tierra.

Durante la década del 60, Arturo Moya Grau viajó por primera vez a México, en ese entonces, con una producción televisiva y cinematográfica comparada a la de Estados Unidos para los países de Latinoamérica. Allí, escribió sus primeros guiones para la televisión, entre los cuales destaca el exitoso “Rosario, un ángel en el fango”.

A fines de los 60 regresa a Chile para formar una de las primeras productoras profesionalizadas que se conocieron en nuestro país, Protab, de carácter muy independiente. Aquí, la televisión recién se encontraba en sus comienzos y aún era universitaria. Las obras que se realizaban eran prácticamente artesanales y los teleteatros de pocos capítulos, normalmente de cinco o siete. Además, los libretistas de televisión recién comenzaban a formarse, destacando entre ellos Edgardo Andrade , Alicia Santaella , Oscar Toro , Oscar Vidales y el brasileño Herval Rosanno . La tendencia principal era adaptar obras de teatro al formato del teleteatro y producirlas en pocas entregas.

En la programación de los años 60 y comienzos de los 70, las pocas telenovelas que se exhibían, como “El Amor tiene cara de mujer”, “Muchacha italiana viene a casarse”, “Simplemente María” y “Nino”, se importaban desde Argentina o México , y eran presentadas a la hora de la siesta, para el disfrute de la audiencia femenina. Las series norteamericanas de acción, como “Bonanza”, “The Naked City ”, “77 Sunset Strip”, se programaban en el horario nocturno y apuntaban a la audiencia masculina.

Arturo Moya Grau vino a transformar dicha situación.

En 1969, Canal 13 lo convoca como libretista de radionovelas. Con más de veinte años de experiencia en ese género tradicional, pero poco apreciado en el mundo académico, adapta para la televisión una de sus viejas ficciones: “El Rosario de Plata”, en cuarenta y ocho capítulos, con un éxito sorprendente.

Moya Grau , por medio de Protab, produce las primeras teleseries larga duración de producción nacional, destacando entre ellas “El padre Gallo”, “El Rosario de Plata” y “ María José ”. Posteriormente, vuelve a México y escribe “Los años felices” y “La colorina”, lo cual lo hace merecedor del “Azteca de Oro”, premio que por primera vez recibía un libretista extranjero.

Debemos recordar que a principios de los años 70, a raíz del ejemplo de las teleseries de Moya Grau, en nuestro país se comienza a desarrollar una interesante producción de ellas, que combinaban adecuadamente las necesidades del consumo del espectador nacional con el fin social y cultural que postulaban los canales del Estado y de las universidades. Así, surgen series como “ Manuel Rodríguez ” y “Balmaceda” de Jorge Inostroza , “La sal del desierto”, de Sieveking, y otras, todas con más de treinta capítulos y un muy buen nivel técnico para lo que existía en esos momentos en Latinoamérica.

El golpe militar de 1973 interrumpió abruptamente toda la producción nacional. Se desconfió no sólo de los actores, sino también de los libretistas, por lo cual nuevamente se comenzó a importar teleseries, principalmente brasileñas, aprobadas previamente por el régimen autoritario existente en este país, y también mexicanas.

Fue precisamente la teleserie de Arturo Moya Grau “J.J. Juez”, la que rompió esta constante, por lo cual volvieron a la televisión las producciones y los actores nacionales que hasta ese entonces tenían muy poco trabajo. No está de más recordar que era Canal 13 el que transmitía estas teleseries, que, paradójicamente, mostró en ese aspecto mayor apertura que Televisión Nacional, que ese entonces estaba totalmente militarizado, al igual que el canal de la Universidad de Chile.

Debemos señalar que a partir de ese momento la producción nacional de telenovelas tenía nombre y apellido: Arturo Moya Grau , acompañado entonces por su segunda esposa, la actriz Esther Mayo . El autor, con su habitual capacidad creativa, construía los libretos y guiones, adaptaba obras y acentuaba textos en lenguaje actoral chileno. De ese modo, surgieron obras como “Sol tardío” en 1976, “La colorina” en 1977, con la inolvidable Liliana Ross en el papel principal, y, por supuesto, la obra cumbre de las telenovelas chilenas: “La madrastra”, que seguramente debe ser la madre y modelo de cientos de teleseries posteriores, objeto de estudio para los conocedores y de culto para los seguidores. De hecho, los estudiosos señalan que entre “La madrastra” y “La colorina” existe un verdadero tratado de cómo hacer teleseries. No por azar se han realizado media docena de remakes de cada una de ellas en Hispanoamérica.

Arturo Moya Grau fue, durante varios años, presidente de la Sociedad de Autores de Chile , Satech, y en 1981 recibió el “ Premio Nacional de Televisión ”. Sus obras posteriores confirman ese galardón, como “La señora”, con el inolvidable Ramón Farías ; “La noche del cobarde”, “La trampa”, La última cruz”, etcétera. Estas y otras obras, agregadas a los más de doscientos radioteatros que escribió, merecen el reconocimiento de un país que lo recibió íntimamente, en el centro del hogar, escuchando o viendo sus construcciones, quizás, como a ningún otro guionista o autor en la historia del país.

Arturo Moya Grau merece ser recordado, porque popularizó y profesionalizó, para convertir la telenovela derivada de la dramaturgia, en un arte que marcó identidad en nuestro país.

En una entrevista, Don Francisco , que le rindió en tres oportunidades un merecido homenaje, le consultó la razón del éxito de “La madrastra”. Arturo le respondió que además de la temática afortunada, de la tensión y dramatismo del guión y la maestría de sus actores, la razón principal radicaba en que en esa época, invadida de telenovelas mexicanas, venezolanas y brasileñas, que se creían cada cual inigualables y las más importantes del mundo, “los chilenos no tenían nada propio que querer. Con ‘La madrastra’ -dijo Arturo- aprendimos a querer lo propio”. Cada uno, en sus países, ama su pedazo de tierra, y “La madrastra” nos dio esta identidad, patentizándose en que durante años Tennyson Ferrada siguió siendo identificado como el “Padre Belisario” de Pomaire, por lo cual en la calle le pedían consejos espirituales, y Gloria Münchmayer vivió el miedo de “Estrella”, en quien recae finalmente la responsabilidad del crimen en dicha obra.

Arturo Moya Grau acercó a la familia chilena a su cotidianeidad en la pantalla, innovó en la industria televisiva, fue un fundador de futuro para los actores chilenos, inspiró obra, arte y poesía chilena, entre ellas, la de un familiar suyo de esta zona: el poeta Enrique Moro . En fin, fue capaz de abrir fronteras y caminos en lugares en donde la luz era difusa.

Arturo Moya Grau murió de cáncer el 5 de julio de 1994. Tal vez, producto de su enfermedad tuvo que morir innumerables veces, como Patricia, en “La madrastra”. El momento final de esta vida fecunda, como el desenlace de las telenovelas que se registró y ocultó celosamente hasta la culminación de su obra en una notaría, se nos irá develando siempre como un secreto oculto y no revelado, pues a Arturo Moya Grau lo seguiremos descubriendo siempre, inagotablemente.

He dicho.

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