Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión 65 ordinaria, legislatura 371
- Celebrada el 09 de agosto de 2023
- Legislatura número 371
Índice
Cargando mapa del documento
Homenaje
HOMENAJE A INTEGRANTES DEL PLANTEL PROFESIONAL DE FÚTBOL DE 1973 DEL CLUB SOCIAL Y DEPORTIVO COLO-COLO
Autores
El señor CIFUENTES (Presidente).-
Tiene la palabra el diputado Eduardo Durán .
El señor DURÁN, don Eduardo (de pie).-
Señor Presidente, estimados colegas, distinguidos invitados que nos acompañan en la tribuna de honor.
Hoy, como Cámara de Diputadas y Diputados, nos reunimos, además de analizar los diversos proyectos de la Tabla, para rendir un emotivo y merecido homenaje al legendario equipo de fútbol Colo-Colo 1973.
Este equipo no solo dejó una huella imborrable en la historia del fútbol de nuestro país al ser el primer cuadro chileno en ganar en tierras brasileñas y llegar a una final de la Copa Libertadores, sino que también se convirtió en un símbolo de unidad y esperanza para todo nuestro país.
Bajo un contexto político, social y económico complejo, Colo-Colo logró que suspendiéramos en cada uno de sus partidos aquel ambiente convulsionado de los años 70, sacando más de una sonrisa, dando esperanza y alegría a millones de chilenos. Y es aquí donde se acuña esa mítica frase, ya impregnada en nuestro subconsciente colectivo: “Cuando Colo-Colo gana, el té es más dulce y la marraqueta más crujiente.”.
Se sabe que, en ese entonces, no había muchas cosas que endulzaran la vida de los chilenos y pocas llegaban calientitas a nuestras manos. Reflejo de aquello es que Axel Pickett , en su libro Leyenda hay una sola, cita a Elson Beyruth , que en paz descansa, un brasileño goleador llegado a Colo-Colo a finales de la década del 60, quien señaló que Chile en ese momento vivía problemas políticos tremendos y cuando Colo-Colo ganaba, había mucho entusiasmo y era una semana de tranquilidad para las autoridades.
Son cuestiones como estas las que llevaron a que en ese tiempo se calificara al club como el equipo que unió al país. Incluso, tras varias décadas, se ha hablado de que sus actuaciones llevaron a retrasar los sucesos del 11 de septiembre, pues no se trató de un equipo ligado a una universidad o a una determinada colonia migrante, sino más bien era el reflejo del pueblo chileno, de los obreros y trabajadores populares del país, que encontraron en el equipo una buena excusa para salir de la rutina y ser un poco más felices.
Colo-Colo 73 fue el equipo que desafió a los cuadros del Atlántico que, con especial altiveza, hablaban de que la copa se miraba, pero no se tocaba. El equipo dirigido por el legendario “Zorro” Álamos puso en cuestión esa frase, y a no ser por artimañas dirigenciales, arbitrajes parciales y localistas, debió levantar la copa con toda justicia. Hubo que esperar hasta 1991 para la obtención de la Libertadores, pero todos sabemos que el equipo del 73 era merecedor de ese galardón.
En el tercer partido de la final, frente a Independiente de Avellaneda, aún nos resulta increíble la jugada en que metieron al arquero albo, Adolfo Nef , con pelota y todo dentro del arco. La imagen es tan evidente como grotesca, porque tras un centro al área sobre el pórtico del “gringo”, el argentino Mario Mendoza atropelló al portero chileno que simplemente no pudo estabilizarse para atrapar el balón. El árbitro fue la única persona que no vio la infracción, lo que habla de un verdadero robo a mano armada, lo que no constituye ninguna exageración al ver, tanto con los ojos de ayer como con los de hoy, la magnitud de la falta cometida.
Para colmo, en el segundo partido de la final, jugada en Santiago, el juez Romualdo Arppi Filho anuló un gol legítimo de Caszely, por presunta posición de adelanto del “Chino”. Nada más lejos de la realidad. Con el VAR de hoy el juez y el guardalínea habrían sido castigados por unas cuantas fechas frente a tamaño error.
Como establece el periodista Juan Cristóbal Guarello en el prólogo del libro Colo-Colo 1973, la Copa Libertadores por entonces era mucho más que una competencia deportiva. Se trataba de una guerra. No bastaba con ganar los partidos en la cancha. Había que comenzar a jugarlos mucho antes en los pasillos de la Confederación Sudamericana de Fútbol, en los hoteles de concentración, trabajando a los árbitros.
Algunos estadios, como el Centenario, de Montevideo o el Atahualpa, de Quito, eran verdaderas trampas. Pasillos oscuros, boxeadores disfrazados de pasapelotas. “En Paraguay no se podía tomar un café sin temor de ser envenenado”, nos dice Guarello, haciendo alusión a lo ocurrido a Palestino en 1979.
Este equipo de Colo-Colo 73 no es, y déjenme decirlo, un equipo cualquiera. Es como lo han dicho a lo largo del tiempo, cientos de notas de prensa: un ejemplo de calidad, voluntad y sacrificio. Para llegar a lo más alto, no contó con las comodidades de la que hoy gozan equipos de Primera División, porque en esos días la prioridad de la dirigencia era construir el nuevo estadio de Pedrero.
Por lo mismo, la mayor parte del dinero se iba a la ejecución de esa obra. Como dijo en una entrevista hace unos años Guillermo Páez , “teníamos que entrenar en Gasco, donde había que sacar ovejas para poder trabajar. Incluso, teníamos que sacar el guano y había agua helada en el invierno.”.
En su cambio a los terrenos de Pedrero, esa situación en un inicio no cambió mucho, dado que al irse al Monumental no había camarines ni nada, e inclusive se bañaban con manguera. Viña del Mar, de hecho, fue muchas veces el lugar de entrenamiento para preparar los partidos internacionales.
Colo-Colo no solo era un equipo de fútbol nacional, sino que era el mismísimo Chile, ya que aquella formación 4-3-3, que llevó al cacique a obtener la corona del torneo nacional del 72, sentó las bases de la selección chilena para Alemania 74. Gran parte de aquellos nombres terminaron convocados en el plantel que fue al Mundial. Nueve de los veintidós hombres que concurrieron a la cita planetaria formaban parte del grandísimo Club Deportivo y Social Colo-Colo.
Si bien, como lo he dicho insistentemente, Colo-Colo 73 no obtuvo la Copa Libertadores de ese año, pero sí escribió uno de los capítulos más gloriosos e inolvidables para millones de chilenos, liderados por grandes figuras como Francisco “Chamaco” Valdés, Carlos Caszely y Leonardo Veliz . El equipo derrotó a potentes rivales de la región y llegó a la gran final contra Independiente de Avellaneda, instancia que se definió en tres partidos y con el escándalo arbitral que existió de por medio. Aquella gesta es y será recordada por muchos años, dado que sembró las bases de los triunfos posteriores y que en cierta medida queda inmortalizada en la portada de la revista Estadio que, si bien se enfoca en un solo jugador, Carlos Caszely , para mí y para muchos chilenos, es todo el equipo, porque Colo-Colo 73, realmente se pasó.
Hoy, al recordar esas hazañas, queremos rendir un merecido homenaje a sus héroes, a esos futbolistas que no solo llevaron los colores albinegros en su pecho, sino también el orgullo y la esperanza de toda una nación.
Muchas gracias por todo a Adolfo Nef , Mario Galindo , Leonel Herrera , Rafael González , Alejandro Silva , Francisco Valdés , Guillermo Páez , Sergio Messen , Carlos Caszely , Sergio Ahumada , Leonardo Véliz , Alfonso Lara , Fernando Osorio , Gerardo Castañeda , Elson Beyruth , Manuel Rubilar y, por supuesto, a Luis Alberto Álamos y todo su cuerpo técnico. Varios de ellos descansan en paz y honramos su memoria.
Que su legado de unidad, valentía y perseverancia perduren en nuestros recuerdos y nos lleven a enfrentar los desafíos de la vida con la misma pasión y entrega que ellos mostraron en cada partido.
¡Gracias Colo-Colo 73 por habernos regalado momentos inolvidables y por ser un ejemplo de grandeza dentro y fuera de la cancha!
He dicho.
-Aplausos.