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  • Sesión Ordinaria N° 98
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Homenaje
HOMENAJE A LA COMISION ECONOMICA PARA AMERICA LATINA (CEPAL) CON MOTIVO DE SU VIGESIMO QUINTO ANIVERSARIO. OFICIO.

Autores
El señor PABLO.-

Señor Presidente, un cable dirigido desde Washington a la Cancillería chilena fue el primer indicio, en julio de 1947, de un hecho histórico importante en la vida y destino de los países de Latinoamérica: la creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), dependiente del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.

Fue el día 12 de julio de 1947 aquel en que el Embajador chileno ante las Naciones Unidas, don Hernán Santa Cruz Barceló, presentó al Secretario General de ese organismo un proyecto de resolución en tal sentido, que se fundaba esencialmente en dos grandes razones histórico sociales de peso y trascendencia:

a) La grave crisis derivada del importante esfuerzo económico realizado por América Latina para defender la causa de las Naciones Unidas en la guerra, y las perturbaciones que ésta había causado a la economía mundial, y

b) La necesidad de desarrollar la industria de los países latinoamericanos y utilizar al máximo sus recursos naturales para elevar el nivel de vida de sus habitantes, de contribuir a resolver los problemas económicos de éste y otros continentes y de lograr un mejor equilibrio del edificio económico mundial e intensificar el comercio internacional.

Según la idea propuesta, y basándose en estas razones justificativas de su creación, la Comisión Económica para América Latina debía tener como objetivos estudiar las medidas necesarias para facilitar una acción conjunta destinada a favorecer el progreso económico de los países de América Latina y elevar el nivel de la actividad económica de esos países, así como mantener y estrechar los vínculos económicos que los ligan entre sí y también con el resto del mundo, y además, participar en la aplicación de esas medidas.

La proposición resultaba, por sí misma, audaz, por cuanto constituía un cambio significativo en las perspectivas de acción del Consejo Económico y Social y contrariaba demasiados prejuicios, situaciones establecidas y esquemas mentales e ideológicos arraigados, para que fuera aceptada, así, de buenas a primera.

Fue necesario, para concitar el interés y lograr la aprobación de la resolución propuesta, vencer todo tipo de obstáculos y desarrollar una intensa labor de propaganda del proyecto entre los miembros del Consejo.

Por de pronto, la primera dificultad surgió al comprobarse que no existía en las Naciones Unidas estudio alguno, documentación o informes referidos a la economía latinoamericana en su conjunto, o la de sus países integrantes, en forma separada. Por esta circunstancia, toda la fundación o justificación de la proposición chilena era de suyo incompleta y en extremo débil, si se considera que, por esos años de postguerra, la gran preocupación de las potencias y del mundo entero estaba dada en torno de la reconstrucción de los países devastados por el conflicto bélico, afortunadamente concluido en el año 1945.

Fueron sólo la fe, la tenacidad, el acucioso esfuerzo de preparación y estudio de la representación chilena, los que lograron dar a su intervención del día l9 de agosto de 1957 la fuerza dramática que él cuadro de la economía y las condiciones sociales de nuestros países necesitaban para golpear la conciencia de los integrantes del Consejo y convencerlos de que nuestra región, si bien no había sido azotada por una catástrofe como la que a solo a Europa, vivía en un estado de atraso y de necesidad tales, que se justificaba, de parte de las Naciones Unidas, una atención tan particular como la otorgada a los continentes que habían experimentado los horrores de la guerra.

No escaparon a la argumentación vertida, ni el hecho de que América Latina hizo una decisiva contribución a la victoria aliada en esa guerra, al proveer a los países vencedores de petróleo, cobre, minerales variados, azúcar, café, algodón, lana, nitratos, etcétera, a precios congelados, mientras los precios de las manufacturas y bienes de capital que, por necesidad, América Latina debía importar, alcanzaban, por esos años, niveles cada día más altos; ni aquel otro factor caracterizado por el grave perjuicio que esa conflagración le significara al impedirle renovar su maquinaria y detener, así, el ritmo de su incipiente industrialización y desarrollo.

El hecho macizo es que, con el apoyo de la totalidad de los países latinoamericanos y con la evidente simpatía y apoyo de Francia y China, con la proposición de postergar el problema por parte de la delegación norteamericana y con la oposición decidida de la Unión Soviética, que lamentó no poder apoyar la proposición del representante de Chile, las Naciones Unidas admitieron la creación de un Comité ad hoc que recibió el mandato de considerar los factores que podían influir en el establecimiento de una Comisión Económica para América Latina, consultar la opinión de la Novena Conferencia Panamericana y entregar un informe al VI Período de Sesiones del Consejo, en febrero de 1948.

Con un documento titulado Las principales causas del desajuste de la Economía Latinoamericana, preparado por los cuatro representantes de este continente en ese Comité, y un trabajo del propio secretariado del Consejo Económico y Social, que se denominó Revista de las Condiciones Económicas a través de América Latina, se hizo por primera vez, un estudio sobre la economía latinoamericana tomado en su conjunto.

Entre las conclusiones de estos documentos hay una que resume con singular acierto la esencia del diagnóstico que hoy existe sobre los problemas de nuestro continente y las líneas fundamentales de una política destinada a superarlos. Dice ese párrafo:

No puede intentarse ningún remedio, que tenga éxito, para el desajuste económico (de América Latina) si no se basa en una política amplia y coordinada de desarrollo económico y social, dirigida a elevar los niveles de vida de la población, a diversificar sus economías, a promover el comercio exterior, a modernizar las técnicas en su agricultura, su industria, sus transportes y su comercio, utilizando en plenitud sus recursos naturales, promoviendo el comercio intra e interregional y estimulando la formación, la disponibilidad y el buen aprovechamiento del capital.

Ambos estudios fueron presentados en el VI Período de Sesiones del Consejo Económico y Social, que se inició el 2 de febrero de 1948. Su discusión llevó, finalmente, a la aprobación de la iniciativa, y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) nació, con toda su formalidad, por el acuerdo de Consejo del día 25 de febrero de 1948, fijando su sede en esta capital.

En Santiago de Chile ha tenido desde entonces, todas las facilidades y el apoyo de los gobiernos y del pueblo.

Es por eso por lo que, al cumplir recientemente 25 años de vida, resulta ineludible, para muchos de nosotros, destacar no sólo el profundo sentido de renovación social y económica, y de integración continental e internacional que su concepción y su funcionamiento tienen, sino que, además lo que es importante resaltar los logros de su trabajo no concluido y las perspectivas de sus acciones permanentes orientadas a materializar aspiraciones y construir vías de cambio para este continente.

Si sus objetivos fundamentales apuntaban al fomento del desarrollo económico y social de los países latinoamericanos la elevación de los niveles de vida de sus pueblos, el fortalecimiento de las relaciones económicas entre los países de dentro de la región y de fuera de ella, era, a todas luces, indispensable que sus realizaciones estuvieran enmarcadas en: el campo de la investigación y análisis de los principales problemas socioeconómicos de la región, de la asesoría a los gobiernos en esta materia, de la mantención de programas de capacitación para profesionales vinculados al desarrollo, y de la integración de los esfuerzos y ejecución da programas conjuntos para una mejor utilización de los recursos disponibles en el área.

En el cumplimiento de estas tareas, CEPAL actúa desde su creación en estrecha coordinación con la Secretaría de las Naciones Unidas, con sus órganos y comisiones regionales, con los organismos especializados y con las demás organizaciones internacionales que trabajan en América Latina. Los nexos establecidos con la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), le han permitido realizar programas conjuntos en el plano económico y social. En el campo de la integración, sus vinculaciones tocan a la Asociados Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), al Tratado General de Integración Económica del Istmo Centroamericano, al Grupo Andino y a la Asociación de Libre Comercio del Caribe (CARIFTA).

Los programas de trabajo y las acciones de CEPAL han venido evolucionando, con el correr del tiempo, hasta alcanzar, en nuestros días, un notable grado de complejidad y expansión. Sin embargo, es digno de destacar el hecho de que los principios orientadores de su acción mantienen, desde 1948, su vigencia plena y su vigor. Ellos son:

a) El concepto de que el crecimiento desde dentro de los países de América Latina exige para su aceleración, programas y políticas de desarrollo de carácter dinámico; y

b) Dichas políticas, planes y programas, para ser verdaderamente eficaces, deben fundarse en los hechos, así como en el análisis sistemático de las economías nacionales y de las perspectivas de su crecimiento.

Basándose en sus propios trabajos de investigación sobre la realidad económico social de cada país y de América Latina en su conjunto, se ha llegado a determinar, con precisión y claridad, todo un amplio programa de acción que se realiza en permanente colaboración con los gobiernos de la región. Dentro de él se comenzó por encarar el problema de la formación profesional y la capacitación de funcionarios públicos encargados de la planificación del desarrollo económico.

Las tareas de capacitación y asesoría se extendieron, posteriormente, al campo de la creación o perfeccionamiento de organismos gubernamentales de planificación en todos los países que lo han solicitado, y culminaron, en 1961, con la concertación de un Convenio Tripartito entre CEPAL, OEA y BID, destinado a prestar este asesoramiento en forma permanente y bajo la responsabilidad ejecutiva de CEPAL.

La consolidación de estos programas condujo, finalmente, a la creación de un órgano especializado que se denominó Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES), y que comenzó sus labores a partir de 1962.

Simultáneamente, y como producto de las constantes actividades de investigación, se han venido publicando documentos anuales como el Estudio Económico de América Latina, o semestrales como el Boletín Económico y el Boletín Estadístico, que resumen los datos más recientes en materia de desarrollo económico y sus problemas conexos, y constituyen, por este mismo hecho, una importante fuente de información para los organismos oficiales y privados del área, económico social en cada uno de los países del continente.

Paralelamente, los estudios profundos sobre los problemas del comercio internacional y la integración económica que ha venido realizando CEPAL han brindado a los gobiernos latinoamericanos las bases para la unificación de sus políticas de comercio exterior y han orientado la elaboración de nuevos conceptos para la reorganización del comercio mundial sobre bases compatibles con los problemas específicos del comercio exterior de los países subdesarrollados. Muchos de estos conceptos han sido recogidos por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), cuya última reunión tuvo lugar, precisamente, en Chile en el pasado mes de abril de 1972.

El Mercado Común Latinoamericano es otro de los temas de estudio de CEPAL, porque éste constituye el ámbito natural del desarrollo de la industria, la agricultura, el transporte, los recursos naturales, etcétera, dentro de una economía de escala en la cual la capacidad de producción y exportación es ariete fundamental para el fortalecimiento de las economías nacionales y regionales.

Por de pronto, CEPAL ha venido realizando una constante evaluación y un desarrollo de las perspectivas de los movimientos subregionales de integración: ALALC, Pacto Andino, Mercado Común Centro Americano y CARIFTA, para saber con exactitud cómo se vienen cumpliendo los compromisos de integración contraídos por los distintos países y cuál es el impacto que la integración misma tiene sobre las economías y el desarrollo de las naciones participantes. La visión sintética de una evolución de estos procesos y la proyección de sus distintas perspectivas constituye, por cierto, inestimable aporte a los gobiernos en la definición de sus políticas de desarrollo.

La búsqueda y examen de estas alternativas se vinculan, así, de modo directo, con la Estrategia Internacional para el Desarrollo (E.I.D.), aprobada en octubre de 1970 por las Naciones Unidas.

Este programa, al proponer el adecuado aprovechamiento de la ciencia y la tecnología modernas en el desarrollo armónico de todos los países del mundo, fija las metas mínimas y los objetivos básicos para los pueblos que están viviendo este proceso.

Es importante, en mi concepto, destacar estos objetivos, por la vigencia que ellos tienen en la realidad socio económica chilena, cuyos problemas aparecen caracterizados, a través de ellos, con claridad impresionante:

1) Cada país en desarrollo debe formular sus objetivos nacionales de empleo, a fin de absorber una proporción creciente de su población trabajadora en actividades de tipo moderno, y reducir apreciablemente el desempleo y el subempleo.

2) Se debe poner especial empeño en que asistan a la escuela primaria todos los niños en edad para ello, se mejore la calidad de la educación en todos los niveles, se reduzca sustancialmente el analfabetismo, se reorienten los programas educativos con miras a satisfacer las necesidades del desarrollo y, cuando corresponda, se creen y amplíen instituciones científicas y tecnológicas.

3) Cada país en desarrollo debe formular un programa coherente de sanidad para la prevención y el tratamiento de las enfermedades, y para elevar el nivel general de su salud y saneamiento.

4) Debe mejorarse el nivel de la nutrición, tanto en lo que respecta al, consumo medio de calorías como al contenido proteínico de los alimentos prestándose especial atención a las necesidades de los grupos vulnerables de la población.

5) Deben ampliarse y mejorarse los servicios de vivienda, especialmente para los grupos de bajos ingresos, con el objeto de remediar los males del crecimiento urbano no planificado y de las zonas rurales rezagadas.

6) Debe fomentarse el bienestar de los niños;

7) Debe asegurarse la participación plena de la juventud en el proceso de desarrollo; y

8) Debe estimularse la integración plena de la mujer en la totalidad del esfuerzo a favor del desarrollo.

No cabe duda alguna de que el proceso de cambios que se ha experimentado en Chile desde el inicio del Gobierno democratacristiano apunta, de algún modo, a la consecución de cada uno de los objetivos anteriormente señalados.

Es más. Nos parece dramática la urgencia de lograr, en las metas inmediatas, los avances más claros o las conquistas más notables que sea posible conseguir.

Lamentablemente, el estado de nuestra economía, a partir del Gobierno que hoy tenemos, así como la conducción de los procesos de cambio social y cultural chileno, no nos permiten gran dosis de optimismo. Más bien deben llamar a reflexión y al cambio de conducta a quienes son los detentores del Poder Ejecutivo y sobre quienes cae la más pesada responsabilidad de construir la alternativa del progreso para nuestra patria.

Así como la realidad chilena la vemos reflejada en estos conceptos de uso y aceptación universales, podemos decir que existe, en consecuencia, un profundo y valioso enraízamiento de los programas cepalianos dentro de nuestra realidad continental. Tal es lo que se advierte en el estudio América Latina y la Estrategia Internacional de Desarrollo: Primera Evaluación Regional, el más reciente documento de evaluación y proyección elaborado por la CEPAL en este campo.

La sola mención de los capítulos de la obra en referencia nos da una patita de su considerable peso e importancia. Aparecen allí tratados:

El desarrollo humano y el cambio social en América Latina,

El crecimiento económico, El esfuerzo interno para el aprovechamiento de los recursos productivos,

América Latina en el marco de las relaciones económicas internacionales,

Comercio exterior, transporte marítimo, seguros y turismo,

Financiamiento externo; y

La integración regional.

He mencionado este trabajo con especial detalle, porque fue uno de los temas centrales del XV Período de Sesiones de la CEPAL, realizado recientemente en Quito, como expresión de la vitalidad del organismo cuando cumple 25 años de existencia.

La CEPAL es hoy realidad latinoamericana en marcha. Su vida orgánica es ejemplo de servicio y eficiencia productiva puesta al alcance de los pueblos subdesarrollados de esta América desintegrada.

La maestría de su acción, sin embargo así lo estimo, no es un hecho casual.

En este momento de recuento somero de sus más altas expresiones y logros, es útil recordar que el hombre que le dio un sello distintivo y propio fue el eminente economista Raúl Prebisch, su primer director. Más de trece años de su trabajo incesante y fecundo hicieron de la CEPAL un organismo respetado en el concierto internacional.

Fue en el momento de dejar su cargo para asumir otras funciones, igualmente dependientes de las Naciones Unidas, que el doctor Presbich dejó, como un verdadero manifiesto económico, su obra titulada Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano, en el cual vertió lo mejor de su pensamiento y experiencia después de largos años de búsqueda incesante, de análisis objetivo y responsable, de meditación y diálogo con lo mejor de la Inteligencia mundial.

Hoy, bajo la dirección de su Secretario General Ejecutivo, el destacado economista doctor Enrique Iglesias, la CEPAL nos muestra su juventud y madurez equilibradas en armoniosa y permanente fórmula de vida activa.

Deseo recordar también en esta ocasión a un hombre que durante una década dirigió su Departamento de Planificación y Desarrollo, a quien por su acción, más allá de la muerte, sentimos ligado a nosotros, los democratacristianos. Me refiero a Jorge Ahumada, persona que tanto releve alcanzó en el continente americano.

Sus 29 Estados miembros más sus dos Estados asociados cuentan con la asistencia y ayuda permanente de sus once divisiones, que constituyen, en conjunto, la estructura de la Secretaría.

Baste sólo recordar que el terremoto que asoló a Managua en diciembre de 1972 produjo una respuesta pronta de la CEPAL, que estudió la coordinación de la ayuda internacional prestada a Nicaragua.

Son éstas las razones por las que creo que todos los que, de un modo u otro, estamos vinculados a la acción americanista de la integración económica, cultural y política de nuestros pueblos para la construcción del desarrollo, tenemos que reconocer que la creación de la CEPAL fue un triunfo de la fe y de la razón visionarias.

Allá por el año 1947, los hombres tuvieron fe en las Naciones Unidas, en sus pueblos latinoamericanos, en la fuerza de su acción unitaria, en su poder de decisión que no admitía desmayos frente a la construcción de un destino común de dignidad y de justicia.

Por eso hoy nos regocijamos de esta realidad que fue una aspiración y que sigue siendo, para los hombres de nuestro continente, una esperanza.

No quisiera terminar mis palabras sin hacerme cargo del hecho de que, en la etapa política por que atraviesa nuestro país, no faltan quienes apuntan a la CEPAL como un organismo de penetración marxista en nuestro continente. Tal afirmación la descarto, sin dejar por ello de reconocer que numerosas personas adictas a esas ideas laboran en ese organismo pluralista que, por depender de las Naciones Unidas, agrupa a gente de países diversos y de ideologías contrarias. El hecho de que un grupo significativo de ellos colabore en la tarea política del actual Gobierno, en mi sentir, ni compromete a la CEPAL ni conlleva necesariamente que se pueda sostener que las políticas que en Chile se han puesto en práctica en materia económica obedecen al padrón de las recomendaciones de esa organización internacional. No puede cegarnos la pasión al extremo de confundir cualquier proposición sobre cambios de estructura en América Latina, que afloran inclusive en las reuniones interamericanas, con el marxismo-leninismo. Si así fuera, el propio ex Presidente de los Estados Unidos John Kennedy sería sospechoso de haber profesado estas ideas.

Por ello y conociendo, además, el respeto que se tiene en el continente por los estudios y trabajos de la CEPAL, que son, han sido y serán fundamentales para promover la integración de nuestros pueblos, asumo sin vacilaciones esta tarde, en el Senado de la República de Chile, mi carácter de Presidente del Parlamento Latinoamericano para rendir homenaje a la labor cumplida en sus 25 años de vida por este organismo regional dependiente de Naciones Unidas, y solicito que se dirija oficio al Director Ejecutivo de la CEPAL, don Enrique Iglesias, transcribiéndole mis expresiones de la sesión de esta tarde.

He dicho.

El señor REYES (Presidente accidental).-

Se enviará el oficio solicitado, en nombre del señor Senador y, si es posible, del Comité Demócrata Cristiano.

El señor CHADWICK.-

También en nombre del Comité Socialista.

El señor ACUÑA.-

Y del Comité Izquierda Radical.

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