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Antecedentes
  • Cámara de Diputados
  • Sesión 85 ordinaria, legislatura 371
  • Celebrada el
  • Legislatura número 371
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Intervención
AUTORIZACIÓN A RAMAS DEL CONGRESO NACIONAL PARA CELEBRAR DETERMINADAS SESIONES EN LA CIUDAD DE SANTIAGO (SEGUNDO TRÁMITE CONSTITUCIONAL. BOLETÍN N° 15366-07)

Autores

El señor CIFUENTES (Presidente).-

Tiene la palabra el diputado Johannes Kaiser .

El señor KAISER.-

Señor Presidente, efectivamente, aquí se puede tratar de establecer una dicotomía o un conflicto entre regionalismo y centralismo, y probablemente es justificado hacerlo, porque desde hace mucho tiempo que Santiago es Chile y Chile es Santiago.

Con todo, las cosas también debemos verlas desde el punto de vista práctico, y ese punto de vista práctico es el siguiente: cuando se pide que a una sesión de comisión asista un ministro o un subsecretario, ese subsecretario o ese ministro pierden -bueno, no lo pierden, porque concurren-, en la práctica, mucho tiempo de trabajo con el traslado. A esto debemos sumarle que el tiempo de un ministro es carísimo, desde el punto de vista de la gestión. ¡Es carísimo!

Entonces, ponernos de acuerdo para celebrar algunas sesiones de comisiones en Santiago, un jueves, por ejemplo, es facilitar el trabajo entre el Ejecutivo y el Legislativo, es permitir una mayor eficiencia de un Ejecutivo que, de todas maneras, adolece de niveles de ineficiencia que son espantosos.

Y ahora es problema de tiempo. Todos disponemos solo de 24 horas al día, lo mismo que los ministros, asumiendo que los ministros, por la naturaleza de su función, están sobrecargados de trabajo. Y esto va más allá de dónde está asentado el Congreso Nacional.

Me parece que nunca se hizo el análisis del costo operativo, desde el punto de vista de la gestión estatal, de tener al Ejecutivo y al Legislativo en ciudades distintas. Esto se ha hecho parcialmente en Europa, donde el Congreso entero se traslada desde Estrasburgo a Bruselas, una o dos veces al año. ¿Por qué? Por el tema del regionalismo.

La verdad es que lo que se hizo en su momento fue política simbólica, que desde el punto de vista práctico ha resultado poco efectiva, toda vez que ha terminado impactando en la gestión que realizan las distintas administraciones.

Entonces, no es que nosotros, desde acá, le queramos hacer un favor al gobierno -eso se lo garantizo, colegas1-, sino que se trata de tener una visión de más largo plazo de cómo se tiene que gestionar el trabajo entre el Congreso Nacional, el Ejecutivo y el resto de la administración pública, porque cada vez que citamos a sus dirigentes al Congreso, se produce el daño ya descrito.

Es decir, no se está proponiendo que el Congreso Nacional se desplace o cierre sus puertas en Valparaíso, pero sí estamos tratando de minimizar la ineficiencia que ha generado este traslado. Y es razonable sesionar en la capital, al menos, en un par de ocasiones, cuando esto sea necesario, por las razones ya descritas.

Señor Presidente, claro que podríamos volver al debate original de regionalismo contra la capital, etcétera, pero eso sería ignorar el problema esencial que se está enfrentando, y ese problema es que los seres humanos tenemos una cierta cantidad de tiempo disponible al día y no más. Y que nuestra gestión estatal, la gestión de nuestras empresas, la gestión de nuestros servicios, etcétera, está fundamentalmente centrada en Santiago. Sus dirigentes máximos están en Santiago y para conversar con ellos, normalmente, tienen que sacrificar un día completo para asistir a una sesión en Valparaíso.

Estimados colegas, demostremos que nos interesa un poco la eficiencia del Estado, que estamos dispuestos a hacer un pequeño sacrificio en pos de la eficiencia del Estado, y un par de sesiones en Santiago no van a liquidar la descentralización o no van a solucionar o empeorar el problema de descentralización que tiene este país. Para eso deberíamos hacer política bastante más inteligente de la que hemos hecho hasta ahora.

He dicho.

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