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  • Legislatura Extraordinaria número 330
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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DEL EX COMANDANTE EN JEFE DEL EJERCITO DON CARLOS PRATS GONZÁLEZ.

Autores

El señor SOTA (de pie).-

Señor Presidente, todavía no se apagan los sones marciales que llenaron los aires durante el mes de la Patria y del Ejército, cuando nuevamente debemos poner como lo hacemos desde hace veinte años un luto sobre la bandera; un crespón negro sobre el pabellón que Carlos Prats amó sobre todas las cosas de su vida y que había inspirado sus ideales de hombre, de ciudadano y de soldado.

Veinte años de dolor y de espera. De un dolor que es expresión de rechazo al crimen alevoso, y de una espera que se prolonga más de lo debido para hacer justicia y condenar a los culpables. Cruel designio, además, que aniquilara a la fidelísima compañera del General exiliado, sumiendo en la congoja a sus hijas, a sus amigos y al país entero.

Al cumplirse veinte años del asesinato del General Carlos Prats González y de su esposa doña Sofía Cuthbert, esta Corporación rinde homenaje en memoria de estos muertos ilustres. Pero, además, debe cumplir con el deber de revisar su participación en el necesario esclarecimiento de tan aciago suceso.

En efecto, esta Cámara conoció en septiembre del año recién pasado un informe de la Comisión de Derechos Humanos, Nacionalidad y Ciudadanía respecto del estado de la investigación, en Argentina y en Chile, del acto terrorista que causó la muerte de los esposos Prats-Cuthbert. Desgraciadamente, las conclusiones y recomendaciones de la Comisión, acogidas por esta Corporación, no han tenido un efecto concreto, y sería muy necesario reactualizarlas y hacer su seguimiento para darles la eficacia que corresponde.

En el documento que estoy recordando se establece, para nuestro estupor, que tanto el Ejército de Chile como el Ministerio de Relaciones Exteriores nunca han realizado una investigación para conocer la verdad de lo ocurrido. Me hago un deber en solicitar que este Gobierno subsane esta inaceptable omisión.

Para este propósito, es útil recordar la declaración ante la Comisión de Derechos Humanos de esta Cámara del ex Embajador de Chile en Argentina, don Ramón Huidobro, dice: “Respecto de las investigaciones en Chile y Argentina sobre dicho crimen, puedo decir que me mantiene perplejo que el asesinato de un hombre que fue Vicepresidente de la República y Comandante en Jefe del Ejército, y el de su esposa, ocurrido hace cerca de veinte años, haya tenido un proceso judicial en Argentina, lugar del crimen, de tanta lentitud e ineficiencia.” Y continúa el EmbajadorHuidobro: “Mayor perplejidad, por decir lo menos, me causa la mínima atención que se observa en nuestro propio país para buscar el esclarecimiento de una acción criminal de tanta envergadura, que costó la vida a un eminente servidor público.”

La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación ha sido la instancia que ha actuado en subsidio de la justicia oficial. Esa Comisión, después de analizar numerosos antecedentes, incluso los proporcionados por la investigación judicial en Argentina, y el caso Letelier, en Estados Unidos, concluye: “Ha llegado a la convicción, en conciencia, de que el General Prats y su cónyuge, Sofía Cuthbert, fueron muertos en violación de sus derechos humanos por acto terrorista de responsabilidad de agentes del Estado de Chile, que se presume, fundadamente, pertenecían a la Dina.”

Por su parte, el informe ya mencionado de nuestra Comisión de Derechos Humanos incluye diversas apreciaciones sobre el crimen, las que cito a continuación:

“1. El General Prats fue objeto de amenazas de muerte en el período anterior al asesinato, amenazas que fueron puestas en conocimiento del Gobierno de Chile.

“2. El General Prats y su esposa solicitaron el otorgamiento de pasaportes para abandonar Argentina ante las amenazas de que eran objeto y su solicitud no fue acogida por las autoridades gubernamentales chilenas, sin dar nunca explicaciones por la negativa.

“3. En la República Argentina operaba una organización de la Dirección Nacional de Inteligencia, Dina, y existen antecedentes que relacionan directamente la participación de agentes de la Dina, algunos pertenecientes al Ejército, con el atentado que costó la vida al General Prats y a su cónyuge.”

Finalmente, nuestra Comisión propuso y la Cámara lo acordó solicitar a la Corte Suprema la designación de un ministro en visita extraordinaria, para que conociera los hechos, teniendo como autocabeza de proceso el mismo informe de la Comisión. Lamentablemente, la Corte Suprema no acogió la petición de la Cámara. Hacemos valedera esta ocasión para pedir la renovación de nuestro requerimiento.

En el fondo, ha faltado voluntad política para hacer luz en el horrendo crimen. Sin embargo, para consuelo de quienes amaron en vida al General y a su esposa Sofía, y para los que recuerdan con emoción al abnegado hombre de Estado, quedan los testimonios imborrables de reconocimiento de su patriótica acción en momentos trágicos de la vida nacional.

Corría el mes de agosto de 1973. Una ola de pasiones exacerbadas amenazaba sumergir al país. El valeroso soldado no vaciló en resignar su cargo de Comandante en Jefe para tratar de apaciguar la violencia, la ceguera y la irracionalidad. Recibió, por ello, la palabra de aliento y reconocimiento de don Radomiro Tomic: “No es como amigo, sino como chileno, que le expreso mi solidaridad decía Tomic en su carta al General y me asocio modesta y anticipadamente al homenaje que el juicio de la historia tendrá para usted...”. Y continúa: “Así le cupo actuar en octubre de 1972, junto con otros distinguidos representantes de las Fuerzas Armadas, al facilitar el grado de consenso necesario para que el país superara el paro generalizado de ese entonces. Así fue en marzo de 1973, al garantizar que las elecciones parlamentarias tuviesen lugar en un marco de efectiva imparcialidad por parte del Gobierno. Así acaba de ser ahora, en agosto de 1973, hasta el límite en que a usted le fue posible actuar.” Similar apoyo recibió de quien podría haber sido considerado su adversario, el entonces Senador don Renán Fuentealba Moena, a la sazón presidente del Partido Demócrata Cristiano, quien le decía en carta del 27 de agosto de 1973: “Porque me consta, señor General, que usted ha sido siempre leal con el régimen institucional chileno; porque me consta que usted ha tenido un gran respeto para con la institución presidencial y que, por ello, ha sido leal con el actual Presidente de la República, así como lo fue en el Gobierno anterior con la persona del Mandatario de entonces; porque me consta que usted se ha esforzado por mantener a las Fuerzas Armadas fieles a su tradición profesional, tan exaltada y puesta de relieve por su ilustre antecesor y amigo, el General Schneider; porque sé que usted siempre se esforzó por mantener a las Fuerzas Armadas unidas y ajenas a la política partidista; por su entereza moral para sobreponerse a los ataques e infamias de quienes han visto en usted un obstáculo para sus oscuros designios golpistas, quiero expresarle mi adhesión en estos momentos en que muchos pretenden hacer leña del árbol caído.” Es que este militar, imbuido en la historia de Chile, a la que había consagrado un estudio profundo, profesaba un apego irrestricto a la legalidad democrática.

Autor, en 1957, de un premiado ensayo sobre “Vicuña Mackenna y las glorias de Chile”, destaca Prats una ejemplar actuación de Vicuña, que aparece como una premonición de situaciones similares que conocería el General un siglo más tarde. Relata Prats la visita que un connotado grupo de oficiales de alta graduación hizo al fracasado candidato presidencial Vicuña Mackenna para apoyarle tras la abierta intervención del Gobierno de Errázuriz, que impidió el triunfo de Vicuña.

“Señor le dijeron los oficiales, ante la violación de la voluntad del pueblo perpetrada por Su Excelencia el Presidente de la República en las últimas elecciones y consciente todo el Ejército de que el elegido del pueblo es usted, queremos manifestarle nuestro propósito de derrocar al Gobierno y de colocarlo a usted en el sillón presidencial el próximo 18 de septiembre. Señor, hemos venido a ofrecerle nuestras espadas.”

“Vicuña Mackenna relata Prats respondió sin vacilar: “Amigos míos, desde el fondo del alma yo les agradezco este ofrecimiento tan sincero como espontáneo, pero no puedo aceptarlo. Yo, que repudio la intervención civil, debo condenar también la intervención militar. Ningún gobierno impuesto por la fuerza de las armas puede ser grato al corazón del pueblo. Nosotros no podemos dar un mal ejemplo. La posteridad no nos perdonaría.” Termina allí la cita de Prats.

Pareciera que el biógrafo se estuviera retratando en la noble actitud de su biografiado y que, andando el tiempo, con algunas variantes, al General le tocaría vivir situaciones extrañamente parecidas a las del episodio relatado. Prats, cuando se presentó la ocasión, también rechazó las espadas que quisieron alzarse contra el Poder constituido.

Este militar ejemplar nos deja en su obra “Testimonio de un soldado”, el legado de su vida fecunda. Y quiso poner, en el frontis de su libro, lo que llamó “Las proposiciones de un hombre a Dios”, una hermosa oración que interpretaba sus sentimientos de humanista y de cristiano, de esposo y de padre.

Hoy repetimos esa plegaria en recuerdo del General mártir:

“Dame fuerzas, Señor, para lograr la meta. Dame fuerzas, Señor, para seguir caminando.

Y para llevar mis angustias, mis esperanzas y mis sueños por las escarpas, por los montes y los valles.

Pero guíame Tú, hasta el lugar que anhela

mi espíritu.

No ambiciono, Señor, ninguna gloria.

Sólo deseo la paz en mi espíritu, una canción en mi alma, y un inmenso amor por los seres que me dieron la felicidad de querer y reverenciar la vida.”

He dicho.

Aplausos.

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